DEL POR QUÉ DE MI ABSTENCIÓN

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La abstención tiene mala prensa. Cuando anuncio que no voy a votar en 2016 (lo mismo que hice en 2015) suelo encontrar reacciones negativas. La más habitual es el hilarante “entonces no tienes derecho a quejarte luego”. A lo que respondo con el silencio, que es como se responde a las tonterías. Pero si me insisten, declaro que por supuesto que tengo el mismo derecho a quejarme, cuando no más, toda vez que este caos no se logró con mi participación y sí con la de los que fueron a votar.

Podemos es el protagonista de las dos últimas elecciones. Se vota a favor o en contra de los morados de una u otra manera. Su irrupción ha convertido la política en un circo que no podíamos sospechar quienes pensábamos que lo de Zetapé era insuperable. Pero es que resulta que la presencia de Podemos es obra de Mariano, su maquiavélica operación para restar votos al PSOE. Bravo, Mariano. Bravo.

De modo que mis opciones de voto son:

1.El pepé de Mariano.

Le voté en 2012. No derogó ninguna de las leyes basura de Zetapé. La que más duele es la de “memoria” histórica. No deja de ser graciosa una ley de memoria que está dedicada a borrar recuerdos. Orwell en estado puro. También dejó hacer y deshacer a los separatistas del prusés, y todo lo que supo hacer contra ellos fue dirigir a cuatro jueces a crujirse a los Pujolone. No sólo es poco y pusilánime, sino que implica el punto más importante de mi no-voto al pepé de Mariano: no tiene (ni él ni nadie en España) la menor intención de separar de una maldita vez el poder judicial del ejecutivo. Y finalmente salvó de la quema a La Sexta, que estaba en quiebra y a punto de desaparecer, y promocionó a los chavistas de Podemos con la esperanza de que minaran a la PSOE. Bravo, Mariano. Bravo.

No, votar a Mariano es darle la razón en su chantaje (votadme a mí o conoceréis Venezuela sin pagar pasaje).

2. Ciudadano Rivera.

Me cae bien este chico. Pero es socialdemócrata. Y yo soy liberal. Si nos sentáramos a charlar, estaríamos de acuerdo en tres puntos fundamentales, igual que con Mariano. Pero en desacuerdo en todo lo demás. Por otro lado, su libro de estilo de no decir nunca apenas nada no me inspira apenas nada. Tal vez sean estos tiempos tan audiovisuales, que penalizan el análisis profundo en favor del tuit. Pero es que he leído tuits (como los de @CarlosEstebanRD) que tienen más enjundia que los grises y bostezables eslóganes de Rivera. Por no hablar de su manía de legitimar a Podemos Évole tras Évole con la esperanza de legitimarse a sí mismo, lo que no deja de ser una edición en tapa blanda del chantaje de Mariano.

No, no votaré a Rivera. Viva España, sí. Pero no le votaré.

3. El PSOE de ese señor de los tuits cortos.

Con Sánchez no me extenderé mucho. Votarle es como dar un Kalashnikov a un chimpancé. Sánchez no quiere ser presidente. No tiene ambición, no tiene pericia, no tiene conocimientos y no tiene ganas. No se le puede hacer mayor favor que no votarle y dejar que vuelva a casa. No seamos sádicos.

4. Hugo Chávez.

No voto a partidos comunistas. Y menos aún financiados por gobiernos chavistas y promocionados por conservadores que en lugar de pronunciarse y mojarse prefieren dar voz a una panda de descerebrados peligrosos para que me entre el miedo y entregue mi voto ciego al Mariano que les dio alas en primer lugar. Pero bueno, con ser comunistas me vale para no votarles. Últimamente los podemitas andan obsesionados con que los viejos bloquean con su voto las nuevas y refrescantes opciones electorales sin azúcares ni grasas animales. Yo lo que no soporto es que voten los vagos.

Hubo un tiempo no muy lejano en que voté a VOX. No porque coincida mucho con ellos, sólo en lo fundamental, como con Rivera. Fue para hacer daño a Mariano, que está bloqueando una opción conservadora decente. No salieron representados y lo último que he sabido de ellos es que han puesto una bandera en la cima de Gibraltar. En fin.

Resumiendo, que mi abstención activa, que no sociológica, es un dedo en alto, mi manera de declarar mi absoluto desacuerdo no sólo con los políticos sino con mis compatriotas, mi manera de expresar en no-votos mi desesperanza en el futuro. Trabajo en la calle con una cámara al hombro y no oigo más que memeces. Nadie es nunca responsable de sus decisiones. La culpa de todo la tienen los políticos, que no nos dan casa y trabajo. Como si esa fuera su obligación, y no la nuestra ganarnos la casa tras buscarnos un trabajo. Esto no lo salva ni Chuck.

Y sí, queridos. Pienso seguir quejándome.

 

 

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ESPERANDO AL MESÍAS

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Andamos los españoles mirando de cambiar de gobernantes por no sé qué oscuros motivos que no quiero analizar. Por supuesto, elegiremos mal. Nuestro carácter católico nos impide buscar soluciones prácticas, necesitamos la solución perfecta.

Lo audiovisual nos intentó vender un mesías con coleta, pero la campaña está fallando. Yo quisiera pensar que la masa votante le ha visto las costuras al muñeco, pero me temo que la explicación es mucho más amarga: simplemente nos hemos cansado. Pablo Iglesias era una recomendación de cuñao progre, y el mesías ha pasado a ser el tito dudoso, el soltero que nadie sabe muy bien por dónde anda. O sea, que volvemos al punto de partida. Cambiar hay que cambiar -no sabemos muy bien por qué- así que a seguir buscando moto. El siguiente candidato es, cómo no, Albert Rivera, que ha arrebatado a Ramón García (los años no pasan en balde) el título de yerno perfecto. Y ya sabemos que, por mucho que el feminismo insista en lo contrario, aquí la suegra manda mucho.

Pero claro, llega la interferencia mesiánica, y tras unos días de bienvenida y agasajo llega el fatídico momento en que empezamos a darnos cuenta de que ¡porca miseria! el guapito no es perfecto. De hecho, ni siquiera se presenta como un mesías, ni ofrece soluciones perfectas, ni relatos salvajes de buenos y malos. Grave error. Semejante afrenta no es algo que un español sepa digerir con facilidad. Y ahí donde el votante potencial de Iglesias no veía ningún problema en las peguitas que los más críticos le iban poniendo –¿Que es un vendemotos? Peor no podemos estar; ¿Que es comunista? Puede, pero honrao; ¿Que está a sueldo de la dictadura de Maduro? Bueno, nadie es perfecto– el votante potencial de Rivera empieza a encontrar obstáculos insalvables en asuntos que van de lo meramente discutible a lo irremediablemente anecdótico. ¡El impuesto de sucesiones, horror!¡Tres tramos de IRPF, cuidao!¡El contrato único, la perdición de Occidente! Y la mejor de todas: ¡Jordi Cañas! (Ojo ahí, que me meo toa. La fobia que le hemos cogido de la noche a la mañana al corruto debería ser objeto de estudio en las mejores universidades del mundo. Criaturitas…)

Que oye, está bien objetar al político. Hay que objetar al político, ponerle coto, mirarle los dientes. Pero detecto cierta cobardía cateta en esa saña contra un tipo cuya sola presencia en las encuestas es del todo saludable, cuyo punto programático fundamental es el respeto a la Constitución en asuntos territoriales e idiomáticos, y cuyo tono y forma son los de un moderado reformista, habiendo lo que hay. Que igual somos tan merluzos que hemos perdido completamente la perspectiva y nos cerramos en banda ante cualquier imperfección olvidando que no estamos en posición de elegir demasiado.

Aquí seguimos, esperando al Mesías.