FIN DE UNA DÉCADA

Fin de una década. La década de la decepción. El imaginario de mi generación veía los 2000 como la era del espacio, de las luces, del conocimiento. Sin embargo, la década termina como paradigma de un desengaño que tardamos diez años en reconocer. Nada de naves espaciales, en el cielo, lo único que tenemos es el grito, y los impuestos.

Los 2000 empezaron el 11 de Septiembre de 2001. A mí, el 11-S me pilló del metro al trabajo. Eran las cuatro menos cuarto cuando me senté en la terraza de al lado, pedí un tercio de cerveza y Laurita, la regidora, me dijo con una sonrisa en los labios que una avioneta se había estrellado contra una de las torres.

No veas si ha llovido. Ahora toca fin de época, y la era que arrancó con el 11-S termina en los albores de la fallida invasión a Irak.

En España, los 2000 empezaron con Aznar arreglando el poder. Pero pronto se lo creyó, y los enemigos de uno nunca descansan. España estaba a punto de codearse con las otras grandes naciones. Nuestra década nació en 11-M de 2004. La era Zapatero arrancaba de un día para otro. Desde entonces, el despropósito fué haciéndose con la vida pública de un modo que un servidor jamás hubiera imaginado. Los 2000 han sido para España una década de sólo seis años y que parece durar veinte.

También se cierra la era Zapatero. La burbuja Zapatero. La promesa Zapatero. La sonrisa Zapatero. La farsa Zapatero.

Aunque ZapateroI el fino Estratega continúe otros mil años, la era Zapatero ha terminado. Adiós a la burbuja Zapatero. Adiós a la promesa Zapatero. Adiós a la sonrisa Zapatero. Caen las máscaras, y Zapatero se revela como un podrido caricato de lo que fué. Su sonrisa era traidora. Su palabra no tenía sino viento. Su estampa es la de un Palpatine descubierto diez minutos antes de tiempo.

En circunstancias normales, uno sólo podría esperar cosas mejores del 2011. Cuando llegan vacas flacas, uno espera de los suyos una operación más o menos coordinada de arrime de hombro. Eso ha ocurrido en Francia, en Reino Unido, en Alemania. En los países que importan. En la championlí de las naciones indiscutidas, indiscutibles. Sin embargo, en España, la izquierda está asilvestrada, no ha pasado por los procesos de doma que sí han recibido sus compañeros europeos, y se encuentra en un estado de histeria similar al que tomó forma en momentos previos a la guerra civil, y al 11-M.

El socialismo no se rinde. En forma de Zapatero, nos metimos en un pufo del que aún no hemos salido. Así, donde Zapatero encontró una España trabajadora, próspera y en el buen camino, nos deja (y todavía no se va) un yermo de empresas cerradas o en declive. Donde había trabajo, ahora hay paro. Donde había movimiento, ilusión y cohesión, ahora hay pasmo, frío, nacionalismo y alarma. Y total, por el precio de un café, ¿no?

El resumen perfecto de la era Zapatero se da en lo energético. Zapatero llegó a una España basada en la nuclear y la hidroeléctrica, herencia de Franco. Y alegando motivos ideológicos y cifras falseadas, pretende desmantelar lo nuclear, y sustituirlo por lo fotovoltáico, mucho, muchísimo más caro, pero eso sí, libres de sospechas de franquismo. Un timo ideológico, una estafa malintencionada, planteada con una sonrisa. Una estafa que una buena parte de la ciudadanía aún se resiste a reconocer, pero que ya hemos comprobado en la factura de la luz.

Esa ha sido la estafa que resume una década: un grupo electrógeno enchufado por las noches a un panel solar, para poder generar así energía “limpia” suficiente como para recibir más ayudas económicas el año que viene. Un timo a tres bandas, pergeñado con cuidado y que resume en qué ha estado España metida en los últimos diez años.

El balance de la década no es más que el descenso a los infiernos de una sociedad voluntariamente ignorante que pretendió creerse en serio que el dinero crece del cajero automático, y que asimiló el sonsonete de que todo precepto que guiare hasta aquella bonanza, merecía ser subvertido por pura discriminación positiva.

La década próxima no será descenso, sino que será el infierno. España, en el futuro, va a comprobar lo que pasa con los pueblos que creen que los políticos están ahí para resolver nuestros problemas. Sabremos qué se logra por pretender ser democráticos cuando sólo se ansía que mandden los güenos, y que a partir de ese momento, un periódico es un objeto inservible, porque estando los guenos en el poder, ¿qué tan malo puede pasar? Da igual, ¿no?, da igual que Zapatero y su gobierno parezcan cada día más culpables de encubrir el 11-M, da igual que mientan descaradamente en cualquier campo, por norma, y da igual que desde que llegaran al poder, no hicieran más que subir impuestos. Bien los emplearán, ¿no?, nos hemos obstinado en pensar hasta hace dos declaraciones.

El problema es ese, que aún hay un núcleo duro que defiende los preceptos y actitudes de la era Zapatero. Miedo da imaginar qué aquelarre formarán cuando a Garzón le caiga la que le va a, si el tiempo no lo impide. Ésta izquierda hidrofóbica no pierde ocasión de sacar las banderas tricolores, las mismas que el PSOE y el partido comunista no dudaron en pisotear a cada oportunidad, ya en su momento, aunque ahora no lo quieran reconocer, pero está ahí

. Y ya, por fin, tras honda reflexión, tienen un diagnóstico. La culpa de la crisis la tiene el PP.

Claro. Antes decían que la crisis era internacional. Ahora que queda claro que occidente sabe salir de la crisis y Zapatero no, ya no pueden achacar la crisis a la marea internacional, sino que la culpa es del PP. Y por supuesto, de todo aquel que no diga sí con la cabeza. El PSOE ha vuelto a arruinar España, y le echa la culpa a la oposición.

Y eso es lo que inquieta para la próxima década. Que Zapatero debería estar dehauciado ya por un 99.9999% de opositores, y sin embarg, ahí sigue, con el país en estado de alarma por motivos electorales. España queda lejos de la relevancia, más allá del misterio más acariciado: ¿cuáles serán las cifras reales del gobierno, después de seis años de política a martillazos, de mentiras cocinadas, de mendacidad y de comportarse como si acabaran de volver al 34?

No, la próxima década no augura nada demasiado bueno. Pero bueno, habrá que estar aquí para verlo. Que no nos quiten eso. ¿De qué mueren los que se pierden?, pregunta Hopkins en The Edge, y se responde a sí mismo: de vergüenza. En lugar de buscar una solución, se sientan a pensar, avergonzados, cómo han podido llegar hasta ahí, y mueren de frío e inanición.

Y una cosa más. Sólo cerraremos psicológicamente ésta década cuando sepamos qué ocurrió en el 11-M. Qué verguenza, ésta será recordada como la década de la información (youtube, facebook, pirateo masivo en internet) y en España, con todas las camaritas, todas las frikadas por la red, y toda, TODA la información del mundo disponible para cualquiera, y los grandes excluidos de la era Zapatero han sido las víctimas del terrorismo.

Desde La Ciudad en Llamas, Feliz año nuevo.

OPEN LETTER TO ‘WALL STREET JOURNAL’

THANK YOU FOR YOUR ETA WORDS

Thank you and your paper for promoting ETA from terrorist to independentist, from killers to freedom fighters. The lefty press´s been doing it many years here in Spain, and the yellow papered English press too, always so accurate with the facts.

May I sugget you to read Spanish history next time? Let me get you a couple of hints:

ETA is a local basque mafia. The politics, nowadays, is the ir financial alibi. Even if they do a “hold on fire”, their local activities -chantage, drug and weapons traffic- never stop. They are the Bilbao Sopranos. Not Freedom Fighters.

Same as Franco banned some idioms after war, he restored them in the earlier fifties. Tons of fotographs and text files prove it. Lesser each day, because the national files are being held by nationalists and socialists in many regions, and we both know what is espected to do a socialist or a spanish nacionalist with historic files. Enough of that, please. Idioms were banned and restored.

In politics, you miss again when missing that ETA demand an independent socialist republic. With ETA on streets, in an independent Basque Country, ETA would raise and coupe it in no time. Terrorists are terrorists, man. Not only the ones that threaten you. Terrorists are terrorists.

In the day-after-day, again, you miss that one third of basques say to claim for independence, only because of the nazi-like social terror that the “clean” arms of ETA apply to his beloved basque people. On Euskadi, for thirty years, you couldn’t talk loud, but whisper, and thinking very well who are you talking to, because you or your family, friends and neighbours will be compromised. Not only killed. Killings are numbers, and readers have learned to do much bigger body counts than ETA´s. But menace, blackmail, abuse and harrasment. The terror. Thanks, pal, for supporting the good will of the only ones that can talk loud without fear of he or his family get killed or menaced. Only in the last years this is changing. You know, democracy defeating terror? In basques streets, freedom happens where ETA has no power.

As I said, I´m tired of the Spanish-lefty-press-ETA-mini-clap-hands, specially with Zapatero-I-the-Fool in charge, but sadly I see how good newspapers buy the bad information this gang (and this government) sell.

You sound like a genuine no-murdered-or-abused-family-human-being. Good for you, bad for your readers. If you only knew a bit of the pain and violence that is generated by bad informations like your clean-hands-crap, your readers would get, for sure, a most accurate information. And forget my bad english, miss my words, but remember the feeling.

I dont know, maybe a writer of a paper named Wall Street Journal should understand how it feels to see your enemy being celebrated or mischarged by strangers.

So, thank you for your cheap-writing, pal.

Where are we going to arrive?

THE WIRE

LIGHT SPOILERS

The Wire es una de esas series de obligado visionado.

Centrada en el funcionamiento de policías y traficantes de la ciudad de Baltimore, sería un error circunscribir el tema de la serie a un contexto local, o meramente americano: The Wire es una serie que describe los fenómenos más oscuros de las grandes urbes del mundo entero. The Wire habla de los sacrificios del bienestar, de lo que las metrópolis de hormigón, vidrio, asfalto y pollo frito esconden tras la cortina de lo presentable. The Wire describe al detalle el funcionamiento del atrabiliario negocio de las drogas, y las estructuras de poder de las bandas. También nos pone al tanto del funcionamiento del poder no siempre menos convulso, y de la administración local, ayuntamiento, escuelas, esquinas, penitenciarias, prensa. Del proveedor al narco, del capo al camellito, del alcalde al yonqui infiltrado, poniendo especial atención en el trabajo policial, ingrato, desesperante, minucioso, metódico, vocacional o perezoso, siempre ponzoñoso, siempre anticlimático, terriblemente mal pagado y nunca ortodoxo.


MCNULTY

Sin duda, un momentazo que no revelo. Esa expresión, descontextualizada, no dice mucho, pero es un verdadero poema si uno sabe qué está pasando, y que no contaré aquí. El teniente McNulty, alcoholizado, en eterno proceso de divorcio, promíscuo hasta la obsesión, autodestructivo, con un serio problema con la autoridad, y con una mente brillante, cuando logra centrarse en algo, es un espectáculo en sí mismo. Su principal problema es que sólo lleva una vida equilibrada cuando su trabajo es rutinario. Cuando el genio se pone a maquinar, empiezan las horas extras, el paso contínuo de resaca a borrachera, y una picaresca policial que una vez empieza, ya sólo sabe huir hacia adelante. Puede ser muy, muy cabrón, y absolutamente todos los personajes con los que tiene contacto le insultan en repetidas ocasiones. Pero no tiene mal fondo. Es sólo que su nombre es sinónimo de problemas. Cuando McNulty toma los mandos, nadie se aburre, y uno tiene el corazón en un puño. Otro problema muy de Jimmy McNulty es que no pierde ocasión de tocarle los cojones a sus superiores. Otro más, que cerca suyo suele haber siempre una botella de whisky irlandés Jameson's. Ese negro está un poco loco.

NO SHIT

Sin pelos en la lengua. The Wire es una serie fea, plagada de comentarios racistas y sexistas, de blasfemias, de hechos ominosos. La violencia se ceba primero en los más débiles. Vemos niños traficando desde pequeños. Otros no lo hacen. Pocos sobreviven. Vemos sicarios adolescentes. Alguno de ellos pasivamente psicopático. Alguna otra escalofriantemente profesional.

Felicia Pearson

 

Felicia Pearson es un ejemplo de personaje muy secundario pero cuyo carácter y presencia inflan hasta atraer la atención en pantalla de un modo automático. Felicia, adolescente marimacho que mata a la orden sin pestañear, rutinariamente, con naturalidad, sin coste emocional. Su presentación, que abre la cuarta temporada comprando una pistola de clavos y discutiendo de balística con el vendedor, quita el hipo. Bajo su aparente frialdad, todos los sicarios huyen de sus miedos, pero nunca lo exteriorizan, siquiera ante sí mismos. Felicia escalofría por la veracidad de su personaje insultantemente joven, de mirada arrogante que ya lo ha visto todo y nada le quita el hipo, y cuenta en pocas palabras la historia de los niños sin infancia, de los adultos de trece años. Sus frases, contadas con los dedos en la serie, suenan en la voz áspera y sabia de una vieja encerrada en el cuerpo de una niña.

GANGSTA RAP

En la banda de Marlo parece que den premio por ser el negro al que peor le quede la ropa.

Conoceremos a traficantes fríos, y también a traficantes que son verdaderas ollas a presión. Traficantes eficaces y traficantes chapuceros. A veces a la vez, nadie es completamente nada, ni permanece en el mismo sitio demasiado tiempo, aunque queda a veces corroborado que la estupidez pura existe, y no conoce límites. Todos ellos buscan lo mismo. Dinero, respeto, poder. Algunos lograrán tener las tres cosas al tiempo, pero nada dura nunca, y menos en Baltimore Oeste. Pocos, muy, muy pocos, llegan a viejos, y si lo hacen, es lejos de las esquinas, siendo muy, muy listos y teniendo mucha, mucha suerte.

En la primera temporada, la escucha se centrará en la banda liderada más o menos ad hoc por Avon Barksdale y Stringer Bell, dos negros pasados de moda, anclados en los tiempos de Boyz’n da hood en plena crisis del nuevo milenio. Por mal que me caen, no les pongo foto. Avon es un listillo con dos cojones, mucha clase y toneladas de buena suerte, un nostálgico de la marginación, de las pistolas y las viejas bandas. Él atribuye su buena suerte al respeto que inspira, pero, aunque no les hemos visto crecer juntos,  que hayan llegado tan lejos tiene más que ver con la prudencia de su socio/colega/amigo Stringer Bell, que fué listo, se compró unos trajes de colores, se puso gafas y aprendió empresariales. Se conducen según el viejo código de las bandas, y representan la plenitud del éxito, dinero, respeto y poder, en juventud. Son guapos, están cachas y todas se los quieren tirar. Conocen a los raperos de moda. No son unos lumbreras, pero manejan el código, los modos y las maneras. No en vano, son los que están arriba, y han salido de la nada, de las calles, donde otros miembros cayeron ya junto a todos sus enemigos. Parece que ambos son los herederos finales de lo labrado por ellos y otros en los viejos tiempos, y al ser tan cool, cada uno a su manera, siempre corren el peligro de dormirse en los laureles en el eterno juego del gato, la rata, el ratón y el topillo. Ambos conocen bien su trabajo, pero trabajan mejor juntos que separados, y su buena gestión requiere que estén en sintonía. No me caen bien porque su estética y valores siempre me cayeron gordos, y ambos están tan trasnochadamente identificados consigo mismos y con todo aquel coñazo ideológico de Spike Lee, (Do the right thing, es una de las frases más repetidas en las calles de The Wire, cada vez que alguien quiere demostrar apoyo sin mojarse. Por supuesto, dan mucho juego a la serie, porque, de tan reales, lo que están viviendo, a lo que se están enfrentando Avon y Stringer es a su propia desmitificación. A la constatación de que el sueño gangsta es una mentira muy aburrida que por lo menos termina pronto, que me quiten lo bailao, cachipún. Tanta polla para esto. Tantos muertos para tan poca cosa. Qué puedo decir de un tipo que gana millones y se pone una media en la cabeza. Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Eso es lo que son los escurridizos y supervivientes Avon y Stringer. Dos monas vestidas de armani, horrorosamente conjuntados. Dos echaos para alante con innegable oficio y mucha suerte. Muy peligrosos, Avon es muy celoso de la protección de su esquina preferente, y Stringer es bueno con los números, y ha leído. ¿Hasta dónde llegarán? Sólo digo que algunos de sus mejores soldados valen mucho más que ellos.

D’Angelo Barksdale tiene conciencia, sensibilidad e inteligencia. Prisionero de la historia de su familia, su madre es la primera en exigirle que sea un traficante a la altura de su tío Avon, pero D’Angelo es, o parece, o quiere ser, un buen tipo. Su trabajo es vender drogas duras a cualquiera que se las pida. Niños, madres yonquis con bebés, lo que sea. Paradojas de la vida. Su premio es estar con la chica más guapa de The Wire en una serie que no idealiza el sexo precisamente, más bien lo muestra como una necesidad fiseológica sucia, probablemente improcedente y que siempre trae problemas, pero a D’Angelo le están reservados algunos buenos momentos.

 

SIMBIOSIS

D’Angelo habla de simbiosis en el primer capítulo. The Wire habla de simbiosis, de la negociación contínua. De dos mundos, la droga y la administración, que se reconocen mútuamente su poder, en eterna pugna por ampliar la parcela de unos y otros. Que se dan carta de naturaleza. En The Wire, las cosas no son como deberían ser, sino como son. A veces da la impresión de que decidieron los destinos de los personajes con un dado.

THE POO-POOS

Nunca se ha visto más de cerca la corrupción, las negociaciones internas, la heroicidad siempre enterrada por los hechos. RIP meritocracia. Conoceremos policías vagos y policías trabajadores. Policías autodestructivos y policías pragmáticos. Casi todos ellos zafios, al borde del divorcio, alcoholizados, con sobrepeso, pillados por sus pecados. Cuanta mayor la implicación ética, mayor la disfunción emocional del agente. Todos a la caza de algo. Resolver un caso, martirizar a los mandos (McNulty, bendito cabrón), lograr un ascenso, conseguir horas extra, lograr la autorización del juez para activar una escucha, o salvar la pensión (¡Siempre la pensión!).

De izquierda a derecha: el detective Prez, novato, polaco y enchufado, descubrirá sus dotes para la enseñanza. El sargento Cedric Daniels (yo le llamo Bola 8, para que le reconozcáis, y su recto y negro culo. Mcnulty, del que ya hemos hablado. El detective Lester Freamon, paciente y minucioso escucha, definido por su hobby, la réplica de muebles en miniatura. La Ayudante de Fiscal Ronda Pearlman, lista y eficaz, se tira al 33,3% de la foto. Apenas nada, al lado de McNulty, que se pasa por la rodilla al 70% del cast femenino, más multitud de otras figurantes. Y la detective Kima Greggs, excelente policía con eternos problemas de implicación doméstica. Kima es una poli fulltime, no lo puede evitar, aunque a veces lo quisiera.

También se dan hechos y momentos bellos. Siempre frágiles y efímeros, siempre proclives a ser aniquilados de un momento a otro, casi siempre fruto de algún rarísimo hecho fortuito positivo, siempre sospechosos de explotar en la cara del espectador, más por dolorosa rutina experimental que por paranoia de espectador curado de espanto. Por cada chispa de luz, seremos testigos de cientos de cosas terribles. Como dice la cita que abre uno de los últimos episodios, no tiene que ver con merecerlo. Pero sí, incluso en The Wire hay buenos momentos.

Mi preferido es éste. Kima, lleva a su hijo al alféizar de la ventana, para dar las buenas noches a todo el vecindario. Es verano, la calle está tranquila. Una enorme luna llena brilla en lo alto. Una cámara de policía destella en azul en un poste cercano.

-Buenas noches, Luna. -Susurra al oido del pequeño. -¡Vamos, repite conmigo!

-Buenas noches, Luna.

-Muy bien. Buenas noches, estrellas.

-Buenas noches, estrellas.

Pasa un coche de policía, con las sirenas.

-Buenas noches, polis. (usa la palabra poo-poo, que creo que es una broma americana con el ruido de la sirena y la palabra caca)

-Buenas noches, polis.

Ella ríe.

-Buenas noches, chulos.

-Buenas noches, chulos.

-Buenas noches, mulas. (los que llevan la mercancía)

-Buenas noches, mulas.

-Buenas noches, golfas.

-Buenas noches, golfas. (Hookers)

-Buenas noches, golfas.

-Buenas noches, estafadores.

-Buenas noches, estafadores.

-Buenas noches a todos. A cada uno de vosotros.

-Buenas noches a cada uno de vosotros.

Entra la batería del tema final de todos los capítulos de las cinco temporadas, y por una vez salimos ilesos.

Buenos, malos, difícil es de decir. Hay personajes que uno desea que se salven, y hay otros que uno desea que caigan, en términos emocionales, económicos, administrativos o puramente balísticos. Pero la empatía nunca se ajusta a lo maniqueo. Si Dios existe en The Wire, no tiene sucursal en Baltimore. Así, y aunque desde que descubrí la serie me he aislado de cualquier feedback wireiano, estoy seguro de que cada espectador encontrará su propio elenco de personajes preferidos y de personajes odiosos. No confundir con la ya cansina técnica de hacer que un personaje sea bueno o malo según las necesidades. Aquí la cámara es imparcial, tanto como le está vedado al público, que se ve obligado a querer tomar partido sin saber nunca del todo “de parte de quién” está la historia. Como digo, cada uno encontrará su propio sitio en el reparto. The Wire no juzga, pero te obliga a juzgar, en un alarde de imparcialidad narrativa vedada al espectador. No deja de ser curioso que en éste mosaico de la sociedad, los jueces sean los grandes ausentes. El juez es el espectador. Y como los jueces, el espectador tiene las manos atadas al contemplar la sangría, condenado a ser imparcial, a no tomar partido, a no intervenir.

Ante la frustración de no poder hacer nada ante la amenaza que se va extendiendo como una nube que anuncia tormenta, el espectador buscará compulsivamente (aviso a navegantes) hacerse con el siguiente capítulo, aunque eso suponga salir a buscar por las esquinas de los bajos fondos a buscar:

-Eh, negro, ¿tienes la tercera temporada de The Wire?

-Sí, tío, pero te va a costar mas caro. Esta nueva mierda es aún mejor.

-Lo que sea, colega.

-Dame la pasta, negro. Ve allí y ese negro te traerá la mierda, ¿vale? Venga, piérdete, puto yonqui.

Cuenta la pasta, escupe por el colmillo y sigue a lo suyo.

 

Por cierto, el reparto incluye muchos verdaderos policías y pandilleros actuando y asesorando. Por ello, la parla es endiabladamente rica y vistosa, aún con el predominio del obsesivo “negro, esta mierda es guay, te lo digo, negro, ese negro está acabado”. El inglés son muchos idiomas, con acentos caribeños, británicos, irlandeses, italianos, griegos, rusos y africanos. Buen doblaje al español, con forma casi documental, como en The Shield, pero lo variopinto del mosaico hace imprescindible verla en versión original.

 

SOCIOLOGÍA MADMAXISTA

Las sociedades, sobre todo las urbanas, buscan ante todo permanecer, y tienden a asemejarse. Con raras excepciones, como Corea del Norte o la mutación catalana, todo vecino tiende a parecerse a su vecino. Y en ese sentido, el ámbito de alcance de ésta serie es, como digo, global. Todo urbanita reconocerá lugares comunes que antes no lo eran tanto, y que sólo tienen visos de ir a peor en el futuro. Creciente inseguridad. Paro galopante. Educación deficiente. Crisis. Falta de horizonte. Sociedad civil desnortada, dispersa. Lo digo porque la primera temporada tiene ya once años, lo que la coloca en la vanguardia del boom de las series. Eso explica por qué pasó desapercibida en España. Entonces resultaba extraña, confusa, roñosa y agria. Sin embargo, a día de hoy, The Wire es perfectamente vigente, y podría estar hablando de Madrid hoy, con un alcalde obsesionado por su imagen y por cocinar cifras y con un déficit de 42 millones de dólares.

Conservador y populista, en privado admite, con sus propias palabras, que electoralmente hablando, casi vive de ser negro. Mentiroso frío, durísimo negociador y hábil político de masas, el alcalde Clarence Royce hace de la demagogia una rutina y abusa de su poder tanto como se lo puede permitir. Y a veces, más allá, como Buzz Lightyear y Gallardón.

 

Resulta de particular interés para el amante de la novela policiaca, criminal y de conspiración la profusión de detalles forenses, tecnológicos y administrativos. De hecho, en The Wire vemos cómo aprende un adocenado departamento de policía a adaptarse a los tiempos del teléfono móvil, la informática y los GPS. E inevitablemente, veremos a los narcos anticiparse y adaptarse, siempre un paso por delante, pues carecen de limitaciones, aunque tengan sus propios códigos. Todo va de eso, de diferentes códigos que tratan de descifrarse unos a otros constantemente y rara vez lo consiguen, en una partida de ajedrez que nunca termina porque a medida que caen las fichas, surgen otras nuevas, ¡plop!¡plop! ¡plop!, en un cuento oscuro de nunca acabar. 

 

Ajedrez los lunes al sol.
Si Lester está a la escucha, te puedes dar por jodido, negro.

 

Vemos una administración totalmente penetrada por las políticas de discriminación positiva. La frase “demasiado blanco para el puesto” se multiplica cuanto más alto sea el puesto. Somos testigos de contínuas negociaciones de trastienda. Vemos a alcaldes y concejales distraídos en sus juegos del poder, vemos a abogados de traficantes, a menudo hinchados de implicación con la causa de sus clientes, asambleas ciudadanas, somos testigos de campañas políticas en sus momentos más inconfesables, y somos testigos de las consecuencias dramáticas de los gestos más intrascendentes y aleatorios de una reunión de despacho, y también uno o dos policías idealistas que no se resignan a no hacer nada por cambiar las cosas, lo que ocasiona frecuentes encontronazos contra los mandos, y peor aún, contra la realidad.

Colvin no se resigna, y desarrolla su propio proyecto. Por ello será ridiculizado por sus superiores, por los vecinos y por los traficantes. Pero el tipo es persistente, y demuestra que las cosas siempre pueden mejorar, si el cargo electo está dispuesto a pagar el precio político. ¿Logrará sacar adelante a uno de esos negros de las calles, aunque sólo sea a uno? Negro, no apuestes tu camisa en esa mierda, colega.

Sobre todo, siempre vemos a gente. Gente buena, gente mala, pero nunca gente totalmente buena o gente totalmente mala, e incluso conocemos a algunos personajes de violenta dualidad, capaces de grandes actos y también de actos miserables, y también de actos que son a la vez actos de gran nobleza y de gran vileza al mismo tiempo. Seres capaces de la mayor ternura y abnegación, y de la furia más despiadada. Como Omar.

OMAR

El Caballero Oscuro. Omar, sicario por cuenta propia, a diferencia de los otros, no huye de sus miedos, sino que se enfrenta a ellos obsesivamente. Omar es un hombre valiente, y una figura trágica.

 

Omar tiene alma de cowboy. Se dedica a robar a traficantes. Es muy inteligente y creativo a la hora de elaborar los planes. Pero esa es solo su fuente de ingresos. Omar busca venganza. El rasgo físico que mejor le define es la cicatriz que cruza su cara de arriba abajo, de lado a lado. Y por cierto, la del actor, porque no es trabajo de maquillaje.

Es una leyenda viva, hasta los más altos narcos le tienen miedo o aprenden a tenérselo por las malas. Cuando los niños le ven llegar como una aparición con su escopeta, gritan “Omar’s coming!” y corren a esconderse, porque saben que va a haber tiros.

Omar es una paradoja, porque siendo un asesino de la peor estofa, el público empatiza con su dolor, con su condición (un marica entre traficantes, imperdonable), con su ingenio y con su código, pues es el único asesino que dirige su fuerza brutal contra los poderosos y no contra los débiles. Omar se rige por la ley del Talión, y no comparte su código con nadie más que con sus victimario. Sólo mata por mandato de su código, o por ayudar a un amigo, y nunca mata a inocentes. Y es que muy pocos lo son en The WIre, y nunca por mucho tiempo. Tal vez sea por eso que nunca llega a convertirse en objeto central de ninguna investigación seria, porque saca más traficantes de las calles, y a escopetazos nada menos, a un ritmo mucho mayor que la policía. Imagínense, un negro armado con una escopeta, suelto por los barrios bajos dejando su firma en un reguero de cadáveres, y nadie quiere detenerlo en serio. Hasta los policías bromean con esa idea cuando levantan los cadáveres de Omar: “Hace nuestro trabajo. Deberíamos ponerlo en nómina. Jo, jo, jo!” Chistes calcados de Batman, por cierto. Y es que Omar, sí, tío, voy a decirlo claro, parece salido de la imaginación de Frank Miller, una especie de Bruce Wayne negro, desposeído, salido del armario y en Baltimore nada menos, lo más parecido a Sin City que pudieron encontrar.

Sumamente carismático, Omar no quiere gustar a nadie, es leal siempre, habla de sí mismo en tercera persona, ofrece escenas de acción al estilo del cine de Eastwood (Omar tiene alma de cowboy) y su presencia en pantalla, o su sola mención, augura emociones fuertes. Omar es el personaje menos “realista” a priori, y la naturaleza de su personaje, misterioso y espectral, recuerda vagamente la figura de Batman, (no en vano, un niño que lleva puesta una máscara de Batman le ve llegar una noche a través de los ojos de la careta. ¡Es Omar, es Omar!). Justiciero a su manera, autoalimentado por la culpa y la venganza, negro, nocturno y trágico. Claramente, un personaje ficticio, ¿verdad? Cuál es mi sorpresa al comprobar que está basado, como todos los demás personajes y situaciones de la serie, en alguien real del lumpen de Baltimore.


 

"Omar escucha". Este negro sabe actuar.

A su pesar, pero formando parte de su propia puesta en escena de modo consciente, Omar es una inspiración para los niños, pequeños aprendices de gangster. En varias ocasiones, veremos a niños peleandose por ser Omar en el reparto de roles, disfrazados como una miniatura exacta de él y su banda de ladrones. Y cuando se deja ver a la luz, siempre son los niños los que le anuncian.

Libre, rápido y mortal, siempre se lleva la bolsa de las mafias. En varias ocasiones serán los niños los portavoces que cuenten a los matones las hazañas de Omar. Sin embargo, nadie sabe nunca toda su historia, o cuáles son sus motivos. Su único amigo en el mundo es ciego, nunca le ha visto la cara. Pero ha visto su alma. Omar no tiene rostro, y todos le temen. Y, como si los propios guionistas tuvieran problemas para dar con él, cuando Omar desaparece, no le vemos, sólo aparece en aparente aleatoriedad, siempre por sorpresa, en el momento menos pensado, y el público pronto aprende a temblar con sus apariciones. Es un ser atormentado, un poltergheist de barrio bajo. Un bug del sistema, un efecto inesperado del darwinismo gangsta, que como una pieza que no encaja en el mecanismo, rompe todos los engranajes y sólo deja destrucción a su paso. Omar reparte justicia ciega, como un profeta del Antíguo Testamento. Lleva la tragedia grabada en su destino desde el primer minuto, y aunque a veces parezca invulnerable, Omar, pobre desgraciado, no es más que un ser humano. Ojalá encuentre la paz. Aunque no la merezca ni valga para ella. No tiene nada que ver con merecerlo, ¿no?

También hay en The Wire personajes de enorme inteligencia capaces de las mayores meteduras de pata, y tipos estúpidos con verdaderos momentos de lucidez. Seres cínicos, y otros, prisioneros de su código ético, como el propio Omar, o D’Angelo Barksdale, sobrino con conciencia del clan Barksdale.

Hay otros personajes duales más malvados, como Proposition Joe, el relojero, mortífero “si procede”, pero pragmático y reflexivo.

La gestión de Prop Joe augura planes cuidadosos y aplica una violencia dosificada con perversa sabiduría. Con Joe nunca hay muchos cadáveres, su negocio es la discreción. En el áspero universo de The Wire, uno llega a apreciar sus apariciones por eso mismo, porque minimiza las bajas a la vez que las asegura. Sin embargo, además de hábil estratega, es un asesino cruel y despiadado que puede ordenar muertes y torturas terriblemente injustas, sin pestañear, sólo por negocios. Pero no sin haberlo meditado, eso seguro. En un momento de la serie, se presenta a un personaje con la siguiente frase, quedamente recitada: “Hola, mi nombre es Proposition Joe, y si me tocas los huevos me cargo a tu familia”. Joe es así, perro ladrador, poco mordedor, pero cuando muerde, lo hace a lo bestia y no tira faroles. Su negocio-tapadera, su profesión inicial, es la de relojero. Los careos de Proposition Joe son espectaculares, ese tipo es precisión, y no mueve un músculo de más.

 

Proposition Joe es el perfecto ejemplo de demonio con rostro amable.

Somos testigos de hechos fortuitos, casi siempre desafortunados. Escándalos que se entierran, escándalos que se destapan, ejecuciones, escuchas, ventas, sobornos, titulares falsos, prevaricación endémica, traficantes traje y corbata, policías en el arroyo. Y yonquis. Yonquis por todos lados, que fluyen desde todas las arterias de la ciudad y viajan al oeste a por su dosis.

AL FINAL DEL WALK ON THE WILD SIDE

The dickensian aspect

 

Bubs merece mención aparte. Es el personaje que marca la diferencia en una serie. Lo nunca visto. La vida, no bullshit, de un yonqui indigente cuarentón, simpático y lenguaraz heroinómano. Trabaja de buhonero de los barrios marginales. Con su carro de supermercado lleno de chatarra, revende camisetas, teléfonos y cualquier cosa. Hará excelentes trabajos verdaderamente arriesgados como soplón ocasional por los que el departamento puede recibir cientos de miles de dólares de subvención, y él sólo ve diez, quince pavos, dependiendo de cómo los negocie con su controlador policial.

Bubs decepcionará al público, se decepcionará a sí mismo, caerá, volverá a levantarse, volverá a caer y levantarse, y nos mostrará por el camino el infierno, donde no hay electricidad, donde hay carros tirados por burros, donde se hacen mamadas en plena acera a un dolar, y las madres regañan a los hijos que no quieren ser traficantes. Bubs, el viejo y bueno de Bubsy, vivirá mil aventuras, y aunque su actitud positiva y su altruismo natural le harán merecedor de toda nuestra simpatía, lo normal será verle recibir palos, palos morales, económicos, anímicos y por supuesto, físicos. Bubs es inteligente, pero es también un indigente adicto a la heroína, un hombre bueno, débil y muy vulnerable que a pesar de vivir en la calle nunca llega a perder la lucidez lo suficiente como para perder de vista un lejano pero posible respeto por el alma humana. Un personaje para los anales de la ficción. De todos los personajes, es de Bubs por quien más temí siempre, porque The Wire no hace concesiones con los personajes débiles, y lleva las cosas hasta sus últimas consecuencias. No es inocente, pero es bueno e inofensivo, y beneficioso para su entorno inmediato. Lleva la redención en su destino. ¿La logrará, o caerá en el camino? Pobre y bueno de Bubs, víctima de sí mismo más que de ningún otro.

Una especie de secuela de Zipi y Zape. Zipi se quedó por el camino, y Zape nunca aprendió.

 

CONSECUENCIAS

De eso va la serie. Somos testigos de excepción de los actos y sus consecuencias, que se traducen en otros actos que tienen a su vez sus consecuencias. No bullshit, nigger. Sin sacarina. Podemos ver cómo un personaje de varias temporadas muere, paf, así, fin de la historia, a otra cosa. El mundo no se detiene. Sin tremendismos. Sin exagerar. ¿Para qué?

Eh, tío, ¿quién será ese negro? No se le ve la jeta.

 

De hecho, nos sorprenderemos a nosotros mismos apiadándonos de algunos de los seres más nefastos en sus últimos momentos. Pero la rueda siempre gira, ninguna historia llega a un callejón sin salida. La realidad es un reloj que nunca se detiene, y aunque a veces sus agujas no se muevan, los engranajes siempre, siempre continúan girando. Nadie se queda quieto. Todo se mueve. Proposition Joe se encarga.

The Wire está hecha de detalles. Es un trabajo realmente inspirado, y mantiene la misma calidad, tono y reparto, con permiso de los geniales, minuciosos e inclementes guionistas de gatillo fácil, durante sus cinco temporadas. Si te embarcas en su visionado prepárate para ver quince pasos atrás por cada paso adelante. Una de arena y quince de cal, de la de tapar cadáveres. Pero siempre, siempre, por asquerosamente reconocible que sea la realidad en The Wire, su perfecta maquinaria llena y vacía a un tiempo al espectador. The Wire vacía las espectativas del público, pero lo llena de sentimientos, desherrumbra el engranaje mental más atorado por el desuso, y te enfrenta a tu propia realidad sin posibilidad de escape, pero eso sí, espectacularmente fotografiado.

Way down in the hole

 

Su mecánica de aparente lentitud y realismo esclavizante que impide los arranques frenéticos y los clímax perfectos, evita a la vez cualquier viso de maniqueismo, y proporciona al producto la solidez de una trama que avanza por inercia propia, impulsada por el imparable peso específico que el guión va ganando por acumulación de buen y buen y buen hacer. Sí señor, la cruel The Wire es autoayuda de primer orden, es crónica social de primera mano, es Sun-Tzu, es verdad, y es además gran, gran cine en amargas y adictivas dosis de cincuenta minutos.

Voy a atreverme a blasfemar unas frases que resuman todo ese trabajo, lo que parecen decir los narradores, o por lo menos lo que me ha parecido escuchar. Por jodidas que estén las cosas, siempre proclives a empeorar, nadie te promete que lo vayas a conseguir, pero siempre, siempre se puede intentar. Siempre se pierde algo, y todo depende de lo que estés dispuesto a sacrificar, de la voluntad que le eches, y por supuesto, de la suerte. Nadie dijo que fuera fácil, y como ya se ha dicho aquí, no tiene nada que ver con merecerlo. Y, negro, aunque seas un cabrón, procura no ser un puto cabrón. (Bueno, eso último lo añado yo)

————–

DETALLITOS

Una de las características más llamativas es ver cómo cada capítulo tiene su propia cabecera, hecha de recortes de escenas que ya hemos visto o que aún estamos por ver. Sólo dos planos se mantienen en todas las cabeceras de las cinco temporadas. Uno es un chico negro encapuchado tirando una piedra a la cámara. El otro, un reguero de sangre que refleja las luces de sirena azul sobre el asfalto. Todos los demás planos son transitorios. En The Wire todo es negociable.

La canción Way Down in the Hole tiene una versión por temporada, siendo mi preferida la de Tom Waits, claro, la de la segunda temporada.

No llega a ser a versión por capítulo como los cansinos de Weeds (¿por qué temporada irán, por la doce?) ni falta que le hace. 

Curioso que saque a colación la serie Weeds, paradigma del tratamiento ideológico, frívolo e intrascendente de las drogas, prueba fehaciente de que se puede ser a la vez fátuo, estúpido, irrelevante y a pesar de todo, entretenidillo. Volvamos, para terminar, hablando de series de verdad.

Otra de las características de The Wire es el gusto por el paisajismo urbano feo, portuario y herrumbroso. A lo largo de sus cinco temporadas, la calidad fotográfica de la segunda unidad quita el aliento durante las cinco temporadas (especialmente la segunda) ofreciendo planos antológicos, naturalezas muertas de regusto apocalíptico que ilustran la decadencia, la mugre y el abandono de una sociedad que no sabemos si está en proceso de construcción o de demolición. He conservado en mi disco duro algunos de esos paisajes. No los tengo todos, sólo algunos. Si hubiera capturado cada paisaje increíble, mi tecla F9 no estaría ya entre nosotros. Os dejo una muestra de esos paisajes, aunque sólo sea por la paradoja de destacar naturalezas muertas en una serie que describe con obsesiva eficacia el fenómeno del homo-sapiens-urbanita.

The Wire. No te la pierdas. Garantizada. Ya me lo dirás, negro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y acabo de encontrar un link del bloguero Moltisanti que se ha currado la lista de frases iniciales. Al final de cada cabecera, siempre leemos una frase que algún personaje va a decir durante el capítulo correspondiente. Me permito colgar el enlace aquí por su interés innegable.

 

Pincha en la frase para ver el resto desde Carrusel de Series

IMDB posee un enlace con algunas otras frases y diálogos memorables. Pincha aquí. Antológico.

Para terminar, ahora sí de verdad, diré que de la maravillosa Ratatouille, como de un artículo de Javier Marías, saqué que criticar y destruir el arte es fácil y cobarde, y que es un acto valeroso manifestar las filias de uno con tanta rotundidad, porque hipoteca el prestigio de su propio criterio a la vista de todos. En ese sentido, con The Wire, eso no pasa, porque es demasiado buena y se defiende sola, y cuando uno la ve, quiere ser el primero en recomendarla. En este caso me siento el penúltimo en llegar, pero como es una serie desconocida, pues he pensado en tí, porque eres el que aún no la ha visto, you fuckin’ nigga’ mothefucka, hah?

And dont you ever turn your back to fuckin’ Marlo, ok, negro?

Fuckin' Marlo

 


 

SE RETIRA UN TERRORISTA

Fuentes fidedignas nos dicen que se retira del periodismo un terrorista suicida con el cuerpo afeitado y varias capas de ropa interior. España no se merece un periodismo que nos mienta. ¿Cómo, perdón, que no es un terro…¡Ah, que no, que el que se retira es IÑAKI GABILONDO! Me había confundido con su falsa información del 11-M. Que le vayan dando. Acabará de ministro de Zapatero.

La voz de la infamia

ZAPATERO CONTINÚA

——————————————————–

Zapatero se aferra al poder. No piensa irse por voluntad propia. El PSOE, impersonado en Rubalcaba, quiere sacarle del poder, pero Zapatero no quiere irse. Su señora también se lo ha pedido. Que no. La pantomima con la ETA se ha destapado demasiado pronto. Ya, incluso les han pillado preparando nuevos atentados, así que esa vía se acabó. Ayer, la economía sostenible se le atragantó por la cláusula Sinde, por la cual podrían cerrar webs a dedo sin jueces de por medio, y ampliaría los horizontes recaudatorios de Teddy Bautista y sus apandadores, total para blindar el peor producto nacional, el cinematográfico, que es de lo que va todo esto, empezando por su propio nombramiento, de Sinde, digo: de seguir dando teta al cine. Teta política. Mamandurria. Y hasta para chupar del contribuyente se ha quedado solo, Zapatero. No ha podido sacar a flote su ley estrella.

Tal vez eligió el día de la lotería para dar las malas noticias para así amortiguar el precio político camuflando la noticia lejos de las primeras páginas. Tal vez ha sido la agónica muerte de su último truco para sacar dinero negro directo de los bolsillos (el timo Sinde), la que ha marcado el momento del negro anuncio.

Y es entonces cuando nos sale con esto. Que hasta dentro de cinco años, lo llevamos crudo, con PP o con PSOE. Remarcando que sin importar el color político, como si fuera tarea suya valorar cuánto de la marea internacional, y cuánto de tanta gilipollez ideológica, nos ha llevado hasta aquí.

Sospechoso. Y clarificador. Por lo pronto, Zapatero se queda. Y lo hace planteando la siguiente opción: Ya que vamos a palmar, y ya que no importa quién gobierne, porque vamos a palmar de todos modos, pues quién mejor que él, que tanto ha aprendido de éste su paricular “laboratorio del paro”, para presidir la nación hasta que amaine el temporal? ¿Quién mejor que él?

Zapatero se está ofreciendo como un favor a nosotros, comprometiéndose a gobernar cuatro años más para dejar en bandeja al próximo candidato la parte divertida de ser presidente, que la gente te adore. Está diciendo: “Yo ya me iría porque veo que no me queréis, pero me ofrezco a sacaros de ésta.” Eso está diciendo.

Unas horas después, en pleno día de la lotería, con los telediarios arrancando con gente feliz en portada, gente millonaria, la jornada termina con una agresión sindical al alcalde del PP de Cuevas de Almanzora. Una agresión que los agresores justificaban motivados por “los recortes inhumanos del ayuntamiento”, recortes que no son sino reflejo de las medidas de Zapatero. ¿Qué responsabilidad real puede tener en la economía de recorte mundial que se avecina, el alcalde de Cuevas de Almanzora? Aparte, habría que ir cansándose ya de las agresiones de UGT. Diríase que ese sindicato tiende a arreglar las cosas a base de palos y amenazas, como la mafia. Pero qué digo, si los UGTCCOO son la versión política de las mafias portuarias.

Todo parece indicar, pues, cuál va a ser la línea de acción del PSOE de Zapatero. Frentepopulismo de “te pillo fuera”, de “me he quedado con tu cara” y de “tú no sabes con quién te estás metiendo”.

Zapatero acaba de allanar el camino para pegarnos un tijeretazo de órdago, que es lo que se va a producir en los próximos días. Después, desviará la culpa de las consecuencias del recorte al PP. Zapatero va a subir la temperatura todo lo que pueda. Nos espera un año de aúpa. Y por supuesto, lo peor de todo es que éste señor, que demostró ya sus pocos escrúpulos entrando a la Moncloa haciendo surf sobre la onda expansiva de los atentados irresolutos del 11-M, parece que es capaz de cualquier cosa con tal de no parar el carro, bajarse y dejar que conduzca otro.

Obstinado, se ha perdido, y corremos peligro de quedarnos sin gasolina antes de llegar a la estación de servicio más cercana. Se había perdido hace mucho tiempo, si es que alguna vez supo a dónde iba. Pero no lo reconoció. Cuando al fin lo hizo, mintió repetidas veces diciendo que sí, se había perdido, pero que ya sabía dónde estaba. Llamadas de otros conductores más avezados, aconsejándole seguir siempre la misma ruta, no consiguen que Zapatero, desconcertado, deje de seguir dando bandazos y haciendo extraños virajes arbitrarios. “Ahora pasamos por mi pueblo, ahora alargamos por la montaña porque es más ecologista, en vez de tomar la autovía neocon, ahora hacemos esta pirula porque a mí me da la gana”.

Total que nos hemos perdido. Ahora reconoce que no sólo nos habíamos perdido. Ahora dice que la gasolina se va a terminar eventualmente, y que tocará empujar. Pero claro, eso implica que Zapatero dice saber ya, por fin, ésta vez sí, dónde estamos. Que sabe salir de aquí. Mentira otra vez.

Claro, ya no le creen ni los suyos. Rubalcaba ya le ha intentado poner las manos en el volante un par de veces, pero Zapatero le ha apartado con manotazos y patadas. Quita, quita, le dice, y sigue conduciendo como un niño de tres años. Por su lado, Pepiño no se mueve, pero mira el volante con ojitos. Y a mí me da que entre unos y otros, barones a la espera de heredar, separatistas, nacionalistas más o menos civilizados, terroristas, sindicatos, socialistas sin escrúpulos y populistas sin agallas, entre todos, van a ir calentando el ambiente en una sola dirección: el PP.

¿ESTADO DE ALARMA, O GOLPECITO DE ESTADO?

Confieso que hasta hace unas horas, la percepción que venía arrastrando desde tiempos remotos acerca de los controladores aéreos era que eran una especie de lampreas avariciosas que ganaban más que un ministro, pero que aún no les llegaba para el yate de repuesto.

Hasta estos días, nunca había escuchado con atención las exigencias de los controladores aéreos. De hecho, éstas exigencias, que las hubo en el pasado, eran debidas a los abusivos turnos de trabajo que tienen que cubrir. Pero eso quedó arreglado con la flamante gestión de Pepiño el Fomentador este verano. Se arregló un acuerdo que satisfizo a las partes.

Sin embargo, el gobierno nos engañó. El fondo de la cuestión no es el sueldo, sino los relevos. Los controladores hacen tantas horas seguidas durante tantos días seguidos porque son muy pocos. Por motivos que analizaremos pronto, las iniciativas para formar nuevos controladores no han fructificado tan bien como se hubiera podido esperar. Y como no hay más controladores, la situación no se puede revocar. Así fué como empezó la cosa: puesto que no hay más relevos, se les sube el sueldo, a la espera de ver si el año que viene hay más controladores. Como el año que vino no hubo más controladores, pues se les volvió a subir el sueldo, y así sucesivamente.  Puesto que el volumen de vuelos no ha parado de subir en treinta años, podemos hacernos una idea del esfuerzo que están realizando los controladores, solamente viendo hasta dónde han llegado a subirles los sueldos. Los controladores exigen turnos racionales. Pocos son los que eligen hacer horas extras, porque horas, lo que son horas, los controladores le echan más que casi nadie en España. Lo que estos funcionarios no consiguen es irse a casa. De ahí las bajas por estrés y los ataques de ansiedad de los que se mofaba el ministro autodidacta. Lo que piden es tiempo libre. Criar unos hijos. Hacer la compra. Tal vez ir al cine, o ver Teledeporte, como hace Rajoy. Y por eso, cuando nos induce a pensar que los controladores lo que quieren es más dinero, el gobierno nos miente. La última negociación con Pepiño se produjo por el anuncio del gobierno de subirles las horas aún más. No piden más dinero, lo que piden son relevos.

No se está hablando aquí de exigencias caprichosas o irrelevantes, ni de huelgas paripé para disimular un descarado compadreo con el poder, como se ha visto recientemente en las huelgas vergonzosas de la izquierda paniaguada.

Así con todo, altos o bajos, hasta el miércoles esos sueldos estaban ya resueltos por lo pactado con el gobierno este verano. No se habían hecho efectivos aún, y los controladores, conformes, estaban a la espera de que se hicieran efectivos los ajustes pactados. La demora en el ajuste había reavivado las amenazas de más bajas psicológicas por parte de los controladores, pero la situación estaba en stand-by.

Y de repente, la semana pasada, Zapatero se saca de su presidencial axila un sorpresivo decreto ley que recorta drásticamente los sueldos de los controladores, además de subirles las horas, y obligarles a hacer MÁS horas para mantener sus sueldos. O sea, que les ponen más horas y además les bajan el sueldo un treinta por ciento. Por lo tanto, Zapatero puede prever con exactitud cuál va a ser la reacción de un sector que ya estaba al borde del colapso nervioso por falta de sueño. En ese sentido, encaja como un guante que hayan elegido la baja psicológica como forma encubierta de huelga. En realidad, es muy posible que todos ellos sean, caso por caso, merecedores de baja inmediata. Pero claro,  si todos lo hicieran, colapsarían el país. De modo que cada uno de ellos, aunque lejos de ver una solución a su problema laboral, sabe que está en su mano terminar con su problema particular pidiendo una baja por ansiedad. Pero como a la vez se hacen cargo de su responsabilidad, ellos mismos son los primeros en controlarse ellos mismos la tentación, lo que añade un plus de estrés más que considerable a su situación. Por lo que sospecho que ésta reacción, aunque intencional, ha sido bastante espontánea. La baja masiva ha sido la respuesta previsible, y es Zapatero quien ha iniciado el conflicto al anunciar un decreto hostil, eligiendo nada menos que un día antes del puente de la Constitución como fecha para su anuncio.

¿No podía esperar Zapatero, maestro en optimizar agendas, a después de navidades? Perfectamente que sí. Nadie se explica semejante recorte justo antes de una fecha de máximo tráfico aéreo, cuando nadie lo esperaba.

En total, que los controladores se han sincronizado para pedir la baja psicológica, todos a la vez. O por lo menos, los suficientes de ellos como para colapsar el tráfico aéreo español. Y la reacción del gobierno ha sido enviar al ejército a los aeropuertos.

Horas después, en consejo extraordinario, se aprueba el ESTADO DE ALARMA, el primero de nuestra historia.

A la vez, Pepiño Blanco, el ministro autodidacta, anuncia prisión militar para los que incurran en un delito de sedición.

A la vez, un coche oficial recoge al representante de los controladores para “negociar” en dependencias ministeriales aún por determinar, donde permanece varias horas sin que se haya determinado aún el contenido de la “reunión”. Con el ejército en todas las torres de control, y su representante desaparecido en manos de Rubalcaba, los controladores han llegado a temer por la integridad física de su compañero. Al final, el mismo coche que se lo llevó lo ha traído de vuelta. Los que le han visto llegar han dicho que el hombre estaba visiblemente descompuesto. Aún no ha hablado con nadie, y sólo acertó a decir que “nos quieren quitar a nuestros hijos”. A mí me da que a este señor lo han cogido, se lo han llevado a una mazmorra socialista, vulgo cheka, y le han amenazado con toda la artillería de la que han podido echar mano. Eso de “quitarles a los hijos” me suena a amenazas de inhabilitaciones psicológicas y retiradas de custodia de hijos por incapacidad. Vuelvo a acordarme de Pepiño, socarrón: “Si tanto estrés tienen, a lo mejor es que no son aptos para trabajar”. Y se reía de su ocurrencia, el muy. ¡Y parecía tonto!

Finalmente, los controladores, comprensiblemente acojonados por la reacción del gobierno, que yo encuentro francamente desmedida, han accedido a incorporarse de nuevo a sus puestos. De un día para otro ganan 140.000 euros menos, teniendo que trabajar las mismas horas que antes. Item más, se enfrentan a acciones penales (alguno se llevará un palo ejemplarizante), y por lo demás, no creo que haber dado pie a un estado de alarma nacional, tener a la plantilla amenazada a puerta cerrada por el ministerio o el hecho de que no se esté tomando más medida que el decreto-ley para solucionar problemas, vaya a contribuir necesariamente a aliviar la presión en esa casa.

Dicho lo cual, creo que la huelga encubierta de los controladores ha sido irracional, precipitada y desafortunada. Y dadas sus condiciones de trabajo, lo puedo entender y predecir. Lo que no entiendo tanto es cómo un gobierno puede ser tan chulo con unos funcionarios cualificados y con exceso de trabajo, y tan complaciente con la ETA (hasta la fertilidad les paga), con los piratas somalíes (5 millones, dicen) y con Marruecos (independientes, de derecho). Cómo un gobierno puede ser tan comprensivo con la huelga general de UGT/CCOO (al lamebotas Corbacho sólo le faltó unirse a la protesta), y a la vez tan draconiano con unos funcionarios leales. ¿Socialistas enviando al ejército contra huelguistas?¿Amenazando con la cárcel a huelguistas? Cosas veredes que non crederes. Curiosa huelga, por cierto, en la que los huelguistas salvajes son pacíficos y predecibles, y el gobierno, arrogante e imprevisible. Como canta el maestro Bunbury, o todo el mundo está loco, o yo soy sordo.

Y sí. Leales, digo. Leales como para llegar a aguantar hasta cinco turnos seguidos en meses en los que se ha llegado a librar tres, cuatro días, durante décadas. ¿Eso no es una justa demanda sindical? El cabreo de los controladores está plenamente justificado. El error fue no plantarse con las horas, y ceder al chantaje del incremento salarial.  Esa dinámica implica el acuerdo bilateral de que el dinero cura el estrés.

Y hablando de curas, las escuelas de controladores parecen seminarios, coño, que dan dos o tres florecillas al año. A pesar de que la solución al problema sólo pasará por formar nuevos controladores en calidad y abundancia, no parece que se estén haciendo esfuerzos, no por agilizar el proceso, que imagino largo, sino por aumentar el volumen de producción. No me creo que no haya suficiente gente capaz en España, por exigentes que sean los mecanismos de selección, que lo son y mucho, para responder con profesionales formados a la creación de tantas nuevas plazas como sean necesarias. Claro, con los sueldos que se pagan, lo mismo no es viable. Pero en ausencia del problema inicial (falta de relevos), el ajuste salarial ya no sería un problema laboral, sino un problema de administración doméstica de cada controlador. Porque uno dirá que cómo se puede cobrar semejante pastizal y quedarte en bolas por un recorte del 30%, cuando otros viven más que dignamente con sueldos cincuenta veces menores. Pero por experiencia sabe todo el mundo que el ser humano es así. No diría que es una tara, más bien una condición que en estos casos revela sus contras. Pero también tiene sus pros, que no discutiré en este post. Me apunto la tarea de enterarme de por qué los controladores son tan escasos. Me da que ahí está la clave del asunto.

Mención aparte merece un hecho sorprendente. Y no se alarmen si huelen a quemado: es que soy autónomo. Pero antes de serlo, me he encontrado muchas veces en la obligación de realizar un trabajo, y firmar el contrato días después. Ya sé que no se debe hacer, pero claro, yo hago la vista gorda, tú me das más curro, total qué más da. Lo que no sabía yo es que se puede decretar un estado de alarma una noche y firmarlo a la mañana siguiente en consejo extraordinario. Eso no lo sabía.

Se me queda en el tintero una idea fundamental, pero así quedará bien remarcada: la amenaza de usar al ejército para sustituirles era un farol. Los controladores saben que el ejército no ofrece tal servicio. El de controlador de vuelos comerciales es un trabajo muy especializado y complejo, y un controlador militar sólo comparte con ellos los rudimentos básicos, requiriendo aún mucha formación extra para poder desempeñar el control con el tráfico aéreo a pleno rendimiento. Ergo Pepiño Blanco no contempla sustituir a los controladores por soldados a menos que sea en un cuadro de estado de alarma, en que el tráfico aéreo se limita al tráfico militar, de un volumen infinitamente menor que el comercial.

Bueno, por fin, como prueba de agradecimiento al amable lector que haya llegado hasta aquí, voy a abrir mi alma, y decir lo que me huelo.

Vaya por delante que he oido a lo largo del día varias versiones de la tesis de la maniobra de distracción, según la cual, el decretazo que provoca la huelga es una maniobra para suscitar la reacción de los controladores. En vísperas del puente, el pollo que se monta en los aeropuertos es monumental, y el público, lógicamente, se enfada con los controladores, puesto que el gobierno ya se ha asegurado de repetirnos durante un año que los controladores sólo son unos ricos que quieren ganar más. El gobierno salva la situación enviando al ejército y se apunta un tanto, a la vez que camufla (y aquí viene la distracción) las subidas de impuestos, retirada de ayudas, cifras del paro, tormenta europea, etc…

Tal vez sea así, pero Zapatero nunca ha hecho así las cosas. Zapatero siempre ha minimizado su presencia en los conflictos. El parón no deja de ser un descrédito para el gobierno. Lo que Pepiño se apuntó como un tanto, se le ha descontrolado hasta mucho más allá de lo que la palabra descontrol puede llegar a expresar, y se ha convertido en un nuevo descrédito que añadir a la lista de los sainetes. Se ha perdido un pastón, y se ha aumentado el descontento social fastidiando el puente. Además, usando al ejército de manera irregular, sorpresiva y con fines intimidatorios, se ha asustado al público. Y todo lo cual, repásese punto por punto, es lo contrario de lo que se espera de un ministro de Fomento, y por supuesto, de un gobierno competente. De Zapatero, lo que uno esperaría es que se llevara el conflicto hasta después de navidades. Uno no escurre el bulto sacando al ejército para asustar a un puñado de funcionarios. Pero bueno, como sabemos, Zapatero es bastante retorcido.

Sin embargo, y conociendo precisamente al ínclito presidente del 14-M, no está de más incluir marcos alternativos que nos ayuden a comprender las medidas del gobierno. En ese sentido, la semana pasada el Congreso expresó su repulsa a los actos violentos cometidos por Marruecos en Sahara Occidental. La reacción de Mohamed fue inmediata, y se ha convocado consejo extraordinario para “reexaminar su relación con España”. Por lo visto, en el texto (bastante tibio) que se leyó en el parlamento había “frases claramente antimarroquíes”. Por cierto, no sé quién les habrá traducido, pero yo no he leido nada de eso, por lo menos en la que yo he leido. Qué delicadito el Mohamed, no parece el mismo que ordena matar, violar y sembrar el terror entre la población civil más desprovista de derechos civiles. En cualquier caso, hasta el lunes no se sabe qué va a decidir Marruecos con respecto a nosotros.

¿Que por qué digo esto? Porque veo más práctico provocar un caos circulatorio si con ello te aseguras el control del tráfico aéreo ante cualquier posible acto hostil de Marruecos, que para tapar otro paquete de recortes. No olvidemos que la movilización militar marroquí, con excusa de conflictos en El Aaiun provocados por ellos mismos, no ha sido desdeñable, y que Marruecos acaba de interpretar como actos hostiles las palabras de repulsa emitidas por el parlamento. Fíjate tú, para una vez que los políticos dicen algo que representa a la mayoría del electorado. Nunca llueve a gusto de todos, dicen. En todo caso, teniendo en cuenta la negativa de Zapatero a mirar siquiera los ojos de Mohamed, porque la verdad es que no se atreve con él, no me encaja mal una lectura distinta, en virtud de la cual, y con la huelga de controladores como excusa, pero motivado realmente por las hostiles declaraciones del gobierno marroquí, Zapatero habría conseguido cubrirse las espaldas con el moro, sin tener que reconocer que podría haber un problema con los vecinos del sur.

De modo que, reordenando los acontecimientos que rodean la huelga encubierta de controladores, la cosa habría empezado con el conflicto marroquí en Sahara Occidental.

Zapatero y su gobierno, que tanto se llenaron la boca antaño con el Sahara Occidental, guardan un silencio vergonzoso al respecto. Vergonzoso y casi inexplicable.

Sin embargo, Zapatero no logra apaciguar a los suyos, y se vota a favor. Una abstención y un voto en contra  (Rubalcaba y Zapatero respectivamente), todos los demás votos a favor. A Zapatero se le va de las manos la situación.

Al expresar nuestra repulsa, Marruecos se enfada.

Zapatero se acojona ante las posibles reacciones de Mohamed. Pero no puede mover un dedo sin delatar lo preocupante de la situación de cara a su gente (nosotros, creo), y por supuesto sin provocar una nueva reacción hostil de Marruecos, a quienes Zapatero tiene terror, y más aún con los ministros marroquíes en plena reunión. Que los moros son listos y prudentes a su manera, pero en caliente es mejor no darles la espalda.

Y aquí viene la jugada maestra, la que intuyo digna de los 666 asesores presidenciales al servicio de la mentira: el gobierno incluye en el paquete de recortes una clara provocación a los controladores, cuya reacción previsible será ir a la huelga, como habían avisado ya. Ya tiene el gobierno su excusa espuria para decretar un estado de alarma por Marruecos sin mencionar a Marruecos.

¿Por qué si no, en pleno puente, los ministros en pleno se habían quedado en Madrid, incluso los que viven fuera, cuando ya sólo se les iba a reclamar para un consejo de ministros “sorpresa” la mañana siguiente? ¿Acaso no lo sabían? Claro que lo sabían.

Y otra pieza más. Se ha anunciado un estado de alarma prorrogable. Prorrogable quiere decir que para prorrogarse, ha de ser ratificada por el parlamento. Zapatero, con su nueva mayoría PSOE/PNV, puede hacerlo cuanto quiera. Y EN ESTADO DE ALARMA NO SE PUEDEN CONVOCAR ELECCIONES ANTICIPADAS. Zapatero se habría cubierto así del fantasma de su finiquito. De modo que, como vemos, el principio de esta historia parece que se remonta cada vez más lejos.

Y es que, ¡ay!, tengo un pálpito. Que soy muy malpensado. Y es que no puedo dejar de observar el entusiasmo con el que Rubalcaba, y sobre todo Pepiño (Zapatero es ya un ansiolítico zombi) han encarnado su rol de doberman, que achaco más que nada al autoritarismo chulo y provinciano de dos socialistas de sótano. Lo cual hace mala combinación con el mucho tiempo que me da a mí que se ha invertido en lograr una huelga de controladores tan oportuna. Mucho más del que se habría invertido sólo para tapar una subida de impuestos. Por no hablar del malestar que provoca sacar al ejército, siempre peliagudo y siempre sospechoso, gracias al imaginario que los propios socialistas han creado en torno a las fuerzas armadas. ¿Hay en la agenda del gobierno un cuadro en el que es básico el cierre de los aeropuertos, y se ha ensayado de alguna manera un primer movimiento?

¿Qué interés podría tener el gobierno en que los controladores escasearan?¿Por qué un gobierno querría tanto, tanto, tanto, a unos pocos controladores, tanto como para no tener más controladores que ellos, siendo insuficientes, y por tanto, difíciles de contentar? La clave de todo, intuyo, está precisamente ahí. ¿Quién ha impedido la formación de nuevos controladores?

Si es AENA, pues ya lo sé: el monopolio de los técnicos te da el dominio del sector. Dinerito pa los jefes. Simple.

Pero, ¿y si no ha sido AENA? ¿Qué interés podría tener el PSOE en impedir la proliferación de controladores aéreos? Pues muy sencillo. El PSOE estaría disponiendo del monopolio del tráfico aéreo en contextos como estados de emergencia, golpes de estado, triunfos de la derecha…

Zapatero sufre el síndrome de Los Otros, en virtud del cual, está muerto ya, pero aún no lo sabe, y para seguir ignorando la verdad, huye de la luz. Y perdóneseme el tono paranoico-fatalista, pero es que no sé si a ustedes les está pasando, pero yo, desde hace unas semanas, estoy reconociendo el inconfundible estilo de la banda que tocó la pieza del 11-M, sólo que en esta ocasión tocan una pieza distinta. Pero reconozco el sonsonete. Y estos días empiezan a parecerse a los meses previos al 11-M.

O sea, que en el mejor de los casos, el estado de alarma es una nueva trapisonda socialista. Pero en el peor de los casos, esto es un golpe de estado. Porque decretar un estado de alarma por motivos electorales es un acto de golpismo.

Y ya juro que termino. Solo decir que la cobertura y el análisis de los medios de izquierda, esquivando el decreto de Rubalcaba y la violencia de Blanco, y maximizando la presencia en pantalla del PP ha sido de verdadero pasmo. La prensa de izquierdas me acaba de demostrar para los restos, que está perfectamente preparada para mentir descaradamente. La guinda de la mierda la ha puesto Gaspar Zarrías acusando al PP de promover la huelga. Cualquier persona medio inteligente observa al instante que el PP quedó aislado, cada idiota en su aeropuerto, mientras que el gobierno en pleno permanecía en Madrid contra toda lógica, así que no creo que el monopolio de la izquierda vaya a movilizar a nadie a nada más que a pegarle a Zapatero una monumental, nacional, indiscutida e indiscutible patada en esa grimosa combinación de culo burgués, tufo socialista-baturro, vocación de dictador, carencia de redaños y actos de malnacido.

 

 

LOCAS TEORÍAS SOCIOLISTO/MARROQUÍES

ESTO ES UNA HIPÓTESIS, BASADA EN INDICIOS. A QUIEN ESCUEZA, RECORDÉMOSLE QUE LA MUJER DEL CESAR NO SÓLO DEBE SER HONRADA, SINO TAMBIÉN PARECERLO. ANTE LA DESINFORMACIÓN QUE ESTE GOBIERNO TIENE POR HERRAMIENTA BÁSICA DE TRABAJO, QUE ALCANZÓ SU CÉNIT EN LA OCULTACIÓN DE LAS PRUEBAS DEL 11-M Y LA FALSIFICACIÓN DE INFORMES POLICIALES Y FUENTES PERIODÍSTICAS SINCRONIZADAS, ME APETECE EXPRESAR PÚBLICAMENTE MIS SUPOSICIONES. NO SÉ SI ESTO ES LO QUE OCURRIÓ. ES SÓLO LO QUE YO ME HUELO QUE OCURRIÓ.

Año 2002. El mundo aún se está sacudiendo la conmoción por el 11-M.

Tras años de clamorosos silencios de gobiernos de todo color sobre El Aaiún, Aznar ultima un plan de normalización del Sáhara Occidental, dentro de cuyo marco se incluye, como paso inicial, el primer censo oficial de saharauis. Eso irrita a Marruecos, que no está dispuesta a ceder un territorio ocupado ilegalmente. Tal vez la esperanza de Aznar es que el próximo rey marroquí sería más razonable que su padre. Pero no fue así.

Muere Hassan II, surge Mohamed VI el Honrado, que ve con malos ojos cómo el gobierno español pretende revocar los efectos de la marcha verde. Y no está por la labor. La tensión con España se acentúa con la retirada del embajador marroquí en Madrid.

Se promueven manifestaciones fronterizas y clásico agit-prop magrebí que tan cercano le debió parecer a Zapatero como para incluir a Marruecos entre sus socios de campaña por la presidencia. Así, Zapatero, en visita al nuevo Rey de Marruecos, se llega a hacer con él una foto en la que se incluye un curioso mapa de Marruecos, incluyendo parte del territorio español, no ya El Aaiun.

EL ORO Y EL MORO

Zapatero prometió a Mohamed un impulso en la “devolución” de Ceuta, Melilla y las Canarias, si le ayudaba a acceder al poder.

-Majestad, me encantaría devolveros Ceuta y Melilla, pero como sabéis, sus habitantes no están interesados. Y en mi país, además, hay demasiados fachas, como también sabéis, por supuesto.

-Amigo Zapatero: Si en 2003 yo te ayudara a acceder al poder, ¿tú me prometes que tus políticas irán en esa dirección? Sé que no puedes prometerme Ceuta y Melilla, porque un simple presidente no tiene tanto poder. Pero si yo te ayudara a serlo, ¿me prometes que irán tus políticas en esa dirección?

-Si me ayudáis a ganar las elecciones, Majestad, yo le prometo que mis políticas irán en esa dirección.

-No se hable más. Vamos a hacernos la foto.

-Pero, Majestad, ¿cómo me váis a ayudar?

-Cuanto menos sepas, mejor. Tú estate atento, ten reflejos y recuerda tu promesa.

Inmediatamente, Mohamed se pone a trabajar. La idea es preparar un atentado visiblemente islamista, pero que no se relacione con Marruecos, sino con AlQaeda. Si hay suficientes muertos, y Zapatero maneja la situación con reflejos, será presidente y tendrá poder suficiente para ocultar la verdad. Madrid bien vale una misa.

Un puñado de gendarmes marroquíes, coordinados por el Ministerio de Interior de ese país, ocupa el islote Perejil, un pedrusco sin más valor territorial o estratégico que el puramente simbólico. El objetivo es provocar una reacción violenta del ejército español, para presentarse como víctimas ante la comunidad internacional, aparte de tantear al gobierno español.

España consulta a sus aliados. Francia nos ignora, y Blair supedita su apoyo a la adhesión a Bush.

Aznar actúa con premura. La isla es desalojada sin disparar un solo tiro, los efectivos marroquíes son detenidos, España sale airosa. O eso creíamos. Las reacciones del régimen marroquí van escalando en histeria, buscando que España cometa un acto de agresión que pueda interpretarse como una ofensa al Islam, sin que Aznar encuentre apoyos entre sus vecinos europeos.

Probablemente, nuestros vecinos tenían miedo de invocar el terrorismo islámico, porque el gobierno marroquí no hacía más que señalar a Aznar. A Bush, en su cruzada personal contra Saddam, le ocurría parecido. Necesitaba caras europeas para no ser el único warlord de la foto. Aznar picó, pues el apoyo británico se supeditaba a la foto, que aseguraba el compromiso de Bush, por si Marruecos se salía de tiesto. Just in case.

Zapatero, por su lado, no ahorra esfuerzos en proclamar a los cuatro vientos que si él es presidente, se retirará de Irak.

Esa fue la ofensa que Marruecos estaba buscando para hacer efectiva la foto con Zapatero. La lucha contra Aznar era una ya una guerra santa, y ya era más fácil culpar a Al Qaeda de un atentado que este grupo, al que estaban sacudiendo en su misma cuna, no estaba en condiciones de cometer. La operación ya estaba en marcha. Tenían hasta la fecha idónea, pues Aznar, en un alarde de honradez motivado por querer distinguirse de su adversario natural, Felipe González, había proclamado que no se presentaría a una tercera reelección. 2004, la sucesión del líder, era el momento idóneo.

Zapatero, nunca lejos de Rubalcaba, va organizando sucesivas campañas mediáticas contra el gobierno de Aznar, coronadas con aquella lamentable ceremonia de los Goya del “No a la guerra”, pasando por el chapapote, el Yakolev, y casi cualquier cosa. Preparando a las masas.

Todos ponen de su parte. ETA inicia una campaña para volar trenes en el corredor del Henares, o eso quiere hacer parecer. Las fuerzas de seguridad se concentran en ETA. Pero el peligro es otro. ETA solo es un señuelo. ¿Coordinado? Tal vez. Tal vez la mafia comunista vasca, ante la promesa de “liberar” las provincias vascongadas, se ofreciera como señuelo táctico. Una labor que requiere poco esfuerzo y podría haber ofrecido muchas rentas.

Y, a dos días de las elecciones, suceden los atentados.

En pocas horas, los datos son contaminados desde la policía, las pruebas, destruidas, y los registros, manipulados a expensas del gobierno. El ministro Acebes queda como un mentiroso, inducido a pensar en ETA, mientras la misma policía informa a losmedios de que el atentado es de corte islamista. Desde la cadena SER se responsabiliza indirectamente a Aznar de los atentados. La SER, además, ofrece informaciones falsas acerca de suicidas en los trenes. La furgoneta Kangoo con la cinta de versos coránicos es la guinda del pastel.

El veredicto de la ciudadanía es inequívoco. Responsabilizó a Aznar de los atentados. Con Zapatero, no habría pasado.

Durante seis años de legislatura, Zapatero se muestra complaciente en extremo con cada nuevo avance marroquí en territorio español. Pero no hace nada por vender a los españoles la idea de que Ceuta y Melilla debieran ser Marroquíes, como le prometió al moro. Intentando apaciguar al rey estafado, Zapatero otorga la medalla al mérito al ministro de Interior marroquí que organizó lo de Perejil. Pero no ha bastado. Diríase que tan vacíos gestos han logrado irritar al rey Mohamed.

Pasan los años. Zapatero ha perdido la sonrisa. Nadie le cree. Ha quedado como un mentiroso incompetente ante la comunidad internacional. Su sonrisa se ha desvanecido, y su propio partido le pide que se largue. Su presidencia tiene las horas contadas. Suena el teléfono. Es Mohamed VI.

-Amigo Zapatero, ¿qué hay de lo mío?

-Ay, Majestad. Los fascistas me atan las manos.

-Ya, pero has de recordar tu promesa. Yo cumplí mi parte.

-Majestad, impulsé la Alianza de Civilizaciones, me fui de Irak y aprobé el papeles para todos.

-Amigo Zapatero. La Alianza de Civilizaciones es una mierda muy cara y muy poco útil. Lo de irte de Irak no fue una promesa que me hicieras a mí. Y los papeles para todos no sirve si no hay ventanillas para todos, o trabajo para todos. Y, amigo Zapatero, de trabajo, de lo que es trabajo, tú no eres nadie para hablar, porque estás matando de hambre a tu propia gente. Eres un embaucador. ¿Me habías tomado por cualquier morito al que puedes liar con tus embustes? Maaalo, maaaalo. Me prometiste Ceuta y Melilla sin intención de dármelas. ¿Qué he sacado yo de tí? Nada de nada.

Zapatero calla en este punto.

-Ay, Zapatero. ¿Cómo se sentiría tu pueblo si supieran cómo llegaste al poder?

-¡No, Majestad! ¡Eso no! ¡Lo que sea, pero eso no!

-Amigo Zapatero, tú no estás en posición de ofrecer nada. Nunca lo estuviste, pero sólo ahora lo sé. Te van a echar. ¡Sin embargo…!

-Sí! ¡Lo que sea, Majestad!

-…sí hay una cosa que puedes hacer.

-Decidme, Majestad.

-Puedes hacer la vista gorda. En eso te has revelado como todo un maestro.

-¿La vista gorda?

-Sí. El paripé. Tu especialidad.

-¿Con qué?

-Tú estate atento, y ten esos reflejos que demostraste hace seis años.

-Como ordenéis, Majestad.

Clic. Tut-tut, tut-tut…

Horas después, Marruecos ataca campamentos Saharauis de protesta ante el limbo legal al que Marruecos y España han condenado a El Aaiun, y militares marroquíes siempran el terror, con sangre, torturas y violaciones entre la población civil. El gobierno de Zapatero, que también se llenó la boca en su momento con el pueblo saharaui, recibe por orden expresa del presidente NO MANIFESTARSE EN CONTRA DE MARRUECOS. Tampoco dice nada Zapatero ante la negativa marroquí a que la prensa internacional informe libremente, y se expulsa sucesivamente a los periodistas, en especial a los españoles. El gobierno de Zapatero, en un comunicado, se refiere al reino de Marruecos como un estado de derecho, cuyas fuentes son consideradas independientes por España para informar de los hechos acaecidos en El Aaiun. La indignación crece en la calle y en los escaños también. El poder y la influencia de Zapatero son nulos ya, y el maltrecho infame no logra impedir una repulsa formal y casi unánime, del parlamento. Sólo logra colar un par de enmiendas (o enmierdas, viniendo de Zapatero, el rey Mierdas) en el texto de condena para excluir la palabra Marruecos, y limitar la condena a “los actos concretos de violencia injustificada cometidos en Sahara Occidental”. Una condena matizada, pero que en Rabat sienta a cuerno quemado.

Minutos después, Rabat convoca consejo extraordinario de ministros para “Reexaminar sus relaciones con España”. Mohamed, perdidas ya las posibilidades de hacerse con Ceuta y Melilla a corto o medio plazo, está decidido a asegurarse El Aaiun. Territorio que, de haber sido consecuentes, debíamos haber convertido en el casi único reducto de libertades en el Islam, y que ahora, al antojo de un afortunado petimetre en mala hora nacido, hemos condenado a ser de por vida marroquíes de segunda.

El resultado previsible es que Mohamed guardará silencio de por vida, y manejará a Zapatero a su antojo hasta su último aliento. Mariano no parece que esté por la labor de hacer nada por esclarecer el 11-M, así que sólo nos queda la prensa libre y las asociaciones de víctimas, si queremos tener alguna esperanza de que se sepa a ciencia cierta lo que cada día parece más evidente. Y es que, desde el 11-M, todo es 11-M.