¡PANICO NUCLEAR! (MUCHA JETA ES LO QUE HAY)

Me indigna la cobertura que TVE (Tontos Visionando Estupideces) acerca del Tsunami en Japón. En las primeras horas de cobertura, no faltaron las alusiones al cambio climático. Y hay que ser muy tonto para creerse que las emisiones humanas de CO2 pueden generar un terremoto. Y después, ya se han instalado en el pánico nuclear, negando todo lo demás. Y ya está bien.

Lo primero, ya me cansa la absoluta identificación entre progres y antinucleares. O sea, si soy antinuclear, por ende soy progre. Y al contrario: si soy progre, soy antinuclear. Se identifican así de un modo arbitrario opiniones de dos índoles distintas, acaso opuestas. La energía nuclear se sustenta en datos científicos y económicos, de modo que la opinión que uno se forme acerca de la bondad o maldad de la energía nuclear debería tener que ver con los tercos y precisos datos científicos y económicos. En cambio, con lo nuclear, se abre la veda del sentimentalismo, y lo que es peor, del miedo.

Los antinucleares han idealizado un planeta tierra sin seres humanos. Odian a la raza humana, y quieren verla desaparecer como civilización. Idealizan la vida salvaje. La vuelta al campo. Paletos de ciudad, que no aguantarían ni dos días en el campo sin matarse unos a otros para hacerse con las últimas pilas para el mp3.

Las centrales nucleares sólo han producido una catástrofe en toda la historia. Sólo una: Chernobyl. Y precisamente aquella no fue una lacra de la ciencia, ni de los intereses económicos. Aquella fue una lacra del suistema que esos mismos antinucleares tienen idealizado: el socialismo.

Así, la única central nuclear que ha colapsado en toda la historia, lo hizo porque estaba mal construída, su mantenimiento fue un fracaso, y el gobierno se negó a reconocer la evidencia. Mal construída, no porque los científicos rusos fueran malos, que no lo eran, sino todo lo contrario. Pero claro, cuando les tocó dar su informe acerca de si la central funcionaría bien o no, no se atrevieron a hacer el dictámen correcto. Si decían que la central mostraba deficiencias estructurales, el gobierno podría retirarles la licencia para trabajar. Eso es el socialismo. Cuando empezaron los escapes, el indicador de temperatura generada por el núcleo era una aguja que sólo podía marcar hasta 99 Julios, el máximo permitido. Así que, el encargado del mantenimiento puso eso en su informe: 99 Julios. Sabía perfectamente que la aguja había saltado automáticamente, y que era más que probable que el núcleo estuviera generando mucha más energía de lo que era normal, pero cualquiera le dice a un ministerio socialista que su central nuclear está averiada. 99 Julios en el informe, y ya está. Que se ocupe otro.

Poco importaba que el núcleo estuviera generando miles de julios. El indicador decía 99, así que el gobierno negó que hubiera peligro, y no evacuó la zona. Se limitó a autorizar el apagón de la central, pero ya era tarde, y los dispositivos de enfriamiento se habían fundido, y la explosión resultante hizo volar por los aires el techo que recubría el núcleo. Como consecuencia, el núcleo quedó al descubierto, mientras el gobierno negaba el problema. Perfecta metáfora del socialismo. Murieron directamente 45.000 civiles. Los afectados y muertos indirectos nunca se llegaron a cuantificar.

Así que no deja de tener su gracia que sean precisamente los socialistas los que ahora se aprovechen de la catástrofe de Japón como excusa para seguir desarrollando su discurso antinuclear, basado en meter miedo a la ciudadanía. Cuando lo cierto es que la energía nuclear se ha demostrado como una energía segura, limpia y que asegura la prosperidad.

¿Contamina? Sí. Y mucho. Pero correctamente manejada (y a día de hoy los consejos de seguridad nucleares del mundo se han demostrado implacables a la hora de dar vistos buenos), contamina infinitamente menos que las centrales termoeléctricas, y por supuesto muchísimo, muchísimo menos, que la combustión de hidrocarburos. Así, sólo tenemos que acceder a la página de la OMS para ver que la contaminación por combustibles provoca directa o indirectamente una cantidad considerable del porcentaje enfermos por dolencias respiratorias, pero la mortalidad por contaminación radioactiva es ABSOLUTAMENTE DESPRECIABLE. 0,00000…

Segunda puntualización: lo que provocó la catástrofe de Chernobyl ni siquiera fue la explosión dentro del recinto del núcleo. Sino las deficiencias estructurales del propio recinto. Ese recinto, en Chernobyl y en Japón, es una esfera hueca de hormigón armado, comprendida en un cubo de cemento como el que nos hemos hartado de ver en las imágenes de Japón. Ahí está la trampa y la demagogia al mostrar con insistencia ese antes y después, con la estructura cúbica original antes de la ola, y la estructura rota en su mitad superior, después de la ola. Porque esa estructura cúbica, como podemos ver, se ha roto ordenadamente, por paneles completos. Se recambia, y punto. Los trozos no han afectado seriamente la estructura esférica que contiene el núcleo en su interior. Y por si acaso la esfera se haya agrietado imperceptiblemente (es muy posible), para eso están los sistemas de seguridad, que no esperan vistos buenos de ningún ministerio. La central se apaga automáticamente, y se espera a que el núcleo se enfríe para revisar la estructura, arreglarla o clausurarla, llegado el caso. Así, aunque el núcleo llegara a fusionar, la esfera impediría emisiones al aire. Pero como lo primero que se ha hecho ha sido evacuar a la población, aunque hubiera filtraciones, el daño sería mínimo y previsible.

En Chernobyl, nadie se atrevió a informar al ministro apropiadamente. Se esperó demasiado. Y no se evacuó a la población. Cuando ya tarde se procedió al apagado, el sistema estaba deformado y explotó. El techo del cubo rompió la esfera, debido a deficiencias estructurales de ambos. Y el núcleo quedó al descubierto.

En Japón, la ola ha tirado parte del cubo, pero la esfera ha aguantado. Se ha evacuado a la población y se ha procedido al enfriamiento. Debido a la magnitud del tsunami, el sistema ha explotado, y esa es la explosión que se ha visto en la televisión una y otra vez, una y otra vez. Pero la central ya había sido apagada previamente, de modo que los daños no han sido graves.

Por lo demás, Japón se repondrá más pronto que tarde de esta catástrofe, debido a una red de cincuenta centrales nucleares, de las cuales sólo una ha tenido problemas, y que aseguran la provisión energética a corto, medio y largo plazo. De hecho, lo de la central nuclear sólo ha sido una anécdota en comparación con la tragedia material y humana, a la que, cicateramente, TVE y paniaguadas han dado la espalda para concentrarse en su nueva excusa para seguir con su campaña antinuclear y antiprosperidad, basada en aterrorizar a la ciudadanía con inconsistencias, sensiblonería y mucho, mucho sensacionalismo.

Ojalá tuviéramos nosotros (8 centrales, ninguna en proyecto, 48 millones de españoles, poco riesgo de terremoto) la red de nucleares de Japón (50 centrales, varias en proyecto, 127 millones de japoneses, alto riesgo sísmico). Pero no. Esto es España. Aquí prima la demagogia, la ideología, la pseudociencia. Nuestra red nuclear, como la hidroeléctrica, la empezó Franco, que no ha dejado de recibir críticas por ello, a pesar de que con ello aseguró el arranque de una sociedad próspera que los sucesivos gobiernos socialistas no han dejado de sabotear. Así, mientras deberíamos estar proyectando centrales nucleares a mansalva, lo que hacemos es cerrar las que tenemos. ¡Y compramos a Francia su superhábit nuclear, incluídos, claro, los resíduos resultantes! Y encima, nos volcamos en poner el grito en el cielo por las centrales nucleares de Japón ¿Cabe mayor sabotaje? ¿Mayor tomadura de pelo? Y aún más. Contoda su sensiblonería barata, ¿cabe mayor insensibilidad que pasarse por el arco de triunfo la tragedia humana para sacar réditos electorales?

Por cierto, estoy seguro de que el intrépido lector ha notado qué diferencia entre las sociedades japonesa y española. En lugar de saqueos, ordenados abastecimientos. Qué diferencia con aquella manifestación de ecologistas en la calle Preciados hace una década, en la que alguien tiró un ladrillazo al corte inglés, y la portada de El Mundo abría su portada con la foto de un ecologista huyendo de allí con un jamón de bellota. Es normal. El socialismo desprecia al indivíduo, utiliza como excusa el bien común, e idolatra lo firmado en un papel, pero solo cuando le conviene. Por eso Zapatero siempre habla del respeto sacrosanto a la ley, y por eso sostiene que la libertad emana de la ley. Muy diferente es la cultura japonesa, en la que sí, el indivíduo se sacrifica por el bien común. Pero la libertad para el japonés no surge de la ley, ni del bien común. Sino del HONOR PERSONAL, que ningún colectivo ni ninguna ley puede hipotecar. Pero claro, háblale a un socialista de honor personal, y verás cómo su rostro se pone, esta vez sí, verde fosforito.

“Derechitos al abismo

eso sí, con socialismo…”

……………………………….Cántico popular dentro de diez años
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