LEY DE NO-DISCRIMINACIÓN: PROHIBIDO PENSAR

“Discriminar” viene del latín “discriminare“, separar, distinguir una cosa de la otra. Así, la discriminación es la base del pensamiento. Para leer este documento, nuestro cerebro discrimina cada palabra de las demás. Antes de eso, para conectar el ordenador, hemos discriminado el botón de encendido del botón de, por ejemplo, autodestrucción. Y para ello, todavía antes, para comprar el ordenador, hemos discriminado la tarjeta del banco de la tarjeta de visita. En el caso de Cándido Méndez, el Mendaz, para pagar en el Villamagna discrimina la Visa Oro del carnet de UGT. O a lo mejor da lo mismo una que otro, vete a saber. Mientras tanto, el resto de los mortales que NO salimos a 300 euros la comida, para escoger el ordenador, tuvimos que discriminar el precio que podemos pagar, de los de otros aparatos más jugosos. También discriminamos sus especificaciones de las de los demás ordenadores. Y también, para saber que queremos un ordenador, primero lo hemos discriminado de otros electrodomésticos, como la termomix, que cocina fetén, pero por contra, no procesa textos ni nos permite leer La Ciudad en Llamas. Y es que nada es perfecto. Aunque, para no ser injustos, hay que discriminar de otras cualidades, que la termomix no requiere windows, lo cual siempre es buena cosa.

Volviendo al tema, en cualquier ámbito, el cerebro discrimina contínuamente. Para escoger pareja, discriminamos a las demás candidatas. Si son muchas, la discriminación es más difícil. Si son pocas, la discriminación es más fácil. Si sólo podemos escoger entre Nosferatu y Leire Pajín, la elección es aún más fácil. Más difícil será discriminar el ataúd nupcial, sea cual sea la elección final. Y si sólo hay una candidata, entonces eso se llama agarrarse a un clavo ardiendo. Y de agarrarse a un clavo ardiendo ya hemos tratado largo y tendido en otros posts sobre Rubalcaba y las pruebas del 11-M. Pero eso no viene a cuento. Y en todo caso, la que elige es siempre ella, así que podemos olvidar todo el párrafo entero. Una lástima, porque ha sido todo un alarde de sangre fría poner las expresiones “candidata” y “Leire Pajín” en el mismo párrafo. Para que luego digan que criticar desde un blog es fácil. ¡Uuuuuf!

Para seguir con lo nupcial-reproductivo. ¿Por qué esa novia escogió un vestido blanco? ¿Por qué discriminó el traje de luto de la tía Eulalia? Es porque es negro, ¿verdad? ¡¿VERDAD?! Y digo yo, ¿por qué han escogido estos trileros (cien años de honradez, a ver cuándo empiezan) echar mano de esta ley de no-discriminación, en lugar de otras, como la ley de no-trabajar, o la ley de no-opinar? A ver, ¿por qué las han discriminado? Tanto hablar, tanto hablar, ¡discriminadores de leyes draconianas! ¿Existirá esa figura en el código penal?

Dicho de otro modo. Si asumimos la tesis socialista (socia-lista) de que la discriminación es maaala malísima de toda maldad, entonces no hay sitio en las cárceles para todos los discriminadores del país, y será mucho más eficaz poner barrotes a todas las ventanas. Pero mejor no dar ideas, que en la España de Zapatero (o sea, en Zapatraña) todo es posible, menos lo bueno.

Anoche me metí entre pecho y espalda un superdocumental de combates aéreos, “Dogfight”. Queda oficialmente recomendado, pero vamos a lo que vamos. Tomemos un piloto en pleno combate.  Bloqueando a su objetivo, está efectivamente discriminando a los demás posibles objetivos. Malo, maaalo. Cuidao que te llega la demanda de los demás pilotos enemigos. “¡A ver por qué tuvo que escoger a otro, y no a mí! Es por que soy negro, ¿verdad? ¡Es eso! ¡Reconócelo!” También podría llegar el tribunal militar: “¿Por qué discriminó usted a los demás dispositivos del aparato, piloto?” ¿Por qué no usó, por ejemplo, la palanca de eyección para derribar con la cocorota al Mig que tenía encima, piloto?¿Es que esa palanca no es suficientemente buena para usted? Es porque es negra, ¿verdad, piloto?¡Confiese!”

Y así nos podemos pasar todo el día, claro. Al escoger WordPress para hacer mi humilde blog, discriminé a otras plataformas blogueras. Al escoger el nombre, discriminé a tantos y tantos otros nombres posibles, como por ejemplo “Monus Operandi”, o “No cabe un tonto más”, a los que cruelmente privé de su derecho inalienable a titular mi blog. Soy un malvado. También el intrépido lector tiene su parte de culpa, porque está discriminando todas las demás páginas web del mundo. ¡Uuuuf!¡Malo!¡Malo!

Más. Al usar la palabra “pajín”, estoy discriminando otras prácticas sexuales más placenteras, y también a otros gobernantes sectarios y analfabetos funcionales con morro de cemento. Al usar la palabra “discriminar”, estoy discriminando otras palabras como “distinguir” o “diferenciar”. Al escribir en español, estoy discriminando a otros idiomas, como el bable. O el bantú. Y no es porque sea negro. Es porque, por ahora, aún tengo derecho a elegir en qué idioma escribo. Aún. Al escoger el socialismo, Stalin discriminó otras ideologías semejantes, como el nazismo. Y al elegir a sus millones de víctimas arbitrariamente, discriminó a los que, insolentemente, le sobrevivieron. ¿Qué culpa tenían ellos para ser marginados de esa manera? ¡Malo, Stalin, malo! Mao también es malo, sólo tengo que discriminar cruelmente la letra “l” de la palabra “malo”. Malo, Mao. Malo. Fidel Castro, al escoger la gorra, está discriminando las gafas y el bigote de Groucho Marx. ¡Pues vaya un marxista! También Fidel, al escoger a la bloguera cubana Yoani Sánchez como blanco de sus agresiones, ¡me está discriminando a mí! ¿Pero es que nadie me va a censurar? ¡Oigan, que tengo mis derechos!¡Seguro que me discriminan porque soy negro! ¡Cabrones!

Sigamos un poco más, que estamos en racha. Al escoger como blanco de mis críticas a nuestros ilustres gobernantes, estoy discriminando a los gobernantes de Bali. ¿Por qué?¿Porque son negros? Pues no, sino porque es imposible que los gobernantes de Bali tomen por borregos a sus súbditos tanto como los nuestros a nosotros. Y del mismo modo, al no votar a los socialistas, me propongo discriminar el futuro previsible que nos depara con ellos. ¿Por qué? Porque es negro, ¿no? Pues sí.

La “no-discriminación” es una herramienta que sirve a quien la maneja para poder decidir a dedo quién es bueno y quién es malo según sus necesidades. Prohibir la discriminación es prohibir el pensamiento. En el hueco que deja, los socialistas pretenden sustituir pensamiento por ideología. Sólo así, en ausencia de pensamiento, pueden robarnos nuestro más preciado tesoro, aquel que nos hace libres: NUESTRA CAPACIDAD DE DISCRIMINACIÓN.



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