ENTENDIENDO A PODEMOS

Algunos recibimos con inquietud la habilidad con que Podemos está rentabilizando sus táctica de comunicación. Eso no quiere decir que creamos que el Tuerka y su troupe salgan de la nada. En un universo de causas y consecuencias, un curita laico con verbo de máquina de tabaco no iba a ser una excepción. Es más, no sólo no sale de la nada, sino que es consecuencia inevitable de una serie de causas. La primera, la más manida aunque no por ello menos fundamentada, es la corrupción generalizada. La segunda es la crisis. Pero hay una tercera, la más importante. Se habla menos de ella, precisamente porque es una causa aún más ambiental y de mayor recorrido que las otras, y por tanto, menos visible a simple vista. El discurso de Podemos es la consecuencia lógica, natural e inevitable del paternalismo estatal creciente que habitamos disfrazado bajo los nombres de “socialdemocracia” o “estado del bienestar”.

A la manera del colono en plena conquista del Oeste, el político del bienestar necesita ampliar sus campos de actividad para superar al candidato contrario. Y para ello, explotará sin disimulo el discurso de “lo público”. Qué buenos son los políticos que nos proporcionan tranvías que nadie pidió, tranvías que vienen a hacer la competencia a transportes públicos con los que ningún empresario privado podría competir, pues el presupuesto público es sinónimo de gratuito, además de infinito. A cambio de casi nada, (apenas la mitad de nuestro trabajo), la clase política vive de vendernos la sanidad gratuita, la enseñanza gratuita, la cultura gratuita, el transporte gratuito, la información gratuita, el entretenimiento gratuito, el subsidio gratuito. Ninguna pérdida es importante cuando se trata de ofrecer servicios fundamentales a los ciudadanos, aunque sean servicios que podrían explotar con mayor eficacia sectores privados a un coste mucho menor.

Al mismo tiempo, el ciudadano socialdemócrata ve con malos ojos que le suban los impuestos, pero siempre sin olvidar que alguien tiene que pagar tanto servicio gratuito. ¿Sobre quién recaerá esa responsabilidad, pues? Evidentemente, sobre los sectores productivos, y más encarnizadamente cuanto más productivos. Es lo que llamamos “que pague más el que más tiene”, y que se traduce en hacerle a nuestros jefes lo que no queremos que nos hagan a nosotros: arruinarlos. Por tanto, el político tiene que ocultar, por impopular, toda rebaja de impuestos al sector que lo paga todo, y que es el sector empresarial privado. Y lo que, aunque legal, se hace de tapadillo, con el tiempo se convierte en inmoral. En una sociedad que santifica todo aquello que sea bendecido con el apellido “sin ánimo de lucro”, la consigna es depredar el tejido empresarial, y así lo enseña, sin el menor disimulo ya, el personal de la enseñanza gratuita.

Cuando el público reclama que paguen “los ricos”, en realidad está pidiendo a gritos que estos desaparezcan, y por consiguiente, que sea el Estado quien proporcione el trabajo. Ya nadie quiere ser rico: preferimos que los demás dejen de serlo. ¿Cómo no va a triunfar el discurso de Pablemos?¿Quién puede competir con un comerciante cuyo producto es gratuito? En realidad, el Tuerka es la versión no adulterada del producto que exigimos a nuestros políticos, y como todos sabemos, el público tiende a rechazar imitaciones, quedándose con el producto original. Intrépido lector, no pongas tus barbas a remojar. Más bien, déjate una buena coleta. Es lo que van a hacer los políticos europeos de izquierda, centro y derecha más pronto que tarde.

SPAIN-EU-PODEMOS

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