ZAPALCABA Y RUBATERO, PRESUNTOS INOCENTES EN PRIMERA FILA DEL 11-M (tic tac tic tac)

Este Rubalcaba es un contínuo espectáculo. Si alguien rodara un biopic sobre su vida, habría que llamarlo “En la cuerda floja”, como la peli de Johny Cash.

La nueva maniobra del imprevisible multiministro es la de quitar la custodia de los hijos a los padres que sean procesados por violencia doméstica “de género”, o sea, del marido a la cónyuge. Y por cierto, Pajín, a ver si te dejas de hablar en gallecatagilivalenciano y perfeccionas tu español, que está hecho unos zorros/as y te hace parecer otra analfabeta funcional más de tantos y tantos que abundan con cartera en la era post-11m. Tarjeta roja en español.

 

...patadón al diccionario Y ¡GOOOOOOOOOOOOOOOL DE PAJÍN!

Luego discuto la medida, pero primero quiero ir a las palabras exactas de Rub-al-caaba. Proteger a los niños. A la infancia. Nobles motivos, sobre todo viniendo de un tipo que hizo todo lo que estuvo en su mano para encubrir el 11-M, siniestra jornada en la que muchos niños y mujeres murieron o quedaron heridas física o psicológicamente de por vida. Como Rubatero y Zapalcaba bien saben. Ahí no les dió por ponerse protectores de mujeres y niños, no. O con los niños y mujeres asesinados por tigresas, cherokis, de juanas y demás lagartijas vermiformes, tampoco.

Antepone la seguridad de los niños a la presunción de inocencia. Eso es lo que ha dicho Don Alfredo Anís del Mono. Y suena bien. Pero si despejamos el maquillaje y los sentimientos (qué peligrosos son los sentimientos en política) nos encontramos con una ley que sacrifica un derecho fundamental a través de una ley ideológica que suprime la presunción de inocencia de un acusado por el mero hecho de ser hombre.

Para hacerlo presentable, Alfredo, demagogo consumado, deja lejos de sus palabras al hombre o a los derechos fundamentales, y se centra en poner ojitos, hablar de mujeres y niños (ya habla como rata que abandona el Titanic, después de seis años tocando el violín en una cubierta que se inclina, se inclina…) y apelar a los sentimientos. Qué poco le importan a las leyes “de género” (¡puaj!) los niños ni su presunción de inocencia cuando aún no han nacido.

En los próximos meses, Rubalcaba y su pandi se verán obligados a cacarear su presunción de inocencia. Y la tendrán, claro. Hasta que se demuestre lo contrario. Yo, por ejemplo, que no soy juez ni cosa parecida (al menos, no fuera de éste blog) le reconozco la presunción de inocencia en el encubrimiento del 11-M. Y en el chivatazo del Faisán, aún se lo reconozco, también, aunque debería mirar las noticias antes de hablar, porque en cualquier día de éstos, ya no va a hacer falta, me da a mí en la nariz. Ya puestos a presumir culpabilidades, empecemos por aquellos a los que más indicios calientes les corran por las piernas, calándoles los calcetines ejecutivo bordados de puño y rosa (y ligas, Dios no lo quiera) incapaces de evitar que el hedor los marque, los anuncie y los rodee. Empecemos por ellos, ¿no? Porque a priori, el hecho de ser hombre no convierte a nadie en maltratador potencial, por mucho que la ideología “de género” se empeñe en subvertir. Sin embargo, a posteriori ya, las evidencias de pis de gato en la legislatura completa de Rubatero y Zapalcaba son tan abrumadoras que empiezo a pensar que en los sótanos de Ferraz y Moncloa, Moncloa y Ferraz (Chenoa y Serrat, en versión cloacas del Estado) las cosas están como en la habitación de Carolaine cuando Tangina se asoma a mirar por primera vez en Poltergheist.

Si el partido socialista sigue gobernando, va a terminar por colapsar el sistema completo, a base de arbitrariedades y trapazas, de las cuales la ideología “de género” se revela como todo un ariete para entrar a saco en la vida privada de la gente. Por eso, la ideología de género no funciona, porque ofrece un diagnóstico preconcebido, y está más atenta a culpar al hombre que a solucionar los problemas. Lo mismo ocurre con la memoria histórica, las políticas ecologistas de Zapatágoras el sostenible (ojalá los imbéciles pertenecieran al viento), el ministerio de (Re)educación, el desastre idiomático, todo lo que toca este gobierno se convierte en mierda. Tiene Zapatero un nuevo hit para su currículo: es el Rey Mierdas de la historia de España. Lo mismo que el Rey Midas convertía en oro todo lo que tocaba, Zapatero es ya el Rey Mierdas, porque todo lo que toca, lo convierte en mierda.

La patria potestad sólo se puede privar o suspender por sentencia, eso es un hecho garantizado por nuestra Constitución. Antes no. Ayer Rubalcaba ejerció una brutal violencia hacia la ciudadanía al subvertir de un modo tan transparente un derecho fundamental. ¿Hasta cuándo vamos a permitir éste desastre? La cosa ya se está poniendo bastante alarmante. Están aplicando la ley Corcuera en versión global, ambiental. Ya no hacen falta indicios de delito para dar patadón a la puerta. Sólo hacen falta rastros de testosterona para que el Gran Hermano se meta hasta la cocina.

Hasta las relaciones familiares las convierten en un arma arrojadiza a capricho. Leyes feministas tienden a otorgar a la madre la propiedad material de sus hijos. Un despropósito que se vuelve contra la mujer, pues viendo que la cifras de denuncias falsas es extraordinariamente alta, todas estas medidas corren serio peligro de convertirse en medidas preventivas estandarizadas para procesos de divorcio, custodias, etc… Y lo siento mucho si sueno mal, pero a la larga podría convertir a cada mujer agredida en sospechosa de fraude. Menos mal que me da un pálpito de que los jueces no están por la labor. Pero es que incluso el primer apellido de los hijos se le podrá levantar a los padres así, con un chasquido de dedos, si la suerte y el alfabeto están del lado de la jai. Zapatero inventa cada día nuevas formas de dividir, destruir, separar, encizañar, disfuncionalizar, a las familias. Y la ley de género, encontrando en la ley del aborto su mejor rimado, tiende a un matriarcado en el que la familia modelo es la que despeja al padre de la ecuación, lo mismo que en la ley del aborto, el padre de la criatura no tiene ninguna obligación ni derecho legal. La patria potestad se le niega al padre (salvo solicitud de la madre, claro) con un movimiento alfil, torre, dama al que no le podemos negar efectividad de ejecución. ¿En qué estábamos pensando?, se preguntan aún en Alemania.

Acorde con su peor y circunflejo especimen, el partido socialista está volviendo a dar rienda suelta a esos instintos totalitarios que lo hicieron nacer. Instintos totalitarios y espítitu pusilánime, pues parece que, solo una vez que Garzón ha certificado la muerte de Franco, y que De la Vega se ha asegurado de que el temible dictador no está en ningún búnker bajo la Cruz de los Caídos jugando al mus con el Rey, sólo ahora, casi trecemil días después, se atreven a ir asomando la patita totalitaria otra vez, los patéticos pusilánimes. Aún hoy, el recuerdo de Franco, que con todos sus defectos y miserias era un tipo mil millones de veces mil más íntegro que el mejor de toda esta recua de petimetres, empezando por Zapatero, líder indiscutible en la championlí de la miseria moral, sólo su recuerdo hace que sus esfínteres e intestinos retiemblen como una virgen en su noche de bodas con el solista de Manowar.

Merecería la pena hacerle a Zapatero una video-emboscada de esas que tan bien sabe organizar su partido, un vídeo en el que, mientras duerme Zetapé, le colocaran una estatua de cera de Federico Jiménez Losantos a los pies de la cama, con luces de efecto, como un belén de santería o palo mayombe, a las seis de la mañana en punto, con la radio a todo volumen emitiendo la señal horaria, seguida del Suspiros de España combinado con My Sharona. Merecería la pena ver a Zapatero despertar de un salto, dar un grito de pavor pseudomasculino, cejas al cielo, y salir corriendo dejando tras de sí un rastro de la ambrosía del fetichista, saltando por la ventana para acallar la música y el subsiguiente “Amigos, buenos días”, que actúa en su lacio y poco presidencial cerebelo como Bethooven actuaba en Alex después de someterse al procedimiento Ludovico, que en cañí bautizaríamos no sin cierto jolgorio como procedimiento Federico, después de que a Zapatero lo hayamos calado por ir por los pasillos silbando “A las Mariscadas” igual que calan a Alex por silbar “Cantando bajo la lluvia”  en la bañera, y por los mismos motivos.

Tararararara-ta-ta-ta-tarara-ta-ta-ta-¡MY, SHARONNA!

Pobre criatura Zapalcaba/Rubaltero, los MendezToxo de las cloacas del Estado. También le presumimos (que no es poco) desde aquí la inocencia en el encubrimiento del 11-M, en la destrucción sistemática de las pruebas y en la descarada rentabilización electoral del atentado más sangriento de la democracia. (Que no de la historia, véase Paracuellos). Sí, hasta que se demuestre lo contrario, presumimos la inocencia de todos ellos, Zetapé, Rub-al-caaba, etc etc etc, del cuasi-evidente crimen de ser cómplices necesarios de la consecución y ocultación del 11-M, y también son Zapalcaba y Rubatero presuntamente inocentes de actuar en connivencia con la ETA (faisán, de juana, etc etc etc etc etc), aunque cada vez somos más los que tenemos la convicción moral de que ambos dos han cometido muchos de los peores crímenes de los que se les acusa y se les acusará. Veremos a ver cuánto tiempo logran seguir sosteniendo su frágil estatus de presuntos.

O sea, que a ver si pensamos menos en violar derechos fundamentales y ocupamos más tiempo en respetarlos, celebrarlos y hacerlos respetar, que se les ve a la legua que las manitas se les quedan muy cortas en democracia a estos socialistas, de largas que las tienen en el PSOE.

Además, lo que quieren es dividirnos, y mucho me temo que antes de que eso llegase nunca a pasar, nos asustarán tanto a todos los españoles por igual, que les daremos tal patada en el culo que si quieren llevar a cabo su anhelada Comunión de Repúblicas Socialistas Ibéricas (CURSI) tendrá que ser en el Second Life. Cacho malandrines, que sois unos villanos de manual.

Por cierto, que en portugués, presunto significa jamón. Siendo que los más destacados Tijelinos de Zapalcaba y Rubatero son denominados intramuros como “los pata negra”, no deja de tener gracia, ¿no? Oh, honey, how amusing and ironic, isn´t it? -Sorry, Zapatero, we don´t translate for f(piiiiiiii)cking m(piiiii)rons!

Hoy hace 10 años: Thatcher ya tenía calado a Garzón

Hoy hace diez años, Margaret Thatcher habló palabras proféticas. No entraré a valorar a Pinochet, sino lo que dice la dama de hierro. De hecho, las palabras de la estadista son recibidas con frialdad por la línea editorial de El Mundo.

Portada de EL MUNDO, 7 de Octubre de 1999

Del procedimiento judicial seguido en el caso Pinochet, promovido e instruido por Garzón, dijo que ha sido «poco menos que escandaloso (…) las probabilidades de que el senador reciba en un tribunal español algo parecido a lo que en Gran Bretaña consideramos justicia son mínimas».

Curioso, se inició la campaña de Garzón contra el Mal del Mundo que terminó con Garzón tratando de encausar a Franco, basándose en que no estaba acreditado que Franco hubiera muerto. Pero vaya, la Thatcher habló bien de lo que es la justicia en España.

Observo que el clima de aquellos días tenía los malos tratos infantiles como principal problema. Ya casi ni me acordaba. Aquello terminó con la aprobación de PP y PSOE de una Ley del Menor absolutamente socialista y que se ha revelado como uno de los grandes fracasos de la “política del consenso”, y cuyos frutos bien conocen los maestros y profesores, los policías que vigilan zonas de botellón y por supuesto, Marta del Castillo y su familia.

También vemos un curioso rifirrafe entre Aznar y Pujol. Estaban en juego las elecciones autonómicas en Cataluña. El candidato socialista era Maragall, el CiU era Pujol y el popular Alberto Fernández. Me permito reproducir parte del texto del periódico El Mundo.


Pleno empleo

En concreto, Aznar le reprochó a Pujol que prometa el pleno empleo para los próximos años recordándole que el PP ha rebajado la tasa de paro en Cataluña en un 45%. «Sin nuestra política de consolidación fiscal, de reducción del déficit, de disminución de los impuestos, de control de los precios no se estaría en esa situación», afirmó. José María Aznar recordó que, con el anterior gobierno socialista, CiU apoyó «con mucho entusiasmo» al «peor ministro en materia económica» y a un Ejecutivo «que no servía para la prosperidad» de España.

Recriminó también al president la adopción de medidas electoralistas como «dar una propinita a los pensionistas», y destacó que el PP ha logrado en cambio aumentar su poder adquisitivo.

El horizonte autonómico fue otro de los ejes del mitin de Aznar. El presidente del Gobierno criticó los ejercicios «irresponsables» como el de la Declaración de Barcelona -que suscribieron CiU, PNV y BNG- y alertó contra los «debates estériles» que «no contribuyen a la prosperidad».

Qué poco ha cambiado el panorama político desde entonces. La diferencia más notable es que el Partido Popular tenía un líder que tenía las cosas claras, y el votante no socialista, por tanto, tenía alguien a quien votar.

Qué interesante es la hemeroteca de El Mundo.


Hippies de lujo

Siempre he pensado, erróneamente, que el gran hándicap de la izquierda para implantarse en el mundo es una endémica disensión interna que, por errada deducción, siempre he atribuído a las diferentes ideologías libertarias. Es lógico, pensaba. Las mentes libres tienden a discrepar, mientras que la rígida derechona siempre cierra filas en pos de sus intereses. Es más, pensaba, la derecha carece de más ideología que el dinero y el poder. Esa estrechez de paso se traducía en una mayor disciplina de grupo, y por eso “la derecha siempre manda”. Eso solía pensar en alto, y el pobre fulano de que me estuviera escuchando siempre se quedaba un rato cavilando, con ademán de “esa es una idea interesante”.

Claro que eso era cuando yo era de izquierdas. Ya no lo soy. Dejé de ser de izquierdas más o menos cuando me incorporé al mercado laboral. Pero no me enteré al instante. Durante mucho tiempo, pensé que mi izquierdismo era un poco sui generis cuando comprobé la alegría con la que un tío de izquierdas celebra en petit comité cómo la mafia vasca se iba ventilando a mis vecinos, o bien es testigo de semejante espectáculo sin mover una ceja. Comprobé también en ésos días con qué orificio del cuerpo humano razona la izquierda. Y por supuesto, comprobé en carnes propias cómo las gasta un izquierdista cuando alguien le lleva la contraria. Y no en casos aislados. Y no en un solo tipo de progresista. Hagamos aquí un inciso para describir a los tres principales tipos de progresista.

El rojillo locuaz: Llévale la contraria a un rojillo de verbo fácil, y basará toda su estrategia en soltar indignadas peroratas interminables y cíclicas cuyo único objetivo es impedir que hables dos frases seguidas. Pues de todos es bien sabido que si hay algo que un progresista activo no soporta es escuchar o leer información incómoda o discrepante. ¡Dios mío, leer! Éso es tener fe. No, si al final voy a resultar que soy creyente. Como ejemplos, María Antonia Iglesias o José María Calleja son dos indivíduos que toleran la discrepancia lo mismo que los nazis toleran mirar directamente el Arca de la Alianza.

El progresista susurrante: Es aún más bajuno, pues basa su estrategia en la expansión del bulo, del rumor de pasillo, de la contaminación informativa. De la mentira, vaya. Éste tipo de libertarios pro-derechos humanos como por ejemplo el derecho al honor escuchan sin interrumpir (eso se agradece, la verdad) en stand by, y sólo en el momento preciso soltará su carga de profundidad, una mentira, algo que se dice, algo que sabe todo el mundo, ¿no te has enterado? En bajito, con voz queda, tolerante, y luego se alejará tranquilamente con las manos en los bolsillos. Siempre son rumores difícilmente comprobables, algo que sólo se sabe si conoces a alguien de dentro. En general contra gente de talento y popularidad, pero que discrepa de las tesis o las prácticas socialistas. Da miedo pensar la cantidad de gente que se cree sin más la basura que suelta ésta gente por lo bajini, tirando la piedra y escondiendo la mano. Como ejemplo, Rubalcaba o De la Vega. Ésta última, si bien habla más de la cuenta, lo hace mal y torpemente, y se mueve mejor entre codazos de pasillo que rindiendo cuentas de su trabajo.

Y luego está el más abundante de todos. El que, a falta de criterio, cree en cualquier retórica que quiera parecer razonable, pero al final vota a la izquierda tras una decisión final alimentada por los López-Aguilar de turno con sus “¡que viene el lobo!” tomando por tontos a la mitad larga de los españoles, y quien sabe, quizá acertando. Los contínuos cheque-bebés, cheque-coches y cheque-cheques que los gobiernos socialistas largan indiscriminadamente con sus políticas horteras, de talonario, suelen ayudar a la decisión, también.

También existe el indivíduo pseudo o filosocialista que desde la óptica del socialismo trata de desmadejar el mundo. Sin conseguirlo, claro, pero con la voluntad real de hacer del mundo un lugar mejor, y cuyas tesis u opiniones no se identifican necesariamente con las posturas y usos de la izquierda oficial. Ésta especie, o malformación del camelo zurdo está en vías de extinción, más perseguidos entre sus propias filas que en otros ambientes más ventilados. La diferencia fundamental entre éste tipo y un socialista al uso es que éste progresista ilustrado no tiene miedo de las opiniones ajenas y no trata de imponer sus tesis más radicales a todo quisque. Ésta especie, o patología benigna, más bien, dada su escasez, nunca es socialista por definición. Los socialistas de verdad sólo lo son con el dinero ajeno. Por eso les gusta tanto el dinero público a los socialistas de verdad, porque un socialista de doctrina es por definición un gran amigo de lo ajeno, léase público.

A día de hoy ya no soy de izquierdas. No sé bien qué es ser tal cosa. A día de hoy he comprendido que las izquierdas sólo existen desde dentro de sí mismas. Desde fuera son sólo una verdad de trabajo, una palabreja simplista que sirve para definir a los grupos de presión política que tratan de acceder al poder apelando a los buenos sentimientos de la gente, la solidaridad. Desde dentro, la izquierda sólo es un disfraz de frasecitas hábiles que, aplicadas en el momento preciso y al volumen adecuado, sirven para que uno se justifique cualquier cosa, desde una mentirijilla de chafardero tramposo hasta un asesinato. Es ése el primer paso del corto proceso que liquida el sentido crítico de todo socialista real. Se requiere también reinventar el mundo, la historia y hasta el genoma, si se pone a tiro. Y claro, lo que no se usa, se atrofia. Así, las mayores patadas al diccionario y a la historia las suelen dar los aprendices de sociopatacialista, pues un socialista de verdad sólo puede ver, escuchar o leer lo que ya venga avalado de antemano desde la izquierda. Lo de leer es más difícil que se de si el texto no habla de fútbol o automoción, que son los principales intereses del progresista español actual. Huyen, sin embargo, de opinar acerca de temas espinosos como el crimen de Sevilla, o el de Sandra Palo. Hagan la prueba. Sean testigos de cómo uno de éstos libertarios de salón puede decir todo tipo de insensateces con tal de no oir nada acerca de castigar a éste deshecho de la sociedad, en mala hora nacido. Hagan la prueba, y ya verán.

A día de hoy, he descubierto que la derecha no existe sino desde fuera, desde más a la izquierda. La derecha no es defender el hambre en el tercer mundo, no es defender fusilamientos ni golpes de estado. La derecha es no ser la izquierda. El contínuo bombardeo mediático ha conseguido cambiar el centro magnético del espectro político ambiental, y se lo ha llevado a la izquierda. Así, la izquierda es lo normal, indiscutible y natural. La derecha, ahora, está en el segmento que va desde el progresismo discrepante de Rosa Díez hasta Mariano Rajoy, que representa el centro geográfico de la oposición más inofensiva, dócil y desnortada. Más allá de ahí está la ultraderecha, desde Esperanza Aguirre hasta Atila.

Tomemos los disturbios de las fiestas de Pozuelo. Éstos hippies de lujo han quemado un coche policial, tratado de asaltar una comisaría y herido a diez agentes, dos de ellos de gravedad, celebran su atentado colectivo y espontáneo haciendo gala de las dotes ciudadanas e intelectuales que les confiere la educación que han recibido en casa y escuela. Espectáculo lamentable cuando menos. ¿En qué pueblo se intenta asaltar comisarías porque se acaba el botellón? No en el mío. En el mío hay algún cazurro incivilizado al que conviene no contradecir, pero es uno. Y sus (pocos, claro) amigos. Y mi pueblo está bien lejos de Madrid. Y sí, existe ése elemento, pero es uno. Dos, tres. Cuatro, a lo sumo. No son legión, como sí es el caso de Pozuelo. Allí, si quemas un coche de policía, eres la leche de popular, y conviene imitarte. Conviene, también, recordar que Pozuelo de Alarcón es la población con mayor renta per cápita. O sea, que ésta horda melonera, bajunoide y con abogado caro es la creme de la creme, el prototipo de joven con todas las oportunidades, el resultado modelo de la mejor preparación. La élite, vaya. Qué nivel, maribel. Pero no es de éstos diamantes en bruto de quien quería hablar.

Traigo a colación tan desafortunado accidente, porque al día siguiente asistí a un espectáculo altamente ilustrativo acerca del uso del juicio crítico de un tipo de izquierda. A lo largo de la mañana tuve ocasión de cotejar la información con mucha gente. Y así, pude ver a todos los tipos de subterfugio a los que se puede llegar para no asombrarse y condenar el suceso de primeras, para luego profundizar en el suceso y conocer así las circunstancias. Todo lo contrario, la noticia fue acogida con alborozo general. Fui testigo de todo un desfile de razonamientos vagos para echar balones fuera (seguro que la madera se ha pasado, esos son pijos de derechas) e incluso una celebración (“que se joda el PP”). Fueron diez, doce testimonios. ¿Es casualidad que nadie de izquierdas tuviera ni una sola palabra reprobatoria hacia el hecho en sí? No, no es casual. Por supuesto que no. La única condena fue un falaz “esos son pijos de derechas“, y estoy citando textualmente.

Vamos a internet, y vemos los vídeos colgados en youtube. Queda claro tras un vistazo inicial a las pintillas de los asistentes para descartar cualquier simbología política más que el ligero tufillo kaleborrikil que van asimilando, ignorantes, las nuevas generaciones. Un análisis más detallado de las informaciones disponibles revela que el origen de la protesta es que “nos han cortado el rollo con el botellón, ésto se veía venir”. No se ve en ninguna de las fuentes consultadas el más leve atisbo de justificación para semejante garrulada, y sí mucho descerebrado. Era de esperar. Se hace necesario, pues, para todos mis compañeros, pasar al modo ultratolerancia para comprender y asimilar todos a una que claro, es comprensible, si les quitas el botellón…

Y dejan la frase ahí, colgando. Así que, como la dejaron ahí tirada, yo la retomo. Claro, es comprensible, si les quitas el botellón a una recua de castrados mentales que, aparte de botellón, poco saben hacer en ésta vida, es de esperar que se líen a botellazos unos con otros, y luego con las autoridades. Lo que no acierto a comprender es cómo la policía no supo prever a qué clase de mendrugos se enfrentaba y en qué número. Y tampoco entiendo en absoluto el castigo menor impuesto a los pocos detenidos, cuyas caras de tonto, exhibiendo, orgullosos ante la prensa, los merecidísimos, a la baja, mamporros que luego llorarán ante el juez para que se apiade de ellos. Cretinos, tiranuelos, despotillas de molotov y lagrimita. Si los etarras de nuevo cuño se mean en los pantalones cuando son encañonados, no es de extrañar que los aprendices de kaleborrikismo lloren, cuanto menos, cuando tengan que rendir cuentas de su hazaña revolucionaria por el derecho fundamental de beber todavía más alcohol en la calle, moleste a quien moleste, se joda quien se joda.

Y no faltará, por supuesto, quien argumente que éstos chicos son víctimas de una formación deficiente. Pero para mí son víctimas hasta el momento mismo en que justifican una agresión injustificable y sin fundamento más allá de la expresión de lo tolerantes que son, confundiendo tolerancia con puntería e ingenio pirómano. Uno de éstos productos óptimos de la España de Zetapé, incluso, entró al coche de policía ya ardiendo con la intención de robar la escopeta. Por fortuna no estaba. Imaginen lo tolerantes que podían haber llegado a ser éstos nuevos chicos de la Educación para la Ciudadanía. “Homosexuales, que sois homosexuales”, dice el libertario quemacoches, el héroe de la piara. Debe de entender que un grupo de policías acorralados y en mitad de una lluvia de botellazos está asumiendo o revelando poses de marica. “Que no os quiere nadie”, dice. Claro. En una sociedad en la que hay que opinar en bloque para que no te callen la boca con lo que haya a mano, no hay mayor pecado que ser impopular. Que no os quiere nadie, grita el mastuerzo, la voz rota, escupiendo el alma. Conviene tenerlo en cuenta, porque éstos libertarios sólo se quitan la máscara cuando están en mayoría.

Y por cierto, joyita del vídeo, a la policía no hay por qué quererla. Sólo hay que respetarla, y si hay muchos como tú, mendrugo, al ciudadano le conviene, además, temerla. Y no, a esa policía no parece temerla nadie. “Y porque he cambiao”, dice, “que si no, te daba de botellazos en toda la jeta. Y no como éstos”, añade con desprecio, dando a entender que para el alborozado testigo ése nivel de violencia es una mariconada. Probablemente él mismo es un maricón de armario. Eso sí, ha asimilado Educación para la Ciudadanía, y ha aprendido que a los maricones se les llama homosexuales. Ahora ya no queman mendigos, sino indigentes. Ya no violan y matan zorras, sino a compañeras sentimentales. Otro éxito de Gabilondo 2. La noche de autos, todos fueron Miguel Carcaño.

En cualquier caso, me retracto para siempre de aquella afirmación sobre la eterna discordia de la izquierda por su condición librepensadora. La izquierda es de un solo pensamiento. .Sus convulsiones son sólo por ver quién manda Todo lo demás no se discute, se da por hecho. Por esa razón un progresista me soltó hace poco que a Losantos no le debían dejar hablar. “Ole los tolerantes”, dijimos casi al unísono una compañera y un servidor. Y el progresista rectificó: “No tenía que hablar ninguno”. Y es que, para un socialista, leer los periódicos está de más si manda un socialista. ¿Para qué? Ya estamos en buenas manos. A otra cosa. Éstos son los revolucionarios. Pendientes de McLaren y del Madrid. Por eso dan miedo cuando están en el poder, pero dan más miedo cuando están en la oposición.

Y sin embargo, ahora desde el semiparo del autónomo, echo de menos a mis compañeros. (snif!)

Madrid, 11 de Septiembre de 2009

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