EL CURITA Y LA DULCE INJUSTICIA

¿Y lo de Camps?

Para mí está clara su culpabilidad política, no tanto la material. Y no porque en lo material no tenga claro que Camps recibió prebendas, porque de eso estoy más que seguro. Sino porque lo que queda claro es que se codeaba con mimitos incluidos (“te quiero, Paco”) con una trama de enriquecimiento hortera, un flagrante delito contra la estética, y que en política debería ser letal.

Puesto que letal no será, es más, vaticino un regreso fulgurante del Curita con posible reincidencia en sus crímenes contra la estética política, entonces de lo que habla el caso Camps es de lo poco inocentes que somos los ciudadanos. Porque somos nosotros los primeros en incurrir en crímenes contra la estética al tener una clase política en la que Camps no destaca en nada.

De hecho, si Camps ha dado para tanto es sólo porque el gobierno socialista necesitaba algo con lo que abrir telediarios sin mostrar sus vergüenzas. Dar argumentos al vulgo, diríamos. Porque, si de enriquecimiento ilícito se tratase, no creo que tres trajecitos sin factura dieran para tanto, en comparación con Pepiño Gasolineras o Pepe Bonus, el calvo que odiaba a los calvos, el católico que odiaba a los católicos, el que entró pobre a la política y salió multimillonario. ¿No?

Por tanto, me he reido a mandíbula batiente cuando un tribunal popular ha declarado inocente a Paco Camps. Ha caducado el comodín Gurtel como conjuro para que la izquierda ejerza su derecho a la verdulería verbal sin sonrojo. Ahora volveremos al comodín Franco, que está más quemado que Zapatero. Y además, ha sido un tribunal popular, nada de jueces amigos. Nada me causará más placer que ver a los rojeras despotricar contra la soberanía popular, del criterio del ciudadano de a pie. Pero claro, a la izquierda el criterio del ciudadano de a pie sólo le vale cuando le vale. Cuando no, no. Jur, jur, jur.

BIEN, GALLARDÓN, BIEN

Empezó bien Gallardón. Anoche, cuando le ví anunciando el paquete de reformas, no me lo creía, tenía esa sensación de irrealidad que acompaña a los sueños cuando estos empiezan a hacer cosas raras. Bueno, tal vez no tanto, porque de momento, sólo son palabras. Pero por lo pronto ya se ha comprometido Gallardón.

Ojito con la izquierda, cómo se han puesto los de Público con lo de despolitizar el CGPJ. “El PP muestra sus cartas”, dice. Pero claro, una justicia independiente es a la izquierda lo que una pistola sin gatillo. Sí, entiendo el argumento contrario: los políticos son elegidos por el pueblo, ergo es el pueblo el que elige, vía políticos, a los jueces. Pero entiendo también que ese argumento esconde la negación de la independencia del poder judicial, y por tanto, ese argumento niega el estado de derecho, a mi humilde entender. Por tanto, bien por Gallardón. Imagino que la reforma será parcial, así que media asta, pero bien. No pretendamos dejar de ser un país de pandereta bananera en sólo tres días. Eso sería peligroso, sobre todo para la integridad de los que no pensamos como los perroflautas del “paz y amor, ¡y el plus pa’l salón!”.

Lo del aborto se ha quedado a medias. En ningún caso puede ser un derecho, abortar. Y menos aún un triunfo para los derechos de la mujer, como anunció el olvidado Zerolo o la olvidable Aído. Preferiría una derogación completa, una reformulación radical, y conste que yo no suelo estar muy de acuerdo con las reformas radicales. Pero en este caso, sí, porque la ley del aborto 2010 es un crimen, y como tal, cuanto antes desaparezca, mejor, porque no es más que la transcripción en idioma legal del clásico verdulero “nosotras parimos nosotras decidimos”, que, dicho sea de paso, me da mucho asco.

Lo de la ley del menor tiene buena pinta, también. Como me he hartado de decir, la ley del menor se promulgó en un momento mediático en el que la noticia del día solía ser un menor maltratado por su papá, un bebé abandonado por su madre en un contenedor, un menor explotado. No se contemplaba la posibilidad de que un menor pudiera ser, a veces, verdugo de crímenes terribles. Y por tanto, cuando un menor comete un crimen, la ley del menor obliga a los tribunales a tratarle como si en ningún caso fuera culpable. Grave error que pagó Sandra Palo, su familia, Marta del Castillo, su familia, y tantas y tantas otras familias a merced de gentuza menor de 18 años.

Perpetua revisable, para cuando Bildu descubra que no basta con votos para acabar con los que no piensan como ellos. Y para los Rafitas del mundo. Otro hurra. Bien, Gallardón, bien. Y ahora, a cumplir lo prometido.