BOYHOOD O LA TIERRA DE LOS FASCISTAS

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Tarde de lluvia. Mi padre me invita a comer en una bocacalle de Princesa, junto a la Plaza de los Cubos. Intercambiamos impresiones acerca de la desesperante actualidad política. Nos  refugiamos de la lluvia fina en el Renoir Plaza de España y vemos Boyhood. No os la perdáis, y si la veis con vuestros padres o vuestros hijos, la experiencia será completa.

Aunque los hechos narrados en Boyhood los sentirá muy propios cualquier espectador, al tratarse de una película americana de género costumbrista, su cultura está presente en todo momento. Por ejemplo:

En Boyhood, los niños rezan el Juramento a la Bandera antes de empezar la primera clase del día, con un pequeño recordatorio a la bandera del estado (Texas).

En Boyhood una abuela hace voluntariado en el colegio de sus nietos, leyéndoles cuentos.

En Boyhood, un padre practica el activismo picaresco quitando carteles de McCain y poniendo los de Obama en su lugar.

-Papá, ¿estás seguro de que está bien hacer eso?

¡Soy un patriota, y a veces hay que luchar!

En Boyhood, un abuelo enseña a disparar a su nieto, y una abuela enseña a disparar a su nieta.

En Boyhood un chaval tiene que conseguir su primer minijob sucio y mal pagado como un rito de paso, una lección que conviene aprender como prólogo y simulacro de aquello que después vendrá en serio, cuando seas tú quien tenga que pagar las tortitas y el sirope de los copiosos desayunos. ¡Y el jefe no se nos presenta como un mal tipo, sino casi como parte de la familia, un educador de prácticas para la vida!

En Boyhood vemos a un director obviamente progresista enseñar la bandera americana en los momentos buenos, en los mediocres y en los malos. Nunca protagonizando la escena, pero siempre ahí, de fondo, testigo de cómo un niño deja de serlo y empieza a buscar, acaso sin saberlo, el sueño americano.

No he podido evitar sentirme huérfano, no ya de un cine propio, sino de una cultura propia. ¿Dónde, en las salas o fuera de ellas, está la cultura española? Escondida, perseguida, estigmatizada.

En España no hay voluntariado en las escuelas, ya se ocupa el Estado, no podemos arriesgarnos a que se ocupe según quién, y que lea a los niños según qué cuentos y según qué tradiciones. No está en la cultura española colaborar desinteresadamente con las administraciones para que las administraciones no acaben administrándonos a su gusto.

En España, el activismo político queda para militantes de partido. Y si a alguno de esos activistas vecinales se le ocurriera gritar “¡Soy un patriota y a veces hay que luchar!”, ya sabríamos que es un facha. Porque ser patriota es de fachas a no ser que seas patriota de tu provincia.

En España no hay cultura de las armas, pero si en una película española un abuelo enseñara a torear a un niño y el director no pusiera su pullazo ecopacifista en la escena, probablemente no haría carrera en España.

En España, al minijob lo llamamos trabajo basura, al jefe/empresario le llamamos explotador, y el Estado dificulta por todos los medios la existencia de unos y otros. A cambio, regala la matrícula universitaria a todo el mundo (¡¡¡como si fuera un derecho!!!) como rito de paso para que aprendas quién tiene que llenarte la nevera y cuánto debes sacrificar para ello.

En España no hay Juramento a la bandera. Y si lo hubiera, sería al contrario que en Boyhood: sería un juramento a la bandera autonómica, y si acaso un escupitajo final a la bandera nacional, que lejos de ser omnipresente, de fondo, recordándote con su sola presencia de dónde vienes en el espacio y sobre todo en el tiempo, nos es activamente escamoteada, bautizada psicológicamente como la bandera de los fachas, y un director de cine español sólo muestra la bandera española en la enseña de un policía violento, tras el escritorio de un guardia civil malvado o en manos de un skin head.

Salgo de la sala con mi padre, nos hacemos un selfie con la portada de la película, que nos ha gustado mucho. Recorriendo Martín de los Heros dejamos atrás el cine Alphaville (ahora se llama Golem), caminamos por el subterráneo de Cubos, paseamos por la Gran Vía lluviosa. “Esto es Madrid, mi verdadero Madrid”, le digo a mi padre. Le acompaño al autobús, nos despedimos con un abrazo. Sigo caminando Gran Vía arriba, encharcada, moderna y decadente, eternamente a medio terminar. La riada humana, el tráfico, los cabarets, los estrenos, los luminosos, el asfalto reflejando luces distorsionadas de todos los colores. Mi patria personal, la patria de mi juventud perdida. Esto es Madrid, sin duda. Pero, ¿dónde está España?

 

 

 

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¡¡¡FELIZ DÍA DE LA CONSTITUCIOOOOOOON!!!

¡Viva la Constitución! Nuestro documento, tan longevo con sólo treinta y un añitos. Buen servicio ha hecho, la pobre, y, como decía aquella magistral película, la luz que brilla con doble intensidad, dura la mitad de tiempo.

¡VIVA LA CONSTITUCIÓN! ¡VIVA ESPAÑA! ¡Y VIVA LA MADRE QUE ME PARIÓ!


GIBRALTAR: LA BROMA SE COMPLICA

Reino Unido persiste en su actitud hostil, y sube la apuesta. Nos exige que salgamos de aguas gibraltareñas. Normal. Se han dado cuenta de que Zetapé negocia, cede al chantaje, no respeta su identidad y es un flojeras al que le tiembla el pulso cuando hay que tomar decisiones difíciles. Y que además, no las adopta y es un pésimo negociador.

Por otro lado, Reino Unido muestra poco decoro al apoyarse tan descaradamente en el asunto Alakrana, pero, ¿qué podemos reprocharles? Son británicos, ya sabemos cómo son. Si fueran de otro modo, se habrían ido de Gibraltar hace ya tiempo. Pero siguen ahí. Y nunca han dejado de ser adversarios históricos a cara de perro, eso conviene no perderlo de vista. Aliados militares coyunturales, pero adversarios políticos. Lo mismo que Francia. Zetapé ofrece ostentosamente la espalda a sus adversarios históricos, deja la puerta abierta y la billetera a la vista.


Gibraltar, por cierto, está ocupada por los británicos por culpa de la imprevisión de un político miope, sobrado de confianza. Digo esto porque, no es que a Gibraltar la vayamos a perder con Zapatero, no. El hecho de que Gibraltar no sea española es uno de los escasos problemas de España en los que Zapatero no tiene parte directa. Pero sí corremos el peligro de perder, con una nueva bajada de pantalones de Zetapé I el Nefasto, soberanía en nuestras propias aguas. De hecho, dada la política de defensa de Zetapé, no nos extrañaría un pelete. Y luego, a ver quién la recupera. El prestigio militar es fácil perderlo, pero muy difícil de recuperar, una vez perdido.

¿Me preocupan los Británicos? A corto plazo, no. Si yo fuera presidente, mi deber y mi trabajo sería desconfiar de ellos. Pero como ciudadano, me da más miedo Zapatero I el Tuercebotas, pues nunca se sabe qué nuevo estropicio va a provocar. No, mi preocupación no viene de ellos.

Marruecos me preocupa más. Si los británicos nos están tomando por el pito del sereno, Marruecos debe de estar preparando alguna de sus sanjuanadas. ¿Recuerdan Perejil? Pues en aquella época, la imagen de nuestras fuerzas armadas era intachable y notablemente respetada y solicitada. Ahora, la situación es distinta. Una ministra de defensa separatista catalana y un presidente más amigo del enemigo que de los que no le votamos, han puesto en entredicho la efectividad de nuestro ejército con sus políticas buenistas de 1º de Ciencias Políticas. ¿Cómo gestionaría Chacón un nuevo Perejil? ¿Y una crisis más seria? Porque lo de Perejil fue un globo sonda. Y si bien España reaccionó con firmeza, no contamos entonces con el respaldo de nuestros vecinos europeos. Y la situación ha cambiado drásticamente desde entonces. Ahora destilamos debilidad mental, y nuestros vecinos hacen prácticas de tiro con nuestra bandera. Y como bien sabe Zetapé I el Fino Estratega, el enemigo siempre está a la escucha.

Pensándolo bien, casi me siento más seguro sabiendo que, por lo menos el Peñón está controlado por militares cuyos políticos les permiten, quizá exigen, cumplir con su verdadero cometido, o sea, hacer lo que de ellos se esperaría: suponer una amenaza física, cuando menos.

Y por cierto, los habitantes de Ceuta y Melilla, desde el triste advenimiento de Zetapé I el Trilero, son testigos atónitos de cómo la presencia militar va descendiendo allí de manera preocupante. Junto con el envite británico, suponen un problema bastante serio. Unido a que tenemos un presidente fatuo, que sacrifica hasta lo más básico en pos de mantener sus ruedas de hamster electorales, el futuro depara momentos de gran tensión para el gobierno. Y tal vez para todos nosotros. No olvidemos que somos puerta con el Islam.

En primer término, la puntilla del muelle Alfau, en Ceuta. Al fondo, Gibraltar. Las vistas del balcón de mi infancia.

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Lea la secuencia de hechos pinchando en los links.

1 Pillada a los ingleses

2 Pillada a Moratinos

3 Explicaciones de los ingleses

4 Moratinos se cree la trola inglesa

5 Bronca a Moratinos (II)

Historia de una boya española flotando en el Estrecho de Gibraltar

Sólo lo habíamos rozado, pues el tema, en comparación con el Alakrana, quedaba un tanto ridículo. Pero como aún colea, pues le hincamos el diente. Que Moratinos no sale mucho en nuestro blog.

El Alakrana, recién liberado. La prensa y la oposición le pisa los talones a un gobierno que se ha plegado a las exigencias de unos piratas. La ministra de Defensa se oculta tras los uniformes, en una rueda de prensa semejante al show de Moreno y Marianico el Corto. La comunidad internacional, perpleja ante el espectáculo. En especial, el cuerpo diplomático británico había emitido un ruego de no-negociación, dirigido al gobierno español. Pero Zetapé hace caso omiso, como siempre.

La noticia saltaba esta mañana viernes 20 de Noviembre, pero la noticia se generó el miércoles día 18, en el Estrecho de Gibraltar, cuando una patrulla marítima de la Guardia Civil escucha disparos de artillería ligera. Cuando buscan el origen de los disparos, se encuentran con toda una escena: una fragata británica hace prácticas de tiro con una bandera española que ondea en lo alto de una boya en aguas internacionales, a 7 millas de Punta Europa. Hacía sólo unas horas que saltara a la noticia la liberación del Alakrana.

Cuando los británicos se ven sorprendidos por la Guardia Civil, recogen apresuradamente la artillería ligera, dispuesta en la proa de la embarcación, La Guardia Civil se acerca a la boya con la intención de recuperar la enseña, y entonces, los británicos se les adelantan y recuperan la enseña. Les habíamos pillado con todo el equipo, disparando a una enseña española. Después, los ingleses dijeron por megafonía que se quitaran de en medio, que estábamos cortando su popa. Triste argucia, para intentar justificar los disparos. Pero les habíamos pillao, con el carro del helao.

El acto, en sí, no debería tener mayores consecuencias: Moratinos pide explicaciones con cara de ofendido, público tirón de orejas al ministro inglés, privado tirón de orejas al capitán del barco, un abrazo entre todos y santas pascuas. Pero claro, una operación tan sencilla como ésta, en manos del PSOE, se convierte en otro show de pasacalles con corbata, malabares, narices de payaso y payasos de narices.

Cuando salta la noticia, la oposición se concentra en Moratinos, flamante e ictiomorfo ministro de Exteriores. Se le piden explicaciones acerca de cómo se ha gestionado éste asunto. La situación con Gibraltar es históricamente complicada, pero nos enteramos a través de esta noticia de que Gran Bretaña lleva un tiempo calentando mucho la situación en el estrecho, buscando la fricción con sus vecinos españoles. Últimamente han adoptado la práctica de apuntar a los Guardias Civiles, cuando pasan cerca. La mansedumbre del ejército de Zetapé nos va a dar un disgusto cualquier día de éstos.

El caso es que, al ser preguntado, negó tener datos sobre el incidente. Sólo al saber que existen fotografías de los hechos, llamó a consultas al embajador británico. El embajador, Giles Paxman, declara que no era una bandera, que era una boya con la bandera pintada. Y se excusó por el “error de juicio y la falta de sensibilidad” de la acción.

Moratinos se da por contento con las explicaciones. Y no lo entiendo, porque una boya con una bandera española ES una enseña española. A efectos simbólicos, que es lo que son las banderas, un bonito agravio. Pero olvidemos ése debate, porque no hace falta. A las horas, salen a la luz las fotografías del incidente. Como podemos comprobar, es una bandera, y no una boya pintada.

Bandera, moratinos. Bandera.

Y ahora, la oposición pide explicaciones a Moratinos, que ha aceptado una versión contradictoria con la de la Guardia Civil. El embajador inglés en su casita ya, con los pies calentitos, y el impresentable español de turno, con la patata caliente en las manos, desplantadas otra vez las fuerzas de seguridad. El perro inglés debía ya de saber que el gobierno español de Zetapé es experto en apagar patatas con las manos, a cara de perro. Y habrá dicho, éste brown se lo jinca Moratainus (pronúnciese con acento inglés). Y en ésas estamos.

Cuando escuchamos la noticia primera, supusimos que los ingleses estaban enfadados con los españoles por la gestión del Alakrana, y en ése marco encajamos el acto hostil de la fragata díscola.

Parece la manera de decirles a los piratas lo que piensan de la actuación del gobierno español con el Alakrana. Y la verdad es que se les ha entendido de cojones.

Lee en LD la secuencia de hechos en los links:

1 Pillada a los ingleses

2 Pillada a Moratinos

3 Explicaciones de los ingleses

4 Moratinos se cree la trola inglesa

5 Bronca a Moratinos (II)

Es patético que el gobierno siga ahí. Pero, por lo menos, es divertido verlos retorcerse. Ya pagaremos por el show.