RESCATE EN EUROVEGAS

Definitivamente, el PP decepciona. Su mayoría es más arriolista que absoluta, y es a la autoridad lo que al red-bull una gota de flash de cocacola diluida en un litro de mierda. Mariano vela más por su permanencia en el poder que por los intereses de sus electores (y de sus no electores, tomando la palabra de su discurso la noche de la ¿victoria?: “Gobernaré para todos”, ¿recordais?). Y por tanto, le van a caer palos hasta en el carnet de identidad. Ya le están cayendo, y la cosa irá a más. Y en el hipotético caso de que nos saque de esta, esos palos no harán sino recrudecerse. La izquierda nos quiere arruinados, pero cuando dejamos de estarlo, necesita ponerse a los mandos para pagar su utopía del resentimiento a cuenta de los euros generados por los españoles bajo gobiernos que crean condiciones más idóneas para esa cosa tan egoísta, sospechosa e insolidaria como lo es generar riqueza.

La cuestión de moda: ¿rescate sí, o rescate no?

El principal argumento en contra del rescate, el que exibe esa izquierda que vive de la subvención y del dinero público, es (pongamos cara de susto) la condición de poner en la calle a medio millón de funcionarios. ¡Medio millón de funcionarios! Esa es la condición previa para rescatarnos. Lo sé, cosa seria, pero permitanme una pequeña malicia, y es que la sola mención de semejante medida merecería la pena sólo por verles la cara a todos los adoradores de la gran teta pública, los adoradores de mamá Estado, esa infinita ubre de los tres millones de pezones que, cada vez que un vago se queda sin vicios, viene al rescate tirando de los fondos ingresados por el tejido que genera riqueza, el privado.

Yo estoy en contra del rescate. Deberíamos intentarlo nosotros. Triple de duro, infinitamete más provechoso. El problema es que sólo lo conseguiremos si llevamos a cabo por nuestra cuenta muchas de las condiciones exigidas por la superestructura, y sólo así podremos escapar de las menos deseables de ellas, como es endeudarnos hasta el fin de los días. El que paga, manda. Si pagamos nosotros, mandamos nosotros. Pero, claro está, las condiciones del FMI no son caprichosas, ni las ha pergeñado la vena maligna del club Bilderberg. Son, simple y llanamente, garantías mínimas de viavilidad. Así, si recibiéramos el rescate jugosísimo a corto plazo sin recortar el tamaño de nuestro metastático estado de las triples administraciones, no tardaríamos en ver cómo se diluye en pagar las nóminas, la luz, los móviles y los donuts del funcionariado público de un país que no arranca. De modo que la pelota está en nuestro campo. De nosotros depende si hacemos lo impensable (echar a la calle medio millón de funcionarios innecesarios) o lo previsible (mantener el estatus de lo público a costa de arruinar lo privado). Y previsible, sí, porque Rajoyrriola  no va a tomar semejante determinación. Se plegará a lo que diga la izquierda, que es lo que le obsesiona a Rajoyrriola. Aceptará el rescate y luego repartirá. Estafaremos al FMI y pagaremos por ello con nuestras almas, como un Fausto moderno dividido en taifas cancerosas. Y él se irá de rositas, Rubalcaba gobernará y este sí, hará de nosotros lo que le venga en gana.

EUROVEGAS

Ojalá que mis vaticinios no se cumplan, pero la cosa pinta muy mal, más que nada porque aquellos principios de solución que podemos atisbar a día de hoy nos sirven de laboratorio para comprobar qué se hará a continuación. Eurovegas. Un proyecto ambicioso, que generará dinero fresquito, generará trabajo y generará riqueza. Hoteles, salas de congresos, espectáculos, comercios. Proveedores, transportistas, hosteleros, trabajadores, autónomos, comidas, cenas, desayunos, productoras de imagen y sonido sin vivir de contratos públicos o subcontratas de contratos públicos, obras públicas y privadas, publicidad mundial, energía para alimentarlo todo…, y pagado con dinero de turistas de nivel medio y alto, dinero líquido, no virtual. Riqueza, esa sospechosa y atractiva droga de la izquierda, esa libertad de quien vive y trabaja sin complejos ni resentimientos. Costará esfuerzo, nada es gratis en esta vida, pero será un alivio para muchísimas familias. Decenas de miles. Sin duda. ¿Y qué dice la izquierda? Que atraerá crimen, drogas, mafias y prostitución. Lo que no dicen es lo que más les jode: que atraerá riqueza basada en el esfuerzo y no en el erario público. Riqueza que ellos no pueden controlar, riqueza que va al bolsillo del que la trabaja, sin pasar por caja, libre de pesebres. La izquierda ve los negocios con el mismo recelo hipócrita que los xenófobos proyectan en la inmigración: Traerá crimen, drogas, mafias y prostitución. Con un ítem más de hipocresía por parte de la izquierda, que tanto celebra la libertad sexual (según sus propios mojigatos términos feministas rayanos en lo eclesiástico-paródico), que tanto celebra la libertad porreta, y que tanto celebra a la mafia vasca. Y por eso nunca vamos a funcionar, porque tenemos un partido sustentado por media España que prefiere más subsidio de paro antes que ponerse a trabajar.

Vale cualquier excusa. Pasará con EuroVegas lo que pasó con el petróleo canario, que se quedó ahí por acción del comodín ecologista. A la izquierda lo que le parece sospechoso es el dinero privado. Necesita derecho de pernada, como cualquier mafia, que te protege a un precio demasiado alto como para pagarlo en dinero, sino que se paga con la propia libertad.  Por tanto necesita ese tejido funcionarial para poder pervivir latente, gane o pierda el poder. Y Rajoyrriola asume esa tesis que antes tanto criticaban sus filas porque ahora dependen de esos mismos funcionarios para sustentarse en el poder. Lo cual es triste, porque nos da la medida de cómo la mayoría simple de Zapatero I el Nefasto era mucho más sólida que la precaria mayoría absoluta de Rajoyrriola I el Tibio. Y la política del nefasto, nadie lo dude, iba encaminada a liquidar entre amigos y recibir ayudas con las que sustentarse cuatro años más, lo mismo que haría mañana mismo Rubalcaba, y lo mismo que hará Rajoyrriola, tras dudarlo o hacer que lo duda unos minutos con la decisión ya tomada, Rajoyrriola I el Tibio. Y todo en nombre del estado del bienestar. Al fin y al cabo, ¿qué es la peligrosa libertad comparada con un sofá calentito? España capital Atenas.

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