FIN DE UNA DÉCADA

Fin de una década. La década de la decepción. El imaginario de mi generación veía los 2000 como la era del espacio, de las luces, del conocimiento. Sin embargo, la década termina como paradigma de un desengaño que tardamos diez años en reconocer. Nada de naves espaciales, en el cielo, lo único que tenemos es el grito, y los impuestos.

Los 2000 empezaron el 11 de Septiembre de 2001. A mí, el 11-S me pilló del metro al trabajo. Eran las cuatro menos cuarto cuando me senté en la terraza de al lado, pedí un tercio de cerveza y Laurita, la regidora, me dijo con una sonrisa en los labios que una avioneta se había estrellado contra una de las torres.

No veas si ha llovido. Ahora toca fin de época, y la era que arrancó con el 11-S termina en los albores de la fallida invasión a Irak.

En España, los 2000 empezaron con Aznar arreglando el poder. Pero pronto se lo creyó, y los enemigos de uno nunca descansan. España estaba a punto de codearse con las otras grandes naciones. Nuestra década nació en 11-M de 2004. La era Zapatero arrancaba de un día para otro. Desde entonces, el despropósito fué haciéndose con la vida pública de un modo que un servidor jamás hubiera imaginado. Los 2000 han sido para España una década de sólo seis años y que parece durar veinte.

También se cierra la era Zapatero. La burbuja Zapatero. La promesa Zapatero. La sonrisa Zapatero. La farsa Zapatero.

Aunque ZapateroI el fino Estratega continúe otros mil años, la era Zapatero ha terminado. Adiós a la burbuja Zapatero. Adiós a la promesa Zapatero. Adiós a la sonrisa Zapatero. Caen las máscaras, y Zapatero se revela como un podrido caricato de lo que fué. Su sonrisa era traidora. Su palabra no tenía sino viento. Su estampa es la de un Palpatine descubierto diez minutos antes de tiempo.

En circunstancias normales, uno sólo podría esperar cosas mejores del 2011. Cuando llegan vacas flacas, uno espera de los suyos una operación más o menos coordinada de arrime de hombro. Eso ha ocurrido en Francia, en Reino Unido, en Alemania. En los países que importan. En la championlí de las naciones indiscutidas, indiscutibles. Sin embargo, en España, la izquierda está asilvestrada, no ha pasado por los procesos de doma que sí han recibido sus compañeros europeos, y se encuentra en un estado de histeria similar al que tomó forma en momentos previos a la guerra civil, y al 11-M.

El socialismo no se rinde. En forma de Zapatero, nos metimos en un pufo del que aún no hemos salido. Así, donde Zapatero encontró una España trabajadora, próspera y en el buen camino, nos deja (y todavía no se va) un yermo de empresas cerradas o en declive. Donde había trabajo, ahora hay paro. Donde había movimiento, ilusión y cohesión, ahora hay pasmo, frío, nacionalismo y alarma. Y total, por el precio de un café, ¿no?

El resumen perfecto de la era Zapatero se da en lo energético. Zapatero llegó a una España basada en la nuclear y la hidroeléctrica, herencia de Franco. Y alegando motivos ideológicos y cifras falseadas, pretende desmantelar lo nuclear, y sustituirlo por lo fotovoltáico, mucho, muchísimo más caro, pero eso sí, libres de sospechas de franquismo. Un timo ideológico, una estafa malintencionada, planteada con una sonrisa. Una estafa que una buena parte de la ciudadanía aún se resiste a reconocer, pero que ya hemos comprobado en la factura de la luz.

Esa ha sido la estafa que resume una década: un grupo electrógeno enchufado por las noches a un panel solar, para poder generar así energía “limpia” suficiente como para recibir más ayudas económicas el año que viene. Un timo a tres bandas, pergeñado con cuidado y que resume en qué ha estado España metida en los últimos diez años.

El balance de la década no es más que el descenso a los infiernos de una sociedad voluntariamente ignorante que pretendió creerse en serio que el dinero crece del cajero automático, y que asimiló el sonsonete de que todo precepto que guiare hasta aquella bonanza, merecía ser subvertido por pura discriminación positiva.

La década próxima no será descenso, sino que será el infierno. España, en el futuro, va a comprobar lo que pasa con los pueblos que creen que los políticos están ahí para resolver nuestros problemas. Sabremos qué se logra por pretender ser democráticos cuando sólo se ansía que mandden los güenos, y que a partir de ese momento, un periódico es un objeto inservible, porque estando los guenos en el poder, ¿qué tan malo puede pasar? Da igual, ¿no?, da igual que Zapatero y su gobierno parezcan cada día más culpables de encubrir el 11-M, da igual que mientan descaradamente en cualquier campo, por norma, y da igual que desde que llegaran al poder, no hicieran más que subir impuestos. Bien los emplearán, ¿no?, nos hemos obstinado en pensar hasta hace dos declaraciones.

El problema es ese, que aún hay un núcleo duro que defiende los preceptos y actitudes de la era Zapatero. Miedo da imaginar qué aquelarre formarán cuando a Garzón le caiga la que le va a, si el tiempo no lo impide. Ésta izquierda hidrofóbica no pierde ocasión de sacar las banderas tricolores, las mismas que el PSOE y el partido comunista no dudaron en pisotear a cada oportunidad, ya en su momento, aunque ahora no lo quieran reconocer, pero está ahí

. Y ya, por fin, tras honda reflexión, tienen un diagnóstico. La culpa de la crisis la tiene el PP.

Claro. Antes decían que la crisis era internacional. Ahora que queda claro que occidente sabe salir de la crisis y Zapatero no, ya no pueden achacar la crisis a la marea internacional, sino que la culpa es del PP. Y por supuesto, de todo aquel que no diga sí con la cabeza. El PSOE ha vuelto a arruinar España, y le echa la culpa a la oposición.

Y eso es lo que inquieta para la próxima década. Que Zapatero debería estar dehauciado ya por un 99.9999% de opositores, y sin embarg, ahí sigue, con el país en estado de alarma por motivos electorales. España queda lejos de la relevancia, más allá del misterio más acariciado: ¿cuáles serán las cifras reales del gobierno, después de seis años de política a martillazos, de mentiras cocinadas, de mendacidad y de comportarse como si acabaran de volver al 34?

No, la próxima década no augura nada demasiado bueno. Pero bueno, habrá que estar aquí para verlo. Que no nos quiten eso. ¿De qué mueren los que se pierden?, pregunta Hopkins en The Edge, y se responde a sí mismo: de vergüenza. En lugar de buscar una solución, se sientan a pensar, avergonzados, cómo han podido llegar hasta ahí, y mueren de frío e inanición.

Y una cosa más. Sólo cerraremos psicológicamente ésta década cuando sepamos qué ocurrió en el 11-M. Qué verguenza, ésta será recordada como la década de la información (youtube, facebook, pirateo masivo en internet) y en España, con todas las camaritas, todas las frikadas por la red, y toda, TODA la información del mundo disponible para cualquiera, y los grandes excluidos de la era Zapatero han sido las víctimas del terrorismo.

Desde La Ciudad en Llamas, Feliz año nuevo.

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