¿Y TÚ QUÉ ERES, NIÑO O NIÑA?¿ESTÁS SEGURO?

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La maduración es un proceso largo y tortuoso. Ser niño es un laberinto de preguntas e inseguridades. Son curiosos, los niños. Siempre hacen preguntas. Y no son tontos. Detectan cuándo te estás inventando la respuesta. Especialmente cuando a la misma pregunta le das respuestas distintas. Si el asunto es poco importante, tal vez se olvidará, pero si toca asuntos vitales, (¿Papá, tú y mamá estaréis casados siempre?) una respuesta múltiple o vaga le causará inseguridades, y puede que trastornos. Pero hoy no hablamos de niños que interrogan a los mayores, sino de lo contrario, de adultos que interrogan a los niños.

Hazle una pregunta al niño y buscará la respuesta inmediatamente. En su inexperiencia, a menudo no dará con ella, pero si la pregunta es especialmente interesante, no parará hasta dar con la respuesta. Probablemente la buscará en un mayor en quien confíe, porque las preguntas producen inseguridad, y las respuestas la conjuran. Por supuesto, esto también nos pasa a los adultos, pero una mente sin formar necesita una respuesta firme y autorizada. Sólo la inseguridad, y por tanto, la curiosidad, es poderosa en ellos. Dale a un niño un problema (da igual una pregunta que un abusón) e intentará resolverlo con sus herramientas. Primero tal vez el ingenio, pero si no puede, tarde o temprano recurrirá a la fuerza. Y si con la fuerza tampoco lo logra, tenemos un conflicto. De ahí que a los niños les atraiga Darth Vader. Porque tiene poder. ¿Qué haría un niño con su abusón, si tuviera el poder de Vader? ¿Razonaría con él buscando soluciones, visibilizando los puntos en común de ambos para lograr una confluencia sinérgica, proactiva e incluso holística?¿O lo estrangularía con un simple gesto de la mano?

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-¿Quién soy yo, Capitán Antilles?¿Vader o Leia? -¡Vader! -¿Seguro?¡Busca en tu interior! -¡Leia! -¿Me estás llamando mariquita? *crack!

 

Y por eso es tan astuto (de los motivos hablamos ya otro día) preguntar a un niño qué quieres ser, niño o niña, añadiendo que sólo él tiene el derecho de responder, más allá de la biología. Porque le habrás otorgado un poder que ni siquiera tienen sus mayores. Repregunta, tras la primera reacción. Que busque bien, pues la respuesta correcta no tiene por qué ser la obvia, y le habrás desarmado, sembrando en el niño una inseguridad que sólo se resolverá con grandes dosis de azar: la respuesta y/o el sexo real de sus amigos, la reacción del profesor, y una lista de etcéteras tan arbitrarias y casuales como una ruleta rusa cargada con balas de mil colores.
Por otro lado, y dejando de lado la certeza de que la respuesta sea inducida por el interesado en formular la pregunta, ¿dónde está la diversión de poseer el poder de Darth Vader si no vamos a usarlo? En la mente de un niño, la fuerza sólo merecerá la pena si lo usamos para cambiar la realidad, no para dejarla como está. Por eso sé que la inducción está en la propia pregunta. Astuto plan, ¿eh?

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Dar a elegir (animar a elegir) a un infante entre ser niño o niña es otorgarle un poder que no merece tener, no por castigo, sino para protegerle de tamaña responsabilidad. Ni siquiera el adulto elige su -mal llamada- opción sexual. Esa condición les será revelada naturalmente con los años a través de la biología, la experiencia y Telecinco en porcentajes que podríamos discutir durante siglos, mas nunca será una opción. Pero una vez sembrada la pregunta como opción, (¿Qué soy yo?¿Me gustan los niños o las niñas?) el niño no descansará hasta dar con la respuesta. Clara, rotunda, infalible. Una respuesta segura. ¿Y qué criterio tiene un niño?¿Cuántas estupideces comete por imitar a sus ídolos, a sus amigos o al primer idiota que pasa por la calle?¿Por qué exponerle a semejante riesgo?¿Qué posibilidades hay de que elija la opción correcta?

Ninguna. Siempre se preguntará si eligió bien tras una infancia insegura de preguntas sin respuesta, de certezas interiores estranguladas por producir unas grietas en la opción elegida que ni el adulto más bienintencionado pudo recomponer. Y esas grietas no se pueden estrangular, porque el poder que le otorgaron a ese niño no era real sino inducido. Jamás tuvo la más mínima opción. Quien le diga al niño que su respuesta siempre estará bien es un falso amigo, un abusón sutil, una amenaza fantasma, porque sabe que esa respuesta no es opcional. Quien formula esas preguntas sólo busca esclavos para su ejército.

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“A los niños hay que decirles la verdad”. Eva Hache.
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