CULPAR A AZNAR (Contexto, texto y subtexto)

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Mientras aún se secaba la sangre en la sala Bataclan, la chusma ya estaba culpando a las víctimas. “Hay quien no tiene más remedio que inmolarse”, decía un concejal barcelonés. “No nos obliguen a desempolvar el No a la Guerra”, decía un destacado podemita tres minutos después de saberse que Francia estaba bombardeando objetivos militares en Raqa. No crean a Espinar y su engañoso “no nos obliguen”, pues lo estaban deseando como agua de mayo. Horas después, el ayuntamiento de Córdoba pedía un minuto de silencio por los muertos en el bombardeo, gesto al que se sumaron PSOE, IU y Podemos. Y esto es el contexto.

Al poco de los atentados se extendieron los simbolitos, las velitas y las canciones. Tuits taciturnos, poesía de saldo para cerrar heridas, todos somos noséquién, y el manifiesto comunista en modo la, la, la. Bien está, tal vez. El duelo rompe la rutina, y cuando rompemos la rutina hacemos cosas raras. Lo interesante es que sólo nuestros bombardeos desatan la ira progresista. Y la ira no atiende a razones. Poco importa que esa guerra civil lleve ya cuatro años de muertos civiles, poco importa que Francia llevara meses paseando sus Rafales por Siria mandando regalitos a los terroristas, poco importa que el yihadismo lleve enviándonos visitas desde el auge expansionista del Imperio Otomano o que el suelo que pisamos se llamara antaño Al-Andalus, (todo bastante anterior al trío de las Azores, en el que tampoco andaba Francia, por cierto), poco importa que nuestras bajas sean civiles y las suyas terroristas: la principal consecuencia (negativa) de los atentados yihadistas es nuestra reacción. Cuando mueren los nuestros, Imagine de John Lennon. Cuando mueren los suyos, cuchillos largos. Y este es el texto.

“Hay quien no tiene más remedio que inmolarse”, dijo otro podemita argentino -estos son mis preferidos-. “La culpa del 11M fue de Aznar por la foto de las Azores”, dijo una que ya no se sabe ni lo que es. Afirmaciones todas que gozan del indiferente consenso de la masa, educada en un ambiente en que contradecirlas te convierte en asesino, genocida o peor aún, pepero. Cuando nos manifestamos contra un atentado, nunca focalizamos al enemigo, sino que lo diluimos en símbolos abstractos. Sin embargo, cuando nos manifestamos contra la guerra, entonces sí, el malo es Aznar, el malo es Hollande, el malo es Merkel, el malo es Bush. De lo cual se deduce que si la culpa de los atentados la tienen nuestros gobiernos, entonces habrá que votar a políticos que no provoquen la ira de los asesinos.  Así se llega a la paz, contentando a los islamistas, que no han tenido más remedio (pobriños) que ir a una sala de conciertos y matar a todo el que se puso a tiro. Que la culpa es nuestra por no estar a buenas con señores que imponen su religión a cuchillo. Votémosles, pues, y tengamos de gobernantes a señores que lapidan a las mujeres por el delito de haber sido violadas fuera del matrimonio. Que para acabar con los atentados hay que acabar con el pepé, no con los yihadistas. Sólo así podremos por fin vivir en paz, y los terroristas se convertirán por arte de magia al cosmopolitismo, a las mujeres barbudas ganando en Eurovisión, a los posters de Gemeliers y a que no les espoileen Juego de Tronos. Y aunque estoy seguro de que sus emisores nunca te lo dirán tan claro, ese es el subtexto.

Pero ¿saben qué? Cuando te declaran la guerra, no tiene sentido debatir si vas o no a la guerra: ya estás en guerra. Qué menos que presentarte.

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