FUMAR ES UN DERECHO NATURAL

Cada día me repatean más los militantes antitabaco. Su discurso simplón me cansa, tiende a teñirse de santurronería. El antitabaquismo es la manifestación molesta y altisonante de alguna perversión oculta, que el vocero no quiere, no sabe o no puede reconocer en alto. A las Mercedes Milá y conmilitones les une su fobia irracional a la libertad de los demás, y se creen especiales por no fumar, cuando en sus pobres argumentos se esconde como un elefante en una cacharrería su estrepitoso simplismo de planteamientos, y por supuesto, la consabida intolerancia.

A mí un no fumador me ha llegado a decir que el tabaco deja malos olores, mientras apestaba con su sobaquina mañanera a todo bicho viviente a tres metros a la redonda, al aire libre y con suave brisa, siendo sólo gracias a mi humo que la atmósfera se hacía algo menos irrespirable, aunque sólo fuera porque la nicotina persiste en las pituitarias con más fuerza que el sudor mal limpiado.

Y es que, incluso perfumado de las mejores intenciones, el antitabaquismo militante siempre deja en evidencia el mismo tufo:  yo, mí, me, conmigo, porque yo, es que yo, viva yo, ole yo, gu-gu, ta-tá, y al final, cuando rascas un poquito, por que lo digo yo y punto.

Los fumadores hemos demostrado avenirnos a razones, hemos accedido a las condiciones que nos han impuesto para una correcta convivencia, hemos aislado al tabaquista militante, hemos aprendido a usar los espacios públicos con responsabilidad, hemos demostrado qué bien usamos las zonas de fumadores y las de no fumadores, pagamos con nuestros impuestos indirectos la seguridad social y, después de todo eso, nos hemos ganado ¡peor fama aún! ¿No deberían ponernos una placa en todo el frontispicio ministerial?

El Loco lo dice tan bién, que prefiero dejar descansar a mi clavícula en reconstrucción para que él lo diga de manera constructiva y mejor. No deje de pinchar, aguerrido lector.

Acuérdense qué tiempos aquellos, cuando los artistas no eran los apesebrados subvencionistas que sí son ahora. Pinche, pinche. Sólo hace veinte años de aquella canción que cantaba la progresía…

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