FUEGO AMIGO

Dicen en los medios -cito textualmente- que “tenemos que acostumbrarnos a los atentados islamistas”, que “el peligro está en el aumento de la islamofobia” porque “es lo que quieren los terroristas”. 

Cada frase por sí misma puede ser más o menos discutible -más de uno añadiría otros calificativos-, pero las tres juntas no aguantan el análisis más superficial. Y créanlo o no, se están lanzando juntas. En diferentes medios y a diferentes horas. Así que pasaré a comentarlas por separado, y también en su conjunto. Al fin y al cabo, ¿quién soy yo para trocear el dogma progresista?¿Acaso vamos a ser más papistas que el Papa y enmendarles la plana a los de la capital? Yo digo: ¡NO!

1. Empezamos por la primera: “Tenemos que acostumbrarnos a los atentados islamistas”.

Es muy buena. Tan buena que me encantaría ver al tertuliano de turno contándole eso a la víctima del último atentado islamista mientras el médico decide si le recompone la pierna o si es mejor usarla para recomponerle otros miembros a su hija pequeña. La frase es variación de la acuñada por el muy progresista Primer Ministro Francés Manuel Valls tras el atentado de Niza en el que un “camión” (de nuevo cito medios progresistas) se llevó por delante 84 vidas nada más. Por lo demás, la resignación me parece una decisión muy respetable siempre y cuando no traten de imponérmela llamándome islamófobo si me niego a adoptar tan cristiana actitud. Si cambian el “hay que” por un “yo me”, no tendré nada que decir. Pero déjenme el derecho a cabrearme y horrorizarme sin acarrear el estigma social que supone no acostumbrarse ni resignarse a que de vez en cuando masacren a unas decenas de nosotros, o a nosotros mismos, en exigencia de una ley islámica que castiga con la muerte la disidencia -amén de otras muchas cosas chulísimas que de seguro habrá oído usted por ahí. Créame, casi todas son ciertas-. Y discúlpenme si me permito acabar con la definición RAE de la palabra “resignación” por ser la más usada esta mañana en los principales medios: Entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona. Guárdela en la memoria, intrépido lector, que la usaremos más tarde. Pero no la rotule en un autobús naranja, no vaya a multarle Cristina Dos Varitas Cifuentes por alimentar el discurso del odio.

2. “El peligro está en el aumento de la islamofobia”.

Esta frase es una obra maestra, pero sólo maestra en maldad. ¿Cómo que el peligro está en la islamofobia? Abrimos cada semana con un nuevo atentado islamista, y los medios mienten cuanto pueden para maquillarlo. Sin conseguirlo, claro, gracias a que aún tenemos las redes. Y a ver lo que nos duran. Sin embargo no hay atentados islamófobos. Esto es empírico: si hubiera el más mínimo atisbo, los mismos medios que maquillan cuanto pueden a los yihadistas lo amplificarían con un nivel de histeria parecido al que usan cada vez que el presidente electo de Estados Unidos se rasca la barbilla. Y sin embargo, ni rastro.

Cabe señalar que esta es una variante del infausto titular de Lo País aquel 12 de Septiembre de 2001, “El mundo en vilo en espera de las represalias de Bush” tras la masacre de las Torres Gemelas. Me permitirán que señale dos peligros mucho más inminentes que un hipotético aumento de la islamofobia, y que son a) los propios atentados, que masacran a personas. Personas reales, no hipotéticas, aunque no tan reales como los seres queridos de los tertulianos de mucho progreso, eso es verdad, y b) la radicalización de un votante islamista cada vez menos minoritario cuyo apoyo no será ignorado por aquellos que quieren implantar la ley islámica en nuestro continente.

3. “Es lo que quieren los terroristas”.  (El aumento de la islamofobia)

Esta frase ya es un sarcasmo. Los islamistas lo que quieren es la ley islámica en nuestro territorio. La -repito, hipotética, nunca materializada- islamofobia sería un obvio impedimento para la instauración del dogma mahometano, y esto no requiere mayor explicación. La frase recuerda claramente al dogma progresista/nacionalista -curioso equipo, vive Dios- de que toda resistencia al nacionalismo “es una máquina de fabricar nacionalistas”. Oiga, no. Si así fuera no protestarían ante la resistencia; callarían en lugar del recital de grititos y pataleos a los que nos tienen acostumbrados cada vez que alguien baila poca sardana. Frotándose las manos. Y los pies. Y ya digo, no. ¿En qué modo podría convenir a quien quiere la sharia en Europa el que Europa fuera islamófoba? Busque, intrépido lector, la respuesta en su interior. Pero ya le adelanto yo que en nada. Por lo que le pueda servir. Sin embargo, sí hay algo que siempre ha necesitado el islamista europeo para irse imponiendo poco a poco: las acusaciones de islamofobia al más mínimo “pero“.

-¿Pero no habíamos quedado en que la mujer es libre de hacer, vestir, salir y folgar lo que quiera, donde quiera y cuando quiera, como cualquier hombre?

¡ISLAMOFOBIA!

-¿Pero no habíamos quedado en que un estado laico no debe apoyar ninguna religión por ser algo privado y rancio?

-¡ISLAMOFOBIA!

-¿Pero no habíamos quedado en que violar niños y mujeres es un execrable crimen a perseguir, incluso en Estocolmo y Rotherham?

-¡ISLAMOFOBIA!

Y eso sí lo necesita el islamista europeo: las acusaciones de islamofobia ante cualquier preguntilla que tengamos al respecto. Que no es lo mismo que la islamofobia a secas. De hecho, es mucho peor, toda vez que si la islamofobia es real, muy inútil tiene que ser para no salir en unos periódicos que inventan y ocultan noticias a su antojo y conveniencia, mientras que la sola acusación de islamofobiamucho más efectiva– te puede aislar laboral y socialmente sin necesidad de demostración.

Conclusiones.

Llega el momento de atar cabos y analizar las tres frases juntas, el nuevo hit del dogma progre: Tenemos que resignarnos a los atentados islamistasel peligro está en el aumento de la islamofobia, que es lo que quieren los terroristas”. 

Si ante los atentados hay que resignarse y el verdadero peligro es la islamofobia, tenemos que concluir que no mata el terrorista sino quien rechaza sus principios, “que es lo que quiere el terrorista”. Dado que la islamofobia no asoma, uno diría que lo que el complicado dogma intenta decir es que el terrorista quiere ser rebatido, pero al no encontrar resistencia no tiene más remedio que matar. Absurdo, lo sé. Por otro lado, si a los atentados hay que resignarse, pero a la islamofobia no, entiendo que vas con el yihadista. Mal hecho, pero al menos eres claro. Sin embargo, la frase que lo embrolla todo es “que es lo que quiere el terrorista”. Esto nos hace sospechar que el dogma no está totalmente de acuerdo con el yihadista, aunque no sea tan malo como la islamofobia. ¿En qué quedamos, pues? La solución está en ese término tramposo, ya que no es la islamofobia lo que quiere el yihadista, sino LAS ACUSACIONES DE ISLAMOFOBIA, que no es lo mismo. De tal modo, y aplicando todo lo anterior, el dogma queda traducido así.

“Tenemos que entregarnos voluntariamente poniéndonos en las manos y voluntad del islamista. El peligro está en la resistencia que surgirá, pero nosotros los acusaremos de islamofobia, que es lo que quieren los terroristas”. 

Se entiende mucho mejor, ¿eh? Así las cosas, para el periodista europeo -y su jefe, el político- los muertos, el terror y las bombas son poco menos que fuego amigo.

¿Y TÚ QUÉ ERES, NIÑO O NIÑA?¿ESTÁS SEGURO?

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La maduración es un proceso largo y tortuoso. Ser niño es un laberinto de preguntas e inseguridades. Son curiosos, los niños. Siempre hacen preguntas. Y no son tontos. Detectan cuándo te estás inventando la respuesta. Especialmente cuando a la misma pregunta le das respuestas distintas. Si el asunto es poco importante, tal vez se olvidará, pero si toca asuntos vitales, (¿Papá, tú y mamá estaréis casados siempre?) una respuesta múltiple o vaga le causará inseguridades, y puede que trastornos. Pero hoy no hablamos de niños que interrogan a los mayores, sino de lo contrario, de adultos que interrogan a los niños.

Hazle una pregunta al niño y buscará la respuesta inmediatamente. En su inexperiencia, a menudo no dará con ella, pero si la pregunta es especialmente interesante, no parará hasta dar con la respuesta. Probablemente la buscará en un mayor en quien confíe, porque las preguntas producen inseguridad, y las respuestas la conjuran. Por supuesto, esto también nos pasa a los adultos, pero una mente sin formar necesita una respuesta firme y autorizada. Sólo la inseguridad, y por tanto, la curiosidad, es poderosa en ellos. Dale a un niño un problema (da igual una pregunta que un abusón) e intentará resolverlo con sus herramientas. Primero tal vez el ingenio, pero si no puede, tarde o temprano recurrirá a la fuerza. Y si con la fuerza tampoco lo logra, tenemos un conflicto. De ahí que a los niños les atraiga Darth Vader. Porque tiene poder. ¿Qué haría un niño con su abusón, si tuviera el poder de Vader? ¿Razonaría con él buscando soluciones, visibilizando los puntos en común de ambos para lograr una confluencia sinérgica, proactiva e incluso holística?¿O lo estrangularía con un simple gesto de la mano?

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-¿Quién soy yo, Capitán Antilles?¿Vader o Leia? -¡Vader! -¿Seguro?¡Busca en tu interior! -¡Leia! -¿Me estás llamando mariquita? *crack!

 

Y por eso es tan astuto (de los motivos hablamos ya otro día) preguntar a un niño qué quieres ser, niño o niña, añadiendo que sólo él tiene el derecho de responder, más allá de la biología. Porque le habrás otorgado un poder que ni siquiera tienen sus mayores. Repregunta, tras la primera reacción. Que busque bien, pues la respuesta correcta no tiene por qué ser la obvia, y le habrás desarmado, sembrando en el niño una inseguridad que sólo se resolverá con grandes dosis de azar: la respuesta y/o el sexo real de sus amigos, la reacción del profesor, y una lista de etcéteras tan arbitrarias y casuales como una ruleta rusa cargada con balas de mil colores.
Por otro lado, y dejando de lado la certeza de que la respuesta sea inducida por el interesado en formular la pregunta, ¿dónde está la diversión de poseer el poder de Darth Vader si no vamos a usarlo? En la mente de un niño, la fuerza sólo merecerá la pena si lo usamos para cambiar la realidad, no para dejarla como está. Por eso sé que la inducción está en la propia pregunta. Astuto plan, ¿eh?

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Dar a elegir (animar a elegir) a un infante entre ser niño o niña es otorgarle un poder que no merece tener, no por castigo, sino para protegerle de tamaña responsabilidad. Ni siquiera el adulto elige su -mal llamada- opción sexual. Esa condición les será revelada naturalmente con los años a través de la biología, la experiencia y Telecinco en porcentajes que podríamos discutir durante siglos, mas nunca será una opción. Pero una vez sembrada la pregunta como opción, (¿Qué soy yo?¿Me gustan los niños o las niñas?) el niño no descansará hasta dar con la respuesta. Clara, rotunda, infalible. Una respuesta segura. ¿Y qué criterio tiene un niño?¿Cuántas estupideces comete por imitar a sus ídolos, a sus amigos o al primer idiota que pasa por la calle?¿Por qué exponerle a semejante riesgo?¿Qué posibilidades hay de que elija la opción correcta?

Ninguna. Siempre se preguntará si eligió bien tras una infancia insegura de preguntas sin respuesta, de certezas interiores estranguladas por producir unas grietas en la opción elegida que ni el adulto más bienintencionado pudo recomponer. Y esas grietas no se pueden estrangular, porque el poder que le otorgaron a ese niño no era real sino inducido. Jamás tuvo la más mínima opción. Quien le diga al niño que su respuesta siempre estará bien es un falso amigo, un abusón sutil, una amenaza fantasma, porque sabe que esa respuesta no es opcional. Quien formula esas preguntas sólo busca esclavos para su ejército.

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“A los niños hay que decirles la verdad”. Eva Hache.

DEL POR QUÉ DE MI ABSTENCIÓN

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La abstención tiene mala prensa. Cuando anuncio que no voy a votar en 2016 (lo mismo que hice en 2015) suelo encontrar reacciones negativas. La más habitual es el hilarante “entonces no tienes derecho a quejarte luego”. A lo que respondo con el silencio, que es como se responde a las tonterías. Pero si me insisten, declaro que por supuesto que tengo el mismo derecho a quejarme, cuando no más, toda vez que este caos no se logró con mi participación y sí con la de los que fueron a votar.

Podemos es el protagonista de las dos últimas elecciones. Se vota a favor o en contra de los morados de una u otra manera. Su irrupción ha convertido la política en un circo que no podíamos sospechar quienes pensábamos que lo de Zetapé era insuperable. Pero es que resulta que la presencia de Podemos es obra de Mariano, su maquiavélica operación para restar votos al PSOE. Bravo, Mariano. Bravo.

De modo que mis opciones de voto son:

1.El pepé de Mariano.

Le voté en 2012. No derogó ninguna de las leyes basura de Zetapé. La que más duele es la de “memoria” histórica. No deja de ser graciosa una ley de memoria que está dedicada a borrar recuerdos. Orwell en estado puro. También dejó hacer y deshacer a los separatistas del prusés, y todo lo que supo hacer contra ellos fue dirigir a cuatro jueces a crujirse a los Pujolone. No sólo es poco y pusilánime, sino que implica el punto más importante de mi no-voto al pepé de Mariano: no tiene (ni él ni nadie en España) la menor intención de separar de una maldita vez el poder judicial del ejecutivo. Y finalmente salvó de la quema a La Sexta, que estaba en quiebra y a punto de desaparecer, y promocionó a los chavistas de Podemos con la esperanza de que minaran a la PSOE. Bravo, Mariano. Bravo.

No, votar a Mariano es darle la razón en su chantaje (votadme a mí o conoceréis Venezuela sin pagar pasaje).

2. Ciudadano Rivera.

Me cae bien este chico. Pero es socialdemócrata. Y yo soy liberal. Si nos sentáramos a charlar, estaríamos de acuerdo en tres puntos fundamentales, igual que con Mariano. Pero en desacuerdo en todo lo demás. Por otro lado, su libro de estilo de no decir nunca apenas nada no me inspira apenas nada. Tal vez sean estos tiempos tan audiovisuales, que penalizan el análisis profundo en favor del tuit. Pero es que he leído tuits (como los de @CarlosEstebanRD) que tienen más enjundia que los grises y bostezables eslóganes de Rivera. Por no hablar de su manía de legitimar a Podemos Évole tras Évole con la esperanza de legitimarse a sí mismo, lo que no deja de ser una edición en tapa blanda del chantaje de Mariano.

No, no votaré a Rivera. Viva España, sí. Pero no le votaré.

3. El PSOE de ese señor de los tuits cortos.

Con Sánchez no me extenderé mucho. Votarle es como dar un Kalashnikov a un chimpancé. Sánchez no quiere ser presidente. No tiene ambición, no tiene pericia, no tiene conocimientos y no tiene ganas. No se le puede hacer mayor favor que no votarle y dejar que vuelva a casa. No seamos sádicos.

4. Hugo Chávez.

No voto a partidos comunistas. Y menos aún financiados por gobiernos chavistas y promocionados por conservadores que en lugar de pronunciarse y mojarse prefieren dar voz a una panda de descerebrados peligrosos para que me entre el miedo y entregue mi voto ciego al Mariano que les dio alas en primer lugar. Pero bueno, con ser comunistas me vale para no votarles. Últimamente los podemitas andan obsesionados con que los viejos bloquean con su voto las nuevas y refrescantes opciones electorales sin azúcares ni grasas animales. Yo lo que no soporto es que voten los vagos.

Hubo un tiempo no muy lejano en que voté a VOX. No porque coincida mucho con ellos, sólo en lo fundamental, como con Rivera. Fue para hacer daño a Mariano, que está bloqueando una opción conservadora decente. No salieron representados y lo último que he sabido de ellos es que han puesto una bandera en la cima de Gibraltar. En fin.

Resumiendo, que mi abstención activa, que no sociológica, es un dedo en alto, mi manera de declarar mi absoluto desacuerdo no sólo con los políticos sino con mis compatriotas, mi manera de expresar en no-votos mi desesperanza en el futuro. Trabajo en la calle con una cámara al hombro y no oigo más que memeces. Nadie es nunca responsable de sus decisiones. La culpa de todo la tienen los políticos, que no nos dan casa y trabajo. Como si esa fuera su obligación, y no la nuestra ganarnos la casa tras buscarnos un trabajo. Esto no lo salva ni Chuck.

Y sí, queridos. Pienso seguir quejándome.

 

 

REFORZAR LA CERRADURA

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Sala Bataclan horas después de la segunda masacre de París, también en el nombre de Alá. 

 

Por motivo de las vacaciones de Semana Santa grabé un reportaje sobre robos en pisos. Hablamos con un cerrajero que nos explica métodos rápidos y silenciosos para abrir puertas. Su recomendación es diáfana: para estar más seguro hay que instalar la cerradura más resistente, la que más golpes requiera, la que más tiempo lleve al caco.

-Pero si quieren abrir una puerta, -pregunta la reportera- al final lo van a hacer, ¿no?

-Evidentemente, pero si ven una cerradura difícil, directamente van a buscar otra más fácil, más rápida y más silenciosa.

Y es que así de dura es la vida. Cuando compras una cerradura resistente, estás instando al ladrón a que robe a tu vecino menos precavido.

Leo en los digitales -no sé si la prensa escrita sigue existiendo- que los terroristas islámicos atentaron en Bruselas porque en París la presión policial era insoportable. Y aunque mi querida alcaldesa Carmena dice que con el terrorismo se terminará a base de abrazos, no se tiene noticia de que los asesinos contemplaran la posibilidad de abandonar las armas y echarse a sus brazos. Al menos no como primera opción. En lugar de eso, emigraron a Bruselas y masacraron allí a 32 personas, dejando heridas a más de 300 y sembrando el pánico en la Europa civilizada.

No he podido dejar escapar la analogía. Fresco el recuerdo de los atentados del año pasado, Francia ha instalado una cerradura fuerte. Acertó, pues los terroristas han declarado que su plan inicial era volver a atentar en París. Podían haber insistido, pero las garantías de éxito eran mínimas. Es verdad que simbólicamente habría sido un mazazo contra Europa, pero bueno, las víctimas sangran igual en Francia que en cualquier otro lado y los caminos de Alá son bastante escrutables. Bélgica quedaba cerca, estaba más relajada y ahora está contando los muertos. Se nos presentan dos maneras de reaccionar ante un enemigo no a las puertas, sino dentro y bien dentro: la opción Francia o la opción Bruselas. La cerradura cara o la barata.

Bueno, queda una tercera vía: la vía Carmena, la de abrir los brazos y hacer una sociedad más amable con quienes ven bien casar a su niña de seis años a cambio de cuarenta corderos y nueve camellas y luego lapidarla si es violada por alguien que no sea su marido. No vayamos a enfadarles. Además, si les damos mezquitas, escuelas y poder político, seguro que en tres días están viendo reposiciones de Sexo en Nueva York tuiteando las gracietas de Carrie Bradshaw en minishorts.

Prefiero la opción A. Pero es mi opción personal, ojo. Aquí coacciones pocas.

16/10/09 TODAY Picture by Tal Cohen -   Muslims protest outside Geert Wilders press conference in central London 16 October 2009,  Wilders who faces prosecution in the Netherlands for anti-Islam remarks pays visit to the capital.  The Freedom Party leader said 'Lord Malcolm Pearson has invited me to come to the House of Lords to discuss our future plans to show Fitna the movie.' Wilders won an appeal on October 13 against a ban, enforced in February, from entering Britain. Ministers felt his presence would threaten public safety and lead to interfaith violence. (Photo by Tal Cohen)  All Rights Reserved – Tal Cohen - T: +44 (0) 7852 485 415 www.talcohen.net    Email: tal.c.photo@gmail.com  Local copyright law applies to all print & online usage. Fees charged will comply with standard space rates and usage for that country, region or state.

 

LA VIEJA RENCOROSA

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Izquierda es no saber perder. Noventa años después de ser aniquilada en una guerra que alentó como el que más, aún sigue llorando por las esquinas satanizando a quien recogió el guante en inferioridad de condiciones y les ganó la partida a la cara. No debería extrañarnos, ya sabemos que no hay peor derrota que aquella que das por ganada de antemano. ¿Cuántas vidas se habrán visto irremediablemente lastradas por una derrota de la que nunca pudieron recuperarse?

Lo que llama la atención es que la izquierda, siendo una pésima perdedora, es aún peor cuando gana. Nadie como la izquierda para comportarse como oposición, especialmente cuando gobierna. Cuarenta y un años después de muerto Franco, y gozando de todas las libertades que este le negó, sigue la vieja rencorosa despertando empapada de sudor frío en mitad de la noche, odiando y temiendo aún, entre temblores, a aquel general que no le permitió cometer su propio genocidio, el genocidio bueno.

La memoria es el alma. El rencor te susurra al oído haciéndose pasar por un amigo que alienta la memoria, pero en realidad la deforma a su gusto, aniquila la autocrítica, amplifica el odio hasta niveles insoportables y acaba pudriéndote el alma hasta convertirte en la peor de tus versiones. La vieja rencorosa nunca vencerá a su enemigo porque el enemigo sólo vive en ella y en nadie más. Intenta matarlo una y otra vez, pero es imposible porque murió hace décadas. Quiere borrarlo del pasado, pero lo único que consigue es revivir a su viejo enemigo. Y nunca es suficiente, porque ella sabe que esa victoria es una parodia, una caricatura que sólo deja en evidencia lo patético del intento. Cuando vives así, todo son derrotas. Lo intentará de nuevo.

Manuela Carmena, en su lucha contra la derecha, ha mandado retirar las placas que conmemoran a José Calvo Sotelo, líder de la oposición conservadora secuestrado en su casa y asesinado por el PSOE días antes de que estallara la contienda. Es lo más parecido a levantar un cadáver para volver a ejecutarlo. La vieja rencorosa nunca se detiene porque nunca tiene suficiente.

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LAS REINAS MAGAS DE CARMENA

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Recuerdo cuando era pequeño la ilusión que me hacían los Reyes Magos. De eso se trataba, de mantener las tradiciones utilizando la ilusión de los niños. Era un buen truco, pues luego seríamos nosotros los que querríamos generar esa ilusión en nuestros hijos, manteniendo de paso las tradiciones. Y así sucesivamente.

Un buen truco, sí. Pero hasta aquí hemos llegado.

Occidente quiere acabar con todo eso. Con la ilusión y con las tradiciones. Hemos inventado unos datos de pobreza que no existe y los hemos utilizado como coartada para meter en gobiernos y ayuntamientos a una gente que aborrece nuestra cultura, nuestra tradición y nuestra civilización.

Usando unos datos de violencia doméstica falseados hasta la náusea, ahora queremos que los reyes magos sean “reinas magas”. Resulta que era un insulto a las mujeres que no hubiera una fémina entre los tres sabios de Oriente que cita nuestra tradición.

Retorno a cuando era pequeño y veía que el rey negro no era negro de verdad sino que estaba pintado. O que las barbas eran más falsas que Judas. Y de alguna manera me convencía a mí mismo de que todo era real, más que nada porque DESEABA que lo fuera. Y de hecho, los juguetes eran reales, que era entonces lo más importante del asunto.

Ahora veo que lo importante no son los juguetes. Lo importante era (es) mantener la ilusión para transmitir la tradición. Y es ahí donde estas parodias partidistas que nos ha traído la “nueva política” atacan sin piedad. Si los Reyes Magos son mujeres, los niños no se lo tragan. No way, sir. Detectan las “cosas de los mayores” metidas en el asunto. Si un DJ encabeza la cabalgata laica, los niños no reconocen la estrella de Oriente. O eso o para mantener la correlación en el belén habrá que colgar un DJ encima del portal. De los camellos olvídate: sería opresión animal. De modo que también habrá que vender reinas magas en triciclo en los puestos de la Plaza Mayor, para que las familias progres puedan celebrar la cristiana Navidad a su propia medida. Y al final, cada uno hará una cosa distinta, como cualquier otro mes del año. Que es lo que quieren en realidad tanto Carmena como el islamismo.

Hace poco el hijo de unos amigos me vino con una confidencia: “El papá de un amigo dice que los Reyes no existen, que son los padres”. Le respondí muy en serio, sin perder el tono de secretismo, y con todo el aplomo que los niños demandan de sus adultos:

-Eso es porque el papá de ese niño no quiere que te traigan nada los Reyes.

-¿Y eso por qué?

-Porque no le gustan.

El papá de ese niño es la cabalgata de Carmena. Y así se derrumban las civilizaciones: con una amplia sonrisa.

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PABLO IGLESIAS Y EL ARTÍCULO 277

Pau Iglesias

Me cuentan que tardó Iglesias en volver a las andadas de su discurso guerracivilista lo que se tardó en recontar el último voto. O eso, o tal vez Pasionaria y Largo Caballero, mencionados solemnemente en el discurso post-electoral del televisivo candidato, eran socialdemócratas de la escuela nórdica de Olof Palme y yo no me he enterado, que también puede ser.

Total, que Iglesias no esperó ni un minuto para mostrar sus cartas a una afición que adquiría una tonalidad morada, cansada tal vez de aguantar la respiración para ocultar sus verdaderas intenciones. Y así, con las papeletas aún calientes, desveló Iglesias su condición indispensable a Pedro Sánchez para permitirle investir a un presidente chavista: el butifarréndum.

Que me parece perfecto, ojo. Total, en su papel nacionalsocialista recién desechado por el PSOE, hace muy bien Iglesias en dar gusto a todo separatista que se precie de serlo. ¿Qué sería de la izquierda española si no fuera así? Queda por explicarme cómo encaja el “abajo las banderas, abajo las fronteras” con el separatismo, que no es otra cosa que la exaltación de las fronteras y de las banderas, pero no pidamos la luna.

Ni nos salgamos del tema. Que resulta que el referéndum separatista, (que Iglesias y otros poetas de gulag llaman “derecho a decidir”), ocupaba el artículo 277 del programa de Podemos. Y no me digan que no es llamativo que, cuando llega la hora de los pactos, el asunto 277 del programa sea al final la condición indispensable para que Podemos permita gobernar con ellos. Que no es el artículo 1, ni el 15, ni siquiera el 50. Es el 277. O sea, por debajo del artículo que se ocupa de la gestión de las papeleras urbanas. Y resulta que era el importante.

Cuentan que su querida Pasionaria (que gestionó la muerte de tantos católicos por el hecho de serlo) pidió confesión cuando se encontraba en su lecho de muerte. Sin atrevernos a aventurar en qué punto del programa de la comunista que tanto admira Iglesias figuraba la reconversión al catolicismo, cabe maravillarnos de cómo se ponen de relieve las prioridades de cada uno a la hora de la verdad.

CULPAR A AZNAR (Contexto, texto y subtexto)

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Mientras aún se secaba la sangre en la sala Bataclan, la chusma ya estaba culpando a las víctimas. “Hay quien no tiene más remedio que inmolarse”, decía un concejal barcelonés. “No nos obliguen a desempolvar el No a la Guerra”, decía un destacado podemita tres minutos después de saberse que Francia estaba bombardeando objetivos militares en Raqa. No crean a Espinar y su engañoso “no nos obliguen”, pues lo estaban deseando como agua de mayo. Horas después, el ayuntamiento de Córdoba pedía un minuto de silencio por los muertos en el bombardeo, gesto al que se sumaron PSOE, IU y Podemos. Y esto es el contexto.

Al poco de los atentados se extendieron los simbolitos, las velitas y las canciones. Tuits taciturnos, poesía de saldo para cerrar heridas, todos somos noséquién, y el manifiesto comunista en modo la, la, la. Bien está, tal vez. El duelo rompe la rutina, y cuando rompemos la rutina hacemos cosas raras. Lo interesante es que sólo nuestros bombardeos desatan la ira progresista. Y la ira no atiende a razones. Poco importa que esa guerra civil lleve ya cuatro años de muertos civiles, poco importa que Francia llevara meses paseando sus Rafales por Siria mandando regalitos a los terroristas, poco importa que el yihadismo lleve enviándonos visitas desde el auge expansionista del Imperio Otomano o que el suelo que pisamos se llamara antaño Al-Andalus, (todo bastante anterior al trío de las Azores, en el que tampoco andaba Francia, por cierto), poco importa que nuestras bajas sean civiles y las suyas terroristas: la principal consecuencia (negativa) de los atentados yihadistas es nuestra reacción. Cuando mueren los nuestros, Imagine de John Lennon. Cuando mueren los suyos, cuchillos largos. Y este es el texto.

“Hay quien no tiene más remedio que inmolarse”, dijo otro podemita argentino -estos son mis preferidos-. “La culpa del 11M fue de Aznar por la foto de las Azores”, dijo una que ya no se sabe ni lo que es. Afirmaciones todas que gozan del indiferente consenso de la masa, educada en un ambiente en que contradecirlas te convierte en asesino, genocida o peor aún, pepero. Cuando nos manifestamos contra un atentado, nunca focalizamos al enemigo, sino que lo diluimos en símbolos abstractos. Sin embargo, cuando nos manifestamos contra la guerra, entonces sí, el malo es Aznar, el malo es Hollande, el malo es Merkel, el malo es Bush. De lo cual se deduce que si la culpa de los atentados la tienen nuestros gobiernos, entonces habrá que votar a políticos que no provoquen la ira de los asesinos.  Así se llega a la paz, contentando a los islamistas, que no han tenido más remedio (pobriños) que ir a una sala de conciertos y matar a todo el que se puso a tiro. Que la culpa es nuestra por no estar a buenas con señores que imponen su religión a cuchillo. Votémosles, pues, y tengamos de gobernantes a señores que lapidan a las mujeres por el delito de haber sido violadas fuera del matrimonio. Que para acabar con los atentados hay que acabar con el pepé, no con los yihadistas. Sólo así podremos por fin vivir en paz, y los terroristas se convertirán por arte de magia al cosmopolitismo, a las mujeres barbudas ganando en Eurovisión, a los posters de Gemeliers y a que no les espoileen Juego de Tronos. Y aunque estoy seguro de que sus emisores nunca te lo dirán tan claro, ese es el subtexto.

Pero ¿saben qué? Cuando te declaran la guerra, no tiene sentido debatir si vas o no a la guerra: ya estás en guerra. Qué menos que presentarte.

CHUSMA (LA INVERSIÓN DE CONFUCIO)

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Águeda Bañón, Directora de Comunicación de la alcaldía de Barcelona.

Me gusta utilizar el calificativo “chusma” cuando me refiero a la gente ruidosa y vulgar que uno generalmente encuentra en su forma gregaria, la manada. Y no pocas veces mi compañía me afea vocablo tan bello -todo aquel que apuntala la condición de lo definido lo es- aduciendo que suena clasista. Grave error, sólo una sociedad encanallada puede convertir el clasismo en algo intrínsecamente malo. Por lo demás, ya decía Confucio que es la educación lo que acaba con las clases sociales. Y tenía razón.

La novedad es que ya no sólo uso mi amado “chusma” para hablar de la manada humana que invade todo espacio urbano con sus emisiones acústicas, visuales y orgánicas, sino para referirme a los adelantados sociales: candidatos, catedráticos, concejales, alcaldes. Pronto presidentes, jueces, embajadores. Toda vez que ya se democratizó la escuela, es imposible invertir el proceso: la democracia  ha llegado a las esferas, y pronto en las reuniones de la Real Academia será habitual ver a la k minúscula meando en el pasillo mientras sujeta con la otra mano un mini de calimocho. Si no están ya en ello, me da miedo mirar.

El día que compramos la infecta palabreja “democratizar” nos pareció tan chupi que no vimos la estafa, la trampa mortal que contenía. Toda palabra mentirosa es un caballo de Troya, y si democratizar un lugar implica dejar que cualquiera pueda acceder a él sin importar su indumentaria, higiene, maneras u objetivos, entonces la democracia es el reino de la chusma. Porque de todos es sabido que cuando la canalla se hace con un espacio, la gente de clase y educación lo abandona tarde o temprano. Ese es el éxito de la democratización, llenarlo todo de chusma. Primero el transporte público, los museos, los cines, las bibliotecas, -sí, hasta las bibliotecas se llenan de chusma-, luego las redacciones, los platós, las aulas magnas. Y por tanto los carteles electorales, momento en el cual se llenaron también de chusma (y aquí llega la marimorena) los colegios electorales, que antaño (hace dos años) eran para la canalla antisistema como iglesia para los vampiros y que últimamente se han llenado de hiperdemocratizantes chanclas aún salpicadas por la última meada callejera de la jornada de reflexión para votar a una concejala que invadió semidesnuda una capilla al grito de “arderéis como en el 36”.

A algunos  preocupa más que a la salida de varios plenos de investidura los votantes democratizantes se arremolinaran a la entrada de ayuntamientos para insultar y amenazar a la oposición, pero en realidad es la expresión del mismo problema: dentro del Ayuntamiento no hay nada mejor que fuera de él. En una inversión de Confucio, la falta de educación ha acabado con las clases sociales.

LOS SEMEJANTES SE TOCAN

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Me hace gracia el nuevo escándalo de la discoteque. Que resulta que hay locales que dan copas gratis a las jamelgas que se desnuden para jolgorio del personal. Movidote.

Uno pensaría que semejante práctica es un triunfo de eso que llamamos “la mujer”, toda vez que la Guardia Vigil no tiene opción a presentarse pegando tiros al techo. O sea, que hemos vencido al patriarcado aquel de la falda por las rodillas, a la Iglesia y a Franco. ¡A Franco, vive Dios!¡Brindemos pues, que corra el champán, lloremos de alegría, ha caído la Bastilla!

Pero no. Resulta que no. Que el hecho de que una mujer adulta se desnude en un ambiente festivo y a cambio de copas sin mediar coacción alguna, resulta que es una inmoralidad. ¿Y quién lo dice?¿Rouco Varela?¿Federico Trillo? No. Lo dicen los feministas. Que es indigno de una mujer, dicen. E insisto, no lo dice la institutriz de Heidi -¡Adelaida, compostura!-, lo dicen los (las) feministas.

Tan fácil me lo ponen que resulta un poco tramitario dejarlo por escrito. No ha mucho dije que para qué tanta lucha obrera si al final la UGT iba a terminar exigiendo a las empresas que cerraran en domingo por asuntos de conciliación familiar y calidad laboral. Que para qué acabar con el franquismo si al final íbamos a seguir cerrando en domingo, no por fiesta de guardar y respeto al Santísimo, sino por calidad laboral. (Vaya usted a explicarle a los tres churumbeles de un trabajador de fin de semana que su papá se va al paro o le reducen el sueldo por razones de “calidad laboral”. Vaya a explicar al estudiante que trabaja en fin de semana que se va al paro por muy sindicales razones. Vaya, por favor. Con banderita de UGT. Verá qué risa).

Que no me he ido del tema, que el asunto es el mismo. Que no es casual que coincidan ahora los feministas con los franquistas de entonces al decir que “una señorita no hace esas cosas” (sólo les falta añadir el muy socorrido “¡sorras!”). Que el feminismo, igual que el franquismo, celebra la libertad de las mujeres siempre y cuando las mujeres hagan lo que es debido, y no lo demás. Que al final resulta que el franquismo llegaba a las mismas conclusiones que el feminismo y el sindicalismo, pero por las razones equivocadas. Que la cosa no va de adultos haciendo lo que les sale del bolo siempre y cuando no perjudiquen a nadie. Que la cosa no va del tópico aquel de que los extremos se tocan. No señor. ¿Cómo se van a tocar los extremos, si están a tomar por culo el uno del otro? Los que se tocan no son los extremos, sino los semejantes. Los semejantes se tocan. Los semejantes se tocan. Y lo repito una vez más: los semejantes se tocan.