11-M Puntualizaciones de Mangeclous

Muchas gracias, Mangeclous, por sus puntualizaciones.

Los Papeles de ETA: Los papeles los sacó el propio policía, vecino de los “terroristas” de Leganés. Un policía judicial que, casualmente era vecino de los terroristas, y que se pasó por las tareas de desescombro del piso. Sólo podemos fiarnos de su palabra a la hora de decidir si los papeles estaban en su piso o en el de los terroristas. Por lo demás, el hecho más escandaloso no es, repito, la presencia de las siglas ETA en unos papeles. Sino el hecho de que el piso de Leganés, sospechosísísísimo de ser un piso controlado, tuviera como vecino, oh, casualidad, casualidad, a un policía judicial que había colaborado con anterioridad con el CNI. En los sumarios falseados siempre hay curiosas casualidades.

El Caso Bórico: Es cierto, no fueron condenados sino reprendidos por el juez. Siempre ha habido clases. En un juicio por falsear archivos, el juez les encuentra culpables, pero no los condena. El hecho innegable es que quisieron borrar del sumario una inocente referencia a ETA aún a riesgo de su integridad profesional, pues no es el policía quien decide el rigor de una afirmación, sino el juez. Los policías del socialismo se arrogan poderes que no les corresponden. Y con ésto, no digo nada nuevo. Además, lo que salta a la vista en el caso bórico no es tanto la condena o no condena, sino la cantidad de molestias que se tomó la versión oficial para ocultar la palabra ETA del sumario del 11-M.

Ocultación de las pruebas: Discúlpeme si insisto, pero a la PC sí se le ocultó todo vestigio de los trenes. La única que se les coló fué esa M-1. De entre varias toneladas de vestigios, tres gramos de polvo de extintor, pues era creencia de los TEDAX que en el polvo de extintor no se quedan restos de explosivos, cuando era justo al contrario. Por otro lado, remitir sólo una prueba de los trenes a la científica, cuando había toneladas de restos que fueron destruidas a expensas de todo sentido común, más que sospechoso me resulta definitivo para saber si me están ocultando datos esenciales. Sí se ocultó a la científica todo resto de los trenes. Sólo se le facilitó la muestra M-1. De resultas, pudo ocultarse la naturaleza del explosivo gracias a la gestión de Sánchez Manzano y el juez Del Olmo.

Por otro lado, a nadie interesa el nombre comercial de un explosivo, y sí su composición química. Pero si esa composición química es típica de una marca comercial, por supuesto que se puede determinar su nombre comercial. Como se ha venido haciendo desde hace décadas. Sánchez Manzano dijo en la comisión que había nitroglicerina, “que es el genérico de la dinamita”, y sin embargo, en la goma 2 ECO, que es una dinamita, no hay nitroglicerina. Sin embargo, es ése “no importa qué explotó en los trenes”, argumento de la fiscal Olga Sánchez, se puede oler el veneno a quince metros. Pero en los trenes aún no hay una prueba firme de que explotara Goma 2 ECO, ni la habrá hasta que Rubalcaba no coloque un vestigio de alguna otra explosión.

-El asunto de la metenamina: Yo no dudo de que Rugalcaba puede encontrar en el planeta a más de un químico que nos diga que lo de la metenamina ya ha ocurrido. Lo que me parece más gracioso es que la contaminación por metenamina ocurra a expensas del juez, y se le diga que la composición química de la prueba M-1 es la misma que en el resto de los explosivos de fuera de los trenes. Eso sí es una falacia. Una falacia de estado. En cualquier caso, la metenamina no es un componente habitual de la Goma 2 ECO como se le hizo creer al juez, y a todos los españoles, sino una sustancia mucho más mortífera, utilizada para la elaboración de altos explosivos, como la cyclonita. Por otro lado, ¿de qué sirve hacer pruebas de explosivos si luego se va a desestimar todo lo que no diga “goma 2 eco”, por culpa de impurezas? ¿Es éste el veredicto que llevó a pensar que no había nada en el polvo de extintor? Pues si cada vez que busquemos goma-2 y aparezca metenamina decimos que no hay nada, entonces estamos bien apañados. Además, hemos mirado y remirado la explicación química de la generación de metenamina en el cromatógrafo, y nadie ha podido dar una explicación química rigurosa, sino posibles explicaciones hipotéticas, de manera que la metenamina espontánea y la tesis del crimen de estado están a la misma distancia: en la incertidumbre. Vota PSOE, el partido que nos toma por tontos.

-Ana Terradillos sigue trabajando en la SER. Lo sabemos. Nos referimos a que nunca más se supo de ella en los juzgados. ¿Que se equivocó? Estamos convencidos. ¿Que la engañaron? Hasta Gabilondo lo reconoció. Que su noticia llevó ilegítimamente al PSOE al poder, no nos cabe la más mínima duda. Por supuesto que aún sigue en la SER. Con los méritos que hizo, a ver quién es el guapo que la saca de allí. Un gobierno, nada menos. Tal vez un día será ministra. Por los juzgados, digo. Nunca más se supo.

-Antonio Toro: es cierto, en el calentón de escribir el artículo se nos deslizó un nombre por otro. No es Antonio Toro, sino el testigo Lavandera, quien recibió todo el peso de las amenazas, en la primera fase de la investigación. A él, y no a Antonio Toro, le amenazaron de muerte, le enviaron fotos de la autopsia de su mujer, muerta en extrañas circunstancias y en presencia de policías asturianos, y fue víctima de varios atentados de los que se salvó mediando un milagro y su entrenamiento militar. Para que no dijera que ETA le había encargado encontrar a alguien que supiera utilizar como iniciadores remotos teléfonos móviles. Si ésto hace tanta gracia a Mangeclous, le recomendamos que se vaya con el chiste a las víctimas del 11-M

Y sí, somos todos víctimas del 11-M, incluso si estuviéramos confundiendo Toro con Lavandera, metenamina con cocacola, la b por la v, y a Rubalcaba con un angel de la guarda.

Gracias, Mangeclous, por tus puntualizaciones, gracias a las cuales hemos recordado las posturas de la versión oficial.

TODOS SOMOS VÍCTIMAS DEL 11-M. Unos de una manera, otros de otra. Usted también, Mangeclous. Gracias por su carta.

11-M EL TESTIGO LAVANDERA

lavanperro

Año 2001. Una noche tranquila en el club Horóscopo, un prostíbulo de Gijón. El portero se llama Francisco José Lavandera. Es un tipo peculiar, éste Lavandera. Muchos años antes, Lavandera había sido minero y trabajado en la construcción. Un día se enroló en el ejército, y llegó a ser soldado de un cuerpo de élite. Después se pasó al sector privado, y participó como mercenario en varias guerras africanas. Lavandera es un tipo duro que ha visto de todo. Cuando volvió a España, se dedicó a la seguridad. Y así dio con sus huesos en el Horóscopo. Un trabajo sencillo para un hombre como él.

El Horóscopo servía, como tantos otros, de punto de encuentro y esparcimiento para diferentes personajes de la noche Gijonesa: clientes anónimos, traficantes, proxenetas, confidentes, policías corruptos… El local contaba con el favor de algún mando policial. Si iba a haber redada, se avisaba al club para que retirara la droga y las chicas menores de edad.

Una de aquellas menores se llamaba Elisángela Barbosa Guimaraes, era brasileña y era explotada sexualmente en el local. Lavandera se enamoró de ella y la llevó a vivir con él. Se querían. Ella continuó trabajando en el local, pero en condición de bailarina y auxiliar del local. No volvió a ejercer la prostitución. Se casaron e iniciaron una vida, y pronto tuvieron un hijo. Lavandera ya tenía otros dos de una relación anterior.

A Lavandera le gustaba cuidar animales. Criaba una pitón amarilla con la que Elisángela bailaba, emulando el número de Abierto hasta el Amanecer. También recogía animales del bosque, crías abandonadas o extraviadas. Las llevaba a una parcela que tenía en el campo, y allí las rehabilitaba. Su proyecto era hacer una especie de zoológico para los niños de la zona.

Aquella noche tranquila de julio de 2001 lo cambió todo. Se dejó caer por el Horóscopo un conocido de la parroquia, un traficante local llamado Antonio Toro. Un tipo frío, como Lavandera. Ningún camorrista. Como era una noche tranquila, Toro invitó a Lavandera a una copa. Y sin muchos rodeos, pasó a la cuestión. Toro tenía a su disposición gran cantidad de dinamita para vender, y preguntó a Lavandera si conocía a alguien a quien le pudieran interesar. Lavandera no hizo mucho caso, bromeó incluso. No se tomó muy en serio la proposición de Toro. Y ahí quedó la cosa. Toro se fue, y Lavandera continuó con su vida, ajeno a lo que se le había venido encima.

Una semana después, Lavandera conducía su coche cuando Toro le adelantó. Se saludaron y pararon. Toro abrió el maletero de su coche. En él había cincuenta kilos de dinamita. Una vez se cercioró de que Lavandera le tomaba en serio, pasó a hacerle una proposición. “Tenemos que colocar 1000 kilos de éstos a la semana. Éstos son, precisamente, para ETA. Necesitamos a alguien de confianza que les lleve las mercancías a Francia. Hay mucha pasta. Además, ETA me ha pedido más cosas. Pagarán lo que sea por que alguien les enseñe a hacer bombas con teléfonos móviles. También necesitan un asesino a sueldo para encargarse de alguien. Ah, y con la policía estamos cubiertos. Te puedes forrar. ¿Estás con nosotros?”

Lavandera contestó con evasivas. Prometió pensarlo, se despidió de Toro y se dirigió directamente a la comisaría de Gijón. El agente encargado de las denuncias, y después sus superiores, le tomaron declaración. Después le ofrecieron la posibilidad de poner una denuncia, a lo que Lavandera se negó por miedo a las represalias. Le pareció que aquellos policías no le tomaban muy en serio.

Unos días después, Lavandera cubre su puesto como portero del Horóscopo, cuando un electricista del local le dice que cómo se le ocurre chivarse a la policía. ¿Cómo? Pregunta Lavandera, y el electricista le cuenta. Al parecer, había estado el fin de semana de cena con varios personajes poco recomendables, uno de los cuales era inspector de policía en Gijón. Y éste había puesto al corriente de los otros comensales el chivatazo de Lavandera. La policía le había vendido.

Poco después le abordaron dos policías nacionales, y le amenazaron: “Si relacionas a Toro con ETA otra vez, te cortamos el cuello”.

Lavandera, ya intimidado, volvió a recibir una visita al poco. Ésta vez se trataba del cuñado de Antonio Toro, su principal compinche: José Emilio Suárez Trashorras. Se dejó caer por el Horóscopo, y volvió a proponer a Lavandera participar en los tratos con ETA. “Tengo que deshacerme de cuatrocientos kilos de Goma 2 urgentemente.” Lavandera, que no estaba por la labor, y después de meditarlo, llamó de vuelta a Trashorras para hacerse el interesado y acto seguido llamó a la Guardia Civil. El Agente Campillo se hizo cargo personalmente y, provisto de una grabadora oculta, tomó declaración a Lavandera en la casa de éste.

Campillo decidió dar parte a su superior, Pedro Marful. La Guardia Civil quedó al corriente de las actividades de Toro, y se puso en marcha una operación que no prosperó. Y la cinta que Campillo grabó a Lavandera quedó olvidada en un cajón.

Meses después del atentado del  11-M de 2004, la cinta volvió a la luz. Un traslado de dependencias de la guardia civil la sacó a flote por casualidad. Lavandera fue requerido por el Juez del Olmo, que instruía el caso, y tras tomarle declaración le concedió la calidad de testigo protegido. Pasó a ser custodiado por la policía, lejos de su ambiente. Mediáticamente vapuleado por los defensores de la versión oficial, tuvo que ser testigo de todo tipo de calumnias hacia su persona sin posibilidad de defenderse.

No sabemos a qué presiones fue sometida la chica, separada temporalmente de su marido. Sólo sabemos que un día, ella avisó a amigas, y a Lavandera, de su intención de suicidarse. “Cuida del niño”, le escribió. Y se fue al mar, a nadar, como era su costumbre. Hasta allí fueron sus amigas, y la encontraron alejándose entre las olas. Llamaron a la policía, y hasta cuatro agentes se presentaron allí. Tras una hora de indolencia, pues los agentes, por todo servicio, pidieron a un surfista que pasaba por allí que convenciera a la chica para que volviera a la orilla, y después llegaron a acodarse en la barandilla de espaldas al mar, la chica desapareció en el agua, y murió, ante la indiferencia de los agentes presentes.

Lavandera, bloqueado económicamente, y bajo custodia policial hasta que testificara en el juicio, no pudo siquiera personarse en el funeral de su mujer. Los agentes asignados a la vigilancia del testigo tuvieron que poner dinero para que Francisco Javier Lavandera pudiera enviar un ramo de flores.

El juez del Olmo ofreció a Lavandera, después de que su declaración fuera ninguneada por los medios oficialistas y los promotores de éstos, una identidad falsa y un trabajo como guardia de seguridad en el aeropuerto de Bilbao, ¡cuando sus informaciones implicaban a ETA! Lavandera rechazó el trato y desconfiando de las autoridades, se agenció una pistola deportiva. Ante ésta actitud, le fue retirado el estatus de testigo protegido, y Lavandera se fue a su casa para dedicarse a sus tres hijos. A esas alturas, la sociedad rechazaba su compañía. Lavandera tenía problemas incluso para matricular a sus hijos, pues ningún colegio quería acogerlos.

 Semanas después recibió un sobre sin remitente. En su interior, las fotos de la autopsia de su mujer. Y una frase: “Para que te acuerdes de tu mujer”.

Lavandera planeaba denunciar a la policía por las negligencias en torno a la muerte de Elisángela. Pero tuvo que desistir, pues no tenía dinero para pagar a un abogado, y todo su entorno le recomendaba dejarlo estar.

Sin embargo, poco antes de que expirara el plazo para denunciar, alguien colocó una bomba en su coche. Sólo su cautela lo salvó. La policía le dijo que la bomba estaba preparada para no estallar, pero Lavandera lo duda. Además, no le fue posible examinar el artefacto, y los policías no guardaron suficiente documentación del artefacto, quitándole importancia. Sin embargo, las amenazas telefónicas se sucedieron, y llegó a aparecer un charco de sangre en su portal.

Tiempo después, antes del juicio del 11-M, alguien seguía interesado en que Lavandera no testificara en él. Un día, dirigiéndose a la finca donde tenía a sus animales, le sorprendió un pistolero. Un profesional. Disparó repetidas veces contra el coche que conducía Lavandera, que se agachó y giró el vehículo marcha atrás. Disparó de vuelta ahuyentando al pistolero. Una de las balas que el desconocido disparó quedó alojada en el volante del coche de Lavandera.

Otro día encontró muertos a sus animales. Su perro, un muflón, un cervatillo, dos jabalíes, habían sido exterminados lentamente, colgados y muertos a balazos y golpes.

Como apunta José María de Pablo, fue un verdadero milagro que Francisco Javier Lavandera llegara vivo a declarar. Poco antes publicó un libro en el que contaba sus memorias. El ejército, África, el Horóscopo, la trama asturiana. “Quiero contarlo todo antes de que me maten”, declaró.

Finalmente, el juez Bermúdez no tuvo especialmente en cuenta su testimonio, salvo para incriminar a Trashorras, que hoy cumple condena por proporcionar los explosivos de los trenes. En lo referente a ETA, el juez no hizo nada, y consideró a Lavandera como testigo poco fiable.

Tal vez sólo por el poco caso que le hicieron, Lavandera sigue vivo. A pesar de sus esfuerzos cívicos, y a pesar de haber informado ya en 2001 a la Guardia Civil de que ETA andaba buscando aprender a hacer bombas con teléfonos móviles, España le dio la espalda, y sigue haciéndolo a día de hoy.

lavanplaya