LA PEDREA ROJA

A Zapatero se le han reído en la cara los periodistas de San Petersburgo, cuando ha dicho que iba a adelantar la recuperación económica de España. Qué ingenioso. Me ha venido, no sé por qué, el título de cierto artículo que leí hace tiempo, llamado “Es simpático, el imbécil”. Que le vayan dando. Hay cosas más divertidas que hablar. Como por ejemplo, el jugosísimo espectáculo del fracaso del 15-M, que no convoca más que a desharrapados, perroflautillas y borrokas. O por ejemplo, el jolgorizante revés que le ha metido Juan Aguirre, el guitarra de Amaral, a Rubalcaba, por citar una de sus canciones para hacer coñas con el caso Faisán, en el que Interior dio un chivatazo a la ETA para avisar a los terroristas de que estaban pinchados. Gloriosa respuesta de Amaral: “Mira, amigo, no me toques los huevos, las canciones son de todos”. Con un par, sí señor. La etiqueta no es perfecta, pero suena auténtica, y a un artista no le pido etiqueta, sino autenticidad, conque chapó Amaral. Parece que aún quedan artistas dispuestos a plantarle cara al poder. Y no como el mal cantante Nacho Vegas, alias el olvidable, que ha insultado a otra artista mucho mejor que él, por declararse de derechas, si de algo. Para Vegas (el último parásito de Bunbury) decirse de derechas es propio de cabrones o de cretinos. Yo creo que es al revés, que decir eso sí que es propio de cabrones, de cretinos, o de paniaguados que viven de lamer el culo al partido socialista. O las tres cosas a la vez, como demuestra alguno de cuyo nombre ya me he olvidado. Pero claro, no le podíamos pedir menos a un comunista, qué menos que abominar de la libertad ideológica y de expresión.

Mientras a los consistorios del PP les cae la pedrea roja de los indignasunos, a Roures, que controla los audímetros, y que es el principal cliente de la tele socialista, le ha caído el Gordo, o sea, la retransmisión del Gordo de la Lotería, mientras los principales clientes de Roures abominan de la privatización de la televisión. Ecuación imposible, lo sé, pero de fácil solución, porque cuando entre socialistas anda el juego, el resultado es previsible: ruina para todos, menos para los paniaguados del poder. Los cuales castigan la disidencia: no ha tardado en salir un concejal de Aranjuez (líderes en quema de documentos públicos al estilo de El Hundimiento) para llamar gilipollas a Amaral. Como buen perro de presa, obediente como buen socialista, declara el tipo que “si escuchara a Amaral, dejaría de hacerlo” después de las declaraciones de esta tarde. ¡Pecado mortal, meterse con Rubalcaba! No deja de ser casual que los tres progres que menos necesitan de subvenciones (Jorge Javier Vázquez, Amaral y Santi Segura) sean los únicos que se atreven a criticarles, y no como los otros, que necesitan PSOE para parecer gente de éxito, y francamente estaría muy mal por su parte morder la mano que les da de comer, o morder la teta que les da de mamar, a los mamoncines.

Ah, y no podía acabar este post sin mencionar al gran Enrique Bunbury, que se ha desmarcado de los ladridos de su amigo Vegas. Bunbury tampoco necesita subvenciones para llenar estadios. ¿Casualidad? Ni de coña. Un besazo a los lectores (¡casi 100.000 visitas en dos años!), y nos despedimos con un temazo. Hasta el próximo incendio.

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