PSOETA

Hoy se cumplen catorce años del vil asesinato de Miguel Ángel Blanco, y me apetece contar una anécdota. Una vez, volviendo de trabajar de Bilbao, ciudad que nos había recibido con una pintada escrita a todo lo largo de un bloque de pisos que rezaba “DE JUANA ASKATU”, un simpático compañero me pidió que nos desviáramos a Ermua para entregar un recado a un amigo suyo. Cuando llegamos, paseamos un poco con el tipo y con su novia. El tiparraco, aparte de la cara de berzotas que tenía, y de la mirada aviesa con que me recibió, a pesar de que fue mi amabilidad la que le permitió recibir el recado, pues era viaje de trabajo y nada me obligaba a desviarme, no sólo me miraba mal, sino que se negó a dirigirme la palabra. Y a mi simpático compañero le pareció lo más normal del mundo. La educación según Euskal Herría, esa mentira asesina. Luego, mi simpático compañero amenizó la vuelta a la civilización contándome que Miguel Ángel Blanco era un hijoputa. Le pregunté ¿por qué? y me dijo que porque llevaba corbata. No me invento ni una coma. Miguel Ángel Blanco era un hijoputa porque llevaba corbata. Por supuesto, el simpático compañero me tuvo que aguantar el resto del viaje, en que le dije lo que pensaba yo de los paletos minipatria, y sobre todo, no ya de los terroristas, que al fin y al cabo se juegan el pellejo, sino de sus simpatizantes quiero y no puedo. Pero hablar no basta, y hoy estarán de enhorabuena, aquel paleto comunista de Ermua y la española que lo parió.

ASESINATO DE SUSANA EN EL PALO(MÁLAGA)

Una mujera ha sido y sida asesinada por su exmarido o exmaride. La esperaba con un hacho/hacha y un machete o macheto al pie de la escalera de la casa o caso de ella. Cuando la mujera volvía de dejar en el colegio o colegia a su hija de cinco años o añes, el asesino o asesine la asestó/á varios hachazos/as en la cabeza o cabece. La hoja u hojo del arma o armo se salió del mango o manga, y el asesino o asesine continuó (o continuá) con el macheto o machete, abandonando el cadáver o la cadávera en medio de un charco de sangre, o en una charca de sangra.

La mujera ya habíe denunciada a la policía o policío los amenazos del ex-maride, que tenío antecedentos de violencio doméstico, o doméstice, pero el Ministerre de Interioro denegó/á a la solicitanta la protecciona necesaria porque o porca se habíe cometido o cometida un erroro de formo o forma en la solicituda. Por lo visto o vista, faltaba un pólizo o póliza. Probablemento/a, aunque o aunca se hubiera asignado protecciona a la víctima o víctime, de nada o nado hubiero servido o servida, porque o porco el/la servicio/servicia de teleasistencio/a carece de medios técnicos y de medias técnicas: los teléfonos y teléfonas de teleasistencio y teleasistencia NO TIENEN GPS NI GE-PE-ESA, sino o sina un/a registro/a de “ámbitos geográficos” o “ámbitas geográficas”, y los oficinos y oficinas que reciben y reciban los alarmos y alarmas no tienen coches, cochas, ordenadores ni ordenadoras para que sus miembros y miembras puedan o puedon reaccionar con celeridada. Ni celeridade.

El maltratadoro no cumplía condena o condeno porque estaba haciendo o hacienda un cursillo o cursilla de IGALDAD. La Ciudad/a en Llamos/as se ha asegurado/a de que en el cursillo o cursilla no se impartían o impartíon tácticas o tácticos de guerrilla o guerrillo, supervivencia o supervivencio o caza mayora. Si el tipo o tipe estuviera en la cárcela, cumpliendo condena o condene, esta mujer estaría viva o vive. Esos cursos y cursas “sirven para lo que sirven”, como ha dicho el responsablo de los mismos.

 

La solicitud no se tramitó “porque faltaba información”. ¿Cree el lector que es así? Veamos:

Había un maltratador reincidente que, en vez de cumplir condena, estaba haciendo un curso de igualdad.

Había amenazas.

Había una mujer amenazada, madre de una niña de 5 años.

¿Faltaba información? ¿En serio?

A estos socioslistos y sociaslistas, para monopolizar el voto tonto, y la vota tonta, se les llena la boca de igualdad (esa gran gilipollez), caiga quien caiga. Mucho inútil es lo que hay. Y mucha hija de puta.

 

Miguel Lorente, Delegado del Gobierno para la Violencia de Género: "Los cursos sirven para lo que sirven"

¡Ay, Miguel, Miguel! ¡Tú si que sirves para lo que sirves!

EL ASESINATO DE SANDRA PALO

ATENCIÓN: VIOLENCIA EXTREMA EXPLÍCITA

La noche del 17 de Mayo, Rafael García Fernández, alias Pumuki, el Rafita, iba en el asiento de atrás de un coche robado. Conducía su primo, Malaguita. También iban en el coche Ramón y Ramoncín, otros dos compinches habituales.

Eran las fiestas de San Isidro, y habían planeado acercarse por la pradera, a ver si podían dar uno de sus palos. Sin embargo, de camino, vieron, caminando en el arcén, a una pareja joven.

Ella era Sandra Palo, una joven deficiente psíquica. Estaba con un amigo, también deficiente. Ambos venían de la pradera de San Isidro, tras haber acompañado a casa al novio de ella. Habiendo perdido el último autobús, volvían a casa caminando.

Su madre la había llamado al móvil. Era muy tarde ya, y a Sandra le cayó la peta. Al día siguiente era la comunión de su hermano pequeño. Malaguita detuvo el coche junto a ellos. Dijo: “Quiero enrollarme con esa”.

Los metieron a ámbos, Sandra y su novio, en el coche, a punta de navaja. La dijeron que la iban a violar. Sandra suplicó y lloró. El chico estaba paralizado de terror. Después de pasearlos en coche un rato, a él le dejaron salir en un punto de la carretera de Toledo, y el pobre muchacho salió despavorido, a avisar a alguien. El chico sólo acertó a poner un mensaje equívoco a la madre de Sandra.

Se llevaron a Sandra a un descampado cercano a la Plaza Elíptica, junto a la nave de los rótulos Fraile.

Allí, la violaron Malaguita, Ramoncín y Ramón. Rafita no tenía ganas. Pero sí sujetó a Sandra mientras los otros consumaban la violación.

Después, subieron al coche. Declaran que el plan era dejarla allí, vistiéndose entre sollozos. Pero Malaguita apretó el acelerador y la estampó contra una tapia, llegando a arrastrar a la chica por el muro. Declararon varios, después, que les impresionaba el ruido de las embestidas. Malaguita la embistió con el coche, contra una tapia de ladrillo, no menos de diez veces, tal vez quince. Sandra se levantaba cada vez, y Malaguita volvía a embestir, dice uno. Otro de ellos declara que la sujetaron entre dos, y Malaguita la embistió las piernas para evitar que escapara. Otro, que la pasaron por encima varias veces.

Cuando Sandra ya no se levantó, se fueron en el coche a una gasolinera cercana, y compraron gasolina. El gasolinero les preguntó, y ellos contestaron que era para un amigo que se había quedado sin gasolina. El gasolinero hizo caso omiso y no llamó a la policía.

Sandra aún movía los brazos, intentando levantarse, cuando volvieron al descampado. La empaparon de gasolina, la pegaron fuego y se largaron de allí. “No queríamos desgracia”, declaró Rafael.

Quemaron el coche con el resto de la gasolina y volvieron al barrio a pie. Nunca se encontró el vehículo.

Rafael y el Malaguita se quedaron juntos un rato, después de que los ramones se fueran a sus casas. Malaguita se fue al poco. Le estaba entrando mono de caballo. Hasta mañana, hasta mañana.

Rafael García no tardó en jactarse delante de todo el mundo sobre lo que había hecho, estaba loco por contarlo a los cuatro vientos. Cuidao que matamos, decía. Cuidao que quemamos. Cuando apareció el cadáver de Sandra, muchos testigos supieron al instante que Rafael y sus compinches habían sido los autores del horrible crimen. Le hemos dao la muerte del Torete, decía.

Durante el juicio, uno de ellos amenazó a la familia de Sandra pasándose un dedo por el cuello, mientras les miraba fijamente.

Retrato de Rafita

Ofrecemos el DOCUMENTO DE LA SENTENCIA POR EL JUICIO DEL ASESINATO DE SANDRA PALO.

HISTORIA COMPLETA DE RICHARD KUKLINSKI: (IV) PORNO Y MAFIA

ATENCIÓN: VIOLENCIA EXTREMA EXPLÍCITA

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EL ENLACE SINDICAL

Richard se quedaba muchas noches en el trabajo. Como técnico de laboratorio se pasaba las noches pirateando películas pornográficas para la mafia. Los otros empleados se quejaron al sindicato, porque Richard se quedaba las horas extras. Conocía los trapos sucios de sus jefes, y los utilizaba en su favor. Además, Richard y sus clientes, los Gambino, eran muy lucrativos para el laboratorio. Una noche, Richard cerró y ya se iba para casa cuando se le acercó el tipo del sindicato. Se presentó y dijo sus razones: tus compañeros se han quejado. Mis compañeros no quieren esas horas, dijo Richard, y continuó caminando. Era verdad. Antes de que empezara la actividad nocturna en la empresa, nadie pedía horas extra. Sólo cuando Richard empezó a quedarse todos los días, los otros empezaron a querer sus horas. Total, cuando Richard le dio la espalda al enlace sindical, este le puso una mano en el hombro. Grave error. Richard se giró y descargó un puñetazo brutal a la cabeza del tipo, que cayó al suelo como un saco. Se golpeó la nuca contra un banco del parque, y quedó ahí. Richard nunca supo si le mató el puñetazo o el golpe en la nuca. Fue a comprar cuerda y ahorcó el cadáver en un parque cercano. Preparó una escena de suicidio y nunca volvió a saber nada del tipo. La policía molestó a la banda local unos días, y el crimen quedó sin resolver.

JOSEPH KUKLINSKI

El hermano de Richard, Joseph Kuklinski, se metía en líos contínuamente, cada vez más gordos. Richard le ayudaba si podía, pero un día, Joseph fue demasiado lejos, incluso para Richard: Joseph violó y mató a una niña de catorce años. También al perrito de ella. Los tiró por una azotea después de que ella intentara resistirse a la violación.

Enter Sandman

Richard se cercioró de la verdad, y no volvió a tener contacto con su hermano. Kuklinski despreciaba a los violadores, más aún a los violadores de niños. Para él, muy tradicionalista en esos asuntos, el sexo era cosa entre marido y mujer. Nunca anduvo con prostitutas, ni veía con buenos ojos el negocio del porno.  Sí iba, a veces, a un local de strip-tease de la zona, en el cambio de turnos, antes de encerrarse en el laboratorio para preparar una de sus maratonianas sesiones de pirateo múltiple.

STRIP-TEASE

Una noche, Richard se acercó al local de strip-tease. Bebido, dijo algo que molestó a una bailarina, y tuvo un rifirrafe con el barman. En mitad de la discusión, el portero le pegó un puñetazo. Richard se fue de allí mascando la venganza. Planeó cuidadosamente la muerte del portero. Tres días después, dejó una ropa escondida en un lugar cercano, se acercó al portero del local desde la acera y le disparó en la cabeza con un 22. Se alejó, se cambió de ropa, se deshizo del arma y volvió al laboratorio. De paso, se detuvo a mirar, entre la muchedumbre de curiosos, el levantamiento del cadáver, con toda la policía acordonando el lugar. Luego, se fue a trabajar, mucho más relajado.

Había vuelto el asesino frío, el Dios que manejaba la vida y la muerte. Richard comprendió que debía volver a sacar provecho de su habilidad para el homicidio, y se postuló por todo Hoboken.

KUKLINSKI PRODUCCIONES

En aquellos días se reconvirtió en productor de cine porno. Pasó del pirateo a la distribución, y dejó el laboratorio. Y con el tiempo, contrató él mismo a los productores, dependiendo de la demanda.  Nunca iba a ver los rodajes, a Richard el porno le parecía algo sucio. Legal, pero sucio. Y muy rentable. Sin embargo, el dinero que Richard invirtió al principio, era de la mafia, y Richard tuvo muchos problemas para pagar la deuda.

ROY DE MEO

Un día, se presentó un cobrador, Roy de Meo. Uno de los tipos más sanguinarios de la historia de la mafia.

De Meo y otros cuantos rodearon a Richard y le pegaron una paliza. Richard pagó poco después. Se acercó al local de De Meo y preguntó por él. Kuklinski el humilde y dialogante salió a flote, y ambos acordaron hacer negocios en el futuro. Richard había encontrado en De Meo un contacto inmejorable para ampliar negocio. Por supuesto, planeaba vengarse. Pero ya tendría tiempo de matarle. Pero por el momento, podía ser útil.

Y así fué. Los negocios del porno prosperaron entre ambos, y Richard creció socialmente. De Meo se enteró de que Richard era un frío asesino, y de fiar, y le propuso pasar a hacer trabajos especiales. Richard aceptó, y acto seguido, Roy de Meo, su primo, apodado Drácula, y Kuklinski, se fueron en coche a merodear a otra zona de la ciudad. Vieron a un tipo paseando a su perro y Roy dijo: mata a ese. Dio una pistola a Richard, que se acercó por detrás y disparó en la nuca del tipo, que quedó tendido en el suelo. Roy quedó impresionado. -Joder, eres de hielo, tío. Eres de los nuestros.

GRUPO SALVAJE

Y Roy le presentó a sus hombres: un batallón de asesinos en serie a sueldo de la mafia. A Richard no le gustó aquella cuadrilla. Le incomodaba especialmente Drácula, el primo de De Meo. No eran respetuosos con él, y él no se fiaba de ellos. Mientras jugaban al póker, la noche que los conoció, tenían en la ducha, colgado de un gancho, un cadáver desangrándose. Roy supo que Richard no haría buenas migas con los chicos, y le propuso ser su arma secreta.

FAMILY MAN

Vino, en ésta época, Dwayne, el tercer hijo de Barbara y Richard. El primer varón. Años después, los tests de inteligencia le declararían superdotado. Pero, en ámbitos más prácticos, las cosas nunca irían bien en casa. Al menos, económicamente, Richard siempre se portó bien. Sin embargo, en cuanto a la violencia, Richard se recrudecía con el tiempo. Concentraba sus iras en Barbara y el mobiliario. Richard era una bestia. A veces, se golpeaba la cabeza contra las paredes hasta quedar sin sentido, para no matar a su mujer o dañar a las niñas. Sus arranques de ira eran temibles. Un día tiró por la ventana un mueble que habían tenido que subir a la planta de arriba entre cuatro tipos. La fuerza de Richard era sobrehumana, podía levantar una nevera sin esfuerzo, si estaba lo suficientemente cabreado. Destrozaba tabiques, puertas, y también golpeaba a su mujer. Era el terror personificado. Incluso en los momentos felices, la sorda amenaza de que en cualquier momento, el humor de Richard podía quebrarse en ira, hizo que su familia viviera en contínua tensión, si Richard estaba con ellos.

HITMAN

Para bien o para mal, Richard trabajaba mucho. De Meo le encargó a un tipo. -Cuidado, va armado- le dijo alargándole un sobre con 20.000 dólares. Richard acechó a su víctima varios días. La imagen de Richard acechando pacientemente a su víctima, provisto de sandwiches de pavo y pan de centeno, se repetiría muchas veces. En éste caso, Richard esperó a su víctima fuera de una casa de comidas. Le pinchó una rueda y esperó. El tipo salió, vio el pinchazo y abrió el maletero. Richard encañonó al tipo, lo ató y amordazó y lo metió en el maletero. Condujo hasta una mina abandonada e hizo caminar al tipo hasta el borde de un pozo. Le disparó en la cabeza, y el cadáver cayó al profundo pozo. Condujo de vuelta, se deshizo del arma, cenó en casa.

De Meo volvió a humillar a Richard. Una noche en su local, Roy encañonó a Richard con una UZI delante de sus asesinos, medio de broma, medio poniéndole a prueba. De Meo era un loco descontrolado, y era muy paranóico. Completamente imprevisible. Richard supo mantenerse frío y manejó la situación, pero juró para sus adentros que un día mataría a De Meo.

Su eficacia hizo correr la voz, y Richard realizó trabajos especiales para todas las familias de la mafia. Era silencioso, no hacía preguntas, y sus trabajos eran impecables. Pronto amplió contactos, y empezó a acumular armas. Su nombre empezaba a ser una referencia como hitman en el crimen organizado.

ENLACE A ICEMAN V: EL HOMBRE DE HIELO

RAFAEL GARCÍA FERNÁNDEZ, “EL RAFITA”, REINCIDENTE

Recordar el asesinato de Sandra Palo siempre me produce gran desasosiego. En su momento, estuve bastante al tanto de las noticias que generó. Sin embargo, con el tiempo, el seguimiento del juicio degeneró en el ya habitual espectáculo de defensa de los derechos del culpable, causando el desespero y el cabreo del espectador. No obstante, y gracias al tesón de la mamá de Sandra Palo, el seguimiento mediático de las andanzas de el Rafita continuó. Vimos cómo, al cumplir los cuatro años de internamiento, los expertos asignados aseguraron que éste indivíduo no estaba reinsertado. Llegaba a jactarse de sus acciones. Vimos a Mari Mar Bermúdez, una mujer de fuerza extraordinaria, pidiendo por activa y por pasiva que no saliera éste indivíduo. Y aún así, salió a la calle.

El rostro de la desesperación

Rafita tenía catorce años en el momento del crimen. Salió en libertad vigilada hace ya dos, con diecisiete.

Los otros tres condenados fueron:

Juan Ramón Manzano Manzano, “Ramoncín” se acogió a la Ley del Menor: 8 años de internamiento en centro de menores. Acogiéndose a programas, debe de estar al salir.

Ramón Santiago Jiménez, misma situación. Ambos tenían diecisiete años cuando cometieron el crimen.

Francisco Javier Astorga Luque, “El Malaguita”, el único mayor de edad, sobre quien recayó el grueso de la condena, 64 años. Se casó en prisión hace dos.

Conviene recordar que sustituir nombres por siglas sirve para proteger a la persona. Sin embargo, en el caso de Sandra Palo, a los agresores se les protege detrás de sus iniciales, como puede fácilmente comprobar el lector. Sólo Libertad Digital, y más tarde ABC, incluyen el nombre y apellidos de los asesinos violadores, mientras que el de la niña Sandra Palo y el de Mari Mar Bermúdez, su madre, que tiene que asistir periódicamente para ser testigo de  cómo éstos criminales eluden sus responsabilidades y se ríen de ella, de la justicia, de usted y de mí.

Rafael García Fernández, alias Rafita, tenía catorce cuando cometió el crimen, en 2003. Acogido a la Ley del Menor, fue condenado a cuatro años de internamiento en un centro de menores, y a tres de libertad vigilada. Lleva ya dos años de esa libertad vigilada.

A Rafael García Fernández, alias el Rafita, le fue facilitado un piso y un trabajo. La prensa no tardó en encontrarle, y se pudo publicar un vídeo en el que la redactora charlaba con él en la calle. Todos pudimos ver el rostro de El Rafita. Casi llega a presumir ante la cámara, y se puede detectar sin dificultad que Rafael García Fernández, alias El Rafita, está deseando decirle a una chica que es un asesino convicto. Y no es de extrañar. Cuando aún no había sido detenido por el crimen de Sandra Palo, él mismo iba soltando aquí y allá lo que habían hecho, lo que puso en la pista a los policías que investigaban el caso, provocando una pronta detención, pues dio detalles muy precisos. Por supuesto, la fiscalía se puso en marcha y retiró el vídeo de la web del canal que lo emitió, y yo aún no lo he encontrado, aunque sé que anda por ahí. Sí lo vimos en su momento. Hemos querido recuperar una captura de la imagen más reciente de éste malnacido, por si un día lo reconocen entre las amistades de su hijo, o viviendo en el piso de enfrente.

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Rafael García Fernández, alias El Rafita

Fue visto hace pocos días en un centro comercial de Córdoba, y grabado por la televisión local realizando una recarga de móvil prepago. Después, el equipo que le localizó contactó telefónicamente con él. Se cree que está alojado en un centro de acogida en Córdoba. No es su primera vivienda, tuvo que abandonar la anterior cuando los vecinos supieron de quién se trataba. Nadie quiere ser vecino de un asesino violador a quien la ley protege y financia, que presume de lo que hizo y que no ha recibido castigo ninguno por aquello. Conviene recordar que, antes del crimen, él y sus compinches estaban perfectamente localizados y acumulaban más de cuatrocientas denuncias telefónicas por todo tipo de delitos.

Y ahora, Rafael García Fernández, alias El Rafita, ha vuelto a las andadas, y ha sido detenido por entrar en la casa de una mujer y robar varias pertenencias, como un ordenador portátil. Hasta que no le metan en la carcel y tiren la llave, éste tipo siempre va a ser noticia. Parece que la libertad vigilada no lo era tanto, como bien añade Mari Mar Bermúdez. Éste asesino ya campaba a sus anchas a falta de un año de cumplir su ínfima, inexistente, condena.

Por suerte, el crimen es menor. Pero, ¿y si no hubiera sido un portátil? ¿Y si éste Rafita hubiera violado y matado a esta mujer? ¿Se comería toda su condena, o una parte de esa condena iría a quien, contra el criterio de los expertos asignados, sacó a la calle a uno de los asesinos de Sandra Palo? Mucho nos tememos que, ni una cosa, ni la otra.

Por esa razón nadie quiere ser vecino de semejante escoria: porque no ha cumplido condena, y cualquier día repite, en versión mejorada, su crimen. Porque el criminal que persiste en su actitud se perfecciona para ahorrarse el trámite del juicio.

Mari Mar Bermúdez pidió por activa y por pasiva una reforma de la Ley del Menor, y fue instada a recoger medio millón de firmas. Recogió un millón de ellas y no se la hizo caso. Se reformó la ley sin apoyo del PP y sin tener en cuenta a Mari Mar Bermúdez.

Hoy, ésta mujer admirable y fuerte ha sido recibida en Estrasburgo por el presidente de la Unión Europea, Hans Gert Pettering, que ha prometido una homologación de la Ley del Menor. Ha sido un día de gran alivio para Mari Mar Bermúdez, y La Ciudad en Llamas comparte y celebra su alivio, pero recordando que el año que viene, Zetapé estará al frente del Parlamento Europeo, mucho nos tememos que su batalla no ha terminado.

También en LaCiudadenLlamas: Rafita (II) Paradero Desconocido, Rafita (III) Libre en Madrid y Rafita (0) Orígenes

Actualidad y Links

ABC Córdoba-El RAFITA: \”Fue un problemilla\”

El Periódico Mediterráneo: Mari Mar Bermúdez en Estrasburgo

Libertad Digital: Detienen a Rafael García Fernández, el Rafita

Libertad Digital: \”La libertad vigilada no existe\”

Libertad Digital: Mayor Oreja, con Mari Mar Bermúdez

Libertad Digital-Alegato de la fiscalía

Descripción de los hechos

HISTORIA COMPLETA DE RICHARD KUKLINSKI: (I) Un asesino nato

ATENCIÓN: CONTENIDOS DE VIOLENCIA EXTREMA

El 23 de Marzo de 2006, EL MUNDO publicó la muerte de Richard Kuklinski, más prolífico asesino a sueldo de la historia. Años después, cayó en mis manos “El Hombre de Hielo”, su biografía. Leí el prólogo y ya no pude soltar el libro hasta llegar al final. Paso aquí a relatar la historia real de éste hombre. No es una historia apta para corazones sensibles o para estómagos impresionables. Es una historia plagada de violencia, tortura y asesinato.

Richard Kuklinski fue asesino a sueldo para la mafia durante dos décadas. Se especializó en gran variedad de procedimientos para matar, y su especialidad era la disposición del cadáver para que la policía no le relacionara con el crimen. Richard Kuklinski es uno de los hombres más peligrosos que han pisado éste planeta, del que tengamos noticia.

Pasamos a relatar su vida en nueve entradas. No ahorramos en detalles: avisado queda el lector curioso.

Richard Kuklinski nació en Jersey en 1935, en el seno de una familia de muy humilde. Vivían en un barrio marginal de viviendas protegidas. El ambiente familiar era rígido, violento y religioso. El padre, Stanley Kuklinski era hijo de inmigrantes polacos. Aquel hombre era un rudo guardafrenos, un hombre alcohólico, putero  y pendenciero, que sometía a golpes a su mujer y a sus hijos por costumbre.

Stanley y Annah Kuklinski
Stanley y Annah Kuklinski

La madre, Annah, era una mujer muy católica. De padres dublineses, creció en un internado religioso. Del que la sacó Stanley, para casarse. Pero la felicidad duró poco, si algo. Pronto empezaron los gritos. Stanley se volvía venenoso cuando bebía, y pronto comenzaron los episodios de violencia doméstica. Cuando nació Florian, el primogénito de tres varones, las palizas ya debían de ser habituales. Los más tempranos recuerdos de Richard ya incluían las agresiones de sus padres. Hannah aprendió que tratar de protegerlos era contraproducente, pues agravaba la ira del marido y la atraía hacia ella. A menudo, mientras Stanley apalizaba a sus hijos, Annah rezaba en alto, de rodillas contra la pared. Otras, ella misma participaba en las palizas, desviando la atención de su marido hacia sus hijos. También a solas les pegaba ella, usando todo tipo de objetos, cuando su marido no estaba.

Un día, cuando Richard tenía cinco años, Stanley llegó borracho a casa, como de costumbre. Mal encarado, empezó a gritar a su mujer e hijos, y pronto llegaron los golpes. Richard corrió a esconderse, pero Florian no logró escabullirse. Y aquella noche, en medio de la escena habitual de violencia doméstica extrema, a Stanley se le fue la mano y desnucó, de un puñetazo, a su hijo mayor.  En ese instante, los gritos y golpes se detuvieron, y sus padres planearon juntos la coartada, con su hijo mayor ahí tirado. Iban a encubrir la muerte, disfrazándola de accidente. Sentirían pena más adelante. La primera sensación de aquel fallido matrimonio fue el miedo.

A Richard le contaron que Florian había sido atropellado. Hubo funeral y duelo. Luego, la progresiva vuelta a la rutina. Los golpes y gritos cesaron por un tiempo, pero los rezos contínuos ocuparon su lugar. El ambiente volvió a ser opresivo, y como consecuencia, la violencia regresó gradualmente a la casa de los Kuklinski.

Richard era un niño introvertido. Estudiante difícil y con problemas para relacionarse, era blanco de los chulos del colegio. Como había aprendido que era mejor no pasar demasiado tiempo en casa, y tampoco tenía amigos, empezó a hacer una vida callejera y solitaria. Lo que no estaba exento de problemas, pues en el vecindario también había chicos malos que le pegaban y humillaban cuando sus caminos se cruzaban.

Richard se aficionó, en esas tardes solitarias y callejeras, a torturar animales sin dueño. Los abundandes gatos eran un blanco fácil. Richard solía estrangularlos para ver cómo morían mirándolos a los ojos. También los quemaba vivos en un incinerador de basura. Otras veces, ataba dos gatos por la cola y los colgaba de un tendedero para verlos pelear hasta la muerte. Los animales vagabundos llegaron a escasear en su barrio.

Lo pasaba mejor solo que acompañado. No se fiaba de nadie. En casa, además, las cosas empeoraban. Annah tuvo dos hijos más, Roberta y Joseph. La presión doméstica sobre Stanley era mayor, y por tanto se agudizaba la violencia. Un día, Stanley empezó a verse con otra, y gradualmente fue abandonando el hogar, lo que implicó una mejoría inmediata. Pero Annah tuvo que ponerse a trabajar por las noches, y eso trajo consigo sus propios problemas.

Richard se aficionó a los pequeños hurtos, primero para llenarse la panza, y luego, para llevar comida a casa. Annah rezaba, se lamentaba y les pegaba durante todo el tiempo que no estaba trabajando o durmiendo. Se ensañaba especialmente con Richard, reprochándole sus robos. Pero tuvo que claudicar, gradualmente, y aceptar los alimentos. La verdad es que tenía desatendidos a sus hijos, y toda ayuda venía bien. La violencia no cesó sobre él, ni sobre sus hermanos, pero Richard crecía, y su pericia como ratero se extendió a la de ladrón de coches. Aprendió a conducir en las calles, sin más compañía que la de su sombra.

Parte del fracaso escolar de Richard se debía a una indetectada dislexia que hacía al chico parecer tonto o retardado. Pero Richard aprendió a leer con interés cuando cayó en sus manos una revista de crímenes. En aquella época la crónica negra era un género muy popular, mucho más que ahora, y existían decenas de publicaciones que describían con todo detalle y soporte fotográfico crímenes e investigaciones. Éstas revistas de crímenes cautivaron a Richard, que devoraba cuanto ejemplar caía en sus manos. Ayudado por aquellas publicaciones, empezó a fantasear con matar a Stanley, y planeó e imagimó decenas de modos de hacerlo. Y luego, pasó de planear la muerte de Stanley a planear la muerte de cualquiera que le estuviera jodiendo la vida.

Había en el barrio un chico mayor que le tenía especialmente  marcado. Él y sus compinches le hacían la vida imposible cuando sus caminos se cruzaban. Le hacían y decían de todo, con una crueldad que llama la atención sobre la dureza del ambiente, y Richard aprendió a esquivarles. Vivía escondido en las calles, escondido de sus padres, con quienes pasaba el menor tiempo posible, y escondido de los chicos malos, a quienes esquivaba siempre que podía.

Muerte 1: Charley Lane

Con trece años, y después de un episodio particularmente doloroso de vejaciones verbales y físicas por parte de éstos matones de barrio, se hartó. Acechó al jefe de los matones, Charley Lane, un chico de dieciséis años, y cuando conoció sus rutinas, trazó un plan. Charley tenía a raya a Richard, le hacía de todo, y dirigía a otros contra él. Richard había fantaseado muchas veces con matarle. Con una barra de hierro oculta en el antebrazo, le esperó en el callejón tras la casa del tipo, de madrugada, hasta que éste volvió de sus pendencias nocturnas. Allí, sin testigos, Richard se le encaró y le provocó. El matón atacó a Richard, y cayó al suelo con la sien abierta de un golpe certero y brutal en la cabeza. Richard Kuklinski se había cobrado su primera sangre. Solía asegurar, cuando recordaba el episodio, que su intención era solamente dar a aquel chico una lección, pero lo cierto es que una vez empezó a golpearlo, ya no pudo parar hasta que se dio cuenta de que lo había matado. Richard ocultó el cadáver en las sombras y fue a por un coche. Condujo de vuelta y transportó el cuerpo en el maletero hasta unas marismas. Allí le arrancó los dientes con un martillo y le cortó los dedos con un hacha. Tiró el cuerpo a un estanque helado. Condujo de vuelta tirando los dedos y dientes a la cuneta. También se deshizo de las herramientas. Abandonó el coche en un aparcamiento y caminó varias millas hasta casa. Se fue a acostar con la mejor sensación de su vida. De ser víctima, había pasado a ser verdugo, y le gustó.

ADOLESCENCIA

Pasaron muchos meses y la policía no se presentó. La vida de Richard dio un vuelco. Tras su primer crimen, se prometió que nadie le volvería a joder. Uno por uno, siguió a los chicos que le hacían la vida imposible, y los sometió a graves palizas, que pronto aprendieron a esquivarle a él. Con un grueso garrote, recorría metódicamente las calles buscando a todo aquel que le hubiera hecho algo en el pasado, para ajustar cuentas.

Richard pasó a frecuentar los billares de la zona. Le gustaba el billar y aprendió a jugar bien. Jugaba por dinero y solía ganar. Si alguien le faltaba al respeto, lo atacaba con el taco o con sus manazas. Se enzarzó en muchas peleas, que ganaba siempre. Un día se enzarzó con tres tipos que lo echaron del bar. Richard siguió al primero y lo apuñaló por la espalda. Luego, siguió al segundo y repitió la operación. No murieron. El tercero se fue de la ciudad y nunca volvió. Richard se creó una fama de tipo duro en la zona, y reunió a su propia pandilla, las Rosas Nacientes, con la que daba golpes a pequeña escala. Richard compró su primera pistola, un revólver del 38.

Richard se fue convirtiendo en un hombre ágil y corpulento. A Richard le gustaba ir elegante, y, aunque tímido, las mujeres solían abordarle. Una de ellas, Linda, se lo llevó a vivir con ella cuando Richard sólo tenía dieciséis años.

Muerte 2: Doyle

Doyle era un secreta del barrio. Un día, Doyle perdió al billar contra Richard y, queriendo provocarle, se burló de él delante de todo el mundo. Richard se fue del bar y esperó. Doyle salió después y fue a su coche. Se quedó allí, dormido con un cigarrillo. Todo un golpe de suerte. Richard compró gasolina en una estación cercana y la vertió al interior del vehículo. Lanzó una cerilla al interior y se quedó por allí para oír los gritos de Doyle. Volvió a casa con una gran sonrisa en los labios.

Por aquellos días, Stanley volvió a pegar a Annah durante una visita. Cuando Richard se enteró, fue directamente a por su padre. Lo agarró y le puso el 38 en la sien. “Si vuelves a acercarte a mi familia, te mato y te tiro al río”. Stanley nunca volvió a molestarles. Richard no lo había hecho por su madre, a quien despreciaba profundamente. Lo había hecho por sí mismo. Se arrepintió durante toda su vida por no haber apretado el gatillo aquel día.

No sentía mayor estima por su madre. Después de tanto rezo y tanta moralina y el sexo es malo y todo lo demás, un día fue a visitarla y se la encontró practicando el sexo con un vecino, un hombre casado. Quiso matarla allí mismo. Esa mujer le había pegado con saña y dedicación para inculcarle una férrea moralidad católica, y ahí estaba, abierta de piernas mientras el culo gordo y peludo del vecino embestía una y otra vez. Pero se dio la vuelta y se largó en silencio.

MAFIA

Gracias a la astucia de Richard, los golpes de las Rosas Nacientes tenían éxito, y se hicieron más ambiciosos. Robos en almacenes, atracos a droguerías y licorerías. No tardaron en llamar la atención de la mafia, que les encargó un asesinato. Había que matar a un tipo que no pagaba.

Muerte 3

Richard planeó el golpe. Siguieron al tipo en un coche. Llegado el momento, el encargado de realizar el disparo no tuvo valor para apretar el gatillo. Richard le arrebató el arma, se bajó del coche, se acercó al tipo, le disparó una vez en la sien y volvió al volante. Condujo hasta dejar a los otros chicos en su casa. Ellos mismos quedaron impresionados con la frialdad de Richard. “¡Mírale, fresco como una puta lechuga!” “Tío, estás hecho auténticamente de hielo”. Así le pusieron el sobrenombre de ICEMAN, el hombre de hielo.

Éste trabajo catapultó a los Rosas Nacientes, que , tutelados por la mafia italiana de Jersey, llegaron a dar un golpe de dos millones de dólares. Richard se aficionó al juego, y entró en una dinámica que ya no abandonaría nunca: ganar y perder enormes sumas de dinero en un abrir y cerrar de ojos. También inauguró otra dinámica: repartir violencia doméstica. Richard era, como lo fueron sus padres, una bomba de relojería. Podía estallar en cualquier momento. Linda se quedó embarazada y convenció a Richard, a regañadientes, para que se casara con ella.

Muertes 4, 5.

Dos miembros de las Rosas Nacientes dieron un paso en falso: asaltaron una partida de poker de la mafia. Un hombre de familia se puso en contacto con Richard. Le dijo que o mataba él a sus dos compañeros, o moriría toda la banda. Richard tuvo que aceptar. Tomó un revólver y visitó a sus dos compañeros por separado. Los mató por la espalda, de un tiro rápido en la cabeza. Desde ese momento, Richard pasó a ser un hitman de la mafia italiana de Jersey. La banda de las Rosas Nacientes quedó disuelta.

Muertes 6, 7, 8, 9, 10,…

Richard volvió a ir solo. Por esa época, solía dar largos paseos por Manhattan. En uno de esos paseos, un indigente lo abordó y se puso pesado. Richard Kuklinski lo apuñaló en la nuca y lo dejó allí mismo. Y se aficionó a esos paseos. Y a las presas anónimas que esos paseos le proporcionaban. Incluso él perdió la cuenta. Sabía, por sus revistas de crímenes, que la policía de Manhattan jamás se pondría en contacto con la de Jersey, en el supuesto de que intentaran resolver la ola de crímenes. Pensaron que eran reyertas entre indigentes, y Richard perfeccionó su arte. No le gustaba la sangre, prefería las muertes rápidas y silenciosas. Disparos sorpresivos con armas pequeñas, estrangulación, un puñal en la oreja, o en la nuca y hacia arriba, un pinchazo al corazón o en el ojo, provocaban la muerte instantáneamente.Un día ahorcó a un tipo con una cuerda. “Yo mismo hice de árbol”, contó. Richard ya se había convertido en un gigante de dos metros. Matar le hacía sentir bien.

Si me jodes, te mato...¡te mato!
Si me jodes, te mato...¡te mato!

ENLACE A ICEMAN II: PRIMEROS CONTRATOS

LA “SOLUCIÓN” DE ZAPATERO

El aborto es la inducción de la muerte. Aún cuando está despenalizado, acogiéndose a alguno de los supuestos que la ley actual establece, sigue siendo lo mismo. La inducción de la muerte.

Se aborta por muchos motivos. Por necesidad (puedo morir si lo tengo), por conveniencia (no tengo recursos, no esperaba éste bebé, incluso es fruto de una violación), por normalidad (malformaciones del feto), por miedo, etcétera. La ley actual despenaliza el aborto en tres supuestos. El consenso social, pues, otorga legitimidad legal a la despenalización del aborto en el marco de esos tres supuestos. No entraré a discutirlos, sino a remarcar los términos. Despenalización. Aborto. Legitimidad legal.

La nueva ley quiere ampliar esos supuestos, y además, autorizar a adolescentes de 16 años para abortar sin el conocimiento siquiera de sus padres. De la misma manera, no voy a entrar a discutir el contenido de la ampliación. Que respetaría a regañadientes si tuviera un consenso social que no tiene.

La actual ley del aborto fue una ley demandada por el pueblo. Discutida. Y al final, aceptada en unos términos fruto de la confrontación de ideas y principios de todas las partes.

En cambio, ésta nueva reforma no responde a ningún clamor popular, sino a un rotundo fracaso de la política de educación sexual de éste gobierno. Zapatero ha disparado los embarazos en menores españoles, y también ha disparado el contagio de SIDA y otras enfermedades entre menores españoles. Éste fracaso ha precipitado la presentación de la reforma a la ley del aborto, disfrazada de alegría y de derechos humanos.

Así, cuando se anunció la reforma, salió Zerolo con su escalofriante sonrisa al Paseo del Prado a bordo de una carroza con globitos, ante la estupefacción de los pocos transeúntes que tenían tiempo de girar la cabeza para ver a Zerolo y su extraña comitiva de payasos y malabaristas, celebrando la noticia como “un paso agigantado hacia la igualdad de la mujer”. El cuadro, siniestro. Sorprendente no. Pero siniestro.

Y entonces me entra el miedo. ¿No estarán éstos díscolos socialistas desplazando el baremo de lo ético en favor de lo meramente legal? La propia ministra afirmó que el aborto es un derecho. Y el aborto no es ningún derecho. Hay ciertos supuestos que descargan legalmente a la gestante y al médico. Pero, como ya dije antes, el hecho es el mismo. La administración de la muerte. Pero el aborto no es un derecho.

Hace poco escuché una conversación en la que se afirmaba que el aborto es legal. Y no es así. El aborto no es legal. Está despenalizado en ciertas circunstancias. Pero no es legal. El aborto es ilegal. Y mucho menos, un derecho. ¿Cómo va a ser un derecho? ¿Un derecho de quién?

Y por supuesto, nunca es motivo de alegría. O de celebración.

Pongamos un ejemplo. El homicidio es ilegal. Es verdad, hay ciertos supuestos que despenalizan un homicidio. La defensa propia, por ejemplo. Pero eso no nos habilita para decir que el homicidio sea legal, o un derecho. Habría que ser muy zote, muy irresponsable, para afirmar algo así. ¡Y menos aún para festejarlo! 

Imaginemos, exagerando y no equiparando, que se anuncia un proyecto de reforma que suprime la celebración de todo juicio celebrado por un homicidio en defensa propia. Sí, ya sé que lo del aborto es un cambio más sutil con respecto a la ley actual. Pero, ¿Se imaginan a algún político digno de ésa profesión de carrozas por Madrid, con globitos y pasacalles, alegría-alegría, porque se da un paso agigantado hacia los derechos humanos? ¿Serpentina y confeti? Por supuesto que no. Aún en tan disparatado extremo, sería una ley para tratar tragedias. Y las tragedias no deberían ir con confeti. Si sacas el matasuegras por tan siniestro motivo escandalizas a tus contrarios, corrompes a tus afines, confundes a los desinformados. Haciéndoles dar por sentado que el aborto es un ejercicio de libertad y de alegría, puedes hacer correr varios metros el baremo de lo que está bien y de lo que está mal. Si es legal, entonces es bueno, un derecho que celebrar, incluso, con un fiestón. Sube la música, coleguita.

Pero no es así. Aunque sea legal algún supuesto. Aunque se despenalizara completamente, seguiría siendo lo mismo, el mismo acto, al final: la muerte de un ser humano, por circunstancias ajenas a sus derechos. El hecho de que sea legal no mejora el resultado final. No lo hace festejable.

Aunque se ampliara la ley del aborto hasta los niños de tres años, o de quince años, el hecho de que fuera legal no lo haría festejable, mucho menos justificable, más allá de la legalidad. Y más allá de la legalidad hay mucho. La legalidad es al ciudadano lo que las uñas al cuerpo humano. Aunque un gobierno quiera negarlo. Aunque mañana se despenalizara el asesinato por envidia, eso no lo convertiría en algo bueno. De tal manera, legal no es igual a bueno. Y puede ser todo lo contrario.

Claro, házselo entender a un presidente que llama “accidentes” a los homicidios por rivalidad política.

Pero repito, disfrazada de ideología, ésta reforma es un tapón a las vergüenzas de la ineficacia social de Zapatero, que siembra el SIDA y la tragedia con su “no pasa nada” al poco y mal instruido jovenzuelo español medio. Y además, si la anterior ley provocó una confrontación que llevó al consenso, fortaleciendo a González, ésta es una reforma de aritmética electoral, de sudokus y tetris. Causará confrontación en la calle. Las voces más contundentes en contra de la reforma han salido de las filas del propio PSOE. Y ésta ley erosionará al gobierno, que ha tenido que inventar un modelo autonómico que favorece a sus socios electorales, pero que no responde a ningún clamor popular. Para gobernar a muchos, necesita a muy pocos y muy poco solidarios. Pero suficientes. Esos pocos votos, de grupos que buscan a la larga un asunto muy lejano al aborto, la escisión de España, deciden sobre la vida y la muerte de millones de seres humanos que aún no han nacido.

Pero el clamor popular, del que repito adolece ésta reforma, tampoco da legitimidad ética a ninguna ley. Recordamos la alemania nazi, donde al exterminio consensuado tácitamente por la sociedad, se le ponían nombres bien aceptables a cosas que no lo eran tanto.

Así, una deportación masiva era administrativamente una “reubicación”, un exterminio era  una “desinfección”, y el genocidio, una “solución”.

Y así, el aborto es, según la nomenklatura de Zapatero, un “IVE (Interrupción Voluntaria del Embarazo)”. Ya se populariza la expresión “ha tenido un IVE”, como si un embarazo fuera un resfriado.

Imaginamos a los organismos internacionales recibiendo documentación de la alemania nazi. Sobre el papel, un exterminio sólo era una “desinfección”. Han sido desalojados unos barracones para desinfectar. Casi huele a limpio, el documento, si bien presentado. Pero ése papel es una broma macabra, y un mecanismo de manipulación de masas.

Vuelvo al ejemplo dado anteriormente, imaginando que se propusiera la supresión de todo juicio por homicidio en defensa propia. Brutal, ¿no? Si teme por su vida o cree que su vida puede deteriorarse por una posible agresión, mate usted al agresor o posible agresor y váyase a casa. No llame ni a la policía, o llámela usted, si quiere, pero a posteriori. No se corte. Usted duerma tranquilo, que esto no sólo es legal, sino que además es bueno. Es su derecho, ciudadano.Y si luego de haber dormido, quiere usted llamar a la policía, es usted libre. La policía no tiene autoridad en éstos casos, y no toleraremos sus interferencias.

Con semejante discurso, se confundiría a la gente, y se daría pávulo a que muchos administraran su personaly particular “defensa propia”, haciéndola extensiva a cualquier atisbo de amenaza, disparando el número de víctimas de homicidio legal por defensa propia. Celebrando con carrozas y confeti el homicidio en defensa propia, lo desestigmatizas de su verdadero peso real: la muerte de un ser humano.

Y ésto es lo que propone Zapatero en cuanto a aborto. Ya la propia palabra “aborto” es un eufemismo, o lo fue en su momento. Y es la responsabilidad de los ciudadanos, abortistas o no, la que ha conferido a la palabra “aborto” las connotaciones negativas que toda muerte de un ser humano, despenalizada o no su ejecución, ha de tener.

Yo tengo 35 años. He conocido casos de abortos entre menores, y también de embarazos no deseados que han salido felizmente adelante como todos los demás. Pero siempre ha sido un palo, una tragedia. Incluso en la más decidida a abortar de las que conocí, en todas, tarde o temprano, el aborto dejó una huella imborrable en su personalidad. Huellas de sufrimiento, o de madurez, y casi siempre de ambas cosas. Ésta madurez vino conferida por lo real de las consecuencias de los actos de uno, tangibles o no. Y éste sufrimiento, incluso apoyadas emocionalmente por su entorno, fue completamente normal, como lo es el duelo por un ser querido. Fue saludable, incluso, pues alecciona acerca de las consecuencias de los actos. Y eso también es madurar. Recibir las duras lecciones de la vida en carne propia y no ajena alecciona tanto más.

En cualquier caso, el referente ético siempre identificaba aborto con muerte injusta. Apoyo emocional a un amigo, hermano, hijo, primo o sobrino. Pero con ése referente ético. Y así debe ser, en mi humilde opinión. Eso es lo que me asusta de la cabalgata surrealista del escalofriante Zerolo, y las nomenclaturas ministeriales. Que desplacen el referente moral, y lo reemplacen por su eterno viva la virgen, o la no virgen, también en éste tema tan delicado.

Zapatero propone una tercera vía. La vía rápida. La de deshacerse del feto sin que cambie nada. Sin traumas. Sin asesoramiento emocional. Sin broncas familiares. Tirando de la cisterna, como deshaciéndonos del alijo de marihuana para que no te pillen tus padres.

Sin deberes. Todo derechos.

Ningún deber. Ni el de la reflexión, siquiera. Sin someter a juicio familiar la vida de un indefenso inoportuno a quien los actos irreflexivos o directamente irresponsables de su madre han traído a la vida. Sin obligar a la adolescente, finalmente, a la reflexión y al juicio de quien está a su cargo. Privando a la adolescente de argumentos más sabios que los suyos, privando a la adolescente de lecciones impagables, necesarias para asimilar los hechos que ocurren en su propia vida, y en la de alguien que aún no puede defenderse, no lo olvidemos.

Zapatero priva de todo eso, y lo hace tentando a la adolescente a tomar la salida rápida, y con prisa. Ahora o nunca. Mañana será tarde.

Zapatero siempre transfiere el problema, no arregla nada. Garoña, que se la coma el próximo. La quiebra, que se la coma el contribuyente. El aborto, que se lo coma el feto. Ese sí que no protesta.

Zapatero propone que adolescentes de dieciséis años puedan abortar sin el conocimiento de sus padres. Así, éstas adolescentes se pueden ahorrar la posibilidad de que la convenzan, y guardar el secreto para siempre. Llamándole “derecho” a la  muerte de un ser humano indefenso y que depende de la madre, y confiriéndole a éste aborto la virtud de liberar a la mujer, se estigmatiza a la menor embarazada que quiera tenerlo, o a la que quiere abortar pero siente terribles reparos morales, relegándolas al grupo de mujeres que eligen modelos antíguos y rancios, mujeres que renuncian a sus derechos y a su libertad. Frenos para el progreso.

Se alega que siempre se evalúa psicológicamente a la paciente. Pero ya me conozco cómo funcionan éstas cosas: “Aquí tú tranquila. No comemos el coco a nadie, y todo queda en casa”, dice una enfermera, sin saber que está siendo grabada, a una paciente en una clínica abortista.

Claramente, ahí no se come el coco a nadie. Se les rompe a algunos, eso sí, pero esos no protestan. Los fetos se defienden en silencio porque aún no saben llorar. “Estoy reventado. Hoy he hecho x rompecocos”, dice un médico al final de su jornada, también sin saber que estaba siendo grabado.

Fíjense la distancia dialéctica entre aborto, IVE y rompecocos. Es la distancia exacta entre lo trágico, lo fríamente administrativo y lo puramente anecdótico e irreflexivo, sin más consecuencia que el cansancio de un médico y el dinero obtenido a cambio. Y se dará en muchos casos la terna completa.

Imaginamos a Miriam, dieciséis años. Se queda embarazada. Nadie lo sabe. Tiene tres amigas que se quedaron embarazadas también a esa edad.

Una se lo dijo a sus padres, y ellos la convencieron de tenerlo. Todo el día trabaja y cuida a su hijo. Le quiere mucho, pero tiene muchas peocupaciones y ya no es la de siempre. Ahora es una mamá.

Otra se lo dijo a sus padres. La cayó un broncón, hubo llantos, y abortó. Pasó un tiempo mal, o triste, o arrepentida, o culpable por no sentir nada malo o por sentirse aliviada de haberse librado de toda esa responsabilidad, o culpable a secas, o un cóctel de todo ello. Entre todos la sacamos adelante. Hoy sigue con su vida, es una chica alegre. Ya no es exactamente la misma, es más madura. Pero pasó un malísimo trago y provocó conflictos en su familia.

Otra no se lo dijo a nadie, abortó y se fue de rositas. Nunca lo contó a nadie. Nunca habla de ello. Como si no hubiera ocurrido.

Y ahora, Miriam, tiene que elegir. Con dieciséis años, una formación media limitadita, y un intelecto adolescente, no sabe si quiere tener al niño, o si no lo quiere. No sabe cómo se lo van a tomar sus padres. Probablemente mal, pero ¿quién sabe? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer?

No sé qué opción tomará Miriam. Y no sé si se arrepentirá en el futuro. Pero sé que su inmaduro juicio se verá nublado contínuamente por la tentación de tomar la impune, anónima y nocturna “solución” de Zapatero.

 Para el feto, siempre un aborto. Para el estado, un IVE. Para la madre, una anécdota sin más consecuencia que un recuerdo extraño y vago. Un rompecocos.