SPANAIR-ATERRIZA COMO PUEDAS

Aerolíneas Catalanas se ha pegado el gran castañazo, cosa que no nos extraña: las empresas que sobreviven a base de respiración asistida por el dinero público, se atrofian, enrarecen el mercado, nunca mejoran, y finalmente, se hunden en el fango de la bancarrota. Lo sostenible no solo es insostenible, sino que además lo es de un modo carísimo. Vean si no el ejemplo de las televisiones públicas, verdaderos agujeros negros presupuestarios a los que los políticos españoles son adictos. Las pérdidas de Aerolíneas Catalanas (antes llamada Spanair) eran cuantiosas, sí, pero nada comparado con las pérdidas de las televisiones autonómicas. Y sin embargo, no veo que se cierre ninguna. Y cuando lo hagan, les temblará la mano. Y es que tener una aerolínea mola mazo, por aquello de la nación y del poderío. Pero tener una tele que dependa de uno, eso sí es la pollita. Como puede comprobarse fácilmente con el carísimo entramado de canales de televisión en vasco, catalán o gallego. Eso sí que es sarna con gusto. Y es que para los nacionalistas, la buena gestión, lo que se llama trabajar por la población y para la población, eso no es nada comparado con obligar a sus gobernados a bailar al son que ellos marcan, al ritmo que ellos marcan y en el idioma que ellos marcan.Por caro e inviable que resulte. ¿Ruina? Tal vez. Pero ruina en catalán.

Y es que en estos tiempos de crisis, de comedores sociales llenos hasta la bandera, en los que uno de cada cuatro españoles está en el paro, las autoridades catalanas, esas mismas que han tenido que cerrar Spanair porque la aerolínea catalana se llevaba a la basura demasiado dinero, dinero que no hay, simplemente, están concentrando parte de sus esfuerzos en obligar a los médicos que trabajan en cataluña a atender en catalán, aunque no les entienda nadie, cuando es evidente (y de hecho, tener que señalarlo es ya una derrota en sí) que uno se curará mejor si su médico le atiende en su idioma que si le atiende en esperanto, en bengalí o en chiricaua. Y la prueba más palpable del carácter desalmado de estos nacionalistas con cartera, verdadera lacra de la sociedad, es precisamente esa, la negativa a dar su brazo a torcer en un asunto tan sencillo como este. Dicen ahora los mandamases cataflanes que se sancionará vía comité disciplinario a todo aquel personal sanitario que atienda en otro idioma que no sea el catalán. -Pero oiga, que aquí atendemos a mucha gente que no entiende el catalán. -Pues que se jodan, dice Artur. Hasta ahí podíamos llegar, atender a la gente en el idioma común de la nación española.

Lo bueno es que los médicos se han plantado. Ya no tienen miedo del gobierno, porque creen que Rajoy no les va a dejar en la estacada, como sí hizo Zapatero, el lameculos de todo enemigo de España. E intuyo que ganarán los médicos, porque mi inocente meninge aún quiere creer que las cosas (véase Aerolíneas Catalanas) caen por su propio peso, incluso en España. Pero es una victoria amarga y envenenada, porque el sólo hecho de haber dejado que semejante gentuza desalmada y totalitaria, capaz de jugar con la salud de los pacientes que no hablen catalán, y con la de los que sí lo hablan (recordemos que lo que prima en Cataluña para ejercer de médico no es tanto la calidad como el idioma, o sea, médico bueno mejor que médico malo, pero sólo en catalán, por favor, y si los mejores sólo hablan español, entonces que se vayan y se queden los otros, dirá el bueno de Artur), ese mero hecho, decía, es suficiente para que celebrar una victoria por algo tan normal como que un médico español hable en español a un paciente español, se convierta en una derrota, porque el totalitario asqueroso permanece, ideando nuevas tretas para suprimir España, caiga quien caiga.

Sólo me queda desearle a Artur Mas que, en el caso (Dios no lo quiera) de que se vea aquejado de alguna rara y mortífera enfermedad difícil de curar, le toque un médico eficacísimo en Arameo, pero que se niegue a atenderle en catalán, ni tampoco en español, ni en ninguno de los idiomas que el totalitario conozca, cuando le diga que tenga cuidado con las pastillas de la receta, porque si se pasa un poco de la dosis o si se queda corto, no se curará, y el totalitario se vaya de la consulta sin saber exactamente si le han dicho dos pastillas cada tres horas o tres pastillas cada dos horas, porque no se ha enterado bien. Y ya si los efectos secundarios pasan por que se le ponga la cara de Nixon, entonces ya la repanocha.

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