11-M BUENAS SEÑALES

A medida que la juez Cillán ha ido poniendo contra las cuerdas a los defensores de la versión oficial del 11-M, las maniobras de Rubalcaba y de su amiguito, El País, quedan más y más en entredicho. De Rubalcaba no pudimos esperar menos que la obstrucción a la justicia que supuso negarse a entregar los protocolos TEDAX para agilizar el juicio a Sánchez Manzano, el testaferro del encubridor de la masacre. Y del País, qué menos que su silencio, negándose a informar a sus crédulos lectores acerca de un pequeño juicio que se está llevando a cabo desde hace dos años, y en el que se está poniendo en entredicho todo lo publicado desde ese periódico que conoció días mejores pero que aún puede ir a peor, porque ya sí que sí, vive de sus ventas, y sus lectores suelen simpatizar con movimientos tipo “yo no pago” y gilipolleces diversas. En fin.

El comportamiento de Rubalcaba y El País bastaron para que cualquier observador imparcial se diera cuenta de que la izquierda española NO SABE NI QUIERE SABER NADA acerca del 11-M, a pesar de olerse, como usted y como yo, lo que pasó allí entonces. Pero es que no acaba ahí la cosa, y ahora que el juicio al mandado del encubridor del 11-M va a terminar muy mal para el acusado (acusadode negarse a perseguir delitos, entre otras lindezas), el diario El País inicia una campaña de desprestigio contra la juez Coro Cillán. Borracha la llaman. Corrupta la llaman. Pero fíjense ustedes que cuando empezó el juicio, el tratamiento de El País fue ignorar la noticia. Incluso cuando la portada de El Mundo fue un díptico con el requerimiento de la juez a la izquierda y el ministro de Interior a la derecha negando la existencia del papel que figura a su izquierda (y sólo horas antes de, finalmente, enviar el papel tras quemar el último plazo de entrega), el País no encontró nada de interés en que se estuviera juzgando al TEDAX que manufacturó la versión oficial del 11-M. Sin embargo, ahora que el juicio va a terminar, ahora sí, Cillán es borracha, Cillán es corrupta, Cillán es fea y Cillán es antipática. O sea, una juez que hasta ayer no existía, ahora es mala y corrupta. ¿No huelen el miedo los lectores? ¿No huelen que El País creyó en su infinita arrogancia que Rubalcaba nunca permitiría que ese juicio se llevara a cabo, y ahora tienen que, deprisa y corriendo, crear una campaña de descrédito-express como la que intentaron contra la juez que investiga a la Junta de Andalucía, contra la cual el PSOE envió a su mejor abogado para, textualmente, “hacerla la vida imposible”?

No debemos olvidar, tampoco, el regalito que dejó Rubalcaba a la juez Coro Cillán antes de que España entera le diera una sonora patada en el culo al socialismo español, y es que días antes de que Zapatero iniciara su huida, le llegó a Cillán una inspección sorpresa. Y es que en este país meterse con los socialistas nunca sale gratis.

Aún así, con inspecciones, reteniendo protocolos, habiendo mentido y con los jueces y la policía agarrados de las pelotas, que es como Rubalcaba trabaja, no se ha podido evitar que nos enteremos de que no sólo se destruyeron los vagones de la muerte a toda prisa para destruir pruebas y así colarnos más fácilmente la versión que mejor le venía al PSOE acerca de un atentado hecho a medida del PSOE y que benefició a todos los amigos del PSOE, empezando por ETA y terminando por el PSOE. No, no sólo eso. ¡Además, RUBALCABA AÚN CONSERVABA UN VAGÓN INTACTO, no de los explosionados, sino uno colindante, y ahí ha permanecido oculto hasta que al final ha salido a la luz gracias a las pesquisas de Coro Cillán. Y digo yo: si destruyeron los trenes relevantes, ¿para qué conservar los irrelevantes? Y resumiendo la genial entrada acerca del asunto en el blog de Luis del Pino, sólo se me ocurre, finalmente, una razón: uno destruye el escenario para destruir pruebas. Y conservas en secreto escenarios irrelevantes pero presentes en la tragedia para colocar nuevas pruebas si fuera necesario.

Lo cual me lleva a una reflexión final. Si Rubalcaba aún guarda ese tipo de ases en la manga, quiere decir que la verdad aún sigue ahí fuera, vivita y coleando. Sólo hay que saber encontrarla. Y de ahí el nerviosismo de El País y de Rubalcaba. No cabe duda: Coro Cillán va por buen camino.

 

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