CERTEZAS POSITIVAS CONTRA EL ACOSO DE LA MAFIA VASCA

El acoso es un mal que aqueja a todas las sociedades por igual. No hay que llevarse las manos a la cabeza. El mal existe, y tiene cara de vecino del quinto izquierda, no hace falta irse más lejos. A veces, el acoso tiene cara de marido. A veces, de esposa. A veces, de hijo. A veces, de jefe o de compañero de trabajo. Y a veces, de padre o de hermano. Así es la vida.

El acosador vive de la inacción de la autoridad. Cuando la autoridad se hace a un lado, el acosador respira victoria, o se ahoga en su propio veneno. Su victoria es perecedera siempre, amarga, podrida y fétida por definición, porque el acosador es incapaz de disfrutar. El acosador sólo siente que está vivo cuando ejerce una autoridad injusta sobre el acosado. Pero no disfruta, os lo aseguro. Si fuera así, le bastaría con acosar una vez, dos, y luego lo dejaría. Pero no es así. El acosador siente que abusar es sólo un derecho, no un lujo. Por eso siempre quiere más, y no existe acosador que pida perdón o se quede de brazos cruzados cuando gana una batalla injusta. Y es así porque todo el tiempo que no está ejerciendo el terror, está siendo derrotado. El no-acoso es una insatisfacción para ellos. El acosador vive acosado por la sonrisa de su víctima potencial. El acosador vive acosado por la felicidad de su víctima potencial. De ahí la tragedia: cuando uno es feliz e inofensivo, cuando uno va a lo suyo sin hacer daño a nadie, su acosador está sufriendo y maquinando.

A veces da rabia, ¿verdad? No poder responder al acoso con sus mismas armas. Pero si lo aceptamos como un hecho, si aceptamos la condición maligna de nuestros enemigos, entonces la rabia se convierte en tranquilidad, esa tranquilidad que proporciona la superioridad moral. Y es que es así, no hay más que ver la serenidad de las víctimas de la mafia vasca. La gente de bien no necesita acosar a nadie, les basta con saber que no están solos, les basta con intentar que se haga justicia. Es más: para ser felices, o al menos poder intentarlo, la gente de bien necesita no acosar a nadie. Es de ahí, de la paz verdadera, y no del simulacro bastardo que cacarean los voceros de la hoz y el martillo, de donde se saca la fortaleza. Y la paz verdadera surge del corazón, no de la ley, ni de la justicia, ni siquiera de la Constitución. Por eso es importante la paz interior, porque es de ahí donde encontraremos la fortaleza necesaria para aguantar los embates del acoso. Y por eso el acosador siempre pierde, aunque “gane” a veces: porque en el pecado lleva la penitencia. Bajo su sonrisa arrogante se esconde un impotente emocional que, para sentir algo, necesita hacer daño. Necesita abusar. Pero para ello necesita debilidad. Si no hay debilidad, no hay acoso. Por eso, si no nos rebajamos a su nivel, habremos ganado por siempre, aunque “perdamos” a veces. Y esa es la gran batalla: no rebajarnos a su nivel.

Además, se da una circunstancia que juega claramente en contra del acosador. El acosador, de lo que más respira, es del espacio que le proporciona su anonimato. Por lo general, el acosador suele ser un tipo que, camuflado en la sociedad, pasa por buena persona, cuando en realidad es un manipulador retorcido que envía a otros a librar sus batallas. No olvidemos eso tampoco: el acosador es un cobarde que no soporta el más mínimo desafío, y por lo general necesita arroparse en el grupo para no verse en inferioridad de condiciones, y eso es lo que al final queda más claro. Los acosadores viven en un conflicto perverso entre sus ínfulas de superioridad, que necesitan alimentar constantemente, y un complejo crónico de inferioridad, que les zumba en los oídos durante cada uno de los segundos de sus siniestras vidas. Y cuando se ven delatados, señalados, o su autoridad puesta en duda, toda esa calmada arrogancia se convierte en ira. Yo he visto con mis propios ojos a un psicópata frío y arrogante echar espumarajos por la boca, literalmente, cuando se vio contrariado por un niño. Por un niño. Así que no lo olvides: el acosador vive del silencio. Si no hay silencio, no hay acoso. Por eso, cuando le das poder a un acosador, se convierte en un tirano. Si nos fijamos, los tiranos responden a la misma descripción que los acosadores. Y es que eso es un acosador. Un tirano en ciernes.

Hoy, gracias a Rubalcaba y Zapatero, la mafia vasca ha llegado alto. El acoso sobre la gente de bien ha fructificado, merced de un gobierno envilecido por la cobardía. Porque la cobardía envilece, no sólo la arrogancia. Pero estos acosadores tienen las manos atadas para hacer lo único para lo que han nacido. Ya estuvieron ahí arriba otras veces, y terminaron entre rejas, incapaces de seguir las reglas del juego. Zapatero y Rubalcaba, al darles poder, al convertirlos de acosadores en tiranos, y aliarse con ellos, se han quitado un problema de encima, y nos lo han pasado a nosotros. Y en fin, si tenía que ser así, si estaba en nuestro destino, venga, pues. Al menos es un problema que está ahora en nuestras manos, y no en las suyas. Tanto mejor. Al fin una solución liberal, en medio de tanta chapuza. Ahora ya no son sus hijos de puta. Ahora son nuestros hijos de puta.

Y ¿sabéis qué? Que después del varapalo del bochornoso y criminal fallo del “tribunal constitucional” (a falta de un nombre más exacto), me he dado cuenta de que hay varios factores que juegan en contra de la mafia vasca y de sus voceros socialistas.

1. FACTOR FAMA: No hay cosa que dé menos miedo que un acosador, cuando se sabe que es un acosador. Cuando todo el mundo sabe de su condición, el acosador ya no asusta. El acosador vive de acomplejar al acosado, y su propósito es que el acosado se rebaje a su nivel. Y aquí ya no tenemos complejos, no somos torturadores, ni fusiladores. Nos lo hemos demostrado, y no tenemos que demostrárselo a nadie más. Hemos sudado nuestros complejos. Aunque los cobardes se aparten del camino, se manchen las togas con el lodo del ídem, se laven las manos, o incluso cuando la autoridad les apoye, como ha hecho, hace y hará el PSOE, no les vamos a tener miedo. Cuando el acosador lo es fehacientemente, y sobre su cabeza flota un cartel que delata su condición, es él quien está bajo vigilancia. Y si los acosados hablamos bien alto y sin exabruptos, si no nos arrugamos ni nos dejamos acosar, dejaremos automáticamente de ser acosados. Entonces quedará en evidencia lo que es la mafia vasca, lo que siempre ha sido, y lo que será hasta el mismo día de su triste final: unos asesinos cobardes.  Sólo son otra mafia. Por eso sé que esta autoridad que les han dado, al hacerse “justa” por los “tribunales”, va a ser insuficiente para saciar su sed de mal, y se van a delatar cada día en su insatisfacción crónica.

2. FACTOR TIEMPO: Zapatero y Rubalcaba, los amigos de la mafia vasca, no van a estar ahí para siempre. Su idilio etarra, y el eterno fracaso del socialismo, los hace perecederos como producto y como fórmula. Y cuando caigan unos, lo harán los otros.Y si no caen, entonces recurriremos a instancias más altas que ellos. ¿Por qué creéis que Zapatero nos quiere sacar de la zona Euro? Para que nadie ejerza autoridad sobre él, y hacer de nosotros una sociedad sin alma, una sociedad doblegada. Por eso, si nos mantenemos fuertes, trabajadores y emprendedores, si mantenemos nuestras almas y conservamos la verticalidad, el acoso perderá la batalla, sí o sí. Y lo vamos a ser: fuertes, trabajadores y emprendedores. Sin complejos. Así les haremos débiles. No necesitamos acosar a nadie. El acosado no acosa. El acosado soporta y aguanta, y termina por ver a su acosador devorarse a sí mismo y diluirse en el aire como un mal sueño. Y el revital que el gobierno ha dado a la mafia vasca le va a pasar factura, ya lo creo que sí.

3. FACTOR ESCORPIÓN: Es un hecho: mucho antes de caer, se van a hacer trizas entre ellos, porque cuando el acosador no puede acosar a uno, acosa a otro. Hoy la mafia vasca ha brindado con champán, pero mañana se cansará de brindar, y comenzará de nuevo a ejercer su acoso en cada una de sus acciones, en cada una de sus palabras. Es así, no lo puede evitar. Aunque quisiera evitarlo, cosa que no se da, porque los acosadores no pueden entender la vida de otra manera, pero aunque así fuera, no podrían dejar de hacerlo. Está en su naturaleza. Y del mismo modo que tienen las manos atadas porque tienen que hacerse pasar por “hombres de paz”, no os quepa duda que se van a hacer trizas entre ellos. Es la naturaleza del malvado. La naturaleza de la serpiente. La naturaleza del escorpión.

Y por último: Recordad que lo único que pueden sentir los acosadores, el único sentimiento real que pueden generar sus opacas meninges, más allá del odio banal que les aqueja, es el miedo. Ellos sólo nos odian en tanto que nos temen. Y cuando, cansados de amenazar, se descontrolen y vuelvan a morder, que es lo que hacen los perros rabiosos cuando se les pasa el calmante, no habrá pueblo, ni bosque frondoso, ni desierto lejano, ni montaña remota, por recóndita que sea, donde puedan esconderse. Ya lo veréis. Acordaos del factor Osama.

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