DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Este es el día más importante de la Semana Santa. En este día, se pone a prueba una vez más, y de manera definitiva, la fe de los discípulos. El relato varía en los detalles según el evangelio. María y la Magdalena se dirigen al sepulcro para embalsamar el cuerpo de Jesús, y se encuentran con que alguien ha movido la piedra que cubría el sepulcro, y que el cuerpo de Jesús ha desaparecido. El sudario y los lienzos que cubrían el cuerpo siguen allí, y junto a él un ángel del cielo les anuncia que Jesús ha resucitado.

SEGÚN SAN MATEO

28:1  Pasado el sábado, al alborear el día primero de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro.

28:2  Y he aquí que se produjo un gran terremoto, pues un ángel del Señor descendió del Cielo y, acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella.

28:3  Su aspecto era como de relámpago, y su vestidura blanca como la nieve.

28:4  Llenos de miedo, los guardias se aterrorizaron y se quedaron como muertos.

28:5  El ángel tomó la palabra y dijo a las mujeres: No temáis vosotras; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado.

28:6  No está aquí, porque ha resucitado como había dicho. Venid, ved el sitio donde estaba puesto.

28:7  Marchad en seguida y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos; irá delante de vosotros a Galilea: allí le veréis. Mirad que os lo dije.

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SEGÚN SAN MARCOS

16:1  Pasado el sábado, María Magdalena y María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús.

16:2  Y, muy de mañana, al día siguiente del sábado, llegan al sepulcro, salido ya el sol.

16:3  Y se decían unas a otras: ¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?

16:4  Y al mirar vieron que la piedra estaba apartada; era ciertamente muy grande.

16:5  Entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca, y se quedaron asustadas.

16:6  El les dice: No tengáis miedo; buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde lo colocaron.

16:7  Pero marchad, decid a sus discípulos y a Pedro que él va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, como os dijo.

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SEGÚN SAN LUCAS

24:1  Al día siguiente del sábado, muy de mañana, llegaron al sepulcro trayendo los aromas que habían preparado;

24:2  y encontraron que la piedra estaba removida del sepulcro. 24:3  Pero al entrar, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. 24:4  Y sucedió que, estando desconcertadas por este motivo, he aquí que se les presentaron dos varones con vestidura refulgente.

24:5  Como estuviesen llenas de temor y con los rostros inclinados hacia tierra, ellos les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

24:6  No está aquí, sino que ha resucitado; recordad cómo os

habló cuando aún estaba en Galilea

24:7  diciendo que convenía que el Hijo del Hombre fuera entregado en manos de hombres pecadores, y fuera crucificado y resucitase al tercer día.

24:8  Entonces ellas se acordaron de sus palabras.


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SEGÚN SAN JUAN

Este relato difiere de los otros. En él se pone a prueba la fe de María cuando su hijo se presenta ante ella, pero no lo reconoce por su aspecto, sino por sus palabras, y ella, en acto de gran humildad, llama Rabbuni (maestro) a su propio hijo.

20:1  El día siguiente al sábado, al amanecer, cuando todavía estaba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio quitada la piedra del sepulcro;

20:2  entonces echó a correr, fue a Simón Pedro y al otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.

20:3  Salió Pedro con el otro discípulo y fueron al sepulcro.

20:4  Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro.

20:5  Se inclinó y vio allí los lienzos plegados, pero no entró.

20:6  Llegó tras él Simón Pedro, entró en el sepulcro y vio los lienzos plegados,

20:7  y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no plegado junto con los lienzos, sino aparte, todavía enrollado,

en un sitio.

20:8  Entonces entró también el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó.

20:9  No entendían aún la Escritura según la cual era preciso que resucitara de entre los muertos.

20:10  Los discípulos se volvieron de nuevo a casa.

20:11  María estaba fuera llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro,

20:12  y vio a dos ángeles de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies, donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.

20:13  Ellos dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les respondió: Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.

20:14  Dicho esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús.

20:15  Le dijo Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. 20:16  Jesús le dijo: ¡María! Ella, volviéndose, exclamó en hebreo: ¡Rabbuni!, que quiere decir Maestro.

20:17  Jesús le dijo: Suéltame, que aún no he subido a mi Padre; pero vete a mis hermanos y diles: subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.


María y, y dependiendo del relato, también la Magdalena, corren a anunciar la buena nueva a los apóstoles, que están escondidos, abatidos y aterrorizados por la posibilidad de correr la misma suerte que su amigo. Los que son testigos del estado de alteración de las mujeres, creen en ellas. Pero cuando estos corren a anunciar la noticia a los otros, estos no les creen. Cuando se les aparece a todos en carne y hueso, un nada complaciente Jesús resucitado les reprocha su incredulidad. Dependiendo del relato, difieren los métodos en que se pone a prueba la fe de los discípulos. Desde pequeño encuentro divertido cómo Jesus “juega” con la percepción de sus testigos, que a veces no le ven aunque él está ahí, y en otros relatos le ven, pero no le reconocen, pero sin que en ningún momento el evangelista diga que Jesús sea invisible o que se haya transformado físicamente. Invito al lector a analizar con cuidado las palabras que cada evangelista utiliza para describir las escenas. Todos esos métodos de Jesús tienen el cometido de ensalzar a aquellos que creen sin ver, y perdonar a aquellos que necesitan ver para creer, quedando relegados aquellos que, aún viendo y tocando, se resisten a creer. Una vez edificada la fe absoluta de sus discípulos, Jesús resucitado les bendice con el Espíritu Santo, y les emplaza a predicar a Dios por los confines del mundo.

MATEO

28:8  Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y gran alegría, y corrieron a dar la noticia a los discípulos.

28:9  De pronto Jesús les salió al encuentro y les dijo: Alegraos. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron.

28:10 Entonces Jesús les dijo: No temáis; id y anunciad a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán.

28:11   Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los príncipes de los sacerdotes todo lo sucedido.

28:12      Reunidos con los ancianos, después de haberlo acordado, dieron una buena suma de dinero a los soldados

28:13      con el encargo de decir: Sus discípulos vinieron de noche y lo robaron mientras nosotros dormíamos.

28:14      Si esto llegara a oídos del procurador, nosotros le calmaremos y cuidaremos de vuestra seguridad.

28:15      Ellos tomaron el dinero y actuaron según las instrucciones recibidas. Así se divulgó este rumor entre los judíos hasta el día de hoy.

28:16      Los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

28:17      Y, al verlo, le adoraron; pero otros dudaron.

28:18      Y acercándose Jesús les habló: Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra.

28:19      Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo;

28:20      y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.


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MARCOS

En este caso, Jesús se aparece primero a María la Magdalena, y es ella quien lo anuncia a los discípulos, que no la creen. Es entonces cuando Jesús empieza a poner a prueba la fe de sus amigos de diferentes maneras.

16:8  Y saliendo, huyeron del sepulcro, pues estaban sobrecogidas de temblor y fuera de sí; y no dijeron nada a nadie, porque estaban atemorizadas.

16:9  Habiendo resucitado, al amanecer el primer día de la semana, se apareció en primer lugar a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios.

16:10      Ella fue a anunciarlo a los que habían estado con él, que se encontraban tristes y llorosos.

16:11      Pero ellos, al oír que estaba vivo y que ella lo había visto, no lo creyeron.

16:12      Después de esto se apareció, bajo distinta figura, a dos de ellos que iban de camino a una aldea;

16:13      también ellos regresaron y lo comunicaron a los demás, pero tampoco les creyeron.

16:14      Por último, se apareció a los Once cuando estaban a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no creyeron a los que lo habían visto resucitado.

16:15      Y les dijo: Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura.

16:16      El que crea y sea bautizado, se salvará; pero el que no crea, se condenará.

16:17      A los que crean acompañarán estos milagros: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas,

16:18      cogerán serpientes y, si bebieran algún veneno, no les dañará; impondrán las manos sobre los enfermos y quedarán curados.

16:19      El Señor, Jesús, después de hablarles, se elevó al Cielo y está sentado a la derecha de Dios.

16:20      Y ellos, partiendo de allí, predicaron por todas partes, y el Señor cooperaba y confirmaba la palabra con los milagros que la acompañaban.

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LUCAS

24:8  Entonces ellas se acordaron de sus palabras.

24:9  Y al regresar del sepulcro anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás.

24:10  Eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago; también las otras que estaban con ellas contaban estas cosas a los Apóstoles.

24:11  Y les pareció como un desvarío lo que habían contado, y no les creían.

24:12  Pedro, no obstante, levantándose corrió hacia el sepulcro; y al inclinarse vio sólo el sudario. Entonces se volvió a casa admirado de lo ocurrido.

24:13  El mismo día, dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús, que distaba de Jerusalén sesenta estadios.

24:14  Y conversaban entre sí de todo lo que había acontecido.

24:15  Y sucedió que, mientras comentaban y discutían, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos;

24:16  pero sus ojos estaban incapacitados para reconocerle.

24:17  Y les dijo: ¿Qué conversación lleváis entre los dos mientras vais caminando? Y se detuvieron entristecidos.

24:18  Uno de ellos, de nombre Cleofás, le respondió: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días?

24:19  El les dijo: ¿Qué ha pasado? Y le contestaron: Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y ante todo el pueblo:

24:20  cómo los príncipes de los sacerdotes y nuestros magistrados lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaron.

24:21  Sin embargo nosotros esperábamos que él sería quien redimiera a Israel. Pero con todo, es ya el tercer día desde que han pasado estas cosas.

24:22  Bien es verdad que algunas mujeres de las que están con nosotros nos han sobresaltado, porque fueron al sepulcro de madrugada

24:23  y, al no encontrar su cuerpo, vinieron diciendo que habían tenido una visión de ángeles, los cuales les dijeron que está vivo.

24:24  Después fueron algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como dijeron las mujeres, pero a él no le vieron. 24:25  Entonces Jesús les dijo: ¡Oh necios y tardos de corazón para creer todo lo que anunciaron los profetas!

24:26  ¿No era preciso que el Cristo padeciera estas cosas y así entrara en su gloria?

24:27  Y comenzando por Moisés y por todos los Profetas les interpretaba en todas las Escrituras lo que se refería a él.

24:28  Llegaron cerca de la aldea a donde iban, y él hizo ademán de continuar adelante.

24:29  Pero le retuvieron diciéndole: Quédate con nosotros, porque ya está anocheciendo y va a caer el día. Y entró para quedarse con ellos.

24:30  Y estando juntos a la mesa tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio.

24:31  Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su presencia.

24:32  Y se dijeron uno a otro: ¿No es verdad que ardía nuestro corazón dentro de nosotros, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?

24:33  Y al instante se levantaron y regresaron a Jerusalén, y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, 24:34  que decían: El Señor ha resucitado realmente y se ha aparecido a Simón.

24:35  Y ellos contaban lo que había pasado en el camino, y cómo le habían reconocido en la fracción del pan.

24:36      Mientras ellos contaban estas cosas, Jesús se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.

24:37      Se quedaron turbados y asustados, pensando que veían un espíritu.

24:38      Y les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y por qué dais cabida a esos pensamientos en vuestros corazones?

24:39      Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo. Palpadme y comprended que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo.

24:40      Y dicho esto, les mostró las manos y los pies.

24:41      Como no acabasen de creer por la alegría y estuvieran llenos de admiración, les dijo: ¿Tenéis aquí algo que comer?

24:42      Entonces ellos le ofrecieron parte de un pez asado.

24:43      Y tomándolo comió delante de ellos.

24:44      Y les dijo: Esto es lo que os decía cuando aún estaba con vosotros: es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.

24:45      Entonces les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras.

24:46      Y les dijo: Así está escrito: que el Cristo tiene que padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día,

24:47      y que se predique en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las gentes, comenzando desde Jerusalén.

24:48      Vosotros sois testigos de estas cosas.

24:49      Y sabed que yo os envío al que mi Padre ha prometido. Vosotros, pues, permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza de lo alto.

24:50      Los sacó hasta cerca de Betania y levantando sus manos los bendijo.

24:51      Y sucedió que, mientras los bendecía, se alejó de ellos y se elevaba al Cielo.

24:52      Y ellos le adoraron y regresaron a Jerusalén con gran gozo.

24:53      Y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios.

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JUAN

En el relato de Juan, Jesús se aparece por tres veces ante sus discípulos.

En los cuatro Evangelios, Jesús le vaticina a Simón Pedro “Me negarás tres veces antes que cante el gallo”, y en todos se cumple su predicción cuando Simón Pedro niega ser su discípulo en tres ocasiones por miedo a ser prendido como su amigo, pero solo en el de Juan, Cristo resucitado pregunta por tres veces a Simón Pedro si este le ama. La reacción de Pedro es la de avergonzarse, pues sabe perfectamente por qué sólo a él se le pregunta lo mismo tres veces seguidas para recibir el mismo mandato después de cada respuesta.

A Tomás le es especialmente reprendida su falta de fe cuando proclama que no creerá hasta que no meta los dedos en sus llagas y la mano en su costado. Cuando se aparece, Cristo le conmina a hacerlo, pero Tomás, al ver a su amigo resucitado, rehúye cumplir su palabra, por reparo o por repugnancia, o al menos eso creo entender. En este pasaje se demuestra una vez más que Jesús ha resucitado en carne y hueso. Jesús no da puntada sin hilo.

Caravaggio interpreta la escena de otro modo

Sólo en el Evangelio de San Mateo, Judas se ahorca por arrepentimiento tras entregar a su amigo. En el relato de Juan, sin embargo, está entre los discípulos durante la tercera aparición, aunque no se le nombra por su nombre, sino a traves de la fórmula “el que Jesús amaba”, y es precisamente Simón Pedro, que le negó tres veces, quien se indigna porque Jesús dice “Sígueme” a “aquel a quien Jesús amaba”. La respuesta de Jesús es memorable. 

20:18  Fue María Magdalena y anunció a los discípulos: ¡He visto al Señor!, y me ha dicho estas cosas.

20:19  Al atardecer de aquel día, el siguiente al sábado, estando cerradas las puertas del lugar donde se habían reunido los discípulos por miedo a los judíos, vino Jesús, se presentó en medio de ellos y les dijo: La paz sea con vosotros.

20:20  Y dicho esto les mostró las manos y el costado. Al ver al Señor se alegraron los discípulos.

20:21  Les dijo de nuevo: La paz sea con vosotros. Como el Padre me envió así os envío yo.

20:22  Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo;

20:23  a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos.

20:24  Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.

20:25  Los otros discípulos le dijeron: ¡Hemos visto al Señor! Pero él les respondió: Si no veo la señal de los clavos en sus manos, y no meto mi dedo en esa señal de los clavos y mi mano en su costado, no creeré.

20:26  A los ocho días, estaban de nuevo dentro sus discípulos y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, vino Jesús, se presentó en medio y dijo: La paz sea con vosotros.

20:27  Después dijo a Tomás: Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.

20:28  Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío!

20:29  Jesús contestó: Porque me has visto has creído; bienaventurados los que sin haber visto han creído.

20:30  Muchos otros milagros hizo también Jesús en presencia de sus discípulos, que no han sido escritos en este libro.

20:31  Estos, sin embargo, han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

21:1  Después se apareció de nuevo Jesús a sus discípulos junto al mar de Tiberíades. Se apareció así:

21:2  estaban juntos Simón Pedro y Tomás, llamado Dídimo, Natanael, que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.

21:3  Les dijo Simón Pedro: Voy a pescar. Le contestaron: Vamos también nosotros contigo. Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.

21:4  Llegada ya la mañana, se presentó Jesús en la orilla; pero sus discípulos no sabían que era Jesús.

21:5  Les dijo Jesús: Muchachos, ¿tenéis algo de comer? Le contestaron: No.

21:6  El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y ya no podían sacarla por la gran cantidad de peces.

21:7  Aquel discípulo a quien amaba Jesús dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Al oír Simón Pedro que era el Señor se ciñó la túnica, porque estaba desnudo, y se echó al mar.

21:8  Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra, sino a unos doscientos codos, arrastrando la red con los peces.

21:9  Cuando descendieron a tierra vieron unas brasas preparadas, un pez puesto encima y pan.

21:10  Jesús les dijo: Traed algunos de los peces que habéis pescado ahora.

21:11  Subió Simón Pedro y sacó a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y aunque eran tantos no se rompió la red.

21:12  Jesús les dijo: Venid y comed. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú quién eres?, pues sabían que era el Señor.

21:13  Vino Jesús, tomó el pan y lo distribuyó entre ellos, y lo mismo el pez.

21:14  Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

21:15  Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Le dijo: Apacienta mis corderos.

21:16  De nuevo le preguntó por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.

21:17  Le preguntó por tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez si le amaba, y le respondió: Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo. Le dijo Jesús: Apacienta mis ovejas.

21:18  En verdad, en verdad te digo: cuando eras más joven te ceñías tú mismo e ibas a donde querías; pero cuando envejezcas extenderás tus manos y otro te ceñirá y llevará a donde no quieras.

21:19  Esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.

21:20  Volviéndose Pedro vio que le seguía aquel discípulo que Jesús amaba, el que en la cena se había recostado en su pecho y le había preguntado: Señor, ¿quién es el que te entregará?

21:21  Viéndole Pedro dijo a Jesús: Señor, ¿y éste qué?

21:22  Jesús le respondió: Si yo quiero que él permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme.

21:23  Por eso surgió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si yo quiero que él permanezca hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?

No soy muy ducho en Evangelios, pero siempre me ha gustado el final del cuarto, el de Juan, que dice así:

21:24  Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero.

21:25  Hay, además, otras muchas cosas que hizo Jesús, y que si se escribieran una por una, pienso que ni aun el mundo podría contener los libros que se tendrían que escribir.

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Escribo de la Biblia con todo el respeto. Nunca lo había hecho antes, aunque de vez en cuando sí que me paro a leerla, especialmente los Evangelios, encontrando siempre pasajes interesantes y nuevas interpretaciones. Agradecería que me fuera corregido cualquier error. A continuación ofrezco un enlace con los cuatro textos íntegros para bajar al disco duro en formato word. En él se pueden realizar cómodas búsquedas para comparar las diferentes visiones de los cuatro profetas. Espero que hayáis pasado una feliz Semana Santa, ¡y que no os haya llovido mucho! Se despide Monolocus, agradeciendo a los que han seguido la semana también desde mi blog. Ojalá hayáis disfrutado leyéndolo tanto como disfruté yo escribiendo.
Nos vemos en la red.

Los_4_Evangelios.doc (clic aquí)


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