RESPETO POR ESPAÑA, DIJO EL ENEMIGO

Zapatero, en su debate de despedida, ha declarado su “respeto por España”. Me uno a esa perplejidad de Pedro J. Curioso sentimiento que exhibir por tu país. ¿Respeto? No me jodas, tía María.

En estas despedidas, las palabras suelen estar muy medidas para no significar nada más allá de lo que dicen. Si Zapatero amara a España, hoy habría sido el día de declararlo sin ambages. Su tibio respeto me recuerda más a esos púgiles que salen perdedores por puntos, y por miedo a quedar mal, en vez de despotricar contra el público, la organización, el propio coach, el adversario, o el viento del norte, que es lo que le pide el cuerpo a un trilero al que le han pillado el truco, prefieren declarar su “respeto” por el adversario e irse al infierno.

El “respeto” que nos tiene Zapatero no es más que la resistencia que hemos mostrado a sus trucos para arrebatar la libertad a un pueblo haciendo parecer que la estás ampliando. El respeto de Zapatero es el respeto de un adversario, y así es como Zapatero se planteó su presidencia del gobierno: una presidencia contra España. Una España a la que odia, una España que no le gusta, que le irrita y le repugna por lo que tiene de humana e insobornable, una España que siempre se resistió con uñas y dientes a los totalitarios. Una España que se le quedó pendiente a la Internacional Socialista. Una España católica vieja, rica en enemigos y también rica en sana mala leche que gastamos pocas veces pero a lo bestia, una España fácil de distraer, pero nunca por mucho tiempo, que se comporta como un toro de lidia, o sea, tal vez  no sea la más lista de las bestias, pero no le toques mucho los huevos o le vas a ver los cuernos, cabrón, una España muy difícil de someter, una España diversa, tal vez no muy imaginativa, y si me apuras, un poquito montaraz, pero una España mucho mejor, con todas sus carencias, de lo que la imaginación de ningún enano mental podría jamás soñar.

¡Ay, Zapatero! ¡Qué poco eres, qué mente más pequeña la tuya! Tu única patria es el fracasado socialismo, del cual sólo queda un muro roto, millones de fosas comunes en nombre de una ideología malvada, aún más millones de mentiras retorcidas y mortíferas, y unos pocos simpatizantes muy ruidosos, enormemente envidiosos, y crónicamente envenenados por un analfabetismo histórico voluntario cuyo peor de sus numerosos defectos es, con diferencia, el de ser mortalmente aburridos.

Yo os prefiero a vos, España. Me vinisteis impuesta por nacimiento, pero os elijo aquí y ahora. Sois mi patria, y os amo bien, voto a Dios. Sin tí no soy nada. A veces te mataría, pero otras veces te quiero comer. Y con todas tus miserias, eres infinitamente más bella, real y digna de defender, hasta la última gota de mi sangre plebeya, que cualquier ideología de mierda que se haya inventado, o que esté por inventar.

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