ESPERANDO AL MESÍAS

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Andamos los españoles mirando de cambiar de gobernantes por no sé qué oscuros motivos que no quiero analizar. Por supuesto, elegiremos mal. Nuestro carácter católico nos impide buscar soluciones prácticas, necesitamos la solución perfecta.

Lo audiovisual nos intentó vender un mesías con coleta, pero la campaña está fallando. Yo quisiera pensar que la masa votante le ha visto las costuras al muñeco, pero me temo que la explicación es mucho más amarga: simplemente nos hemos cansado. Pablo Iglesias era una recomendación de cuñao progre, y el mesías ha pasado a ser el tito dudoso, el soltero que nadie sabe muy bien por dónde anda. O sea, que volvemos al punto de partida. Cambiar hay que cambiar -no sabemos muy bien por qué- así que a seguir buscando moto. El siguiente candidato es, cómo no, Albert Rivera, que ha arrebatado a Ramón García (los años no pasan en balde) el título de yerno perfecto. Y ya sabemos que, por mucho que el feminismo insista en lo contrario, aquí la suegra manda mucho.

Pero claro, llega la interferencia mesiánica, y tras unos días de bienvenida y agasajo llega el fatídico momento en que empezamos a darnos cuenta de que ¡porca miseria! el guapito no es perfecto. De hecho, ni siquiera se presenta como un mesías, ni ofrece soluciones perfectas, ni relatos salvajes de buenos y malos. Grave error. Semejante afrenta no es algo que un español sepa digerir con facilidad. Y ahí donde el votante potencial de Iglesias no veía ningún problema en las peguitas que los más críticos le iban poniendo –¿Que es un vendemotos? Peor no podemos estar; ¿Que es comunista? Puede, pero honrao; ¿Que está a sueldo de la dictadura de Maduro? Bueno, nadie es perfecto– el votante potencial de Rivera empieza a encontrar obstáculos insalvables en asuntos que van de lo meramente discutible a lo irremediablemente anecdótico. ¡El impuesto de sucesiones, horror!¡Tres tramos de IRPF, cuidao!¡El contrato único, la perdición de Occidente! Y la mejor de todas: ¡Jordi Cañas! (Ojo ahí, que me meo toa. La fobia que le hemos cogido de la noche a la mañana al corruto debería ser objeto de estudio en las mejores universidades del mundo. Criaturitas…)

Que oye, está bien objetar al político. Hay que objetar al político, ponerle coto, mirarle los dientes. Pero detecto cierta cobardía cateta en esa saña contra un tipo cuya sola presencia en las encuestas es del todo saludable, cuyo punto programático fundamental es el respeto a la Constitución en asuntos territoriales e idiomáticos, y cuyo tono y forma son los de un moderado reformista, habiendo lo que hay. Que igual somos tan merluzos que hemos perdido completamente la perspectiva y nos cerramos en banda ante cualquier imperfección olvidando que no estamos en posición de elegir demasiado.

Aquí seguimos, esperando al Mesías.

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