OPERACIÓN PALACE: ¿LOS MEDIOS NOS MANIPULAN?

“Los medios nos manipulan”. Esa frase se dice tanto que se ha convertido en un lugar común. Quien la dice, suele hacerlo para envolverse en el cálido manto de la superioridad intelectual, para significarse como miembro del club de los que no se dejan manipular. Por eso la encuentro tan cargante.

Digo esto a colación de la polémica generada por Jordi Évole y su falso documental “Operación Palace”, en el que describe la intentona golpista del 23-F como una farsa orquestada por la Corona para refrendar el régimen constitucional. Una farsa monumental, representada por diputados y militares, y dirigida por José Luis Garci. En el programa participaron periodistas de renombre, y alguno de los supuestos implicados en la conspiración, para darle verosimilitud. “Bien, curioso, no sé. Ja-já. Pasemos a otro tema”, pensé en un primer momento, mucho, muchísimo antes de que se evidenciara la broma. Vamos, que no lo compré ni un segundo. Me bastó ver a Gabilondo poniendo su  voz de “fuentes fiables nos aseguran que hay terroristas suicidas en los trenes”, y poco más, para darme cuenta del tocomocho. Y no lo digo por presumir, ojo, porque cualquier profesional audiovisual con un mínimo de información sobre el tema tratado y sobre el programa Salvados se habría dado cuenta en un par de minutos, igual que yo. A no ser que quisiera creérselo, claro.

Total, que seguí viendo la cosa un rato, pero terminé por aburrirme y me volví a lo que estaba haciendo antes, que era masacrar enemigos online en el Call of Duty, que es donde tenía en realidad medio cerebro mientras veía la farsa televisiva. Y así, entre tiros, puñaladas, explosiones y gritos de agonía, me llegaban de fondo las reacciones de mi compañera de piso, que estaba viendo a Évole en el salón, como cada domingo, la homilía completa, primero Salvados, y después Ana Pastor. Mi compi sí se lo estaba creyendo, y de hecho parecía entusiasmada, no horrorizada ni indignada, que serían reacciones más comprensibles. Entusiasmada, digo. A falta de cánticos, parecía una hooligan del Manchester ante una goleada de su equipo. Aplaudía, soltaba risotadas, y voceaba “se van a cagar”, “ya se ha liao, jojojo” cada dos por tres. Por poco no se fue a la Cibeles a celebrar la victoria, menos mal que Évole tuvo la maldad de avisar que todo había sido una coña del programa. Sobra decir que la muchacha es un poco perroflauta. Ecologista, feminista. Casi casi vegetariana. Tiene algún librillo delgado sobre Lenin dando vueltas por el salón desde tiempos anteriores al propio Lenin. Se hacen una idea, ¿no?

Pero no sólo mi compi de piso, sino Beatriz Talegón se lo creyó.  Ya saben, la destacada líder de las Juventudes Socialistas. La pobre se bañó en el ridículo al tuitear en directo, mientras veía el programa, que “todo eso ya se sabía“. Minutos antes de descubrirse el engaño, Talegón afirmaba a un tuitero “No es la primera vez que esta información sale. Hay documentos. Lea, lea“. Otra tuitera preguntaba en la cuenta de Talegón: “Esto es un show, ¿no? Es que he empezado a verlo ahora“, a lo que Talegón respondía “Por lo que he estudiado, no“. También sufre un arrebato desperezador de masas: “Ojalá lo que dicen en el documental no lo hubiésemos leído antes en investigaciones SERiAS! Pero sí…Ale, a espabilar que nos toman el pelo“. Y se distinguió del resto de los mortales con ese memorable “la pena es que no os dais cuenta de que esto ya está en algunos libros“. Un tuitero apunta entonces que “Parece mentira @BeatrizTalegon que seas tan ingenua. Es un falso documental que la final se explicará“, a lo que Talegón, ya hinchada de rojismo, responde con suficiencia: “Lea, y verá que no es mentira“. Vamos, que se lo tragó a pesar de los avisos. Con Garci y todo.

No nos extraña que luego se crean disparates como el de los “verificadores de ETA”, pero bueno, sigamos a lo nuestro. Total, que al acabar, Évole explicaba que todo había sido una broma destinada a hacernos reflexionar sobre qué nos cuentan, cómo nos lo cuentan y cómo lo recibimos, el clásico “experimento” que todos hemos visto ya un millón de veces desde Orson Welles hasta nuestros días (lo cual deja muy poco al terreno de lo experimental y mucho al de la praxis, pero bueno). Total, que Talegón, obligada ya a admitir su derrota, concluye con un enfurruscado “Reconozco mi error. Me la han colado. Aún creía en algunos profesionales. Lo lamento“. O sea, una señora hecha y derecha, presuntamente poseedora de los filtros necesarios para detectar un disparate, acaba reprochándole a un showman que haga su trabajo, en vez de reprocharse a sí misma el haber caído en la trampa del guapito majete como una vulgar quinceañera.

La reacción de mi compañera de piso no fue el enfado sino la decepción. Cosa comprensible, puesto que al celebrar el advenimiento de la república sin esperar al descuento (grave error) en la sacrosanta privacidad del salón, su credibilidad no había quedado en serio entredicho, como la de Talegón. Sin embargo, el sustrato final de lo aprendido ayer es muy semejante. Talegón, ya antes de reconocer su error, afirma haberlo leído todo “Menos lo de Garci, ahí he flipado”, en el libro Soberanos e Intervenidos, de Joan Garcés. La reacción de mi compi de piso, aportando algo menos de bibliografía, es afirmar que “en realidad todo se sabía ya, lo que yo flipaba es que se dijera en la tele”. La sintonía de ideas, más allá de que ambas utilicen el verbo “flipar”, es evidente.

Como decía antes, todos hemos visto falsos documentales. Mis preferidos son Forgotten Silver (Peter Jackson, 1995) y Opération Lune (Canal Arte, 2002). Todos ellos buscan satirizar con el medio audiovisual y demostrar que realizar un documental falso y uno verdadero no son ejercicios diferentes ni requieren de herramientas diferentes, cosa que os podrá explicar Al Gore mucho mejor que yo. Los dos fakes van revelando poco a poco su broma hasta hacerla insostenible, momento en que se convierte en sátira y pierde su carácter de falso documental, pero existen muchos otros documentales “serios” que si no son fakes es sólo porque la intención del autor era mentirnos miserablemente, de manera que mantiene la mentira hasta el final. La finalidad del de Évole es, curiosamente, la contraria, esto es, apuntalar la tesis parodiada.

Obviamente, Évole es perfectamente consciente del tirón mediático de su propuesta semanal, y rara es la vez que no se convierte en trending topic, de modo que sabe que la broma va a ser comentada. Por otro lado, es igualmente consciente de que los fans de su programa no cojean del ala menos republicana del share que digamos, y lo que es más importante, son jóvenes y el 23F no existe en sus imaginarios. Por último, es evidente el timing perfecto (sintiéndolo mucho, me niego a utilizar la fórmula “perfecto manejo de los tiempos“) a sólo una semana de la declaración de la amnésica infanta. Es obvio, como corroboran las reacciones de Talegón y mi compi de piso, añadidas al aluvión de críticas a la corona golpista que he leído en Twitter hoy, que la Operación Palace deja poso. El fake de Évole añade una palada más a la tumba de una monarquía que perdió la cadera follando en Botswana, y Évole viene a rescatar un debate ya vetusto y enquistado, a pesar de que para Talegón sea un secreto arcano y únicamente accesible a los selectos miembros del muy exclusivo club de los que “leen“, y es que las sombras del 23-F eran ya un yermo explorado por los medios generalistas hasta el hartazgo del público. Évole lo coge, le da un remozado en forma de “experimento”, y lo lleva, haciéndolo sentir como real y novedoso, al terreno de los sentimientos, que no del intelecto. Luego se dice que era broma, sí, pero el susto ya nos lo han dado. Y es que así se hacen los documentales: no apelan al intelecto, sino a las tripas. De otro modo, se olvidan para siempre, y su contenido pasa dentro de nosotros al apartado de “cosas importantes que nos importan una higa”. Si conocéis a alguien que va de informado por ver documentales, miradle con ternura, pobre.

Empezaba este post, que se me ha alargado un poco, diciendo que me carga el manido dogma “los medios nos manipulan”. Muchos se han quejado de ello hoy en mi cuenta de twitter, en la de Talegón, y seguro que también en la de mi compi de piso, a tenor del “experimento” de Évole.  Los que quieren república se quejan de que los medios nos manipulan refiriéndose a Telecinco, Antena 3, el ABC, La Razón, Libertad Digital, la COPE, Intereconomía, y a veces El Mundo, dependiendo de a quién busque las cosquillas el periódico fundado por Pedro Jota. Estos han aplaudido el falso documental de Évole como una sátira mordaz sobre los medios de comunicación, usando como gancho las vergüenzas, inventadas pero no por ello menos plausibles, menos reales, de una monarquía que bueno, you know: cadera, Botswana… En cambio, los que no quieren república se quejan también de que los medios nos manipulan, pero refiriéndose en este caso a Telecinco, Antena 3, El País, la SER, Público (si todavía existe), La Sexta, Cuatro, y a veces El Mundo, dependiendo de a quién busque las cosquillas el periódico fundado por Pedro Jota. Estos han abucheado el falso documental como una burda y malintencionada manipulación, no tanto un “experimento” como una gran paja antimonárquica que viene en el peor momento y bla, bla, bla.

Y dado que vivimos tiempos de “experimentos mediáticos”, les voy a pedir que hagan, si no un experimento, sí al menos un ejercicio de imaginación. Imaginen que hay un reportero graciosete, carismático, con audiencia y con punch en el lado diestro de la televisión. Lo sé, es un duro ejercicio de imaginación, porque ni existe ese reportero ni tampoco ese lado de la televisión, pero insisto. Y ahora, imaginemos que hace un fake sobre los padres de la Constitución dejando ocultas entre las palabras todas esas trampas que permitan la desintegración de España en favor de autonomías a corto y finalmente estados asociados a medio plazo: ¡la República! Una conspiración que envolviera a Carrillo, al PSOE, a los nacionalistas, a la ETA y a los vegetarianos. Orquestada por Víctor Manuel. ¿No se intercambiarían los papeles? ¿No serían los unos los que se lo creyeran, incluido el choteo de meter en él a Víctor Manuel, y además rieran la gracieta al final, y los otros los que protestarían semejante manipulación, un paso atrás en el progreso, una fascistada inaceptable? No me contesten. Es un sí.

Sólo así se explica que no sólo una mujer como Talegón, que muchos han señalado como posible candidata a las próximas primarias del PSOE (lo sé, más ejercicios de imaginación) y por tanto posible candidata a presidir España (o lo que quede después de ERC y Montoro), una abogada que sabe tres idiomas (fiándonos del currículum, por supuesto), pueda creerse, sin el menor atisbo de duda, que José Luis Garci dirigió a Tejero el 23F. Y sólo así se explica que una compi de piso, psicóloga y por tanto conocedora de los subterfugios de la mente para tapar sus vergüenzas, pueda quejarse día sí, día no, de que los medios nos manipulan, y zambullirse cada noche en las objetivísimas gracietas del Gran Wyoming, y cada domingo en la homilía laica del tándem Évole/Pastor, sin caer en el sonrojo más bochornoso, o en el bochorno más sonrojante, no sé.

Lo cierto es que los medios no nos manipulan. Somos nosotros quienes nos manipulamos íntimamente, nosotros quienes sesgamos la información que nos llega, y nosotros quienes elegimos la mierda que mejor nos huele, o sea, la nuestra. Egocéntricos sin freno, llamamos objetividad al lugar que ocupamos. Como demostró el 15M y Democracia Real Ya, que eran más de izquierdas que Carrillo y se decían apolíticos, lo que proponían era, y cito de memoria, “de cajón”, inopinable. Otra cosa es que nos guste que otros cocinen para nosotros, comida o noticias, tanto da, pero que no nos guste reconocerlo y prefiramos pensar que vivimos en la razón pura, pero para eso necesitamos extirpar de nuestro cuerpo todo atisbo de autocrítica, y en eso, Évole ha venido a nacer al lugar perfecto.

Yo no tengo nada contra esa plasma desinformativa que llamamos “los medios” porque no participo en esa secta de los seres perfectos que dicen recibir las noticias del viento, vírgenes, límpidas y claras en su mente inmaculada, y que se lamentan condescendientes de cómo la plebe se deja educar por las malvadas corporaciones, por la Iglesia, por los sionistas y los Illuminatti, o peor aún, por Federico para, acto seguido, ponerse a ver Salvados.

A mí, lo mismo que elijo otros productos, también me gusta elegir mis noticias y quién me las da, escuchar las opiniones que a mí me da la gana, y que los demás hagan lo propio. Eso es preferible, todo lo más, a que las noticias te las dé un organismo en exclusiva. Y sobre todo, preferible a creer que todo es una gran conspiración, máxime cuando lo de la Gran Conspiración lo han dicho en un programa de la tele y el tipo que decía que el club Bilderberg le quería matar por irse de la mui sigue vivito y coleando. Al final, a ese ser límpido, honestísimo, que ve en la variedad de medios y la guerra mediática la gran manipulación, lo que le molesta es que existan más informaciones aparte de la que él prefiere, y si le escarbas un poquito, te reconocerá que lo ideal sería un medio único que diera las noticias “objetivamente”, sin visos de manipulación. La verdad de la buena.

El gran éxito del héroe mediático es hacerte creer que su visión es la objetiva. O como decían en aquella gran película, “el mejor truco del Diablo fue hacernos creer que no existía”. De ese modo, aunque cuente una gran mentira disimulada entre muchas verdades puntuales, y además reconozca al final que era mentira, la historia será correcta, plausible. “La otra opción es que soy tonta del culo, y eso es imposible porque compro en MediaMarkt”, habrá pensado Talegón. Por eso lo de Évole tiene más de praxis que de experimento, y por eso no me llamó la atención lo poco que vi del programa, aún sabiendo que al final reconocería que todo era una broma: porque Évole hace lo mismo cada semana, exactamente igual, con las mismas herramientas y las mismas intenciones, o sea, colarnos sus opiniones salpicándolas con pequeñas verdades y datos cocinados al efecto de crear, no imitar, sino crear, veracidad, honradez audiovisual y transparencia informativa. Ya lo hizo Al Gore, aunque al muy inocente se le ocurrió que no confesando al final de la película que todo había sido mercancía averiada, lograría más credibilidad. Évole, ladino y listo como un zorro, sabe ya que para que un producto informativo alcance relevancia hasta el punto de convertirse en fenómeno social, has de decir al final que todo era mentira. Si no lo hubiera confesado, la cosa habría supuesto tal vez un debatillo de centro derecha, un pie de página y alguna reacción adversa. Al ser mentira, logró hacerla relevante y le dio vida a una historia que estaba más muerta que Dillinger. Y el guiño entre emisor y receptor, la aceptación tácita de que mi tesis es correcta, es que a pesar de haberles demostrado lo fácil que es mentirles, los fans de Évole seguirán tragando lo que les diga palabra por palabra, si no igual que antes, con mayor avidez. De experimento, nada. Pura praxis. Seamos serios y aceptemos que el agente manipulador es uno mismo. Y créanse lo que les dé la gana, hasta Salvados, si les apetece, pero no me vengan ya con que “los medios nos manipulan”.

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One thought on “OPERACIÓN PALACE: ¿LOS MEDIOS NOS MANIPULAN?

  1. elGazapo febrero 25, 2014 / 6:18 pm

    Lo de Beatriz Talegón fue un tremendo ridículo, me produjo hasta vergüenza ajena.

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