LOS ESTUDIOS DE GÉNERO SON UNA INDUSTRIA ACADÉMICA FALSA POBLADA POR CHARLATANES, ACTIVISTAS TRASTORNADOS E IDIOTAS CRÉDULOS, por JAMES DELINGPOLE.

Hace unos días leí este artículo de James Delingpole para el digital británico Breitbart. No he podido resistirme a traducirlo. No lo he exagerado en absoluto. Es más, para no adulterar su contenido he puesto mucho cuidado, pero dada la naturaleza del texto, creedme, no ha sido fácil. He incluido al final el enlace al texto original en inglés. En cualquiera de los dos idiomas, confiad en mí: os va a encantar.

LOS ESTUDIOS DE GÉNERO SON UNA INDUSTRIA ACADÉMICA FALSA POBLADA POR CHARLATANES, ACTIVISTAS TRASTORNADOS E IDIOTAS CRÉDULOS, por JAMES DELINGPOLE.

Ahora, un par de bromistas emprendedores lo ha demostrado científicamente al persuadir a una revista académica para revisar por pares y publicar su artículo afirmando que el pene no es realmente un órgano genital masculino, sino una construcción social.

El documento, publicado por Cogent Social Sciences- “una revista multidisciplinar de acceso abierto que ofrece revisión por pares de alta calidad a través de las ciencias sociales” – también afirma que los penes son responsables del cambio climático.

 Los dos creadores del bulo son Peter Boghossian, profesor a tiempo completo en el departamento de Filosofía de la Universidad Estatal de Portland, y James Lindsay, que tiene un doctorado en Matemáticas y formación en Física.

Tenían la esperanza de emular el probablemente más famoso fraude académico de los últimos años: el engaño de Sokal (llamado así por el profesor de física de las Universidades de Nueva York y Londres Alan Sokal) quien en 1996 convenció a una revista académica llamada Social Text a aceptar un documento titulado “Transgrediendo Fronteras: Hacia Una Hermenéutica Transformativa de la Gravedad Cuántica”.

El artículo de Sokal (consistente en páginas y páginas de jerga rimbombante carente de significado pero gran sonoridad) fue escrito en parte para demostrar que las revistas de humanidades publican casi cualquier cosa con tal de que suene a “pensamiento adecuadamente izquierdista” y en parte con el fin de poner en evidencia el absurdo de tanta ciencia social posmodernista.

Por lo tanto, para esta nueva broma, Boghossian y Lindsay se aseguraron de verter un montón de frases significantes para subrayar el sesgo anti-hombres de moda:

“Nuestra intención era poner a prueba la hipótesis de que la adulación de la arquitectura moral de la izquierda académica en general, y de la ortodoxia moral en los estudios de género en particular, son el factor abrumadoramente determinante para que te publiquen en una revista académica del sector. Es decir, hemos tratado de demostrar que el deseo de una cierta visión moral del mundo a ser validado podría superar la evaluación crítica necesaria para una enseñanza legítima. En particular, sospechábamos que los estudios de género se ven académicamente mermados por una creencia primordial casi religiosa en que la masculinidad es la raíz de todo mal. Basándonos en el resultado, nuestras sospechas estaban justificadas”.

También pusieron buen cuidado en hacerlo totalmente incomprensible.

“No intentamos hacer un artículo coherente. En vez de eso, lo trufamos de jerga (como “discursiva” y “isomorfismo”), absurdeces (como el argumento de que “los hombres hipermasculinos están tanto dentro como fuera de ciertos discursos al mismo tiempo”), construcciones de aspecto marxista (como “sociedad pre-post-patriarcal”),  jerga obscena para referirnos al pene,  fraseología insultante hacia los hombres (incluyendo referirnos a algunos hombres que optan por no tener hijos como “incapaces de someter a su pareja”), y alusiones a la violación (dijimos que el “manspreading”, una queja interpuesta contra los hombres que se sientan con las piernas abiertas, es “similar a violar el espacio vacío a su alrededor”). Después de completar el artículo, lo leímos con cuidado para asegurarnos de que no decía nada que tuviera sentido, y cuando ninguno de los dos pudo determinar de qué trataba, lo consideramos un éxito”.

Parte del artículo fue escrito con la ayuda de Postmodern Generator – “un sitio web codificado en la década de los 90 por Andrew Bulhak con un algoritmo, basado en el método que utilizó el físico de la Universidad de Nueva York Alan Sokal para colársela a una revista de estudios culturales llamada Social Text University de Nueva York, y que genera un artículo posmoderno falso diferente cada vez que la página se vuelve a cargar “.

Este párrafo, por ejemplo, parece impresionante, pero es literalmente un sinsentido:

‘Dado que la masculinidad es esencialmente performativa, también lo es el pene conceptual. El pene, en palabras de Judith Butler, “sólo puede entenderse a través de referencias a lo que carece de significancia en el contexto de la legibilidad corporal” (Butler, 1993). El pene no debería ser entendido como una expresión honesta de la intención del intérprete que debería ser presentado en una representación de la masculinidad o hipermasculinidad. Por lo tanto, el isomorfismo entre el pene conceptual y lo que se conoce en toda la literatura feminista discursiva como “hipermasculinidad tóxica”, está definido en un vector de triunfalismo cultural machista masculino, con el pene conceptual representando los roles de sujeto, objeto y verbo. El resultado de esta tricotomía de funciones es emplazar a los hombres hipermasculinos tanto dentro como fuera de los discursos en competición cuyas dinámicas, como se ve a través del análisis del discurso postestructuralista, dictan una interacción sistemática de poder en el que los hombres hipermasculinos utilizan el pene conceptual para trasladarse de posiciones  sometidas a otras sujetas a poder (consultar: Foucault, 1972).

Nada de esto debería haber sobrevivido más de un minuto el escrutinio de académicos serios. Pero fue revisado por dos expertos en la materia que, después de sugerir sólo unos pocos cambios, autorizaron su publicación:

“Cogent Social Sciences finalmente aceptó El pene conceptual como constructo social. Los revisores fueron increíblemente alentadores, otorgándonos calificaciones muy altas en casi todas las categorías. Por ejemplo, un revisor calificó la declaración de nuestra tesis de “sólida” y la alabó, “El artículo captura [sic] el tema de la hipermasculinidad a través de un proceso multidimensional y no lineal” (lo que nosotros asumimos que significa que deambula sin rumbo a través de muchas capas de jerga y disparate). El otro supervisor tildó la tesis, junto al artículo completo, de “sobresaliente” en todas las categorías aplicables .

No aceptaron el documento inmediatamente, sin embargo. El supervisor 2 de Cogent Social Sciences nos ofreció algunas correcciones relativamente fáciles para hacer nuestro trabajo ‘mejor’. Lo completamos sin esfuerzo en un par de horas, incluyendo algunas tonterías más sobre ‘manspreading’ (al cual declaramos otro causante del cambio climático) y “concursos de medirse las pollas”.

Ninguna afirmación vertida en el documento fue considerada ridícula por los revisores: ni siquiera la que decía que el pene es “la fuente performativa universal de la violación, y es el conductor conceptual detrás de gran parte del cambio climático.”

Ha leído bien. Sostuvimos que el cambio climático es “conceptualmente” causado por los penes. ¿Cómo defendimos esa afirmación? Así:

‘Los destructivos e insostenibles enfoques hegemónicamente masculinos para presionar la política y la acción medioambiental son el resultado previsible de una violación de la naturaleza por una mentalidad dominada por los hombres. Este modo de pensar queda plasmado reconociendo el papel que [sic] el pene conceptual desempeña en la psicología masculina. Cuando se aplica a nuestro entorno natural, especialmente a entornos vírgenes que pueden ser fácilmente despojados de sus recursos materiales, dejados en ruinas y devaluados cuando nuestros enfoques patriarcales sobre el lucro económico han robado su valor inherente, la extrapolación de la cultura de la violación inherente en el pene conceptual se hace evidente’.

El hecho de que una completa basura como esta se publicara en una revista de ciencias sociales, dicen los falsificadores, plantea serias dudas acerca del valor de campos como los estudios de género y el estado de la publicación académica en general:

“El Pene Conceptual como constructo social” no debería haber sido publicado por sus méritos dado que fue escrito precisamente para no tener ningún mérito en absoluto. Académicamente, el artículo es un dislate sin valor alguno”.

Pero no albergan muchas esperanzas en surtir más efecto sobre la basura de la industria de las ciencias sociales que el fraude de Sokal “porque la estupidez izquierdista está fuertemente arraigada en el mundo académico”.

Es más, desafortunadamente hay más razones para creer que nuestro fraude no romperá el hechizo. En primer lugar, la broma de Alan Sokal, hace ya veinte años, no impidió la proliferación de “material académico” posmoderno y descabellado. En particular, no se tradujo en un endurecimiento general del estándar que habría bloqueado nuestro propio fraude. En segundo lugar, la gente rara vez se dan por vencidos en sus principios morales y compromisos ideológicos simplemente porque se demuestren fuera de alineamiento con la realidad”.

Enlace al artículo original: http://www.breitbart.com/tech/2017/05/20/delingpole-penises-cause-climate-change-progressives-fooled-by-peer-reviewed-hoax-study/

Enlace al relato completo de los autores del fraude: http://www.skeptic.com/reading_room/conceptual-penis-social-contruct-sokal-style-hoax-on-gender-studies/

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