SOBRE HÉROES Y DECIBELIOS

¿Decibelios? ¿Eso es todo lo que podemos ofrecer como contestación al desafío independentista? España ha hecho dejación de sus funciones como monarquía, como Constitucional, como identidad, como Nación, ¿y ahora, cuando el himno ni está ni se le espera, y en la Copa del Rey lo que sobra es el Rey, sólo podemos ofrecer decibelios? ¿Tan patética manera tiene España de declarar su fracaso ante la marea independentista? España dejó que Zapatero se hiciera con el poder utilizando un atentado descaradamente dirigido a tal efecto. España ha dejado que la Constitución sólo pueda ser manejada por magistrados paniaguados por la política. España ha permitido que sus defensores sean sistemáticamente vilipendiados, sus enemigos encumbrados, sus peores criminales liberados, su bandera hecha jirones, su historia guarreada, su cohesión destruida, su riqueza, sospechosa, y sus estudiantes, desalfabetizados y adoctrinados en la no-patria, en la no-religión y en la no-excelencia. Y ahora, cuando ya todo eso es un hecho, no una amenaza o un futurible, ahora que la mecha está a punto de llegar al cartucho, ¿vamos a meter decibelios?

¿Y cuando los pitos lleguen hasta las casas de los votantes del PP, qué hacemos, subir la radio? ¿Y cuando se nos lleven a los poquitos que nos atrevemos a discrepar del antiespañolismo normativo, qué hacemos, subir la música? ¿Y cuando no haya dinero para pagar la ruina autonomista, qué hacemos, subir la música? ¿Y cuando ardan las iglesias, qué hacemos, subir la música? ¿Y cuando se carguen a cualquiera que parezca capaz de ganarles las elecciones, qué hacemos, subir la música? ¿Y cuando se nieguen a dejar el poder, y amenacen con guerra si pierden las elecciones, qué hacemos, subir la música? ¿Es eso todo lo que podemos ofrecer? ¿Decibelios? ¿Esa constatación de la derrota en el terreno de las ideas?

¿Y por qué molestan los pitos en el fútbol, pero no la imposición de un idioma accesorio? ¿Y por qué combatimos los pitos en el fútbol, pero no en la calle? ¿Y por qué tapamos los pitos en el fútbol, pero no la ruina de una nación? Es una pregunta retórica, no se preocupen, que obviamente sabemos la respuesta: porque el partido es de puertas afuera. Los amos de España se comportan como unos marqueses decadentes que sólo disimulan sus vergüenzas ante las visitas, pero las dan por hechas ante la familia y el servicio, y ya ni siquiera procuran solucionarlas. Se han abandonado a la tentación de convertir la basura en paisaje, la traición en clima, la reyerta en idioma básico de intercambio y sólo les importa la imagen que proyectan al exterior, colocando alfombras y tapices para tapar las manchas y los charcos de sangre, o ya, ni eso, basta con cerrar a las visitas las estancias que testimonien los estragos que causa su renuncia a mantener la convivencia.

Decibelios es lo que se aplica cuando uno no tiene argumentos, o cuando los desprecia. ¿Cabía esperar otra cosa de nuestros líderes mentecatos? Si frente a ETA se están disculpando por nosotros, qué no harán cuando nadie está mirando.

Que piten, señores. Déjenles que piten. Y ya que pitan, ya que no quieren Himno Español, que se queden también sin Constitución Española, y sin presupuestos generales del estado. Que vivan de dar pan tumaca en los hoteles buenos. Y que intenten sobrevivir a sus políticos. Ya veríamos lo poco que tardaban en volver a casa por Navidad. Ya ocurrió antes, eligieron ser franceses y terminaron escaldados, y suplicando que les dejáramos volver. Y eso no hay pitada que lo tape.

Y por lo demás, no me extraña que no nos quieran. A día de hoy, yo también estaría tentado de quitarme de Español si tuviera posibilidad de ello, aunque solo fuera por que nadie me relacionara con mis líderes, que dan asco TODOS. Pero eso no arreglaría nada. Tenemos los políticos que hemos esculpido. Son unos hijos de puta, pero son nuestros hijos de puta. Y lo son en virtud de la hijoputez que supieron extraer de nosotros, para que les pusiéramos ahí. Así que si ellos son unos ramplones hijos de rana, es porque España entera lo es también. Sólo comprendiendo eso podremos labrarnos unos líderes mejores. Ya basta de quejarnos de los políticos de mierda que tenemos. Lo son, y está bien decirlo, pero no a modo de queja, como si los políticos nos cayeran en suerte y tuviéramos el derecho inalienable de tener los mejores representantes. Como si nos vinieran impuestos. No. Hay que decirlo, porque son unos mierdas. Pero conviene hacerlo a modo de autoanálisis, y sobre todo, aprendiendo de una maldita vez que no es sano ni razonable exigir a otros lo que uno no está dispuesto a dar.

No quisiera sonar moralista porque no lo soy. Pero cada día me encuentro mil detalles que me convencen una y otra vez de que todo gran cambio ha de empezar por uno mismo, y si de verdad quiero cambiar las cosas, he de demostrarlo con cada uno de mis actos pequeños. Para mejorar el mundo hay que dar ejemplo con nuestros actos, y eso no es responsabilidad de ningún polítiquillo de mierda, ni de ningún reyecillo absentista. Eso está en nuestras manos, y si no lo hacemos, la responsabilidad es solamente nuestra y de nadie más. Si no lo hacemos, somos cómplices de nuestra propia miseria. Y sí, conviene empaparse de la basura nacional, para saber por dónde nos la están clavando. Pero conviene también reservar un ratito cada día para observar a los hombres buenos, para aplaudir y admirar sus actos humildes y valientes. Hace unos días, Irene Villa. Anteayer, Regina Otaola. Ayer, Alcaraz. Y hoy, Nerea Alzola. Mañana, quién sabe. Pero sí, conviene empaparse también de los valientes, para recordarnos que hay alguien ahí fuera que pelea por nosotros, que nos recuerdan que importa más luchar que ganar, porque es en la resistencia contra la adversidad y la injusticia donde encontramos la dignidad, el derecho a mirarnos al espejo. Y los que dan la cara ante el peligro, el abuso y la amenaza, lo demuestran cada día, porque recibieron tinieblas y ofrecen luz.

Claro, mirar a los valientes sube el listón, pero es un listón que no desanima por muy alto que esté. Al contrario, nos anima a ser mejores, y además, nos enseña a vivir nuestras vidas pequeñas con menos miedo. Si ellos pueden ser como son bajo la amenaza de ETA, o después de la tragedia, suya o de los suyos, aún encuentran fuerzas para mantenerse enteros, serenos y fuertes, ¿qué derecho tenemos nosotros a desanimarnos por las estúpidas zancadillas pequeñas que nuestros mundos pequeños nos ponen cada día? Yo tengo la suerte de conocer a una persona cuya presencia, cuyos actos sencillos, hacen del mundo un lugar mejor, una heroína anónima que me inspira con sus actos de bella y sencilla generosidad, una persona que lleva la sonrisa y el color allá donde va. Recomiendo al lector que busque eso, que busque el ejemplo de la gente buena, que se empape de ella. Sólo entonces podrás encontrar en ti mismo la punta de hilo que necesitamos todos para empezar a tejer a nuestro alrededor el mundo que queremos tejer para nosotros y para los demás. Es difícil, pero a la vez es lo más fácil del mundo. Sólo se necesita fe, foraleza, perseverancia, inspiración y toneladas de buena suerte. Nada más que eso. Parece mucho, pero hazme caso: encuentra ese hilo, y empieza a tejer alrededor tuyo el mundo que desearías haberte encontrado. Comprobarás, y esto lo garantizo, que ese hilo te abrirá los ojos para ver las cosas buenas, las flores en el vertedero, la luz en las tinieblas. Entonces la fe surgirá, quebrando tus miedos y tu desconcierto, y entenderás entonces que la suerte es un fenómeno cerebral, que depende de cómo recibamos las cosas según vienen, si por el lado malo, o si por el bueno.

Y si te falta esa primera punta de hilo, por favor, no te pierdas el link que ofrezco a continuación, y comprenderás lo torpe, lo inútil y lo obtuso de usar decibelios para defender lo que merece ser defendido, cuando hay gente  ahí fuera como esta mujer, sacudiendo el desaliento a golpe de sonrisa, dispuesta a dedicar su vida a ayudar a superar el odio, el miedo y la desesperación de otros. Una mujer que recibió lo peor, y da lo mejor. Con ustedes, Irene Villa. Se lo aseguro, intrépido lector, haga clic y no se arrepentirá.

LINK A LA ENTREVISTA DE NURIA RICHART A IRENE VILLA

Así que ya sabe el lector, cuando se indigne por la falta de autoridad moral que nos quieren endilgar unos fantoches tragaldabas y futboleros, recurra a aquello por lo que merece la pena luchar cuando nuestros líderes intenten tapar sus miserias usando decibelios. Tenemos argumentos de sobra. Por ello, no me dan miedo los pitos de cuatro capullos. Ellos no cuentan entre sus filas a ninguna Irene Villa, ni a ninguna Nerea Alzola, ni a Regina Otaola, ni a ningún José Francisco Alcaraz, ni a ningún José Antonio Ortega Lara. Ellos tienen sus pitos nada más. Qué poquita cosa. Que suenen, por Dios, que suenen bien altos. Y que se enteren bien en el mundo de cómo tratamos a nuestro himno y a nuestra bandera. De otro modo, se llevarían una impresión equivocada, y conviene que se sepa en el extranjero lo que nos hemos labrado aquí, de cómo tratamos a los que nos honran, de cómo tratamos a los que nos defienden. Y de qué clase de tipos nos representan.

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