OBVIOUS, DEAR INTREPID READER. OBVIOUS…

Hay un personaje literario que, a pesar de ser patrimonio de la humanidad, sólo la BBC tiene reservado el derecho moral (y el deber, por cierto) de explotar televisivamente. Y el ejercicio no sólo ha resuelto la papeleta con un diez de nota media, sino que además lo ha logrado dando una nueva vuelta de tuerca al mito, llevándolo a nuestros días de telefonía móvil y carruajes autopropulsados. Sólo un personaje puede hacer de la PDA un objeto distinguido, sólo uno puede hacer que su cerebro asombroso trabaje más rápido que un buscador de google. Sólo un detective podría sobrevivir a los tiempos del tablet, de la ciencia forense, sin que la tecnología se lo comiera, convirtiéndoe a él en una herramienta al servicio del bit, y sólo él podía hacerlo en sus propios términos, esto es, dejando bien alto el listón de lo que puede llegar a deducir el cerebro humano, capaz de radiografiar el alma de un sujeto basándose en el dobladillo de su pantalón vaquero, y condenando a la tecnología al papel para el que fué creada, el de herramienta, aunque la estupidez general se empeñe en elevar a la categoría de fin lo que en realidad sólo es un medio.Y para demostrar que los viejos mitos nunca mueren, la BBC nos brinda en tres largometrajes de noventa  minutos magistrales, brillantes de necesidad y placenteros hasta lo pecaminoso, sobre las pesquisas londinenses del único misántropo empedernido, misógino por costumbre, andrógino por vocación, microscópicamente observador, perspicaz en grado sumo, verdaderamente enciclopédico, y analítico sin piedad, que puede hacer de la soberbia intelectual un espectáculo adictivo, y que dejaría a un replicante a la altura de un vecino del cuarto izquierda en cualquier materia, exceptuando el arte de tocar el violín en medio del desorden, cuando no está resolviendo algún caso irresoluble o disparando a la pared de su casa del 221 de Baker Street, propiedad de la señora Hudson, sólo para matar el aburrimiento.

Según el evangelio de la BBC, el hombre perfecto en el más puro sentido Nietzschiano del término es un genio despistado que siempre lleva una lupa en el bolsillo junto a su PDA, que ya no fuma en pipa sino que es adicto a los parches de nicotina, que presta sus servicios a una mediocre Scotland Yard que sólo puede resignarse a ir varios cuerpos por detrás, limitándose a recoger las migajas de los casos cuyo zumo bebe nuestro héroe (compartiendo sólo unas gotas de obviedad, elemental, querido, reza la traducción, con su fiel amigo, y aún así cuerdo doctor), y que sólo encuentra placer poniendo a prueba su valía, no ante sus mediocres congéneres, simples para él como un rompecabezas de doce piezas, sino contra alguien digno de su intelecto. Un héroe cínico buscando una némesis a su altura. O, como dice él mismo: ¿no tiene todo el mundo un archienemigo?

Seguro que ya sabes a quién me refiero, ¿verdad?, así que no cometeré la banalidad de mencionar el nombre de quien no necesita presentación No te la pierdas. Ya me lo dirás. Sir Arthur puede estar tranquilo. Su obra está en buenas manos.


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