15-MATAOS

Me regodeo en un vivo placer hojeando en EL PAÍS el fracaso absoluto del 15-M. Sí, ya sé que el viernes noche hubo un aluvión de gentes en Sol, en detrimento de los bares aledaños de los que en cualquier otra circunstancia serían (y fueron, más allá de las 00:00) parroquia habitual. Pero eso es un espejismo. No cuesta nada darse un garbeo por Sol a ver lo del 15-M. Con el calorcito y eso. Y sobre todo, cuando te pilla de paso antes de irte de copas. Es ahí donde se ve cuánto de tu tiempo libre estás dispuesto a sacrificar por la causa, compañeros, compañeras y compañeres. Y basándonos en ello, el resultado del 15-M podría calificarse de batacazo, si no fuera porque ni siquiera hubo batacazos. Fracaso estrepitoso tampoco se ajusta a la realidad, porque ruido no hubo, merced a esos ridículos “aplausos silenciosos” o mejor aún, al “grito silencioso” de las 00:00 por la “violencia económica” y demás zarandajas.

A las 4 de la mañana quedaban unas doscientas personas, empeñadas sus aspiraciones en emular la masiva acampada del año pasado, tal vez con la esperanza de que luego se les unieran otros que no fueran policías, claro, porque si contamos con los datos oficiales, que hablaban de 300 policías infiltrados entre los perroflautas, las cuentas me dicen que no, que no, que no quedaba nadie. Más bien me inclino a pensar que los 200 mataos finales eran incógnitos maderos en chancleta y rastafaris quemando porrillo requisao, y que el desalojo final fue una escenificación policial ideada solamente para que los lectores de El País no se abrieran las venas por la mañana, de purita desolación.

Lo de la violencia policial ha sido digno de Berlanga. Dice uno que estaba preparando la tienda de campaña, que los malvados policías “le empujaban” mientras le hacían recoger sus cosas. Jo, tío, ni las SS. Probe freedom fighter. Ay, señor, señor, lo que hay que oir. Otro, que ya se había echado a dormir, denuncia que “le despertaron con una porra”. Menudo trauma, compañero. ¿Y este es el núcleo duro del 15-M? Apañaos estamos. Otros pocos se resistieron pasivamente mediante el método denominado “niño-de-tres-años-que-se-resiste-a-ir-a-la-bañera”, consistente en hacerse el lacio, dificultando así el ser llevado en volandas a la preceptiva lechera. Y unos pocos de ellos se resistieron activamente. De estos en particular no se dice nada en El País, imagino que porque casi hubo más heridos entre los agentes que entre los perroflautas. Proporcionalidad querían, ¿no? Pues eso obtuvieron. O sea que los palos que la policía devolvió, ni siquiera El País se atreve a llamarlo “violencia policial”. Y puesto que la credibilidad de estos chancleteros de la mugre radica en los palos que les dan, el 15-M versión viernes se saldó con una humillante derrota en favor de los garitos aledaños, donde la parroquia prefería hacer efectiva su indignación social disfrutando de cómodos urinarios, música de moda y aire acondicionado.

Asamblea dominical de Callao. Trataban el desempleo. No es coña.

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