“RAFITA” GARCÍA FERNÁNDEZ(IV) OTRA VEZ EN LA CALLE

Uno de los cuatro asesinos de Sandra Palo, Rafita, fue detenido éste fin de semana junto a otros tres compinches. Repitiendo el marco de la noche fatídica, Rafita fue detenido en compañía de otros tres compinches y en posesión de un coche robado. Repitiendo modus operandi. Ésta vez con guantes. Se ve que el tipo se va perfeccionando. Despacito, a su modo cazurro y obtuso, pero se va perfeccionando.

Como bien sostiene Paco Pérez Abellán, si el Ministerio de Interior es el tutor de Rafita, será al Ministerio de Interior a quien habrá que pedir responsabilidades si el prescindible Rafita vuelve a matar.

Si no lo ha hecho ya. Teniendo en cuenta que fué detenido éste fin de semana porque los cuatro estaban haciendo mucho ruido mientras robaban el coche. Ruido que me suena a mí a sensación de impunidad. No es para menos. Fue soltado en pocas horas sin fianza.

Un tipo que quiere imponer su modo de vida, que se jactó y se jacta de lo que hizo, y que no ha recibido ningún castigo real, protegido por la ley del menor y por el inconsciente colectivo progre, no se va a regenerar nunca. Debe de andar pensando lo bien que se lo montó Carcaño. “Para la próxima vez, hay que deshacerse del cuerpo”, habrá pensado, a la salud de la ley del menor.

Nuestro apoyo y nuestro ánimo a María del Mar Bermúdez, madre de la pobre Sandra. En homenaje a ámbas, en las próximas generales no votaré a ningún partido que no pida la supresión de la ley del menor, una aberración jurídica que convierte al culpable en víctima, y a la víctima en culpable.

EL ASESINATO DE SANDRA PALO

ATENCIÓN: VIOLENCIA EXTREMA EXPLÍCITA

La noche del 17 de Mayo, Rafael García Fernández, alias Pumuki, el Rafita, iba en el asiento de atrás de un coche robado. Conducía su primo, Malaguita. También iban en el coche Ramón y Ramoncín, otros dos compinches habituales.

Eran las fiestas de San Isidro, y habían planeado acercarse por la pradera, a ver si podían dar uno de sus palos. Sin embargo, de camino, vieron, caminando en el arcén, a una pareja joven.

Ella era Sandra Palo, una joven deficiente psíquica. Estaba con un amigo, también deficiente. Ambos venían de la pradera de San Isidro, tras haber acompañado a casa al novio de ella. Habiendo perdido el último autobús, volvían a casa caminando.

Su madre la había llamado al móvil. Era muy tarde ya, y a Sandra le cayó la peta. Al día siguiente era la comunión de su hermano pequeño. Malaguita detuvo el coche junto a ellos. Dijo: “Quiero enrollarme con esa”.

Los metieron a ámbos, Sandra y su novio, en el coche, a punta de navaja. La dijeron que la iban a violar. Sandra suplicó y lloró. El chico estaba paralizado de terror. Después de pasearlos en coche un rato, a él le dejaron salir en un punto de la carretera de Toledo, y el pobre muchacho salió despavorido, a avisar a alguien. El chico sólo acertó a poner un mensaje equívoco a la madre de Sandra.

Se llevaron a Sandra a un descampado cercano a la Plaza Elíptica, junto a la nave de los rótulos Fraile.

Allí, la violaron Malaguita, Ramoncín y Ramón. Rafita no tenía ganas. Pero sí sujetó a Sandra mientras los otros consumaban la violación.

Después, subieron al coche. Declaran que el plan era dejarla allí, vistiéndose entre sollozos. Pero Malaguita apretó el acelerador y la estampó contra una tapia, llegando a arrastrar a la chica por el muro. Declararon varios, después, que les impresionaba el ruido de las embestidas. Malaguita la embistió con el coche, contra una tapia de ladrillo, no menos de diez veces, tal vez quince. Sandra se levantaba cada vez, y Malaguita volvía a embestir, dice uno. Otro de ellos declara que la sujetaron entre dos, y Malaguita la embistió las piernas para evitar que escapara. Otro, que la pasaron por encima varias veces.

Cuando Sandra ya no se levantó, se fueron en el coche a una gasolinera cercana, y compraron gasolina. El gasolinero les preguntó, y ellos contestaron que era para un amigo que se había quedado sin gasolina. El gasolinero hizo caso omiso y no llamó a la policía.

Sandra aún movía los brazos, intentando levantarse, cuando volvieron al descampado. La empaparon de gasolina, la pegaron fuego y se largaron de allí. “No queríamos desgracia”, declaró Rafael.

Quemaron el coche con el resto de la gasolina y volvieron al barrio a pie. Nunca se encontró el vehículo.

Rafael y el Malaguita se quedaron juntos un rato, después de que los ramones se fueran a sus casas. Malaguita se fue al poco. Le estaba entrando mono de caballo. Hasta mañana, hasta mañana.

Rafael García no tardó en jactarse delante de todo el mundo sobre lo que había hecho, estaba loco por contarlo a los cuatro vientos. Cuidao que matamos, decía. Cuidao que quemamos. Cuando apareció el cadáver de Sandra, muchos testigos supieron al instante que Rafael y sus compinches habían sido los autores del horrible crimen. Le hemos dao la muerte del Torete, decía.

Durante el juicio, uno de ellos amenazó a la familia de Sandra pasándose un dedo por el cuello, mientras les miraba fijamente.

Retrato de Rafita

Ofrecemos el DOCUMENTO DE LA SENTENCIA POR EL JUICIO DEL ASESINATO DE SANDRA PALO.

Rafael García Fernández, RAFITA (III) DE NUEVO EN MADRID

Quédense con esta cara. Rafita ha vuelto.

Ya lo imaginábamos ayer, al escribir la entrada “Rafita II”. Y es que, si éste asesino impune está en paradero desconocido, lo más lógico es pensar que ha vuelto a su entorno. Si ésto es así, Rafael García Fernández, “EL RAFITA”, ha vuelto a Madrid. Si éstas suposiciones son ciertas, María del Mar Bermúdez, mamá de Sandra Palo, y principal ariete por la reforma de la ley del menor, corre peligro.

Se presume que está en la Cañada Real Galiana, pues muchos de los integrantes de su clan han ido emigrando allí. Sin embargo, la policía no ha ofrecido protección a la familia Palo, que ha tenido que pedirla por iniciativa propia. Ni siquiera nos sorprende la indolencia institucional.

Para colmo, la ley protege el rostro de Rafael García, de manera que la familia Palo ni siquiera conoce su rostro, porque el tal García puede conocer perfectamente el domicilio de María del Mar Bermúdez y su marido Fernando Palo, y estos están incapacitados para conocer siquiera el rostro de una amenaza potencial clarísima.

Y ahora, nos enteramos de que la policía lo tiene en busca y captura desde hace meses, y que este dato no se había comunicado a la familia. Ni a los medios, cuando indagaron. ¿Pero aquí alguien hace su trabajo? ¿Está la justicia esperando que éste tipo mate a alguien? ¿Dónde está la bondad de un sistema que protege a Rafael García Fernández, para que no sepamos su cara?

La familia Palo está expuesta, y Rafita está oculto. La imagen que ofrecemos levantó gran indignación entre la izquierda por semejante vulneración de los derechos del menor. Sin embargo, la madre de Sandra Palo es un personaje público, y la conoce todo el barrio, y la policía no había tenido ni siquiera la deferencia de comunicar la noticia a ésta pobre gente, no ya protegerles de oficio, como creía yo que es su obligación.

Ya denunciaba Maria del Mar que la libertad vigilada de Rafael García no era tal, y que estaba en libertad de facto. Después, robó, y se escapó. Y ahora, lo que venga. Pero que lo sepa todo Madrid, y en especial el eje Getafe-San Martín de la Vega. La justicia ha soltado a Rafita García, que ha vuelto a casa.

Era lógico, por otro lado, pensar que éste cazurro sanguinario, que está orgulloso de su crimen, estuviera harto del anonimato que la justicia extiende a su alrededor para protegerle, quisiera volver a su entorno, donde sí le conocen. A ser un héroe.

Nos vienen a la cabeza las líneas que escribimos en la entrada sobre la corrupción social generalizada en el caso Marta del Castillo. Aquí ocurre lo mismo. Una familia de bien, una familia normal, modélica, sobre la que se ceba la miseria moral desde todos los ángulos.

Nuestro apoyo siempre por ésta mujer admirable, que está sufriendo por proteger las vidas de todos nosotros.

El márketing del estado no los cubre, ¿eh, Zapatero?¿Dónde estás, Aído? Éste tipo se jacta de haber violado, atropellado, quemado y abandonado, aún con vida, a una chica indefensa.

Pero claro, Sandrita Palo era deficiente. Y ya sabemos que para Zapatero y Aído, matar a un feto deficiente es un DERECHO. Para Zapatero, Rafita ha cumplido una función social tardía. No, vuestro márketing de estado no cubre a Sandra Palo.

¿Qué, Aído? ¿No hay machismo ahí? ¿No hay un tipo que presume de haber intimidado, violado y dado muerte a una chica indefensa? Pues te voy a contar qué pasó. Pues resulta que cuatro delincuentes comunes que acumulaban más de 700 denuncias por diferentes delitos, andaban de juerga con el coche, volviendo, como cubas, de las fiestas de San Isidro. Malaguita, el conductor,  la vió en la parada y dijo que quería “enrollarse con ella”.

Poco importa, a efectos de violencia de género, Aído, que Rafita y sus amigos secuestraran en coche a Sandra y a un amigo, cuando ambos esperaban el autobús tras salir de la berbena de las Vistillas. Soltaron al chico, aterrado. A ella se la llevaron a un descampado, cerca de la Plaza Elíptica.

La violaron repetidas veces. Mientras unos sujetaban, otro consumaba la violación. Cuando se cansaron, subieron al coche y el conductor la atropelló, estampándola contra una pared, y embistiendola repetidas veces. “Nos quedamos flipaos”, declararon después Rafita y Ramón, los dos más jóvenes. Era la noche más divertida de sus vidas. La gran juerga.

Pocos días después, Rafael es detenido. Varios testigos informan que se está jactando en público, con la noticia en la calle, de lo que le hicieron a la niña.

Para él, y el resto, “enrollarse con ella” significaba secuestrarla, violarla, matarla después, no vaya a molestar luego denunciándoles. La matamos y ya está. Nos quedamos flipaos, dice Rafita. Como si estuvieran viendo una película en 3d. Pero, para Aído y Zapatero, no hay violencia de género ahí, ni alejamiento, ni nada.

El marketing de Zetapé no cubre a Sandra Palo. Qué lástima que Rafael García no se encontrara aquel día a vuestras hijas, señores del gobierno, flacas o gordas, románicas o góticas, minusválidas o no, qué lástima que aquel día Rafita y sus amigos no se encontraran con ellas, en lugar de con Sandra Palo, y decidieran “enrollarse con ellas”. Qué puta lástima.