HISTORIA COMPLETA DE RICHARD KUKLINSKI: (VI) La dosis exacta de asesinato

ATENCIÓN: VIOLENCIA EXTREMA EXPLÍCITA

Richard es contratado para matar a un hombre hecho de la familia Gigante. La muerte estaba autorizada por los propios Gigante. Le fue asignado un equipo, pero sus compañeros no hicieron falta. Richard, desde un vehículo, disparó nueve balas en tres segundos, con un rifle Roger de precisión, recortado, silenciado, al tipo a la luz del día, en una calle transitada. Nadie les vio. Desaparecieron con el tráfico y sólo al rato el cadáver empezó a sangrar.

Aquel golpe le hizo famoso entre los Gigante, y trabajó con ellos durante un tiempo.

Después, De Meo volvió a requerirle. Un negro de Harlem, un chulo de colores que no quiere pagar. Richard es encargado de que éste tipo pague o muera. Richard se acerca al local, un garito atestado de negros peligrosos, acompañado de un par de matones de De Meo. Al parecer, uno de ellos conoce al moroso, de la cárcel. Una vez en la puerta, Richard se ofrece para acompañarle, pero el socio declina. Es mejor que vaya solo. Tú mismo. El tipo entra, y a los pocos minutos, recibe un tiro en un costado. Richard entra después, y recibe un golpe en la frente con un bate de béisbol. Sale el socio como puede. Richard quiere entrar y acabar el trabajo. -Son demasiados- dice el socio. Y conducen en retirada hasta el matadero, que es como el hampa llamaba a la trastienda de De Meo. Allí se hacen con dos Mac-10 para los matones de De Meo. Richard agarra un barrecalles, escopeta de configuración potente y gran cadencia de disparo. Imaginen una escopeta de cartuchos con un tambor giratorio, como los revólveres, pero con muchas más balas que un revolver. Eso es lo que cogió Richard. Un dragón que escupe fuego. Se plantaron frente al local con el coche, y entraron a saco disparando hasta matar a todo el local.

Aquello había sido una chapuza, Richard se daba perfecta cuenta. Pero la historia corrió de boca en boca, y los encargos se multiplicaron. Trabajando solo, buscaba una escena contraria a las que solía proponer De Meo: silencio, sigilo, paciencia, limpieza. Por eso cuando trabaja solo, tiende a simplificarlo todo. Así, sus métodos preferidos son el del pinchazo y el de las ratas, en los cuales apenas tocaba a la víctima. Además, fotografiar al tipo siendo pasto de aquellos roedores siempre dejaba satisfecho al cliente. Cuando Richard empezó a grabar en vídeo todo el proceso de las ratas, la historia de Kuklinski volvió a estar en boca del hampa. Más aún, algún cliente llegó a quedar consternado por aquellas imágenes. Y muy pocos  llegaban a ver la película completa. Ni siquiera Roy de Meo era capaz. Sólo Richard podía pasar horas contemplándolas sin inmutarse.

El siguiente trabajo fue muy importante para De Meo. Le habían encargado una muerte, uno de los de dentro. De Meo siempre encargaba éste tipo de trabajos a Richard. El cual aceptó encantado. Sabía que aquello era importante, porque el tipo a abatir era importante, y debía mucho dinero.

Richard viajó a Los Angeles y acechó a su víctima durante días. El tipo sabía que andaban tras de él y era muy precavido. Siempre salía custodiado. Pero vivía solo. Y la mayor parte del tiempo, no salía. Vivía encerrado en su casa. Richard probó un método que había visto en los dibujos de la Warner: tocó el timbre, y cuando alguien asomó a la mirilla, disparó a través del orificio. Con el silenciador, y en un momento en que no había nadie en la calle, Richard desapareció sin problemas. El tipo murió en el acto. El golpe fue tan bien ejecutado que De Meo fue, finalmente, ascendido a Hombre Hecho de la familia Gambino.

Richard siempre buscaba simplificar al máximo cada trabajo. Por eso prefería trabajar solo. Además, lo que le molestaba de que los hombres de De Meo supieran sus andanzas era que no tenía el completo control. Cualquiera de aquellos psicópatas podía utilizar esa información. Por eso, Richard trataba de limpiar sus huellas siempre, hacer el menor ruido posible.

Porque De Meo, como Hombre Hecho, volvió a subir un escalón en su propio historial de chulería y despotismo. Se paseaba por ahí hinchado como un gallo de corral. Él y sus hombres iban de acá para allá envueltos en una nube de cocaina y alcohol. Aquellos psicópatas degenerados, cocainómanos y armados, ahora tenían poder. Y lo usaron. Sus niveles de paranoia y descontrol eran tales, que Roy de Meo resolvía cualquier duda matando a alguien. Ante la duda, mata al tipo. Y si dudas entre dos, mátalos a ámbos. Y asunto arreglado. Richard sacó mucho trabajo de ahí, pero sabía que aquella situación no podía durar. El ramo se iba a quedar sin nadie a quien matar.

Un día, Roy De Meo invitó a Richard a pasear en su barco. Richard aceptó. También se presentaron otros matones de Roy. Dieron una vuelta en el barco. Llegaron hasta una zona infestada de tiburones, y De Meo acusó a uno de ellos de ser un chivato. Acto seguido le disparó en la cara. Aún vivo, lo tiraron a los tiburones. Richard vio en los tiburones un fantástico método para deshacerse de los cadáveres. Le recordaban a sus ratas. Eran la misma cosa. Los bichos se encargan de todo el trabajo.

Porque las ratas de aquella cueva engordaron. Su voracidad era tal que se comían incluso los huesos y la ropa. Ni siquiera esperaban ya a que Richard se marchara para empezar el festín. Llegaban a tener el tamaño de gatos bien alimentados, y recibían a Richard con chillidos, mirándole llegar con la nueva presa. Con el tiempo, Richard dejó de ir a la cueva de las ratas porque las ratas ya no le tenían miedo. Richard se lo tenía a ellas.

Buscando perfeccionarse en el sigilo, Richard empezó a interesarse por los venenos. Entonces se acordó de Phil Solimene. Solimene era un maleante que conseguía muchas cosas. Siempre andaba por el barrio, consiguiendo cosas. En época de vacas flacas, Solimene contrataba a Richard para que matara a tipos a los que robar. Solimene concertaba una venta en su almacén, el tipo traía la pasta, zis, zas. Pero eso era antes. Ahora, el negocio iba bien, y con De Meo al mando del barrio, Solimene conseguía muchas armas y drogas, y Richard trabajaba todo el tiempo. Y Richard llamó a Solimene.

-¿Tienes quién me consiga venenos, y cómo usarlos? Phil le presentó a Paul Hoffmann, un farmacéutico de confianza. Le enseñó los principales venenos, las toxins más letales, cómo manipularlas, y cómo dosificarlas. Richard quería un veneno que no pudieran detectar los médicos en una autopsia. Hoffmann comprendió que lo que buscaba Richard era cianuro. Enseñó a Richard a calcular la dosis perfecta: demasiado veneno, y los médicos lo detectarán. Demasiado poco, y la víctima no morirá. Solimene consiguió el cianuro.

Tony Scanelli, de los bonanno, debía morir. Un golpe difícil, pues el tipo no se separaba de sus guardaespaldas. Richard lo siguió hasta un garito en el que todo el mundo andaba apretujado. Richard se arrimó a Scanelli un momento. Le pinchó con la aguja más fina que pudo encontrar, y le inyectó una dosis muy ajustada. El tipo apenas se dio cuenta, y murió un minuto después, con Richard saliendo por la puerta. La autopsia no detectó el veneno, ni siquiera el pinchazo.

Richard supo valorar el cianuro como arma insustituible. Indetectable, silenciosa e invisible, aquella sustancia letal enamoró a Richard, que en lo sucesivo llegó a adquirir gran maestría en la aplicación de la dosis exacta.

Así, De Meo encargó a Richard la muerte de Billy Mana. Richard le conocía. Quedó con él a tomar una copa, y cuando Mana fue al servicio, Richard echó en la bebida una dosis mínima de cianuro. Mana terminó su bebida, y murió un minuto después. ¡Un infarto! ¡Un infarto! ¡Médico!- gritó Richard antes de escabullirse en el tumulto y desaparecer para siempre. Ataque al corazón. Caso cerrado.

Richard adquiere así la fama del fantasma. Si el Polaco quiere que mueras, caes seco con la cara hundida en los spaghetti. Su fama le hace viajar por todo el país, repartiendo infartos. Papá Noel de la Muerte. La mafia no le da descanso.

De Meo le vuelve a llamar a filas, y le pide que haga de guardaespaldas en una charla muy tensa con otro gallito del corral. Richard, a sabiendas de que el imprevisible De Meo es sinónimo de exceso y de charcos de sangre, no sabe negarse. Cada día acaricia con más anhelo el momento de deshacerse de De Meo. Pero, por el momento, tiene que plegarse a él. Enfrentarse a la mafia significa tu muerte, y la muerte de los tuyos.La entrevista sale bien, pero Richard sabe que trabajar junto a De Meo es exponerse a una muerte segura, a medio plazo.

Richard compra una oficina en las afueras, desde la que puede llevar sus negocios sin implicar a su familia. Es también un lugar donde estar solo los días en que sabe que va a montarla en casa. Su segundo hogar, su cuartel de operaciones. Una nevera, un escritorio, unos archivadores, una cama, unos armarios secretos, una caja fuerte, buena visibilidad de los alrededores.

Richard siguió experimentando con el veneno. Así, le fue encargada la muerte de Henry Marino, un hombre hecho, un cocainómano que había cometido ya demasiados errores. De Meo llamó a Richard. Richard preparó una dosis para Marino, y se hizo pasar por traficante. Dio a Marino una muestra de cocaína con cianuro, y Marino se fue él solito al baño. Ya nunca salió.

En otra ocasión, Richard fue contratado por un equipo de ladrones para entrar en casa de un millonario. Dieron el golpe, y se reunieron para repartir el botín. Al no llegar a un acuerdo, Richard fue al McDonalds y envenenó todas las hamburguesas menos la suya. Al llegar de vuelta, cada uno se comió su big-mac, y al minuto estaban todos muertos. Así era más fácil dividir el botín. Limpió la escena tomándose su tiempo, y los dejó allí. Luego, fue a ver al que le había conseguido el trabajo, y le dio parecido tratamiento.

Richard decidió especializarse en veneno. Era casi imposible relacionarle con el cadáver, usando la dosis exacta de cianuro. El cianuro le distinguía de De Meo. Era lo contrario de De Meo. Todo lo contrario.

 

ENLACE A ICEMAN VII: UNA PIEZA DE RELOJERÍA

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No hay ningún asesino que me de más escalofríos que Richard Kuklinski. Esperamos con máximo interés las noticias que se vayan dando. Por lo pronto, Mickey Rourke parece la elección perfecta, si aguanta otro lifting sin saltar por los aires, claro. Bromas aparte, Rourke es perfecto para el papel.

La película la dirigen dos hermanos desconocidos. Por nuestra parte, siempre hemos imaginado la película de Kuklinski dirigida por Scorsese, por motivos obvios, o tal vez Michael Mann, privilegiado retratista urbano. El proyecto es mucho más pequeño, sin embargo. Esperamos que haga justicia a una historia así, pues requiere una ambientación difícil de evocar (el pasado inmediato, años sesenta a noventa) y requiere además un metraje más largo que corto, pues son muchos los hechos relevantes, muchos personajes necesariamente presentes, y toda una trama policial y mafiosa llena de caracteres vistosos. Aunque Rourke está perfecto ahí, nosotros pensábamos en Sean Penn muy gordo.

Polifrone será digno de ver, pues la presencia del personaje real era estrambótica, con sombrero, peluquín cantoso y bigotillo, que llega a tener gran importancia en la vida de Kuklinski.

También veíamos a Sean Penn. De hecho, veíamos a Sean Penn haciendo todos los papeles.Incluídas las hijas.

De Meo es otro personaje excesivo. Benicio del Toro sería la elección obvia. Yo propongo a Blanca Portillo. No, en serio, no tenemos a De Meo. Se aceptan apuestas. No tendrá precio verlo aparecer con su primo Drácula irrumpiendo en la calle y arrinando el golpe a Kuklinski. Y cuando encañone a Richard con la UZI.

Por no hablar de la escena en que Richard coja miedo de las ratas. Eso será digno de ver, también. Por cierto, nuestra opción más antigua para Kuklinski, la primera vez que leímos el libro de Philip Carlo y repasamos el numeroso material en internet, fue la de John Lithgow, pero ya está quemado porque hace el serial de la cuarta temporada de Dexter, con que está quemado para el papel. Además, cartoniano. Pero el tipo sería perfecto para un Lithgow más joven.

A John Lithgow le encontramos, además, gran parecido con Orson Scott Card, que no contestó a nuestra carta, por cierto.



HISTORIA COMPLETA DE RICHARD KUKLINSKI: (V) El Hombre de Hielo

AÑOS SETENTA

Corren los años setenta. Richard, siempre elegante con sus trajes de colores chillones, continúa con su negocio del porno. Aún sin deber ya nada a la mafia, sigue ganando y perdiendo dinerales.

La vida familiar continúa como siempre. Richard puede ser un ángel del cielo, un hombre generoso y gentil, pero su humor puede girar en un segundo, convirtiéndose en un monstruo feroz. Tras sus arranques de ira, Richard goza de cierta calma, que le lleva a un estado de lucidez en el que habla sin cortapisas acerca de sí mismo. Y es con Merrick, su preferida, con quien se sincera Richard.

Si algún día me enfado tanto que tengo que acabar con todos vosotros, Merrick, a tí será a quien más me cueste matar. ¿Lo entiendes?

-Sí, papá.- Y claro que entendía, la pequeña Merrick.

Barbara sabía que Richard, celoso crónico y violento, guardaba resentimiento por el pequeño Dwayne. Pero tuvo éxito en su tarea de desviar las iras de Richard hacia sí misma.

Kuklinski detestaba a De Meo, deseaba matarlo con sus propias manos. De Meo era una imposición de la mafia, y Richard, en ése sentido, le respetó siempre porque De Meo era de la familia. Y Richard aún debía dinero a la mafia, de modo que no le quedaba más remedio que tragar por el momento.

De Meo le hizo un encargo importante. Rotherberg debía morir. Rotherberg era productor de películas porno. Su mercado se beneficiaba del hecho de que Rotherberg producía películas porno que entraban en lo delictivo: animales, menores, sexo extremo. Atrapado por la justicia, hizo un trato e informó a la policía. Y amenazaba con hablar más. De Meo y Rotherberg tenían relación pública, de modo que el trabajo tenía que hacerlo uno de fuera.

Richard acepta encantado, y lo planea en solitario. De Meo le ha facilitado todo tipo de informaciones sobre Rotherberg. Richard siempre busca la resolución más sencilla. Para ello, efectúa un seguimiento, buscando las pautas de la presa, y esperando una ocasión idónea. Acecha en su furgoneta de cristales tintados. Provisto de sandwiches de pavo y pan de centeno, gaseosa, una botella de plástico como orinal, música country y paciencia. Mucha paciencia. Y un 38 con silenciador.

Un día, se da la ocasión idónea. Rotherberg acompaña de compras a su mujer. Él espera fuera de la tienda, mientras ella hace sus compras. Richard acaricia su arma. Es el momento.

Pero entonces se presenta De Meo con su primo Dracula, y otro de sus hombres, frenando ruidosamente frente a la tienda. Encuentran a Richard, se plantan frente a su furgoneta. Richard , consternado, ve a Rothberg salir corriendo, asustado. La principal razón por la cual se encargó a Richard el trabajo era que Rotherberg conocía a De Meo. -Joder, habéis arruinado el trabajo.- Agarró su arma y siguió a Rothberg hasta un callejón. Sin testigos, le disparó dos veces, con silenciador. Indetectado, entró en la furgoneta y desapareció.

Estaba tan cabreado que hubiera matado a De Meo con sus propias manos. Para Richard, aquello había sido una chapuza. Entonces, de camino a casa, Richard tuvo un problema con otro conductor. Clásico rifirrafe entre conductores cabreados.

Aquel tipo cometió un error fatal. Levantó el dedo y dio por zanjada la disputa. Richard le siguió hasta un lugar discreto, y un semáforo les cerró el paso. Richard se bajó de la furgoneta, se acercó al coche del tipo, y le disparó un tiro en la cabeza. Richard condujo hasta su casa, se deshizo del revólver y cenó con su mujer y sus hijas, relajado.

Roy nunca pagó a Richard por la muerte de Rotherberg. Mucho mejor, le dijo a Richard que estaban en paz. Lo cual perdonó la deuda de 50.000 dólares que debía Richard a la mafia, ya todo intereses. Paradojas de la vida, lo que para Richard fue una chapuza, un borrón en su historial, para los Gambino había sido un gran golpe, salvó a muchos jefes de ir a la cárcel y de ahorrarse mucho dinero en el proceso. Richard, de paso, dejó de ser un primo, un idiota que les debe dinero, y pasó a ser un asociado. Como Rotherberg, antes de cagarla. Tipos que hacen tratos con la mafia, incluso entran en el organigrama, aunque nunca puedan pertenecer a los Gambino, por no ser italianos.

Richard ya era una leyenda entre los profesionales. Empezó tras el asunto Rotherberg, la leyenda entre los jefes. Richard era un fantasma. Si le veías la cara, ya no veías nada más. Nunca había testigos, y si actuaba en público, nadie parecía haber reparado en él. Y sobre todo, Kuklinski nunca fallaba.

Hubo muchos encargos después de aquel. Algunos encargos le gustaban más que otros, pero siempre sintió predilección por matar a violadores, especialmente, a violadores de niños.

A Richard le cayó otro trabajo importante. Un tipo de la Familia, en Los Ángeles. Estaba pasando información a los federales. Si lo mataba, Richard volvería a salvar a muchos de ir a la cárcel. Se desplazó a Los Ángeles y acechó al tipo. Encontró un lugar discreto donde esperarle, y allí aparcó su furgoneta, con la ventanilla entornada. El tipo pasó frente a Richard, que disparó sólo una vez. El tipo cayó muerto. Richard condujo de vuelta a casa.

Kuklinski estaba abierto a sugerencias, y el cliente podía pedir extras, por un precio. Que sufra, métele tal objeto por tal orificio, o bien que su familia no pudiera tener el ataud abierto en el funeral. También se reservaba el derecho de aceptar trabajos. Así, nunca aceptó matar a una mujer, o a niños. Culpables o inocentes, eso no le importaba. Y a veces lo hacía más divertido.

Como ejemplo, el caso del cubano. A Richard le fue encargada la muerte de un cubano. Había violado a la hija de catorce años de un amigo de la Familia. El encargo exigía que el tipo tenía que sufrir.

Dicho y hecho. Richard viajó a Miami y acechó a su víctima. Usó el procedimiento de la rueda pinchada para hacerse con el tipo. Lo llevó a las afueras y lo ató a un árbol. Lo desnudó y le arrancó los testículos con sus manos. Luego, le cortó el pene y se lo enseñó. Después, le fue cortando en filetes, y finalmente, lo abrió en canal y las tripas cayeron al suelo. Se deshizo de los restos tirándolos al canal, para que fueran pasto de los tiburones.

Volviendo a casa, tres tipos en un coche asaltaron a Richard Kuklinski. Richard los mandó a la porra y les dijo que se fueran a casa. Ellos persistieron, se pusieron desagradables. Richard se detuvo, desafiante, y los mató a los tres, a tiros. Siguió camino hasta casa, a tiempo de cenar con la familia.

En otra ocasión, un Hombre Hecho de la familia cortejó indebidamente a una chica muy joven, cuyo padre era un hombre muy importante en La Familia. Le fue encargado a Richard.

Richard le secuestró, y se lo llevó lejos, a una cueva infestada de enormes ratas, que Richard había encontrado por casualidad, de cacería.

Le ató en la completa oscuridad, y esperó a las ratas, que devoraron al tipo mientras Richard tomaba instantáneas con su polaroid. El cliente miró las fotos con una sonrisa de oreja a oreja, y pagó 10.000 más de lo acordado.

A otro, un oriental, lo tiró por un balcón. A otro lo torturó a tiros y cuchilladas. A otro lo mató a golpes. Debían mucho dinero.

Hubo un caso especial. Un sindicalista que amenazaba con tirar de la manta. El requisito indispensable era que el cadáver jamás aparecería. A Richard le fue asignado un equipo. Entre los cuatro redujeron al tipo, lo metieron en el coche y Richard le apuñaló en la nuca desde el asiento de atrás. Quemaron el cadáver en un bidón, y enterraron el bidón en un desguace. Tiempo después, desenterraron el bidón y lo metieron en una furgoneta que, a su vez, fue reducida, en un desguace, a un cubo de chatarra que terminó siendo vendido a Japón para hacer Toyotas. Así, según Richard Kuklinski, terminó el cadáver del mismísimo Jimmy Hoffa.

Richard también aplicaba su experiencia a sus propios intereses. Un tipo le debía mucho dinero, y se negaba a pagar. Richard viajó hasta el sex-shop del tipo, y provisto de dos granadas de mano ocultas, entró por la puerta, saludó y hablaron de dinero. El tipo no fue muy cortés. Richard lanzó las dos granadas de mano detrás del mostrador y salió del local ajustándose la chaqueta. El sex-shop y su dueño volaron en pedazos.

Richard nunca era relacionado por la policía. Se deshacía del arma, llevaba guantes, el cadáver desaparecía, o aparecía lejos de Richard, variaba contínuamente de modus operandi. Eso, su frialdad, su método, y la suerte, le mantuvieron indetectado para la policía por dos décadas.

ENLACE A ICEMAN VI: LA DOSIS EXACTA DE ASESINATO

HISTORIA COMPLETA DE RICHARD KUKLINSKI: (IV) PORNO Y MAFIA

ATENCIÓN: VIOLENCIA EXTREMA EXPLÍCITA

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EL ENLACE SINDICAL

Richard se quedaba muchas noches en el trabajo. Como técnico de laboratorio se pasaba las noches pirateando películas pornográficas para la mafia. Los otros empleados se quejaron al sindicato, porque Richard se quedaba las horas extras. Conocía los trapos sucios de sus jefes, y los utilizaba en su favor. Además, Richard y sus clientes, los Gambino, eran muy lucrativos para el laboratorio. Una noche, Richard cerró y ya se iba para casa cuando se le acercó el tipo del sindicato. Se presentó y dijo sus razones: tus compañeros se han quejado. Mis compañeros no quieren esas horas, dijo Richard, y continuó caminando. Era verdad. Antes de que empezara la actividad nocturna en la empresa, nadie pedía horas extra. Sólo cuando Richard empezó a quedarse todos los días, los otros empezaron a querer sus horas. Total, cuando Richard le dio la espalda al enlace sindical, este le puso una mano en el hombro. Grave error. Richard se giró y descargó un puñetazo brutal a la cabeza del tipo, que cayó al suelo como un saco. Se golpeó la nuca contra un banco del parque, y quedó ahí. Richard nunca supo si le mató el puñetazo o el golpe en la nuca. Fue a comprar cuerda y ahorcó el cadáver en un parque cercano. Preparó una escena de suicidio y nunca volvió a saber nada del tipo. La policía molestó a la banda local unos días, y el crimen quedó sin resolver.

JOSEPH KUKLINSKI

El hermano de Richard, Joseph Kuklinski, se metía en líos contínuamente, cada vez más gordos. Richard le ayudaba si podía, pero un día, Joseph fue demasiado lejos, incluso para Richard: Joseph violó y mató a una niña de catorce años. También al perrito de ella. Los tiró por una azotea después de que ella intentara resistirse a la violación.

Enter Sandman

Richard se cercioró de la verdad, y no volvió a tener contacto con su hermano. Kuklinski despreciaba a los violadores, más aún a los violadores de niños. Para él, muy tradicionalista en esos asuntos, el sexo era cosa entre marido y mujer. Nunca anduvo con prostitutas, ni veía con buenos ojos el negocio del porno.  Sí iba, a veces, a un local de strip-tease de la zona, en el cambio de turnos, antes de encerrarse en el laboratorio para preparar una de sus maratonianas sesiones de pirateo múltiple.

STRIP-TEASE

Una noche, Richard se acercó al local de strip-tease. Bebido, dijo algo que molestó a una bailarina, y tuvo un rifirrafe con el barman. En mitad de la discusión, el portero le pegó un puñetazo. Richard se fue de allí mascando la venganza. Planeó cuidadosamente la muerte del portero. Tres días después, dejó una ropa escondida en un lugar cercano, se acercó al portero del local desde la acera y le disparó en la cabeza con un 22. Se alejó, se cambió de ropa, se deshizo del arma y volvió al laboratorio. De paso, se detuvo a mirar, entre la muchedumbre de curiosos, el levantamiento del cadáver, con toda la policía acordonando el lugar. Luego, se fue a trabajar, mucho más relajado.

Había vuelto el asesino frío, el Dios que manejaba la vida y la muerte. Richard comprendió que debía volver a sacar provecho de su habilidad para el homicidio, y se postuló por todo Hoboken.

KUKLINSKI PRODUCCIONES

En aquellos días se reconvirtió en productor de cine porno. Pasó del pirateo a la distribución, y dejó el laboratorio. Y con el tiempo, contrató él mismo a los productores, dependiendo de la demanda.  Nunca iba a ver los rodajes, a Richard el porno le parecía algo sucio. Legal, pero sucio. Y muy rentable. Sin embargo, el dinero que Richard invirtió al principio, era de la mafia, y Richard tuvo muchos problemas para pagar la deuda.

ROY DE MEO

Un día, se presentó un cobrador, Roy de Meo. Uno de los tipos más sanguinarios de la historia de la mafia.

De Meo y otros cuantos rodearon a Richard y le pegaron una paliza. Richard pagó poco después. Se acercó al local de De Meo y preguntó por él. Kuklinski el humilde y dialogante salió a flote, y ambos acordaron hacer negocios en el futuro. Richard había encontrado en De Meo un contacto inmejorable para ampliar negocio. Por supuesto, planeaba vengarse. Pero ya tendría tiempo de matarle. Pero por el momento, podía ser útil.

Y así fué. Los negocios del porno prosperaron entre ambos, y Richard creció socialmente. De Meo se enteró de que Richard era un frío asesino, y de fiar, y le propuso pasar a hacer trabajos especiales. Richard aceptó, y acto seguido, Roy de Meo, su primo, apodado Drácula, y Kuklinski, se fueron en coche a merodear a otra zona de la ciudad. Vieron a un tipo paseando a su perro y Roy dijo: mata a ese. Dio una pistola a Richard, que se acercó por detrás y disparó en la nuca del tipo, que quedó tendido en el suelo. Roy quedó impresionado. -Joder, eres de hielo, tío. Eres de los nuestros.

GRUPO SALVAJE

Y Roy le presentó a sus hombres: un batallón de asesinos en serie a sueldo de la mafia. A Richard no le gustó aquella cuadrilla. Le incomodaba especialmente Drácula, el primo de De Meo. No eran respetuosos con él, y él no se fiaba de ellos. Mientras jugaban al póker, la noche que los conoció, tenían en la ducha, colgado de un gancho, un cadáver desangrándose. Roy supo que Richard no haría buenas migas con los chicos, y le propuso ser su arma secreta.

FAMILY MAN

Vino, en ésta época, Dwayne, el tercer hijo de Barbara y Richard. El primer varón. Años después, los tests de inteligencia le declararían superdotado. Pero, en ámbitos más prácticos, las cosas nunca irían bien en casa. Al menos, económicamente, Richard siempre se portó bien. Sin embargo, en cuanto a la violencia, Richard se recrudecía con el tiempo. Concentraba sus iras en Barbara y el mobiliario. Richard era una bestia. A veces, se golpeaba la cabeza contra las paredes hasta quedar sin sentido, para no matar a su mujer o dañar a las niñas. Sus arranques de ira eran temibles. Un día tiró por la ventana un mueble que habían tenido que subir a la planta de arriba entre cuatro tipos. La fuerza de Richard era sobrehumana, podía levantar una nevera sin esfuerzo, si estaba lo suficientemente cabreado. Destrozaba tabiques, puertas, y también golpeaba a su mujer. Era el terror personificado. Incluso en los momentos felices, la sorda amenaza de que en cualquier momento, el humor de Richard podía quebrarse en ira, hizo que su familia viviera en contínua tensión, si Richard estaba con ellos.

HITMAN

Para bien o para mal, Richard trabajaba mucho. De Meo le encargó a un tipo. -Cuidado, va armado- le dijo alargándole un sobre con 20.000 dólares. Richard acechó a su víctima varios días. La imagen de Richard acechando pacientemente a su víctima, provisto de sandwiches de pavo y pan de centeno, se repetiría muchas veces. En éste caso, Richard esperó a su víctima fuera de una casa de comidas. Le pinchó una rueda y esperó. El tipo salió, vio el pinchazo y abrió el maletero. Richard encañonó al tipo, lo ató y amordazó y lo metió en el maletero. Condujo hasta una mina abandonada e hizo caminar al tipo hasta el borde de un pozo. Le disparó en la cabeza, y el cadáver cayó al profundo pozo. Condujo de vuelta, se deshizo del arma, cenó en casa.

De Meo volvió a humillar a Richard. Una noche en su local, Roy encañonó a Richard con una UZI delante de sus asesinos, medio de broma, medio poniéndole a prueba. De Meo era un loco descontrolado, y era muy paranóico. Completamente imprevisible. Richard supo mantenerse frío y manejó la situación, pero juró para sus adentros que un día mataría a De Meo.

Su eficacia hizo correr la voz, y Richard realizó trabajos especiales para todas las familias de la mafia. Era silencioso, no hacía preguntas, y sus trabajos eran impecables. Pronto amplió contactos, y empezó a acumular armas. Su nombre empezaba a ser una referencia como hitman en el crimen organizado.

ENLACE A ICEMAN V: EL HOMBRE DE HIELO

HISTORIA COMPLETA DE RICHARD KUKLINSKI: (II) Primeros contratos

ATENCIÓN: VIOLENCIA EXTREMA EXPLÍCITA

HOGAR, DULCE HOGAR

Por el año 1956, Linda le dijo a Richard que esperaba un hijo suyo. Richard se puso como una fiera. Con el paso de las semanas, a pegarla en el estómago para que perdiera al niño. Richard, como su padre antes que él, fue en casa un hombre violento. Como Stanley, cuando bebía podía ser venenoso. Con una diferencia: Stanley siempre era violento y peligroso. Richard tenía días con Linda en que era el hombre más gentil del mundo, pero había otros en que se levantaba ya predispuesto a destrozar el mobiliario y agredir a su mujer. Y digo a su mujer porque, en el transcurso del embarazo, Linda consiguió convencer a Richard para que se casaran, aunque fuera por lo civil. Richard, a quien las cosas le gustaban bien hechas, aquello debió de parecerle un apaño, un matrimonio de tapadillo, y probablemente, culpaba a Linda por ello.

TERCER CONTRATO

El tercer contrato de la mafia, fue sacar de circulación a un tipo que vendía coches usados. Le había faltado al respeto a la señora de alguien de dentro. El contrato tenía dos condiciones: Richard tenía que aportar un trozo del cuerpo de la víctima. Y además, debía asegurarse de que la víctima sufriera.

Richard aceptó. Acechó a su víctima en su tienda y en su casa. Decidió que el lugar idóneo era el negocio de coches usados. Cuando llegó el momento, Richard salió a hablar con el tipo, se interesó por un coche. Lo probaron dando una vuelta. Luego, Richard detiene el coche en un lugar previamente escogido, se baja a mirar el motor. “Mire, vea esto”, dice, y el tipo se inclina sobre el motor. Richard le golpea, le inmoviliza y le mete al maletero, inconsciente. Richard conduce tranquilamente hasta una zona boscosa de difícil acceso. Allí, ata a la víctima de cara a un árbol, amordazado, y le enseña un hacha. El tipo quiere gritar, pero apenas emite sonidos por estar atado en una postura extraña. Cuando ve el hacha, se da cuenta de lo que va a ocurrir. Richard, de abajo arriba, destrozó a la víctima, que permaneció consciente hasta desangrarse. Cavó una fosa y enterró los restos. A modo de muestra, entregó la cabeza de la víctima, para regocijo del cliente, que pagó encantado. Otro cliente satisfecho.

COBRADOR

Después de esto, Richard pasó a ser cobrador para la familia. Se había ganado a pulso la fama de hombre duro. El Polaco, le llamaban en la calle. Todos pagaban cuando se presentaba El Polaco. Siempre. Un día, un cliente pagó sólo la mitad. Richard fue a verle a su despacho. “La otra mitad la traeré mañana”. Richard volvió al día siguiente. “Aún no la tengo”, dijo. Richard sacó una pistola. Y el tipo sacó el dinero. “¿Por qué te has arriesgado si tenías el dinero?” “Porque no quería pagar”, dijo el tipo. Richard levantó el arma y disparó. Después, cuando se lo contó al jefe, éste le felicitó. “El respeto es lo más importante”.

LA GRAN OPORTUNIDAD

Richard aceptaba también trabajos a particulares, además de los encargos que hacía para la familia. Pero trabajar para la familia le daba más garantías de seguridad, y también proporcionaba más trabajo. Un día le llegó su primer contrato mayor. Un importante miembro de la familia debía morir. Y además, tenía que sufrir. Un trabajo difícil, porque el tipo sospechaba lo que se le venía encima, y se había enrocado en su fortaleza rodeado de guardaespaldas. Richard nunca preguntaba a sus contratadores por el motivo del encargo. Si se lo contaban, bien. Si no, también. Por lo demás, tenía bastante claro que rara vez se encarga algo así contra nadie que no tuviera verdaderos tratos con la familia. Y ya se sabe lo que pasa cuando juegas con fuego. En esta ocasión, el contrato también incluía una cláusula de sufrimiento extra.

Richard planeó con cuidado la operación, tomándose varias semanas para ello. Observó que el tipo hacía escapadas de baja seguridad para ver a su chica, acompañado por su chófer, que naturalmente se quedaba en el coche el tiempo que durara la visita.

Durante una de esas visitas al nidito, Richard se acercó al chófer y le disparó en la sien, tapándolo luego con el sombrero, como si se hubiera quedado dormido. Después, esperó a su objetivo principal, al que dejó inconsciente. Lo metió en el maletero y condujo hasta un lugar desierto. Allí, le rompió todos los huesos de las piernas con un bate de beisbol. Luego, Richard lo mató de un golpe seco en la cabeza. Por encargo del contratista, introdujo por el ano del cadáver las tarjetas de crédito de la víctima. Tiró el cadáver al río Hudson, y nunca apareció. La familia, para reforzar su coartada, denunció la desaparición a la policía, pero no hizo falta, porque el cadáver nunca apareció. Richard acababa de convertirse en un hombre importante en su negocio.

MULTA Y BARBECHO

Linda tuvo un segundo hijo de Richard. Richard seguía gastando rápidamente todo lo que ganaba. En aquella época, además, tuvo una mala racha en el billar, en el que se jugaba grandes sumas. También tuvo un problema con la familia, y se decidió que El Polaco tenía que apartarse un tiempo. Richard se buscó un trabajo honrado, de mozo de almacén, que aparte de asegurarle unos ingresos más bien exíguos, le servía de puesto vigía para sus propios chanchullos. Todo empezó por un problema doméstico. El administrador del edificio donde vivía Richard y su familia había pegado a los niños por armar alboroto. Richard encontró al tipo en un bar. El camarero era un policía conocido por todo el barrio. Richard agarró al administrador y le dio una gran paliza. Cuando Richard iba a salir por la puerta, el camarero sacó su placa. Richard le dio varios puñetazos en la cabeza, y se largó. La policía fue a hablar con la familia y Richard tuvo que pagar 3000 dólares para saldar la deuda. También se decidió prescindir de sus servicios un tiempo, por las apariencias.

PROPIEDAD PRIVADA

En aquellos días, Richard estaba prácticamente separado de Linda, pero la consideraba de su propiedad, lo mismo que a los niños, por quienes nunca mostró especial cariño. Un día, Joe, el hermano pequeño de Richard, llamó a este para decirle que había visto a Linda en un hotel con un tipo del barrio, un amiguete. Richard se presentó en aquella habitación y los encontró desnudos. Agarró al tipo y le dio la paliza de su vida, todos los huesos rotos. Richard incluso saltó desde la cama sobre el coleguilla varias veces. Le dejó un fémur sano. Los demás huesos del cuerpo se los rompió. Agarró después a Linda y le dijo “Si no fueras la madre de mis hijos, te mataría aquí mismo.” Acto seguido, se largó. Pero antes de irse,  y para que Linda no olvidara aquel episodio, Richard le cortó los pezones.

Apenas volvieron a tener relación, salvo la estrictamente necesaria para ocuparse de los niños.

VUELTA AL RUEDO

Los trabajos con la familia se retomaron indirectamente. Ahora Richard hacía trabajos para el encargado de la seguridad, un lugarteniente de la mafia de Jersey.

El primer contrato fue para matar a un cobrador que había estado robando la recaudación de las loterías clandestinas. Aquel desdichado aún no lo sabía, pero le había tocado el gordo.

Tenía que ser una muerte ejemplar, para evitar tentaciones. Lo siguió hasta una casa de comidas que el tipo frecuentaba, y esperó fuera. Cuando el tipo salió, llovía y no había nadie cerca. Richard salió del coche y le disparó varias veces a la cabeza, a bocajarro. El arma tenía silenciador, nadie advirtió nada. Richard volvió a su coche y se fué a cobrar su sobre.

El segundo contrato importante también tenía como víctima a uno de dentro. Richard no supo el motivo, símplemente aceptó. Siguió al tipo hasta su yate. Estaba acompañado. Richard esperó. Era de noche. La chica se fue en una monovolumen y el objetivo se quedó completamente solo. Richard entró en el yate y redujo al tipo. “Voy a hacerte un favor”, le dijo. “Te mataré rápidamente. Y le disparó en la frente, una vez.” Conocía de antes al tipo, y nunca le gustó a Richard. Pero aquella noche se sentía de buen humor, porque había recuperado el favor de la familia.

La alegría duró poco. El jefe del clan para el que trabajaba Richard murió asesinado de un tiro en la cabeza. Durante un largo período de tiempo, las guerras de sucesión se cobraron muchas vidas. Podía caer cualquiera. Richard se apartó. No quería aceptar trabajos de ninguna de las facciones que se disputaban el trono. Imprudente en las apuestas de juego, Richard hizo gala de su buen juicio a la hora de mantenerse fuera de las apuestas de sucesión, no fuera que apostara por caballo perdedor, y se convirtiera él mismo en objeto de algún contrato. Fueron malos tiempos, y Richard bebía contínuamente. Perdía el control de sus actos. Un día, un tipo le molestó en un bar, y lo mató allí mismo de una puñalada. Se fue de allí. La policía hizo preguntas, pero nadie quiso responderlas. Eso le salvó. Ni la suerte, ni la astucia. La ley del silencio.

EL CORTEJO DEL DEMONIO

Tras un período personal especialmente convulso, Richard intentó un proceso de regeneración. Aceptó un trabajo completamente legal en una imprenta. Allí conoció a Bárbara. Se interesó por ella, y eso no gustó al jefe. “Quédese el trabajo y métaselo por ése culo solemne”, le dijo Richard.

Richard, apuesto, fuerte, elegantísimo, siempre con sus trajes de colores, fue muy insistente en su cortejo a Bárbara. La chica era la hija única de un matrimonio italiano de clase media, y Richard tuvo que ser tenaz para conseguir una cita con ella. Por fin, un día lo logró, y salieron a ver una película un sábado. Bárbara lo pasó bien en aquella primera cita. A la mañana siguiente, Richard volvió a visitar a Bárbara, y el lunes también. Empezaron a salir. Semanas después, Richard la desvirgó, y al poco, Bárbara quedó embarazada. Se casaron. Richard había encontrado a la mujer de su vida. Bárbara acababa de casarse con el demonio.

 

ENLACE A ICEMAN III: LOS AÑOS \”HONRADOS\”

HISTORIA COMPLETA DE RICHARD KUKLINSKI: (I) Un asesino nato

ATENCIÓN: CONTENIDOS DE VIOLENCIA EXTREMA

El 23 de Marzo de 2006, EL MUNDO publicó la muerte de Richard Kuklinski, más prolífico asesino a sueldo de la historia. Años después, cayó en mis manos “El Hombre de Hielo”, su biografía. Leí el prólogo y ya no pude soltar el libro hasta llegar al final. Paso aquí a relatar la historia real de éste hombre. No es una historia apta para corazones sensibles o para estómagos impresionables. Es una historia plagada de violencia, tortura y asesinato.

Richard Kuklinski fue asesino a sueldo para la mafia durante dos décadas. Se especializó en gran variedad de procedimientos para matar, y su especialidad era la disposición del cadáver para que la policía no le relacionara con el crimen. Richard Kuklinski es uno de los hombres más peligrosos que han pisado éste planeta, del que tengamos noticia.

Pasamos a relatar su vida en nueve entradas. No ahorramos en detalles: avisado queda el lector curioso.

Richard Kuklinski nació en Jersey en 1935, en el seno de una familia de muy humilde. Vivían en un barrio marginal de viviendas protegidas. El ambiente familiar era rígido, violento y religioso. El padre, Stanley Kuklinski era hijo de inmigrantes polacos. Aquel hombre era un rudo guardafrenos, un hombre alcohólico, putero  y pendenciero, que sometía a golpes a su mujer y a sus hijos por costumbre.

Stanley y Annah Kuklinski
Stanley y Annah Kuklinski

La madre, Annah, era una mujer muy católica. De padres dublineses, creció en un internado religioso. Del que la sacó Stanley, para casarse. Pero la felicidad duró poco, si algo. Pronto empezaron los gritos. Stanley se volvía venenoso cuando bebía, y pronto comenzaron los episodios de violencia doméstica. Cuando nació Florian, el primogénito de tres varones, las palizas ya debían de ser habituales. Los más tempranos recuerdos de Richard ya incluían las agresiones de sus padres. Hannah aprendió que tratar de protegerlos era contraproducente, pues agravaba la ira del marido y la atraía hacia ella. A menudo, mientras Stanley apalizaba a sus hijos, Annah rezaba en alto, de rodillas contra la pared. Otras, ella misma participaba en las palizas, desviando la atención de su marido hacia sus hijos. También a solas les pegaba ella, usando todo tipo de objetos, cuando su marido no estaba.

Un día, cuando Richard tenía cinco años, Stanley llegó borracho a casa, como de costumbre. Mal encarado, empezó a gritar a su mujer e hijos, y pronto llegaron los golpes. Richard corrió a esconderse, pero Florian no logró escabullirse. Y aquella noche, en medio de la escena habitual de violencia doméstica extrema, a Stanley se le fue la mano y desnucó, de un puñetazo, a su hijo mayor.  En ese instante, los gritos y golpes se detuvieron, y sus padres planearon juntos la coartada, con su hijo mayor ahí tirado. Iban a encubrir la muerte, disfrazándola de accidente. Sentirían pena más adelante. La primera sensación de aquel fallido matrimonio fue el miedo.

A Richard le contaron que Florian había sido atropellado. Hubo funeral y duelo. Luego, la progresiva vuelta a la rutina. Los golpes y gritos cesaron por un tiempo, pero los rezos contínuos ocuparon su lugar. El ambiente volvió a ser opresivo, y como consecuencia, la violencia regresó gradualmente a la casa de los Kuklinski.

Richard era un niño introvertido. Estudiante difícil y con problemas para relacionarse, era blanco de los chulos del colegio. Como había aprendido que era mejor no pasar demasiado tiempo en casa, y tampoco tenía amigos, empezó a hacer una vida callejera y solitaria. Lo que no estaba exento de problemas, pues en el vecindario también había chicos malos que le pegaban y humillaban cuando sus caminos se cruzaban.

Richard se aficionó, en esas tardes solitarias y callejeras, a torturar animales sin dueño. Los abundandes gatos eran un blanco fácil. Richard solía estrangularlos para ver cómo morían mirándolos a los ojos. También los quemaba vivos en un incinerador de basura. Otras veces, ataba dos gatos por la cola y los colgaba de un tendedero para verlos pelear hasta la muerte. Los animales vagabundos llegaron a escasear en su barrio.

Lo pasaba mejor solo que acompañado. No se fiaba de nadie. En casa, además, las cosas empeoraban. Annah tuvo dos hijos más, Roberta y Joseph. La presión doméstica sobre Stanley era mayor, y por tanto se agudizaba la violencia. Un día, Stanley empezó a verse con otra, y gradualmente fue abandonando el hogar, lo que implicó una mejoría inmediata. Pero Annah tuvo que ponerse a trabajar por las noches, y eso trajo consigo sus propios problemas.

Richard se aficionó a los pequeños hurtos, primero para llenarse la panza, y luego, para llevar comida a casa. Annah rezaba, se lamentaba y les pegaba durante todo el tiempo que no estaba trabajando o durmiendo. Se ensañaba especialmente con Richard, reprochándole sus robos. Pero tuvo que claudicar, gradualmente, y aceptar los alimentos. La verdad es que tenía desatendidos a sus hijos, y toda ayuda venía bien. La violencia no cesó sobre él, ni sobre sus hermanos, pero Richard crecía, y su pericia como ratero se extendió a la de ladrón de coches. Aprendió a conducir en las calles, sin más compañía que la de su sombra.

Parte del fracaso escolar de Richard se debía a una indetectada dislexia que hacía al chico parecer tonto o retardado. Pero Richard aprendió a leer con interés cuando cayó en sus manos una revista de crímenes. En aquella época la crónica negra era un género muy popular, mucho más que ahora, y existían decenas de publicaciones que describían con todo detalle y soporte fotográfico crímenes e investigaciones. Éstas revistas de crímenes cautivaron a Richard, que devoraba cuanto ejemplar caía en sus manos. Ayudado por aquellas publicaciones, empezó a fantasear con matar a Stanley, y planeó e imagimó decenas de modos de hacerlo. Y luego, pasó de planear la muerte de Stanley a planear la muerte de cualquiera que le estuviera jodiendo la vida.

Había en el barrio un chico mayor que le tenía especialmente  marcado. Él y sus compinches le hacían la vida imposible cuando sus caminos se cruzaban. Le hacían y decían de todo, con una crueldad que llama la atención sobre la dureza del ambiente, y Richard aprendió a esquivarles. Vivía escondido en las calles, escondido de sus padres, con quienes pasaba el menor tiempo posible, y escondido de los chicos malos, a quienes esquivaba siempre que podía.

Muerte 1: Charley Lane

Con trece años, y después de un episodio particularmente doloroso de vejaciones verbales y físicas por parte de éstos matones de barrio, se hartó. Acechó al jefe de los matones, Charley Lane, un chico de dieciséis años, y cuando conoció sus rutinas, trazó un plan. Charley tenía a raya a Richard, le hacía de todo, y dirigía a otros contra él. Richard había fantaseado muchas veces con matarle. Con una barra de hierro oculta en el antebrazo, le esperó en el callejón tras la casa del tipo, de madrugada, hasta que éste volvió de sus pendencias nocturnas. Allí, sin testigos, Richard se le encaró y le provocó. El matón atacó a Richard, y cayó al suelo con la sien abierta de un golpe certero y brutal en la cabeza. Richard Kuklinski se había cobrado su primera sangre. Solía asegurar, cuando recordaba el episodio, que su intención era solamente dar a aquel chico una lección, pero lo cierto es que una vez empezó a golpearlo, ya no pudo parar hasta que se dio cuenta de que lo había matado. Richard ocultó el cadáver en las sombras y fue a por un coche. Condujo de vuelta y transportó el cuerpo en el maletero hasta unas marismas. Allí le arrancó los dientes con un martillo y le cortó los dedos con un hacha. Tiró el cuerpo a un estanque helado. Condujo de vuelta tirando los dedos y dientes a la cuneta. También se deshizo de las herramientas. Abandonó el coche en un aparcamiento y caminó varias millas hasta casa. Se fue a acostar con la mejor sensación de su vida. De ser víctima, había pasado a ser verdugo, y le gustó.

ADOLESCENCIA

Pasaron muchos meses y la policía no se presentó. La vida de Richard dio un vuelco. Tras su primer crimen, se prometió que nadie le volvería a joder. Uno por uno, siguió a los chicos que le hacían la vida imposible, y los sometió a graves palizas, que pronto aprendieron a esquivarle a él. Con un grueso garrote, recorría metódicamente las calles buscando a todo aquel que le hubiera hecho algo en el pasado, para ajustar cuentas.

Richard pasó a frecuentar los billares de la zona. Le gustaba el billar y aprendió a jugar bien. Jugaba por dinero y solía ganar. Si alguien le faltaba al respeto, lo atacaba con el taco o con sus manazas. Se enzarzó en muchas peleas, que ganaba siempre. Un día se enzarzó con tres tipos que lo echaron del bar. Richard siguió al primero y lo apuñaló por la espalda. Luego, siguió al segundo y repitió la operación. No murieron. El tercero se fue de la ciudad y nunca volvió. Richard se creó una fama de tipo duro en la zona, y reunió a su propia pandilla, las Rosas Nacientes, con la que daba golpes a pequeña escala. Richard compró su primera pistola, un revólver del 38.

Richard se fue convirtiendo en un hombre ágil y corpulento. A Richard le gustaba ir elegante, y, aunque tímido, las mujeres solían abordarle. Una de ellas, Linda, se lo llevó a vivir con ella cuando Richard sólo tenía dieciséis años.

Muerte 2: Doyle

Doyle era un secreta del barrio. Un día, Doyle perdió al billar contra Richard y, queriendo provocarle, se burló de él delante de todo el mundo. Richard se fue del bar y esperó. Doyle salió después y fue a su coche. Se quedó allí, dormido con un cigarrillo. Todo un golpe de suerte. Richard compró gasolina en una estación cercana y la vertió al interior del vehículo. Lanzó una cerilla al interior y se quedó por allí para oír los gritos de Doyle. Volvió a casa con una gran sonrisa en los labios.

Por aquellos días, Stanley volvió a pegar a Annah durante una visita. Cuando Richard se enteró, fue directamente a por su padre. Lo agarró y le puso el 38 en la sien. “Si vuelves a acercarte a mi familia, te mato y te tiro al río”. Stanley nunca volvió a molestarles. Richard no lo había hecho por su madre, a quien despreciaba profundamente. Lo había hecho por sí mismo. Se arrepintió durante toda su vida por no haber apretado el gatillo aquel día.

No sentía mayor estima por su madre. Después de tanto rezo y tanta moralina y el sexo es malo y todo lo demás, un día fue a visitarla y se la encontró practicando el sexo con un vecino, un hombre casado. Quiso matarla allí mismo. Esa mujer le había pegado con saña y dedicación para inculcarle una férrea moralidad católica, y ahí estaba, abierta de piernas mientras el culo gordo y peludo del vecino embestía una y otra vez. Pero se dio la vuelta y se largó en silencio.

MAFIA

Gracias a la astucia de Richard, los golpes de las Rosas Nacientes tenían éxito, y se hicieron más ambiciosos. Robos en almacenes, atracos a droguerías y licorerías. No tardaron en llamar la atención de la mafia, que les encargó un asesinato. Había que matar a un tipo que no pagaba.

Muerte 3

Richard planeó el golpe. Siguieron al tipo en un coche. Llegado el momento, el encargado de realizar el disparo no tuvo valor para apretar el gatillo. Richard le arrebató el arma, se bajó del coche, se acercó al tipo, le disparó una vez en la sien y volvió al volante. Condujo hasta dejar a los otros chicos en su casa. Ellos mismos quedaron impresionados con la frialdad de Richard. “¡Mírale, fresco como una puta lechuga!” “Tío, estás hecho auténticamente de hielo”. Así le pusieron el sobrenombre de ICEMAN, el hombre de hielo.

Éste trabajo catapultó a los Rosas Nacientes, que , tutelados por la mafia italiana de Jersey, llegaron a dar un golpe de dos millones de dólares. Richard se aficionó al juego, y entró en una dinámica que ya no abandonaría nunca: ganar y perder enormes sumas de dinero en un abrir y cerrar de ojos. También inauguró otra dinámica: repartir violencia doméstica. Richard era, como lo fueron sus padres, una bomba de relojería. Podía estallar en cualquier momento. Linda se quedó embarazada y convenció a Richard, a regañadientes, para que se casara con ella.

Muertes 4, 5.

Dos miembros de las Rosas Nacientes dieron un paso en falso: asaltaron una partida de poker de la mafia. Un hombre de familia se puso en contacto con Richard. Le dijo que o mataba él a sus dos compañeros, o moriría toda la banda. Richard tuvo que aceptar. Tomó un revólver y visitó a sus dos compañeros por separado. Los mató por la espalda, de un tiro rápido en la cabeza. Desde ese momento, Richard pasó a ser un hitman de la mafia italiana de Jersey. La banda de las Rosas Nacientes quedó disuelta.

Muertes 6, 7, 8, 9, 10,…

Richard volvió a ir solo. Por esa época, solía dar largos paseos por Manhattan. En uno de esos paseos, un indigente lo abordó y se puso pesado. Richard Kuklinski lo apuñaló en la nuca y lo dejó allí mismo. Y se aficionó a esos paseos. Y a las presas anónimas que esos paseos le proporcionaban. Incluso él perdió la cuenta. Sabía, por sus revistas de crímenes, que la policía de Manhattan jamás se pondría en contacto con la de Jersey, en el supuesto de que intentaran resolver la ola de crímenes. Pensaron que eran reyertas entre indigentes, y Richard perfeccionó su arte. No le gustaba la sangre, prefería las muertes rápidas y silenciosas. Disparos sorpresivos con armas pequeñas, estrangulación, un puñal en la oreja, o en la nuca y hacia arriba, un pinchazo al corazón o en el ojo, provocaban la muerte instantáneamente.Un día ahorcó a un tipo con una cuerda. “Yo mismo hice de árbol”, contó. Richard ya se había convertido en un gigante de dos metros. Matar le hacía sentir bien.

Si me jodes, te mato...¡te mato!
Si me jodes, te mato...¡te mato!

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