MIRABEAU O EL POLÍTICO-FIN DE OTRA ETAPA

Leo con asombro un pasaje de “Mirabeau o el Político”, de Ortega y Gasset, que cita Mario Conde en sus vibrantes “Memorias de un preso”. Lee Conde el ensayo en el contexto del día 6 de Enero de 1995, un día después de que el diario El País publicara el editorial “Fin de Etapa”, que prácticamente defenestraba a un podrido Felipe González, en aquellos días en que El País ostentaba una influencia real sobre la ciudadanía. Cito a Ortega desde el libro de Mario Conde:

“Es preciso ir educando a España para la óptica de la magnanimidad, ya que es un pueblo ahogado por el exceso de virtudes pusilánimes. Cada día adquiere mayor predominio la moral canija de las almas mediocres, que es excelente cuando está compensada por los fieros y rudos aletazos de las almas mayores, pero que es mortal cuando pretende dirigir a una raza y, apostada en todos los lugares estratégicos, se dedica a aplastar todo germen de superioridad”.

Resulta un tanto descorazonador el hecho de ver con claridad tan meridiana que la España invertebrada de Ortega no ha evolucionado ni un ápice casi un siglo después de la redacción del sobrecogedor párrafo. No menos descorazonador es el contexto en el que Mario Conde comparte con el lector la cita: el ocaso del felipismo. La decadencia del socialismo de los ochenta, que nos dejó una crisis económica que Felipe desmintió en repetidas ocasiones, a pesar de que la economía caía en picado. También desmentía Felipe cualquier contacto, financiación o tutela en relación al GAL. Pero en medio de aquella tormenta, los escándalos del PSOE saltaban a la luz a tal velocidad y en tales cantidades que la prensa apenas lograba seguir su propio ritmo. El maeltrom terminó por arrastrar al sumidero del desprecio público a todo un partido, un PSOE que había arruinado el país dejando tras de sí una estela de corrupción política, jurídica, financiera, no superado hasta nuestros días. Y hemos repetido la historia. En tan poco tiempo que asusta. Asusta porque nosotros mismos, los españoles, fuimos quienes nos dejamos engañar de nuevo por los mismos que ya nos habían decepcionado. Y lo hicimos en cuanto llenamos las arcas de nuevo. La excusa fue Irak, el chapapote, el 11-M. Pero en realidad era lo que queríamos. Volver a lo mismo. A la corruptela, al primo del alcalde, al coleguita borroka, al traficante moruno. Y vaya si lo hemos logrado. Si queríamos caldo, tuvimos tres tazas.

¿Volvemos a empezar de nuevo? Personalmente, no creo que vayamos a ser capaces. Simplemente, no queremos hacerlo. Todo se ha exagerado, y la espiral se acelera. Llegaremos a un punto crítico. Lo de Felipe, Barrionuevo, Vera, los GAL, FILESA, Juan Guerra, Roldán, etc, etc, etc…, todo ese trombo de corrupción, el botarate Zapatero lo ha dejado pequeño, y mientras el electorado progresista no haga un serio análisis de conciencia, siga separándose de la realidad, y de la otra media España, no se dará cuenta de lo que está propiciando, de lo que está dejando pasar a un gobierno al que deberíamos haber echado a patadas hace mucho tiempo. Porque si bien en aquella ocasión bastó con echar a González del poder, esta España no es la misma que saqueó González. En aquella ocasión el daño fue económico, un daño grave porque los socialistas no dejaron ni las raspas, se lo habían pulido todo en familiares, licencias y sicarios.  Pero la situación actual es mucho peor. España está agrietada. El PSOE se va dejando ruina tras de sí otra vez, corruptela tras de sí otra vez. Pero donde antes mataban etarras, mal y chapuceramente, Zapatero los ha cebado, los ha legalizado, y ahora los quiere equiparar a las víctimas. Donde había cohesión, ahora hay ruptura. Un tercio de los estudiantes (sic) españoles tiene prohibido estudiar en español, y los nacionalismos están a un paso de obtener su independencia. La monarquía hace pellas todos los días, parece que quiere perder sus poderes, como Superman cuando decide irse con su amada Lois Lane y manda al pueblo a hacer puñetas. Al pueblo y a sus responsabilidades de héroe. Y el ciudadano no parece estar dispuesto a darse por enterado de nada de esto. En estos tiempos, es peligroso enfrentarse al poder. Mejor hagamos como que no nos enteramos de que nos han destrozado la casa, no nos vayan a destrozar ahora a nosotros.

Qué bien supo ver Zapatero cómo podía dar voz a la moral canija que flotaba en el ambiente, apostando vigías y correveidiles en todos los puntos estratégicos, aplastando todo viso de virtud para poder así dominar a una raza rica en virtudes pusilánimes. Qué poco hemos cambiado, ¿no?

Tal vez sea lo mejor hacer caso a Ortega y ser magnánimos con Zapatero. Al fin y al cabo, sólo ha sido el portavoz de nuestra propia basura. ¿Deberíamos castigarle por ello?¿No sería mejor tal vez aceptar nuestro justo castigo, y aprender algo para la próxima? Al fin y al cabo, lo único que ha hecho Zapatero es ser tan fatuo como le pedimos que fuera. Convendría acogerse a la propuesta de Ortega, practicar la magnanimidad y dejar que se vaya con el susto nada más, pues su mayor pecado ha sido ni más ni menos que saber entender las apetencias y la flaqueza intelectual del panoli sin remedio que el pueblo español lleva dentro. Aceptar la estafa como un justo castigo por idiotas, y ponernos a currar, esa una buena receta. Sólo entonces seremos capaces de cambiar nuestra suerte, si aún hay tiempo. Tal vez sea verdad que somos excelentes cuando nos espolea un buen líder. Qué gran caballero, si tuviera buen señor, dicen que dijeron del Cid. Sí, tal vez sea verdad, pero difícil de creer, y si Ortega acertó de lleno en todo el resto de su análisis magistral, quizá también acertó en eso. Ojalá no nos quedemos sin saberlo.

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