11-M A PUNTO DE ESTALLAR

En medio del maremoto, con el gobierno de Zapatero pendiendo de un hilo nacionalista que Europa ha calificado de chantajista y con la espada posada sobre el cuello del gobierno socialista más demoledoramente ruinoso de la historia de España, un socialismo que en esta ocasión, después de triturar los puestos de trabajo de 5.000.000 de personas, no ha dejado vivas ni las trituradoras de documentos, con la calle caliente contra una derecha que aún no ha movido ficha, con la ETA en las instituciones y su pacto con el PSOE temblando como un dedo en el gatillo de una pistola escondida a medias bajo el cinto, y con Rubalcaba presidiendo de facto España, manejando a su antojo la policía, la Guardia Civil y el tribunal constitucional, el partido que subió al poder sobre la cresta de la onda expansiva del peor atentado de la historia de España desde Paracuellos del Jarama está a punto de perder el poder. Todo eso va a saltar por los aires, como un silencio de western crepuscular roto tras horas de tensión pesada por un disparo que desata la vorágine. España se va a convertir muy pronto en el epicentro de su propio huracán. Estamos a merced de unos canallas que quieren construir la verdad, la historia, la dignidad y la justicia como si fueran platos a la carta del dietario socialista, ese mismo que celebraba con euforia la victoria del 11-M, cuando aún flotaba en el aire el olor a Titadyne y a carne asada, pero cuyos vestigios ya habían sido convenientemente destruidos por un canalla que no merece estar vivo, que no dudó un instante en encubrir al responsable, si es que no era él mismo el responsable, y que no dudará en hacer que nos matemos los unos a los otros con tal de seguir en el poder, un poder que el socialismo español aún no ha aprendido a perder deportivamente, sin triturar documentos, víctimas o testigos, tanto les da, con tal de conservar ese poder que tomaron con bombas y que dejarán con bombas, porque lo que mal empieza, mal acaba, Rubalcaba. En aquellos días, el pacto con la ETA, que ha culminado deprisa y corriendo en un extraño y vergonzante espectáculo de togas pringadas hasta el cuello de mierda, era ya un hecho. ¿Qué le debe el PSOE a la ETA para semejante bajada de pantalones? Quid pro quo, dijo el asesino que tanto placer encontraba en adivinar en su cobaya Clarice el terror que albergaba su corazón cada vez que volvía a soñar con el silencio de los corderos.

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