BIEN, GALLARDÓN, BIEN

Empezó bien Gallardón. Anoche, cuando le ví anunciando el paquete de reformas, no me lo creía, tenía esa sensación de irrealidad que acompaña a los sueños cuando estos empiezan a hacer cosas raras. Bueno, tal vez no tanto, porque de momento, sólo son palabras. Pero por lo pronto ya se ha comprometido Gallardón.

Ojito con la izquierda, cómo se han puesto los de Público con lo de despolitizar el CGPJ. “El PP muestra sus cartas”, dice. Pero claro, una justicia independiente es a la izquierda lo que una pistola sin gatillo. Sí, entiendo el argumento contrario: los políticos son elegidos por el pueblo, ergo es el pueblo el que elige, vía políticos, a los jueces. Pero entiendo también que ese argumento esconde la negación de la independencia del poder judicial, y por tanto, ese argumento niega el estado de derecho, a mi humilde entender. Por tanto, bien por Gallardón. Imagino que la reforma será parcial, así que media asta, pero bien. No pretendamos dejar de ser un país de pandereta bananera en sólo tres días. Eso sería peligroso, sobre todo para la integridad de los que no pensamos como los perroflautas del “paz y amor, ¡y el plus pa’l salón!”.

Lo del aborto se ha quedado a medias. En ningún caso puede ser un derecho, abortar. Y menos aún un triunfo para los derechos de la mujer, como anunció el olvidado Zerolo o la olvidable Aído. Preferiría una derogación completa, una reformulación radical, y conste que yo no suelo estar muy de acuerdo con las reformas radicales. Pero en este caso, sí, porque la ley del aborto 2010 es un crimen, y como tal, cuanto antes desaparezca, mejor, porque no es más que la transcripción en idioma legal del clásico verdulero “nosotras parimos nosotras decidimos”, que, dicho sea de paso, me da mucho asco.

Lo de la ley del menor tiene buena pinta, también. Como me he hartado de decir, la ley del menor se promulgó en un momento mediático en el que la noticia del día solía ser un menor maltratado por su papá, un bebé abandonado por su madre en un contenedor, un menor explotado. No se contemplaba la posibilidad de que un menor pudiera ser, a veces, verdugo de crímenes terribles. Y por tanto, cuando un menor comete un crimen, la ley del menor obliga a los tribunales a tratarle como si en ningún caso fuera culpable. Grave error que pagó Sandra Palo, su familia, Marta del Castillo, su familia, y tantas y tantas otras familias a merced de gentuza menor de 18 años.

Perpetua revisable, para cuando Bildu descubra que no basta con votos para acabar con los que no piensan como ellos. Y para los Rafitas del mundo. Otro hurra. Bien, Gallardón, bien. Y ahora, a cumplir lo prometido.

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