¿ESTADO DE ALARMA, O GOLPECITO DE ESTADO?

Confieso que hasta hace unas horas, la percepción que venía arrastrando desde tiempos remotos acerca de los controladores aéreos era que eran una especie de lampreas avariciosas que ganaban más que un ministro, pero que aún no les llegaba para el yate de repuesto.

Hasta estos días, nunca había escuchado con atención las exigencias de los controladores aéreos. De hecho, éstas exigencias, que las hubo en el pasado, eran debidas a los abusivos turnos de trabajo que tienen que cubrir. Pero eso quedó arreglado con la flamante gestión de Pepiño el Fomentador este verano. Se arregló un acuerdo que satisfizo a las partes.

Sin embargo, el gobierno nos engañó. El fondo de la cuestión no es el sueldo, sino los relevos. Los controladores hacen tantas horas seguidas durante tantos días seguidos porque son muy pocos. Por motivos que analizaremos pronto, las iniciativas para formar nuevos controladores no han fructificado tan bien como se hubiera podido esperar. Y como no hay más controladores, la situación no se puede revocar. Así fué como empezó la cosa: puesto que no hay más relevos, se les sube el sueldo, a la espera de ver si el año que viene hay más controladores. Como el año que vino no hubo más controladores, pues se les volvió a subir el sueldo, y así sucesivamente.  Puesto que el volumen de vuelos no ha parado de subir en treinta años, podemos hacernos una idea del esfuerzo que están realizando los controladores, solamente viendo hasta dónde han llegado a subirles los sueldos. Los controladores exigen turnos racionales. Pocos son los que eligen hacer horas extras, porque horas, lo que son horas, los controladores le echan más que casi nadie en España. Lo que estos funcionarios no consiguen es irse a casa. De ahí las bajas por estrés y los ataques de ansiedad de los que se mofaba el ministro autodidacta. Lo que piden es tiempo libre. Criar unos hijos. Hacer la compra. Tal vez ir al cine, o ver Teledeporte, como hace Rajoy. Y por eso, cuando nos induce a pensar que los controladores lo que quieren es más dinero, el gobierno nos miente. La última negociación con Pepiño se produjo por el anuncio del gobierno de subirles las horas aún más. No piden más dinero, lo que piden son relevos.

No se está hablando aquí de exigencias caprichosas o irrelevantes, ni de huelgas paripé para disimular un descarado compadreo con el poder, como se ha visto recientemente en las huelgas vergonzosas de la izquierda paniaguada.

Así con todo, altos o bajos, hasta el miércoles esos sueldos estaban ya resueltos por lo pactado con el gobierno este verano. No se habían hecho efectivos aún, y los controladores, conformes, estaban a la espera de que se hicieran efectivos los ajustes pactados. La demora en el ajuste había reavivado las amenazas de más bajas psicológicas por parte de los controladores, pero la situación estaba en stand-by.

Y de repente, la semana pasada, Zapatero se saca de su presidencial axila un sorpresivo decreto ley que recorta drásticamente los sueldos de los controladores, además de subirles las horas, y obligarles a hacer MÁS horas para mantener sus sueldos. O sea, que les ponen más horas y además les bajan el sueldo un treinta por ciento. Por lo tanto, Zapatero puede prever con exactitud cuál va a ser la reacción de un sector que ya estaba al borde del colapso nervioso por falta de sueño. En ese sentido, encaja como un guante que hayan elegido la baja psicológica como forma encubierta de huelga. En realidad, es muy posible que todos ellos sean, caso por caso, merecedores de baja inmediata. Pero claro,  si todos lo hicieran, colapsarían el país. De modo que cada uno de ellos, aunque lejos de ver una solución a su problema laboral, sabe que está en su mano terminar con su problema particular pidiendo una baja por ansiedad. Pero como a la vez se hacen cargo de su responsabilidad, ellos mismos son los primeros en controlarse ellos mismos la tentación, lo que añade un plus de estrés más que considerable a su situación. Por lo que sospecho que ésta reacción, aunque intencional, ha sido bastante espontánea. La baja masiva ha sido la respuesta previsible, y es Zapatero quien ha iniciado el conflicto al anunciar un decreto hostil, eligiendo nada menos que un día antes del puente de la Constitución como fecha para su anuncio.

¿No podía esperar Zapatero, maestro en optimizar agendas, a después de navidades? Perfectamente que sí. Nadie se explica semejante recorte justo antes de una fecha de máximo tráfico aéreo, cuando nadie lo esperaba.

En total, que los controladores se han sincronizado para pedir la baja psicológica, todos a la vez. O por lo menos, los suficientes de ellos como para colapsar el tráfico aéreo español. Y la reacción del gobierno ha sido enviar al ejército a los aeropuertos.

Horas después, en consejo extraordinario, se aprueba el ESTADO DE ALARMA, el primero de nuestra historia.

A la vez, Pepiño Blanco, el ministro autodidacta, anuncia prisión militar para los que incurran en un delito de sedición.

A la vez, un coche oficial recoge al representante de los controladores para “negociar” en dependencias ministeriales aún por determinar, donde permanece varias horas sin que se haya determinado aún el contenido de la “reunión”. Con el ejército en todas las torres de control, y su representante desaparecido en manos de Rubalcaba, los controladores han llegado a temer por la integridad física de su compañero. Al final, el mismo coche que se lo llevó lo ha traído de vuelta. Los que le han visto llegar han dicho que el hombre estaba visiblemente descompuesto. Aún no ha hablado con nadie, y sólo acertó a decir que “nos quieren quitar a nuestros hijos”. A mí me da que a este señor lo han cogido, se lo han llevado a una mazmorra socialista, vulgo cheka, y le han amenazado con toda la artillería de la que han podido echar mano. Eso de “quitarles a los hijos” me suena a amenazas de inhabilitaciones psicológicas y retiradas de custodia de hijos por incapacidad. Vuelvo a acordarme de Pepiño, socarrón: “Si tanto estrés tienen, a lo mejor es que no son aptos para trabajar”. Y se reía de su ocurrencia, el muy. ¡Y parecía tonto!

Finalmente, los controladores, comprensiblemente acojonados por la reacción del gobierno, que yo encuentro francamente desmedida, han accedido a incorporarse de nuevo a sus puestos. De un día para otro ganan 140.000 euros menos, teniendo que trabajar las mismas horas que antes. Item más, se enfrentan a acciones penales (alguno se llevará un palo ejemplarizante), y por lo demás, no creo que haber dado pie a un estado de alarma nacional, tener a la plantilla amenazada a puerta cerrada por el ministerio o el hecho de que no se esté tomando más medida que el decreto-ley para solucionar problemas, vaya a contribuir necesariamente a aliviar la presión en esa casa.

Dicho lo cual, creo que la huelga encubierta de los controladores ha sido irracional, precipitada y desafortunada. Y dadas sus condiciones de trabajo, lo puedo entender y predecir. Lo que no entiendo tanto es cómo un gobierno puede ser tan chulo con unos funcionarios cualificados y con exceso de trabajo, y tan complaciente con la ETA (hasta la fertilidad les paga), con los piratas somalíes (5 millones, dicen) y con Marruecos (independientes, de derecho). Cómo un gobierno puede ser tan comprensivo con la huelga general de UGT/CCOO (al lamebotas Corbacho sólo le faltó unirse a la protesta), y a la vez tan draconiano con unos funcionarios leales. ¿Socialistas enviando al ejército contra huelguistas?¿Amenazando con la cárcel a huelguistas? Cosas veredes que non crederes. Curiosa huelga, por cierto, en la que los huelguistas salvajes son pacíficos y predecibles, y el gobierno, arrogante e imprevisible. Como canta el maestro Bunbury, o todo el mundo está loco, o yo soy sordo.

Y sí. Leales, digo. Leales como para llegar a aguantar hasta cinco turnos seguidos en meses en los que se ha llegado a librar tres, cuatro días, durante décadas. ¿Eso no es una justa demanda sindical? El cabreo de los controladores está plenamente justificado. El error fue no plantarse con las horas, y ceder al chantaje del incremento salarial.  Esa dinámica implica el acuerdo bilateral de que el dinero cura el estrés.

Y hablando de curas, las escuelas de controladores parecen seminarios, coño, que dan dos o tres florecillas al año. A pesar de que la solución al problema sólo pasará por formar nuevos controladores en calidad y abundancia, no parece que se estén haciendo esfuerzos, no por agilizar el proceso, que imagino largo, sino por aumentar el volumen de producción. No me creo que no haya suficiente gente capaz en España, por exigentes que sean los mecanismos de selección, que lo son y mucho, para responder con profesionales formados a la creación de tantas nuevas plazas como sean necesarias. Claro, con los sueldos que se pagan, lo mismo no es viable. Pero en ausencia del problema inicial (falta de relevos), el ajuste salarial ya no sería un problema laboral, sino un problema de administración doméstica de cada controlador. Porque uno dirá que cómo se puede cobrar semejante pastizal y quedarte en bolas por un recorte del 30%, cuando otros viven más que dignamente con sueldos cincuenta veces menores. Pero por experiencia sabe todo el mundo que el ser humano es así. No diría que es una tara, más bien una condición que en estos casos revela sus contras. Pero también tiene sus pros, que no discutiré en este post. Me apunto la tarea de enterarme de por qué los controladores son tan escasos. Me da que ahí está la clave del asunto.

Mención aparte merece un hecho sorprendente. Y no se alarmen si huelen a quemado: es que soy autónomo. Pero antes de serlo, me he encontrado muchas veces en la obligación de realizar un trabajo, y firmar el contrato días después. Ya sé que no se debe hacer, pero claro, yo hago la vista gorda, tú me das más curro, total qué más da. Lo que no sabía yo es que se puede decretar un estado de alarma una noche y firmarlo a la mañana siguiente en consejo extraordinario. Eso no lo sabía.

Se me queda en el tintero una idea fundamental, pero así quedará bien remarcada: la amenaza de usar al ejército para sustituirles era un farol. Los controladores saben que el ejército no ofrece tal servicio. El de controlador de vuelos comerciales es un trabajo muy especializado y complejo, y un controlador militar sólo comparte con ellos los rudimentos básicos, requiriendo aún mucha formación extra para poder desempeñar el control con el tráfico aéreo a pleno rendimiento. Ergo Pepiño Blanco no contempla sustituir a los controladores por soldados a menos que sea en un cuadro de estado de alarma, en que el tráfico aéreo se limita al tráfico militar, de un volumen infinitamente menor que el comercial.

Bueno, por fin, como prueba de agradecimiento al amable lector que haya llegado hasta aquí, voy a abrir mi alma, y decir lo que me huelo.

Vaya por delante que he oido a lo largo del día varias versiones de la tesis de la maniobra de distracción, según la cual, el decretazo que provoca la huelga es una maniobra para suscitar la reacción de los controladores. En vísperas del puente, el pollo que se monta en los aeropuertos es monumental, y el público, lógicamente, se enfada con los controladores, puesto que el gobierno ya se ha asegurado de repetirnos durante un año que los controladores sólo son unos ricos que quieren ganar más. El gobierno salva la situación enviando al ejército y se apunta un tanto, a la vez que camufla (y aquí viene la distracción) las subidas de impuestos, retirada de ayudas, cifras del paro, tormenta europea, etc…

Tal vez sea así, pero Zapatero nunca ha hecho así las cosas. Zapatero siempre ha minimizado su presencia en los conflictos. El parón no deja de ser un descrédito para el gobierno. Lo que Pepiño se apuntó como un tanto, se le ha descontrolado hasta mucho más allá de lo que la palabra descontrol puede llegar a expresar, y se ha convertido en un nuevo descrédito que añadir a la lista de los sainetes. Se ha perdido un pastón, y se ha aumentado el descontento social fastidiando el puente. Además, usando al ejército de manera irregular, sorpresiva y con fines intimidatorios, se ha asustado al público. Y todo lo cual, repásese punto por punto, es lo contrario de lo que se espera de un ministro de Fomento, y por supuesto, de un gobierno competente. De Zapatero, lo que uno esperaría es que se llevara el conflicto hasta después de navidades. Uno no escurre el bulto sacando al ejército para asustar a un puñado de funcionarios. Pero bueno, como sabemos, Zapatero es bastante retorcido.

Sin embargo, y conociendo precisamente al ínclito presidente del 14-M, no está de más incluir marcos alternativos que nos ayuden a comprender las medidas del gobierno. En ese sentido, la semana pasada el Congreso expresó su repulsa a los actos violentos cometidos por Marruecos en Sahara Occidental. La reacción de Mohamed fue inmediata, y se ha convocado consejo extraordinario para “reexaminar su relación con España”. Por lo visto, en el texto (bastante tibio) que se leyó en el parlamento había “frases claramente antimarroquíes”. Por cierto, no sé quién les habrá traducido, pero yo no he leido nada de eso, por lo menos en la que yo he leido. Qué delicadito el Mohamed, no parece el mismo que ordena matar, violar y sembrar el terror entre la población civil más desprovista de derechos civiles. En cualquier caso, hasta el lunes no se sabe qué va a decidir Marruecos con respecto a nosotros.

¿Que por qué digo esto? Porque veo más práctico provocar un caos circulatorio si con ello te aseguras el control del tráfico aéreo ante cualquier posible acto hostil de Marruecos, que para tapar otro paquete de recortes. No olvidemos que la movilización militar marroquí, con excusa de conflictos en El Aaiun provocados por ellos mismos, no ha sido desdeñable, y que Marruecos acaba de interpretar como actos hostiles las palabras de repulsa emitidas por el parlamento. Fíjate tú, para una vez que los políticos dicen algo que representa a la mayoría del electorado. Nunca llueve a gusto de todos, dicen. En todo caso, teniendo en cuenta la negativa de Zapatero a mirar siquiera los ojos de Mohamed, porque la verdad es que no se atreve con él, no me encaja mal una lectura distinta, en virtud de la cual, y con la huelga de controladores como excusa, pero motivado realmente por las hostiles declaraciones del gobierno marroquí, Zapatero habría conseguido cubrirse las espaldas con el moro, sin tener que reconocer que podría haber un problema con los vecinos del sur.

De modo que, reordenando los acontecimientos que rodean la huelga encubierta de controladores, la cosa habría empezado con el conflicto marroquí en Sahara Occidental.

Zapatero y su gobierno, que tanto se llenaron la boca antaño con el Sahara Occidental, guardan un silencio vergonzoso al respecto. Vergonzoso y casi inexplicable.

Sin embargo, Zapatero no logra apaciguar a los suyos, y se vota a favor. Una abstención y un voto en contra  (Rubalcaba y Zapatero respectivamente), todos los demás votos a favor. A Zapatero se le va de las manos la situación.

Al expresar nuestra repulsa, Marruecos se enfada.

Zapatero se acojona ante las posibles reacciones de Mohamed. Pero no puede mover un dedo sin delatar lo preocupante de la situación de cara a su gente (nosotros, creo), y por supuesto sin provocar una nueva reacción hostil de Marruecos, a quienes Zapatero tiene terror, y más aún con los ministros marroquíes en plena reunión. Que los moros son listos y prudentes a su manera, pero en caliente es mejor no darles la espalda.

Y aquí viene la jugada maestra, la que intuyo digna de los 666 asesores presidenciales al servicio de la mentira: el gobierno incluye en el paquete de recortes una clara provocación a los controladores, cuya reacción previsible será ir a la huelga, como habían avisado ya. Ya tiene el gobierno su excusa espuria para decretar un estado de alarma por Marruecos sin mencionar a Marruecos.

¿Por qué si no, en pleno puente, los ministros en pleno se habían quedado en Madrid, incluso los que viven fuera, cuando ya sólo se les iba a reclamar para un consejo de ministros “sorpresa” la mañana siguiente? ¿Acaso no lo sabían? Claro que lo sabían.

Y otra pieza más. Se ha anunciado un estado de alarma prorrogable. Prorrogable quiere decir que para prorrogarse, ha de ser ratificada por el parlamento. Zapatero, con su nueva mayoría PSOE/PNV, puede hacerlo cuanto quiera. Y EN ESTADO DE ALARMA NO SE PUEDEN CONVOCAR ELECCIONES ANTICIPADAS. Zapatero se habría cubierto así del fantasma de su finiquito. De modo que, como vemos, el principio de esta historia parece que se remonta cada vez más lejos.

Y es que, ¡ay!, tengo un pálpito. Que soy muy malpensado. Y es que no puedo dejar de observar el entusiasmo con el que Rubalcaba, y sobre todo Pepiño (Zapatero es ya un ansiolítico zombi) han encarnado su rol de doberman, que achaco más que nada al autoritarismo chulo y provinciano de dos socialistas de sótano. Lo cual hace mala combinación con el mucho tiempo que me da a mí que se ha invertido en lograr una huelga de controladores tan oportuna. Mucho más del que se habría invertido sólo para tapar una subida de impuestos. Por no hablar del malestar que provoca sacar al ejército, siempre peliagudo y siempre sospechoso, gracias al imaginario que los propios socialistas han creado en torno a las fuerzas armadas. ¿Hay en la agenda del gobierno un cuadro en el que es básico el cierre de los aeropuertos, y se ha ensayado de alguna manera un primer movimiento?

¿Qué interés podría tener el gobierno en que los controladores escasearan?¿Por qué un gobierno querría tanto, tanto, tanto, a unos pocos controladores, tanto como para no tener más controladores que ellos, siendo insuficientes, y por tanto, difíciles de contentar? La clave de todo, intuyo, está precisamente ahí. ¿Quién ha impedido la formación de nuevos controladores?

Si es AENA, pues ya lo sé: el monopolio de los técnicos te da el dominio del sector. Dinerito pa los jefes. Simple.

Pero, ¿y si no ha sido AENA? ¿Qué interés podría tener el PSOE en impedir la proliferación de controladores aéreos? Pues muy sencillo. El PSOE estaría disponiendo del monopolio del tráfico aéreo en contextos como estados de emergencia, golpes de estado, triunfos de la derecha…

Zapatero sufre el síndrome de Los Otros, en virtud del cual, está muerto ya, pero aún no lo sabe, y para seguir ignorando la verdad, huye de la luz. Y perdóneseme el tono paranoico-fatalista, pero es que no sé si a ustedes les está pasando, pero yo, desde hace unas semanas, estoy reconociendo el inconfundible estilo de la banda que tocó la pieza del 11-M, sólo que en esta ocasión tocan una pieza distinta. Pero reconozco el sonsonete. Y estos días empiezan a parecerse a los meses previos al 11-M.

O sea, que en el mejor de los casos, el estado de alarma es una nueva trapisonda socialista. Pero en el peor de los casos, esto es un golpe de estado. Porque decretar un estado de alarma por motivos electorales es un acto de golpismo.

Y ya juro que termino. Solo decir que la cobertura y el análisis de los medios de izquierda, esquivando el decreto de Rubalcaba y la violencia de Blanco, y maximizando la presencia en pantalla del PP ha sido de verdadero pasmo. La prensa de izquierdas me acaba de demostrar para los restos, que está perfectamente preparada para mentir descaradamente. La guinda de la mierda la ha puesto Gaspar Zarrías acusando al PP de promover la huelga. Cualquier persona medio inteligente observa al instante que el PP quedó aislado, cada idiota en su aeropuerto, mientras que el gobierno en pleno permanecía en Madrid contra toda lógica, así que no creo que el monopolio de la izquierda vaya a movilizar a nadie a nada más que a pegarle a Zapatero una monumental, nacional, indiscutida e indiscutible patada en esa grimosa combinación de culo burgués, tufo socialista-baturro, vocación de dictador, carencia de redaños y actos de malnacido.

 

 

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2 thoughts on “¿ESTADO DE ALARMA, O GOLPECITO DE ESTADO?

  1. Sonja diciembre 26, 2010 / 6:10 pm

    Es la explicación más lógica que he leido hasta ahora.

  2. Sonja diciembre 26, 2010 / 6:14 pm

    Con tu permiso pongo un enlace en mi blog.

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