ANGUITA

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Una vez vi a Anguita. Eran las fiestas del PCE que clausuraban el tórrido verano de 1995. Llegamos pronto para coger buen sitio, pero a pesar de nuestra previsión, encontramos ya una multitud haciendo la siesta al sol. Poniendo buen cuidado de no pisar la cabeza de alguno de los durmientes que alguien había dejado tirados por ahí entre corrillo y corrillo, y haciendo como que buscábamos a algún amigo imaginario, nos abrimos paso hasta llegar frente al centro del escenario, donde nos hicimos fuertes. Algún colectivista de ojos rojos y perfume natural nos recriminó con la mirada nuestras evoluciones subrepticias, pero la cosa no pasó a mayores. Compartir es la clave, camaradas.

LOS MONEGROS

Para amenizar las horas de siesta, la organización nos obsequió con una actuación de José Antonio Labordeta. Muchos de los presentes no eran comunistas ni parecido, claro, simplemente venían para ver a Sabina. Sólo los más añejos colectivistas allí reunidos conocían sus canciones, y los demás hacíamos como en misa, que mueves los labios aunque no te sepas el credo entero. En justicia fue una gran actuación, muy entretenida salvo cuando el aragonés más universal se puso intensito con los Monegros y la gente intentaba fingir lágrimas de pura conciencia social, cosa nada fácil: para sacar lágrimas fingidas pero genuinas hay que forzar un bostezo sin que se note, y bostezar durante un himno de Labordeta no está bien visto en ciertos ambientes. Yo al menos no lo intenté. Por si acaso.

LIBERTAD Y PIS

Se despedía Labordeta con su “Canto a la Libertad”, que ayudó bastante a que prendiera la llama de la conciencia de clase en aquel gentío heterogéneo, y al abandonar el escenario, Labordeta dejaba atrás una multitud de clase obrera y puño en alto, incluidos los hijos de concejales socialistas que bajaban de la sierra disfrazados de andrajosos y cuya presencia misma protestaba contra un sistema gobernado por el partido al que pertenecían sus papás.

Habíamos hecho acopio de minis de cerveza y calimocho, que en las fiestas del PC se llaman “katxis de kalimotxo y birra”. Y claro, así como todo lo que sube tiene que bajar, todo lo que entra tiene que salir, de modo que nos turnábamos para a) abandonar el grupo;  b) llegar a las lindes del recinto; c) mingitar en hileras de humanos venenosos que contaminaban con amoniaco y ácido úrico la madrileña Casa de Campo a razón de varios litros por minuto procedentes de las vejigas de toda suerte de heavies, hippies, punkis, y sobre todo ecologistas, que eran la variante progresista del momento; y d) regresar al grupo lo antes posible buscando el camino de vuelta en la cada vez más nutrida y sabinera muchedumbre.

ORGANIZACIÓN

Aún era pronto. El siguiente acto era un discurso de Amado Avendaño, un dirigente del Chiapas zapatista que pasaba por allí. Era pequeñito, vestido todo de blanco, y como tenía pinta de buena persona nos cayó muy majo. Ya lo habíamos visto un rato antes porque en mitad del concierto de Labordeta la organización le había hecho acceder al backstage atravesando la muchedumbre, e incluso mi hermano pequeño le ayudó a saltar la valla que mantenía el escenario a salvo de la canalla allí reunida. Todo lo cual nos puede dar pistas concluyentes sobre la capacidad organizativa de un grupo ideológico entrenado en la subversión del sistema a través de la gestión de células operativas. Una contradicción sólo equiparable a los liberales, que veneramos el mercado de la oferta y la demanda pero no sabemos publicitarnos siquiera para lograr media entrada en nuestras inhóspitas reuniones de partido.

VIVA ESPAÑA

Aquel zapatista menudo, del que apenas sabíamos nada aparte de que era un orador incansable, nos regaló generosamente con una hora de discurso. Arrancó fuerte, con un “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos” que aplaudieron hasta los cipreses. Pero en estas cosas siempre pasa igual, la progresión de ovaciones evoluciona en “U”. Muy fuertes al principio, recién estrenada la exaltación zapatista; más flojos cuando el personal empieza a cansarse de tanto fervor non-stop; y de nuevo fuertes al final, cuando el dolor de manos no arredra, reconozcámoslo, la posibilidad de conjurar la conclusión del discurso, cuyo colofón fue uno de los momentos izquierdosos más ridículos que he vivido cuando Amado, ya consumidos todos sus recursos, cerraba su intervención con tres “vivas”.

-¡Viva México!

-¡¡¡¡¡¡VIVA!!!!!

-¡Viva el Partido Comunista!

-¡¡¡¡¡¡VIVA!!!!!

-¡Viva España!

-¿Ein?

Esas dos palabras, exclamadas a todo volumen por la potente megafonía del Partido Comunista, cayeron sobre la muchedumbre enardecida como un jarro de agua fría. Se obró un tenso silencio en aquella masa de colectivistas que a esas alturas de la tarde y del siglo sentía más cercanos a Durruti y la Pasionaria que a sus propios padres. Nos pilló tan desprevenidos que incluso pudieron oírse dos o tres tímidos “viva”, inseguros, vacilantes, desacompasados, abortados, y de seguro acompañados con miradas de reproche procedentes de las cabezas vecinas. Mi hermano y yo no podíamos parar de reír, ¡¡viva, viva!!, mientras aplaudíamos entusiastas semejante momentazo. Tan sincero era nuestro apoyo que logramos contagiar a la desconcertada turbamulta y poco a poco se rompió la gélida escarcha que por unos segundos había caído sobre la tarde-noche madrileña, mientras Amado se retiraba cabizbajo preguntándose qué había hecho mal.

ALMIRANTE

Mientras llegaba la noche, y para calentar los ánimos tras el susto, las almas que ya abarrotaban el tendido se daban sin reservas al alcohol y la marihuana. El concierto estaba programado para esa hora, y aún quedaba por salir Anguita. Por supuesto que nadie estaba allí para ver al Califa Rojo, pero alguna lumbrera del aparato había puesto en práctica una maniobra que habría despertado la admiración del mismísimo Beria: programar un discurso del líder a la hora en que debía empezar Sabina. Una pregunta recorría la Casa de Campo: ¿sería capaz el bueno de Julio de castigarnos con otro discurso, o en cambio abriría la mano y dejaría que disfrutáramos de la fiesta del PC a un público que ya tenía más cuerpo de fiesta que de PC? Confiados y rendidos al posibilismo, acordamos como pueblo y unilateralmente que Anguita no podía ser tan cabrón como para salir al escenario. Expectantes, impacientes, hacíamos apuestas sobre qué repertorio ofrecería Sabina, y los más valientes calentábamos ya la voz repasando algunos éxitos del madrileño adoptivo por excelencia, cuando empezaron a sonar aplausos, silbidos, loas y vítores a voz en cuello. Nos pusimos en pie automáticamente pensando que empezaba el espectáculo, pero no. La organización había decidido amenizar la espera ofreciendo fragmentos del documental Operación Ogro, y aquella masa pacifista había estallado en aplausos al ver volar el coche de Carrero Blanco. Lo que no logró un inocente “viva España” lo consiguió con natural espontaneidad un atentado de ETA. Todo en orden, pues.

ABANDONAD TODA ESPERANZA

En un vicioso bucle, el vuelo del almirante volvía a las pantallas cada cinco minutos, pero a cada nueva reproducción perdía efectividad, y los aplausos fueron decayendo hasta desaparecer por completo a la cuarta o quinta vez que el coche de Carrero Blanco atravesó Claudio Coello en sentido vertical. Mientras los técnicos de luces y sonido hacían sus últimos preparativos, el público coreaba “¡Queremos a Sabina, queremos a Sabina!”, y “¡Que empiece ya, que el público se va, la gente se marea y el público se me-a!”. Tal vez por esa razón la concurrencia improvisó una cerrada pitada, aderezada con algunos abucheos y no pocas maldiciones, cuando dos voluntarios del partido plantificaron en medio del escenario un atril que presagiaba lo peor.

En efecto, al poco salió Anguita. Pero no inmediatamente. Zorruno, el adalid del rojerío patrio dejó un tiempo prudencial para que las hordas lúmpen, que a esas horas habíamos perdido toda conciencia de clase, asimiláramos sin represalias que de Sabina, nanay, al menos por el momento. Juro que Anguita empezó diciendo “Seré breve”, y algunos ilusos le creímos echando mano de nuestros últimos remanentes de optimismo. Pero el hecho de que el prólogo del discurso durara no menos de veinte minutos hizo que abandonáramos toda esperanza.

 

DICTADURA

Aún así, ver a Anguita no era poca cosa para un comunista de instituto como yo, que aunque sabinero pendenciero, tenía un corazoncito, así que me adscribí sin reservas a la consabida progresión de aplausos en “U”. Y es que al principio la cosa tenía su gracia y los presentes vitoreábamos como majaderos lo que amenazaba claramente con ser un panegírico de la juventud rojuna, pero al poco de descubrir in situ que no entendíamos nada de la correosa gramática bolchevique del carismático califa, y lo que es peor, QUE NO TENÍA INTENCIÓN DE PARAR, no tardó en hacerse sentir cierta frustración entre el populacho. La frustración llevó al hastío, el hastío al hartazgo y el hartazgo a la mala educación. Así, donde antes hubo un público entregado, proliferaban ahora los “¡que te calles yaaaa, pesao!”, “¡que sí, que vale, que muy bien!”, y sobre todo, un creciente “Sa-bi-na, Sa-bi-na, ¡Sa-bi-na, Sa-bi-na, SA-BI-NA, SA,-BI,-NA!” que, por supuesto, no lograba silenciar aquella perorata incognoscible envuelta en las jergas herméticas de un califato improvisado. Nada puede la voz del pueblo ante un buen grupo megafónico.

En propiedad no podíamos quejarnos, habíamos ido allí buscando saborear un poco de socialismo real y obtuvimos la experiencia completa, puesto que la organización había logrado sacarnos hasta la última peseta, teníamos hambre, sed, estábamos cansados y sólo nos quedaba la música y la esperanza de que aquel malhadado vendedor de crecepelo, su tiránico decibelio y aquel sonsonete estridente que penetraba los tímpanos como un taladro de carburo de wolframio, terminaran por desvanecerse alguna vez.

TRANSICIÓN

La feliz frase “Voy concluyendo” anunció el final del califato y arrancó a la chusma momentáneamente aburguesada por la espera y por la barrila una cerrada ovación y no pocas chanzas. “¡Bravo!”, “¡A ver si es verdad!”, “¡Alabado sea el Santísimo!”. Ya no le fantaseábamos abrochado a una guillotina, y a algunos incluso nos pareció hasta guapo. Y aunque el colofón del discurso aún se hizo esperar sus buenos veinticinco minutos, los aplausos volvieron a recrudecerse al final de cada ignota aseveración y cada frase inextinguible. Cuando le prometes lo que largamente le has arrebatado, el pueblo, desmemoriado y voluble, vuelve a quererte sin más.

LIBERTAD SIN IRA

Al cabo, Anguita marchó en buena hora. La Casa de Campo dejó de ser Cuba, habíamos vuelto a Madrid. Sabina tuvo el detalle de no hacerse esperar más, salió casi de inmediato e hizo un concierto realmente maravilloso. Y sólo años después de disfrutar con mi hermano Pablo, mi novia Laura y mi amigo Javi de una jornada inolvidable llena de anécdotas que no tienen precio, me di cuenta de que en todos mis años comunistas nunca fui menos comunista que durante un discurso de Julio Anguita.

SGAE: EL HUNDIMIENTO

Imaginad la escena. La Policía Nacional, la Guardia Civil, los GEO y hasta los controladores de parquímetros, tienen rodeado el edificio de la SGAE, cual ejército boliviano en la última escena de “Dos Hombres y un Destino”. Helicópteros, reporteros, cordón policial. De todo. Y no salen. Caco Sedante, iluminado por los focos en la azotea , amenaza con inmolarse, detonador en mano y cinturón de éxitos explosivos en ristre, cubierto de cedés que refractan los puntitos rojos de las miras láser que refulgen en la noche como cordones rojos entre nubes de gas lacrimógeno. Parecería un concierto de Pink Floyd, si no fuera porque está interpretando su gran éxito “Mojo Picón” a todo trapo para disimular el ruido de las trituradoras de documentos que desde el sótano de la sede hacen temblar las inmediaciones de Fernando VI esquina Pelayo.

Dentro del Palacio Longoria, Teddy intenta gastar en internet todo el dinero que no podrá ocultar cuando todo haya acabado. 2Jajaja”, ríe cavernoso. “Voy a hacer como el PSOE. Si las arcas no son mías, no serán de nadie”. Desde la calle, suena la voz amplificada del negociador. “¡Teddy Bautista y su banda, depongan las armas, dimitan de la directiva y salgan con las manos en alto!” Bautista se apoya en el ventanal de su despacho. Está sucio y cansado, apenas puede sujetar el Magnum 357. “¡Que no dimito! ¡Tendréis que sacarnos por la fuerza, cabrones!”. Los indignados, concentrados tras el cordón, aplauden a Teddy mientras corean el “No nos moverán”, previa colecta pactada asambleariamente para pagar los derechos de reproducción de la popular tonadilla y financiar así la huida a medianoche. En la Plaza de Barceló ya han montado un puesto informativo para apoyar la causa de la SGAE y coordinar la guerrilla urbana para distraer a la policía.

Ramoncín chupa cámara ante los chicos de la prensa, declarando que el asedio es anticonstitucional, y tratando de convencer a las masas de que su amigo Al Neri está limpio. Hasta los indignados se desmarcan de sus declaraciones. Joaquín Sabina, calentito en su sofá, encarga unas cervecitas frías y unas pizzas para sus amigos de la SGAE. “Disculpe, caballero, el domicilio de entrega está siendo acordonado”. “No importa”, dice Joaquín. Entréguenlas por la ventana de algún domicilio que dé al patio trasero del palacio. No repare en gastos, señorita, yo soy comunista con el dinero de los demás, pero no con el mío, así que tengo mucho. Y en la SGAE les darán buena propina, seguro que sí.”

Dentro, Al Neri dirige personalmente la quema de documentos. Fuera de sí, con una Luger en la mano y gritando incongruencias en alemán, se seca el sudor con la manga en mitad del humo y la ceniza, la cual sale por las chimeneas y nieva sobre el barrio en pleno mes de Julio. Víctor Manuel está ocupado en los archivos, intentando hacer desaparecer su autoría de “Un Gran Hombre”, la canción con que lamió el culo de Franco allá por los años 60, y colársela a Russian Red. “Jejeje, te vas a enterar, amiguita”, balbucea histérico. “Ahora el mundo sabrá cómo las gasta la derecha”. Hace ya rato que tiró por el desagüe la píldora de cianuro que le mandaron de Moscú para momentos como este. “Mejor no me la tomo, a ver si va a estar caducada”, dice para justificarse ante sí mismo.

Fuera, la crisis alcanza su punto álgido. La policía apenas puede sofocar la revuelta de los indignasunos y mantener el cerco al mismo tiempo. Al fin, un mando policial, sin consultar con su superior, tiene una gran idea. La noche anterior había visto Apocalypse Now versión Redux. “Tenía razón el de La Ciudad en Llamas”, pensó, “le sobra cada minuto añadido a la original”. Pero eso fue ayer. Hoy, inspirado por el genial Coppola, decide meter por megafonía “La Cabalgata de las Walkirias” a todo trapo. El Mojo Picón de Caco Sedante queda eclipsado, lo mismo que los cánticos de los quinceemistas, bajo los poderosos decibelios de Wagner. El capitán se gira hacia el policía: ¡Excelente idea, agente!¡Guerra psicológica!¡Tendremos que aguantar toda la noche, pero al final saldrán!

-¡No creo que tarden tanto, señor! ¡Mire!

El capitán se vuelve hacia el edificio para contemplar atónito a un demudado Teddy Bautista que sale por la puerta principal con ojos locuelos y  señalando con el dedo los altavoces cual Donald Shuterland al final de “La invasión de los Ultracuerpos”, y gritando como alma que lleva el Diablo: “¡TIENEN QUE PAGAR CANON POR ESA MÚSICAAAA!”

-¡Fuego!

Los policías vacían sus cargadores sobre Teddy, que cae inmediatamente con el cuerpo cosido a balazos. En un último estertor, susurra: “¡Que no dimito…!”, y muere. Aún con todo, las balas que le han atravesado, o han quedado alojadas en su cuerpo sin vida, no llegarían a igualar en euros la pensión de lujo que le esperaba en su retiro. Poco importa ya. En unos segundos, todo ha terminado, y cinco agentes de uniforme son necesarios para apartar a Ramoncín, que llora abrazado al cadáver, gritando al cielo: “¡¡POR QUÉÉÉ!!

Cuando el policía apaga la música de Wagner, aún suena el coleo final del canario Sedante, quien ha decidido terminar la canción para cobrar el canon íntegro. Caco, se llama. El nombre lo dice todo.

MARIANO SE APUNTA A LA CEJA

¿Se puede saber qué hace Mariano?

¿Pues no había lanzado sus diatribas contra la Ley Sinde, y ahora va y la apoya en el Senado?

Como Zapatero y todos los que no tienen opinión, Mariano es Mariano y su contrario. Su credibilidad, como reflejarán las próximas encuestas, ha caído hasta límites abisales, pues es capaz de afirmar una cosa y la contraria en cuestión de semanas.

Y todo por ponerse de su lado, cara a las elecciones, a los cejas, un colectivo cada vez más antipático para el electorado, y que, además, le puede traicionar en cualquier momento. Los artistas sólo se representan a sí mismos, han sido los últimos en desmarcarse de su adorado Zetapé, y son la nueva aristocacia, decadente, demagoga e inculta. En busca de un sueldo fijo, los artistas (léase los cuatro que más venden) quieren ser una especie de funcionariado con melena y tatuaje. Pretenden ser necesarios, cuando no hay nada más accesorio que un artista concreto.

No me entiendan mal. El público necesita el cine y la música, pero no necesita ninguna obra ni artista concretos. Ni siquiera la venerable El Padrino (perdóname, Coppola mío) es imprescindible, al menos hasta el momento de estrenarse. Antes de su estreno, nadie la echa en falta, y el mundo puede seguir girando sin ella. Por eso resulta vomitiva la diatriba del tuitero semianalfabeto Alejandro Sanz, que ha tenido el cuajo de escribir, con su habitual chabacanería y carencia de mínimos, que las patentes culturales son más importantes que las patentes farmacéuticas. Dejando claro, por cierto, que a ese tipo alguien le corrige los textos para que no parezcan escritos por un párvulo poco aplicado y muy mal educado.

¿Alguien se cree a estas alturas que la piratería perjudica seriamente a los del cine? Pues esta tarde, un oyente de Luis Herrero ha compartido con la audiencia un dato enormemente ilustrativo: Avatar, la película más taquillera del año pasado, es también la película más descargada gratuitamente. Por lo tanto, la película menos taquillera del año habrá sido también la menos descargada. De tal modo, el cine español es el menos descargado de la red, de modo que cuanto menos vale el producto para el público, menos sufre su autor. Esto es un axioma, y por eso resulta tanto más patético ver cómo lloran los del cine. ¿Se imaginan a Cameron plañendo como un perfecto mierda porque no vende suficientes entradas o deuvedés? ¿Qué pretenden, meternos en sus salas a punta de pistola?

Caso aparte es la música española de primera línea. Si yo fuera un músico que espera vivir de los royalties, o sea, de las ventas de discos, me preocuparía seriamente que mi producto no se lo descargara ni perry. Y estoy seguro de que los artistas famosos menos descargados sufren en su orgullo, del mismo modo que el artista más descargado presumirá de ello ante sus compañeros menos “desafortunados”. A diferencia del cine español, la música española sí vende, y por tanto, también se descarga mucho. Sanz y compañía sólo quieren ganar más, en detrimento de los músicos que empiezan, no venden discos, y por tanto, aún quieren hacer conciertos. Los Sanz y compañía quieren ganar cada vez más trabajando cada vez menos.

Si se les ofreciera una buena cantidad, bajo promesa de desaparecer para siempre de la faz de la vida pública, estoy seguro de que más de uno y más de dos aceptarían. Y valdría la pena.

Acéptenlo, mamoncines, es el público quien elige, y no la promoción. Los Sabisanz de turno, lo que piden, es asegurarse una cuota de éxito para dedicarse a otras cosas en vez de dar conciertos, que es de lo que vive un artista. ¿Eh Sabina, ten cuidado con el paternina? Así les luce el pelo, física e intelectualmente. El mainstream musical español está muerto. Creativamente, se les ha pasado el arroz, como puede comprobarse fácilmente descargándose sus últimos discos. O comprándolos, allá cada uno. Cojan, cojan el último disco de Sabina, que cada día me recuerda más a Umbral, la nada muy bien escrita, con un añadido de pose que huele a pies que echa para atrás. Infumable.

Y ahora va Mariano y se pone del lado de estos apestados (con todo merecimiento) públicos. No sé, tal vez me equivoco, pero por lograr el apoyo de un colectivo mínimo, carente de credibilidad y más voluble y menos de fiar que él mismo, me da a mí que Rajoy va a ahuyentar otro buen pedazo de la tarta electoral. Rajoy lame las botas de Sabina y Sanz mientras hace mobbing a Esperanza y Cascos.

Yo ya estoy convencido. No le voy a votar, porque no pienso pasar otra vez por la vergüenza de haber dado mi papeleta a un felón. Si Cascos, Esperanza y Aznar editaran unas nuevas siglas y dejaran en la estacada al tándem socialdemócrata sin vocación ni credibilidad Rajoy/Cospedal/Gallardón, España entera se volcaría en la regeneración de una España que se merece un gobierno que no nos mienta, y una oposición que no nos tome por imbéciles.

Mientras rezo porque esto ocurra, daré a Esperanza  mi voto en la comunidad, y a UPyD en la alcaldía. Y en las generales, o algo cambia en el PP, o nanay brey de la china. Vaya, que no les votaré en las generales. Y conmigo, muchos. Con PP o PSOE, a día de hoy, estamos bien jodidos.

¡Ay, Mariano, qué tonto pareces!

 

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Para ilustrar las alusiones al inefable Alejandro Sanz, estas fueron las palabras que tuiteó hace unos días, dirigidas a los laboratorios farmacéuticos, y a los que le criticamos.

“A los que me atacan con tanta pasion.. Usenla para ayudar donde hay injusticias de verdad. No sean cagones. A mi me resbala. Demuestren que estan a favor de los derechos.. De los derechos de los niÑos con sida en africa a tener medicacion a su alcnce. No me jodan con estupideces… Saben que los derechos de los creadores son legitimos… Y si despues de todo esto todavia son capaces de poner en duda que una idea tiene que ser protegida entonces vangan conmigo a los pueblos de africa y vean el talento y si no tienen huevos callense cagones.”

Alejandro Sanz

No hay cosa que más asco me dé que los que van por ahí cacareando sus propios actos benéficos, pero si encima lo hacen para ganar más dinero, mejor me guardo el calificativo, que viene Rajoy y me cierra el blog. Dejo el link en audio del potente editorial que Luis del Pino le dedicó a Sanz ayer domingo, sin complejos y sin desperdicio.

LA SOLIDARIDAD CON EL DINERO AJENO, POR LUIS DEL PINO (CLICK AQUÍ)

Y aquí dejo también el enlace a la transcripción del editorial en el blog de don Luis.

BLOG DE LUIS DEL PINO: LA SOLIDARIDAD CON EL DINERO AJENO (CLICK AQUÍ)

La verdad es que lo deja con el culito partío.