LA HUELGA DE METRO (III)

La huelga sin servicios mínimos ha sido un ensayo para la huelga general de finales de septiembre. Como los sindicatos han comprobado que nadie les va a secundar, van a obligarnos a hacer la huelga imposibilitándonos la asistencia a nuestros puestos de trabajo. Contabilizarán como huelguista a cada trabajador que no sea capaz de llegar a su trabajo y pase lo que pase, dirán que ha sido un éxito de jornada. Conde Pumpido hará la vista gorda (recordad el 11-M) con Mendez y Toxo, que han organizado una huelga partidista e ilegal.

¿Por qué no se encarga el ejército del control de los trenes, para que la gente pueda ir a trabajar, y para que ésta gentuza apesebrada se quede sin su rehén? ¿Por qué no se empura a los responsables de que no se cumplan los servicios mínimos en el metro? ¿Por qué no entra la policía en las estaciones para asegurar que esos servicios mínimos se cumplen sin amenazas de esos piquetes “informativos”? (informativos en plan que te informan de que si no haces lo que dicen, te abren la cabeza).

La respuesta es sencilla. Ésta huelga está orquestada, cómo no, por el inquilino de la Moncloa.

Aznar, Esperanza, Pizarro, ¿hasta cuándo nos váis a ver sufrir antes de tomar las riendas de la situación? ¿O es que pensáis dejarnos en la estacada?

BRUTAL AGRESIÓN IZQUIERDISTA EN EL METRO DE MADRID

El agresor explicó su agresión. “Cuando veo a un fascista, le pego”. ¿Qué entiende éste tiparraco por un fascista? Para todo izquierdoso extremista, fascista es todo aquel que no está con él y con sus ideas. ¿Qué desató la furia libertaria de nuestro antifa amigo? Probablemente la rojigualda ribeteando el cuello de un polo azul. O un peinado común en un chico cuya edad le permite llevar sin consecuencias laborales uno de esos peinados de gilipollas que ahora se reparte casi con carácter de obligatoriedad en las peluquerías. O ir leyendo El Mundo. En cualquier caso, otro prenda que no va para Nobel de Literatura. ¡Gabilondo, ya son unos cuantos!

Ole la izquierda tolerante

Finalmente se confirma que el pique entre ambos ya venía de antes, y que se habían intercambiado lindezas de excusa política y motivos de matón. Vamos, que si se parten la cabeza el uno al otro, salimos ganando todos.