CABÍA UN TONTO: MAS

Hace unas semanas era el Mas tonto, el tonto Mas, quien se desmarcaba con unas declaraciones que intentaban ofender a gallegos y andaluces. Ahora le toca a Duran i Lleida, quien no podía ser menos en esta carrera a ver quién resulta más repelente y más mezquino, quien nos deja unas palabras para el dietario de idiotas, o sea, para el idiotario. Resulta que monsieur Durán dice que los andaluces se gastan las subvenciones en el bar. Olvídenlo, españolísimos señores Arturo y Lérida, porque no ofenden ustedes a nadie.

Parece que la consigna de Tinky y Winky, estos dos adalides del provincianismo elefantiásico, es la de provocar un anticatalanismo que justifique su coartada independentista. Y digo coartada porque ni siquiera es un independentismo de verdad, sino una excusa para tener trabajo del bueno, esto es: mamonear a base de acento y de que te paguen por decir la primera tontería que se le pase a uno por la cabeza. Vaya, que no me creo el independentismo de feria de estos dos pájaros de cuentas, que son más españoles que Don Pelayo, quien nunca tuvo DNI ni cobró un duro del resto de los españoles, como ellos.

Lo primero de todo, porque si ya existiera ese sentimiento anticatalán, lo último que querrían los bandarras Durán y Más sería echar más leña al fuego. Por lo demás, incluso en la hipótesis de que ellos creyeran que existe ese sentimiento anticatalán, que no lo creen, repito, pero aunque lo creyeran, lo peor que podrían hacer, si sus intenciones fueran buenas, lo peor que podrían hacer es insistir en ofender a otras regiones como lo están haciendo de manera sistemática, porque eso supondría pensar que estos señores Humpty y Dumpty no sólo creen que exista un sentimiento anticatalán que por supuesto no existe, sino que además, creen que les conviene.

Repito, no creo que estos señores tan serios y tan bien relacionados crean ni por un sólo minuto en la tesis del sentimiento anticatalán. Lo que creo es, claro, que nos toman por idiotas, y a los suyos los primeros. Pero no creo que cuele. Llevamos ya treinta años de democracia, y nos ha dado tiempo a calar la cosa. Los catalanes pasan. Han aprendido que es mejor no meterse en problemas con los políticos, pero en el fondo pasan. Sólo una parte, cuatro gatos, mueven el cotarro del catalanismo rampante. Pero la mascarada ya no cuela. Hay mucha información, y todo quisqui sabe de primera mano cómo va la movida. Y eso que a mí no me gusta el fútbol, pero sí que tengo ojos y orejas para ver y oir cómo flipa la banda con el Barcelona, y cómo toda España celebra los logros del Barcelona en el extranjero. Que no cuela, vaya.

Otra cosa es el anticatalanismo. No lo anticatalán. El anticatalanismo, que se opone al catalanismo que encarnan Durán y Mas, ese sí que existe, y bien extendido, bendito sea. Y los mayores activistas del anticatalanismo no son de Soria ni de Cuenca, ni de Coruña o Valladolid, no. Los mayores anticatalanistas viven en Cataluña, y están hasta los huevos de las mamonadas de estos cuatro buitres cantamañanas con ínfulas y acento impostado al estilo del argentino militante.

Pero sí, anticatalanes los hay. Se llaman Durán, Más, Montilla (ande andará), Carod. Y puede que otros se gasten las subvenciones en el bar, pero no quiero saber dónde se gastan éstos las subvenciones, aparte de en embajadas fantasma, y en promocionar el quechua donde domina el español. Estos señores, la mayoría de los cuales ni siquiera son catalanes, denuncian un sentimiento anticatalán que no existe, a la vez que tratan de contagiar al pueblo sus propios sentimientos antiespañoles, los cuales sí existen porque lo demuestran con palabras y actos a cada instante, salvo cuando se trata de cobrar del erario público, claro.

Dejemos para otro día la enfermedad que supone el identificarse personalmente con Cataluña, de modo que si estás contra Artur, estás contra Cataluña, y si sientes repugnancia por Carod, eres anticatalán. Estos señores ni son cataluña, ni a veces ni siquiera catalanes. Pero pasa como con el rollo de las lesbianas perseguidas o los negritos discriminados. Ya no hay quien se lo crea. La sociedad española ni es racista, ni es homófoba, ni es anticatalana. Lo que pasa es que sale más a cuenta seguir tirando de victimismo en lugar de aceptar que eres otro puto hijo de vecino. Y por eso prefieren ser el vecino hijo de puta. Pero no es lo mismo, ojo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s