LOS SEMEJANTES SE TOCAN

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Me hace gracia el nuevo escándalo de la discoteque. Que resulta que hay locales que dan copas gratis a las jamelgas que se desnuden para jolgorio del personal. Movidote.

Uno pensaría que semejante práctica es un triunfo de eso que llamamos “la mujer”, toda vez que la Guardia Vigil no tiene opción a presentarse pegando tiros al techo. O sea, que hemos vencido al patriarcado aquel de la falda por las rodillas, a la Iglesia y a Franco. ¡A Franco, vive Dios!¡Brindemos pues, que corra el champán, lloremos de alegría, ha caído la Bastilla!

Pero no. Resulta que no. Que el hecho de que una mujer adulta se desnude en un ambiente festivo y a cambio de copas sin mediar coacción alguna, resulta que es una inmoralidad. ¿Y quién lo dice?¿Rouco Varela?¿Federico Trillo? No. Lo dicen los feministas. Que es indigno de una mujer, dicen. E insisto, no lo dice la institutriz de Heidi -¡Adelaida, compostura!-, lo dicen los (las) feministas.

Tan fácil me lo ponen que resulta un poco tramitario dejarlo por escrito. No ha mucho dije que para qué tanta lucha obrera si al final la UGT iba a terminar exigiendo a las empresas que cerraran en domingo por asuntos de conciliación familiar y calidad laboral. Que para qué acabar con el franquismo si al final íbamos a seguir cerrando en domingo, no por fiesta de guardar y respeto al Santísimo, sino por calidad laboral. (Vaya usted a explicarle a los tres churumbeles de un trabajador de fin de semana que su papá se va al paro o le reducen el sueldo por razones de “calidad laboral”. Vaya a explicar al estudiante que trabaja en fin de semana que se va al paro por muy sindicales razones. Vaya, por favor. Con banderita de UGT. Verá qué risa).

Que no me he ido del tema, que el asunto es el mismo. Que no es casual que coincidan ahora los feministas con los franquistas de entonces al decir que “una señorita no hace esas cosas” (sólo les falta añadir el muy socorrido “¡sorras!”). Que el feminismo, igual que el franquismo, celebra la libertad de las mujeres siempre y cuando las mujeres hagan lo que es debido, y no lo demás. Que al final resulta que el franquismo llegaba a las mismas conclusiones que el feminismo y el sindicalismo, pero por las razones equivocadas. Que la cosa no va de adultos haciendo lo que les sale del bolo siempre y cuando no perjudiquen a nadie. Que la cosa no va del tópico aquel de que los extremos se tocan. No señor. ¿Cómo se van a tocar los extremos, si están a tomar por culo el uno del otro? Los que se tocan no son los extremos, sino los semejantes. Los semejantes se tocan. Los semejantes se tocan. Y lo repito una vez más: los semejantes se tocan.