España va mal

Bueno, pues eso, que un juez ha dictaminado, probablemente con una pistola en la nuca, que no es ilegal exhibir retratos de terroristas. Y sí, es frustrante, la noticia. Pone más difíciles las cosas a los que, allí, se juegan la vida por cambiar las cosas. Y sí, es frustrante que el terror vuelva a vencer una batalla legal.

Pero, ¿saben qué les digo? Que era previsible. La constitución no posee más iconografía que un rey de vodevil y un dictador muerto, rodeados por negros fantasmas. Desde hace 34 años, nadie ha promocionado, divulgado o celebrado la Constitución, sino como la primera alternativa a la dictadura. Nadie, salvo la izquierda y sus 20 años largos de monopolio mediático y su contínuo bombardeo de consignas, ha sabido inculcar su iconografía, y dar forma al imaginario emocional que todo pueblo despojado de su religión necesita para saber recordar por qué somos familia y no simples socios.

Lo peor es que ya es tarde, creo, para dar marcha atrás a ésta marea social, semejante al controlado deambular del ganado ovino por las montañas. España no ha sabido responder a la propaganda de la izquierda. A día de hoy, España brilla por su ausencia. El propio nombre, España, se ha convertido en un escupitajo con el que parodiar a Franco. ¿30 años de prensa controlada pueden con siglos de historia?

Ojalá que no. Ojalá que salga a flote, que España sude su picaresca para algo útil, por una vez, y sepa despedir a Zetapé a tiempo, y ojalá que una oposición decente sepa atajar la situación, y ojalá que la Corona esté a la altura de las circunstancias cuando las cosas se pongan feas, y ojalá que nuestros socios europeos no se ensañen cuando estemos con el culo al aire, y ojalá que nuestros vecinos del sur no estén en posición de mover ficha.

Esperanza, ¿dónde estás?