CARTA DE UN INMIGRANTE DEL NORTE DE ÁFRICA A SU FAMILIA

Querida familia:

Ojalá estéis todos bien. Yo sigo aquí en Madrid, tratando de encontrar un trabajo.

¿Sabéis? Aquí en occidente no es oro todo lo que relucía desde allí.

Resulta que aquí hay unos señores que se llaman “sindicatos”, que dicen que me representan como trabajador, aunque yo no se lo he pedido ni me han preguntado. Éstos sindicatos dicen que hay unos trabajos que son “dignos”, y otros trabajos que son “indignos”.

Yo, a los trabajos a los que puedo optar en estos primeros meses, estos “sindicatos” dicen que son “trabajos indignos”, y hacen lo posible por que los patrones que lo ofrecen, dejen de hacerlo. Así, éstos señores sindicatos que dicen representarme, hacen cuanto pueden para que yo no tenga trabajo. Me prefieren parado que trabajando. Creo que éstos sindicatos ganan más dinero cuantos más parados hay, pero no lo sabe nadie seguro, porque los sindicatos, por lo visto, nunca han rendido cuentas al estado. Pero tiene pinta de ser así. Y dicen representarme, a mí y a los demás trabajadores.

Para colmo de males, estos sindicatos son aliados del gobierno, que dice que es el único que defiende las libertades. Como ya sabéis, yo he venido a occidente a buscar eso, libertades. Sin embargo, estos señores que dicen representarme y que dicen defender la libertad, están todo el tiempo prohibiendo cosas. Yo había conseguido trabajo en un bar, acordáos qué contento os escribí, pero desde la nueva prohibición de fumar en los bares, el bar ha dejado de ganar dinero, y ha tenido que cerrar, de modo que estoy buscando otro trabajo, de esos que los sindicatos llaman “indigno”, pero que yo no sólo veía digno, sino que era el único que me ofrecían, ya fuera digno o indigno.

Estos sindicatos, además, dicen que debo rechazar esos trabajos que ellos llaman “indignos”. Dicen que si los acepto, soy un “servil”. O sea, si trabajo, me insultan. Claro que ellos, sólo por ser del “sindicato”, cobran dinero del estado. Yo ni cobro del estado, ni quiero. Sólo quiero ganarme la vida honradamente en libertad y convivencia.

Además, ese partido que dice defender las libertades, parece defender más al islam que a su priopia cultura cristiana, aunque laica. Así, mientras esta sociedad se va a la ruina, el gobierno no deja de gastar dinero, que no tienen para otras cosas más útiles, en subvencionar y dar voz a las asociaciones islámicas. Y Dios me perdone, pero con esto sólo logran que la vigilancia de los imanes y las asociaciones más radicales se extienda a todos los inmigrantes como yo. Así, queda coartada de nuevo la libertad que allí no tenemos, y que yo buscaba aquí. De lo que huí, me lo encuentro aquí redoblado, porque aquí no me puedo confundir entre la población, y me reconocen suyo enseguida.

Es más, y esto sí que es raro. Aquí el gobierno odia la bandera española, y respeta más a los terroristas que a los políticos de la oposición. ¿Os lo podéis creer? ¿Y yo me fui lejos de vosotros buscando un lugar mejor?

Más aún, mientras éstos “libertarios” condenan el maltrato doméstico diciendo que es cosa de cristianos viejos, defienden y amparan a los maltratadores magrebíes, porque al ser magrebíes, dicen, lo que hacen es “amparar nuestra cultura y costumbres”. No entiendo nada. O sea, si un cristiano pega a su mujer, es un maltratador. Pero si un islámico pega a su mujer, eso es “cultura”. Repito, no entiendo nada.

Hoy no ha sido la primera vez que un muy religioso compatriota me llama la atención por integrarme socialmente con la gente de aquí. Me dicen que critique las cruces, que critique el hecho de comer cerdo, que no lo admita a mi alrededor, que me case con una mujer del islam, y que lo extienda aquí, en la casa de los cristianos. Aquí parece que ser cristiano está mal visto. Yo he venido aquí buscando respeto y libertad religiosa, pero lo que me encuentro es más de lo que ya tenía en casa, pero lejos de casa. No entiendo nada.

Veo en las noticias que allá en casa, la gente está pidiendo libertad, y se ha echado a la calle valientemente. Sin embargo, aquí, los que se dicen salvaguarda de la libertad, sólo promueven aquello que va en contra de su propia cultura de libertad, la que yo he venido a abrazar, ya sea cristiana, laica o islámica. Y aquí, la gente de la calle se deja hacer. No entiendo nada.

O sea, allí que está prohibido, la gente se manifiesta. Y aquí, que está permitido, la gente se deja prohibir. Se deja hacer cobardemente.

Yo venía buscando trabajo y libertad, y lo que me encuentro es paro y prohibición, y además, mis compatriotas más religiosos me vigilan, critican y acusan, con el beneplácito y la subvención del gobierno de las libertades. No entiendo nada.

Total, que para esto, mejor me vuelvo allá, con vosotros, con mi gente buena, que quiere libertad, que profesa su religión sin criticar al otro, y que además, se manifiesta cuando su gobierno les engaña y los convierte en borregos, no como aquí que ya lo son, y que odian su propia religión. Con gente así, no hay futuro. Os veré pronto. Os quiero.


EL 5 A LAS 5

Contra el terrorismo.

Contra la claudicación.

Contra la rendición.

Contra el asesinato.

Contra el terror.

Contra el viejo sueño terrorista de acabar con la Nación Española.

Todos somos víctimas del terrorismo.

Cada uno de los asesinados por la banda mafiosa socialista vasca muere en lugar de hacerlo tú.

Tú también puedes morir. Piensa en eso.

O tu mujer. Piensa en ella.

O tu marido. Piensa en él.

O tus padres. Piensa en ellos. O tus hermanos. Piensa en ellos. O tus hijos. Piensa en ellos.

O tus vecinos. Piensa en ellos.

O tus amigos. Piensa en ellos.

O tus compañeros de trabajo. Piensa en ellos también.

O alguien que no conoces. Piensa en esa gente también. Piensa en eso que se da en llamar solidaridad, y que a todos nos llena la boca. Pon a prueba tu solidaridad, porque tal vez no significa nada en tu interior. O tal vez sí. Ponte a prueba.

Si eres de los que piensa “contra mí no tienen nada”, has de saber que cualquier día de estos podrías encontrarte con una desagradable sorpresa, y sobre todo, debes darte cuenta de que, de seguro, alguno de nosotros lo hará pronto.

España no es un lugar, compuesto por metros cuadrados.

España es un pueblo, compuesto por personas.

Es contra esas personas contra el que ETA dirige su terror.

Contra los asturianos. Contra los extremeños. Contra los castellanos. Contra los catalanes. Contra los andaluces. Contra los aragoneses. Contra los madrileños. Contra los inmigrantes, también.

Contra todos nosotros, y muy especialmente, contra los vascos.

En resumen, contra los inocentes.

Es por todas esas personas por quien debemos ir a la manifestación. No por las banderas. No por los lugares.

Por las personas. Por nosotros. Por tí.

Y sobre todo, POR LAS VÍCTIMAS.

Piensa en ellas. Piensa en Miguel Ángel Blanco. Piensa en Irene Villa. Piensa en las víctimas del atentado de Hipercor. Piensa en todos ellos. ¿Vamos a perdonar a sus asesinos?

Chapote, un asesino en serie

Nos oponemos a que el gobierno pacte con ellos, nos oponemos a la nueva legalización de Batasuna (ETA).

Sin ellos, Zapatero no podrá gobernar. Pero eso es poco importante. Lo importante son las personas, y esas sí son insustituíbles. Las personas han de ir siempre por delante de las ideologías y los partidos. Por eso el PP no va a venir, para no teñir de ideología el acto. Para que, al margen de tus ideas, tengas la oportunidad de alinearte con las víctimas, y no con los verdugos.

Cuando un asesino mata, no basta con que entregue su arma. Ha de cumplir condena.

¿Te imaginas que al asesino de Marta del Castillo le soltáramos sólo por entregar al juez el arma homicida? Imagina qué humillación para la familia de la víctima.

¿De verdad quieres pactar?

Y no olvides que muchos murieron por expresar libremente sus opiniones, pero la mayoría murieron por puro azar. Pasaban por allí.

Y a esas víctimas por azar, los etarras les llaman “daños colaterales”.

Daños colaterales. ¿A tí eso te parece bien?

A nosotros no.

Oponte al pacto ZP/ETA.

No nos mires. Únete. Tu gente te necesita.

El 5 a las 5. En Colón. Te esperamos.

MADRID, 1997