ERNESTO SABATO

Y tú. Aparicio Sosa, que nunca intentaste entender nada, porque simplemente te limitaste a serme fiel, a creer sin razones en lo que yo dijera o hiciese, tú. que me cuidaste desde que fui un cadete mocoso y arrogante: tú, el callado sargento Aparicio Sosa, el negro Sosa, el picado de viruelas Sosa, el que me salvó en Cancha Rayada, el que nada tiene fuera del amor a este pobre general derrotado, fuera de esta bárbara y desgraciada patria querría que pensaran en ti.
“Quiero decir…”
(Los fugitivos han colocado ahora el bulto con los hue­sos en la petaca de cuero del general, y la petaca sobre el tordillo de pelea. Pero vacilan con el tachito hasta que Danel lo entrega a Aparicio Sosa, el más desamparado por la muer­te de su jefe.)
“Sí, compañeros, al sargento Sosa. Porque es como decir a esta tierra, esta tierra bárbara, regada con la sangre de tantos argentinos. Esta quebrada por la que veinticinco años atrás subió Belgrano con sus soldaditos improvisa­dos, generalito improvisado, frágil como una niña, con la sola fuerza de su ánimo y de su terror, teniendo que enfren­tar las fuerzas aguerridas de España por una patria que todavía no sabíamos claramente qué era, que todavía hoy no sabemos qué es, hasta dónde se extiende, a quién perte­nece de verdad: si a Rosas, si a nosotros, si a todos juntos o a nadie. Sí, sargento Sosa: sos esta tierra, esta quebrada milenaria, esta soledad americana, esta desesperación anó­nima que nos atormenta en medio de este caos, en esta lucha entre hermanos.”
(Pedernera da orden de montar. Ya se oyen peligrosa­mente cerca los disparos en la retaguardia, se ha perdido demasiado tiempo. Y dice a sus compañeros “Si tenemos suerte, en cuatro días alcanzamos la frontera”. Eso es, trein­ta y cinco leguas que pueden cubrirse en cuatro días de desesperado galope. “Si Dios nos acompaña”, agrega. Y los fugitivos desaparecen en medio del polvo, bajo el sol intenso de la quebrada, mientras detrás otros camaradas mueren por ellos.)

Sobre héroes y tumbas, ERNESTO SABATO (1911-2010)


Hoy ha muerto con 99 años un hombre que nació sabio y murió sabio, que nació solo y murió solo. Cuando yo mismo muera, sus dos obras El Túnel y Sobre Héroes y Tumbas seguirán siendo dos de los libros más majestuosos que jamás habré leído. Sobre Héroes y Tumbas y El Túnel son  lecturas devastadoras porque verdaderamente devastan la memoria literaria del lector de tal modo que nos hacen sentir como la primera vez que terminamos de leer esa primera gran novela con la que iniciamos nuestras particulares andaduras por el océano de los sueños compartidos, que nos hacen sentir que no habíamos leído nada importante con anterioridad, que ese ejemplar que sujetábamos nos había estado esperando pacientemente desde el momento mismo de su impresión, que hasta habernos sumergido en ellos y cerrarlos tras leer su última página, habíamos permanecido vírgenes de lecturas.

Gracias, Ernesto Sabato, hasta siempre, Ernesto Sabato.

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