TELEDEPORTE

Con la que está cayendo, con un país a punto de quiebra, Zapatero haciendo footing sin aliento ponía el buche como si fuera un estornino pidiendo su gusano-plan de ayuda.

Con el gobierno molestando con el papa y cerrando la basílica del Valle de los Caídos. Por seguridad, prohibido el culto. Pero se permite el paso a los turistas. A este paso, para dar misas van a tener que simular ser turistas de bermudas y chancleta. El cura se haría pasar por guía turístico. Mientras, en El Aaiun, Marruecos trata con violencia y represión una zona cuya protección de los derechos humanos es responsabilidad nuestra, más allá de qué habrá pasado allí. Que esa es otra. Rubalcaba sabe que los informadores comprometidos en la causa son una panda de demagogos y agitadores. En ese punto comprendo a Rubalcaba. A mí ver a Angels Barceló en una azotea informando de la noche de los cristales moros me deja tibio. Parece un corto para el youtube. Pero claro, por esa misma razón le doy aún menos credibilidad al omnisciente Rubalcaba, ya saben Rubalcaba Sitel, RuGALcaba, cuando dice que no tiene información de lo que ha ocurrido.

Y claro que la tiene. La declara secreta y se ampara en el secreto para escamotearnos la información veraz que él sí maneja, y que por alguna razón no quiere que salga a la luz. Informaciones que nos obligarían a dar a Marruecos un enérgico toque de atención. No especulo. El CNI se gasta un dineral en sus redes de información como para no tener informaciones veraces. Lo de Rubalcaba no se puede creer. Mira para otro lado porque si el pueblo se entera de lo que ha pasado, exigirá a Zapatero una respuesta. Y Zapatero, que es un liviano, carece de capital político para hacer lo que se debería hacer. La manera socialista de resolver los problemas es no admitir que existen y contaminar a aquellos que sí quieren informar. Pero lo de Rubalcaba diciendo que no tiene más información que la proporcionada por el gobierno de Marruecos, eso es mentira.

Y mientras tanto, el líder de la oposición, Mariano Rajoy, afirma que lo que hay que ver es Teledeporte para sentirse bien. Así, lo que Mariano propone es la evasión. “Ciudadano, mira el deporte. Es lo que hago yo. Para la política y esos marrones ya está Cospedal”. El mensaje es neto. Rajoy cree que los votos caen del cielo de la justicia divina. Del mismo modo que Zapatero cree que el dinero público es una cosa que crece en los bolsillos de los ciudadanos. Estamos apañados con este gobierno. Pero también con esta oposición. ¿No hacía el ridículo Zapatero disfrazado con un carísimo atuendo de corredor profesional cuando a todas luces se ve que las está pasando moradas, el gañán? ¿No trataba de dar una imagen dinámica y trabajadora y estaba dando exactamente la contraria, un pato cojo disfrazado de atleta sin cuádriceps? No, para Mariano Rajoy, lo mejor que él concibe que se pueda hacer es lo que Zapatero acaba de decir que hace. ¿Y qué le vamos a hacer si hasta la oposición parece a sueldo de Zapatero?

Eso, Mariano. Teledeporte. Malos tiempos para la lógica.

EL AAIÚN EN LLAMAS

La constante labor de desestabilización nacional que Zapatero ha puesto en práctica en su laboratorio político particular que es España, o lo que queda de ella, está dando ya sus frutos y se manifiesta en todos los frentes. La desestabilización es ya una deriva, y no parece que haya nada que se pueda hacer para terminar con tanta estupidez.

Y es que la estupidez es contagiosa por insistente. Así, después de seis eternos años soportando a un gobierno instalado en la estupidez militante, la oposición ya habla como ellos. Mariano Rajoy, en mitad de un tornado en el que Marruecos avanza en su escalada de violencia, y esta vez con muertos, nada de perejiles ni campañitas fronterizas, se zafa de las preguntas de la prensa diciendo que el canal que hay que ver es Teledeporte (sic), mientras el gobierno se obstina en no admitir el problema. Todo va tan bien que Zapatero ha vuelto a llamar nada menos que ¡a Moratinos! para suavizar el contacto. ¿Hasta dónde puede llegar el sadismo de Zapatero para poner a cocer lento a Trini, la cual ya hace tiempo que suda los humores ensartada en el espeto girando sobre sí misma con esa sonrisa que parece un sticker de esos que venden en las tiendas de chuches. (LAS chuches)

Desde luego, lo del PSOE con el pueblo saharaui es la historia de una traición mayúscula. Con todo el coñazo que dio Felipe González, alias el señor X, con el polisario. Yo cuando era pequeño no sabía lo que era el Frente Polisario, pero sabía sin duda que al señor X le molaba mogollón. El PSOE les prometió atención cuando no eran nada para Marruecos. El PSOE les organizó y les metió en la cabeza los derechos humanos, los sentimientos revolucionarios y las ansias de dignidad, que hace olvidar hasta la necesidad de comer. Y cuando el sahara planta cara a los abusos de Mohamed VI, entonces el PSOE mira para otro lado y da por buenas las explicaciones de Marruecos, que afirma que no pasa nada. Con un muerto español, y máxime cuando las acciones marroquíes son concebidas precisamente para meternos el dedo en el ojo, la bajeza del gobierno español, representado ya mucho más por el oscuro Rubalcaba que por el mindundi de la Moncloa, es completa. Este gobierno se llena la boca de progresismo y de paz, pero sólo tienen contentos a los terroristas, a los dictadores y a los criminales, dejando a los pies de los caballos a aquellos que se supone que deberían proteger. Es un gobierno proetarra, castrista, prointegrista y en sí mismo protointegrista.

Un gobierno anticristiano, que identifica el cristianismo con el Franquismo, como si Jesucristo fuera un invento de la Falange, muestra así su caridad cuando no se trata de regalar nuestros millones para la normalización del lesbianismo en el África negra. Cuando se trata de plantar cara al moro, entonces ya la cosa cambia. Mal rayo les parta a la Trini sonrilex y a Rub-al-caaba, más falso que Judas. ¡Qué digo, pobre Judas! Ese por lo menos se ahorcó después de su traición. Rubalcaba habría vendido la cuerda y el árbol, y cuando le acusaran de traicionar a Jesús, echaría la culpa al apóstol Santiago. Poco después, pruebas inculpatorias aparecerían en posesión del pobre Santiago, que tendría que depender del juez que le tocara en el sanedrín.