“OCÉANOS”, NATURALEZA, ARTE Y DEMAGOGIA

¿Habéis visto la última campaña publicitaria de los ecologistas del cambio climático en Reino Unido? Pues en ella sale una maestra explicándole a los niños la falacia del CO2. Cuando al final de la explicación hace levantar la mano a los niños que estén de acuerdo, toda la clase, menos dos, alzan la mano. La maestra saca del cajón de su escritorio un panel con un solo botón de color rojo. Pulsa el botón, y los dos niños que no creen en el cambio climático EXPLOTAN LITERALMENTE SALPICANDO DE SANGRE Y VÍSCERAS A LOS OTROS NIÑOS.

Después de eso, la escena se repite más o menos igual en una empresa, con el jefe hablando a sus empleados, y en un equipo de fútbol. Es evidente que son puro relleno, y que el importante es el de la clase.Viviana Aído diría, para disculpar a los autores que “eh, bueno, el bideo eh una ssátira, eh…”. Pero yo creo que la cosa está empezando a pasar de castaño oscuro, ya. El mensaje es claro, especialmente para los espectadores más pequeños: o crees en todas las tonterías ecoprogres de la maestra o estás cateado. Es satírico, sí, lo del botoncito y la explosión de los alumnos negacionistas. Pero no mucho, es solo dar rienda suelta a los deseos de los más radicales ecologistas: si pudieran reventarnos con un botoncito, lo harían sin más, jajaja, ¿no te parece gracioso? Si no crees en las tesis del CC, te reviento. Si tus hijos no creen en las tesis del CC, la profe los revienta con un botón. ¡Jajaja! ¿Qué pasa?¿No te hace gracia? Pues a mí tampoco.

La campaña ha sido retirada con rapidez, pero su contenido demuestra una vez más el cariz que está tomando el activismo audiovisual. Lo del chikilicuatre para UGT, incluso estando en las antípodas de la correcta factura técnica, me suena muy parecido. En las antípodas, digo, porque el vídeo de los ingleses ecolojetas por lo menos está bien rodado, mientras que lo del Chikilicuatre es una mierda. Buscada, sí, pero no por ello menos mierda. Y me dirán que lo de UGT es anecdótico, pero no lo es. Por el simplismo, por la violencia, por la contaminación ambiental que suponen ambos vídeos: un chute de violencia gratuita suministrada desde el poder, con mayor o menor disimulo, dirigida contra quien no asuma sus tesis.

¿Esto es lo que le espera a todo el que no piense como ellos?¿Esta gente, ecologistas nazi-ecologistas y sindicatos nazi-sobornados, son el paradigma de la utopía eco-socialista? Una panda de fascio-fascistas es lo que me parecen a mí. Y el paraíso eco-socialista, un gulag.

Ay, señor, señor.

Bueno, por si puedo aportar algo positivo al asunto, diré que, aún no asumiendo las tesis de la sandía, creo que hay que hacer un esfuerzo por no identificar calentología y respeto al medio ambiente. Los del calentamiento han monopolizado todo ámbito relacionado con el medio-ambiente, y por ende han monopolizado también las ayudas económicas, que es de lo que va el asunto en realidad, de expoliar las arcas públicas con excusas variopintas, pero en todo caso, esos advenedizos no me van a suplantar. Se puede amar y respetar el medio ambiente y a la vez estar en contra de esos advenedizos del cambio climático, que de unos años a esta parte lo impregnan todo, aún demostrándose falsas sus tesis más rotundamente a cada día que pasa. La mayoría de estos ecologistas teóricos no conocen más animal salvaje que Cándido Méndez, e incluso ese está domesticado. Merece la pena cuidar del medio ambiente, el ser humano debe tomar de él lo que necesite, pero no lo que se le antoje. Y no destrozarlo todo a nuestro paso. Estoy en contra de la técnica de la pesca de arrastre. Por donde pasan esas guadañas tres o cuatro veces, ya no crece nada en décadas, incluso siglos, y eso definitivamente está mal.

También en eso tiene su responsabilidad la política de dinero para todos. Muchos barcos salen a pescar de esta manera tentados de recibir las “ayudas” gubernamentales al sector. Así, en la tentación de recibir injustamente un subsidio, muchos pescadores del sector optan por el arrastre para justificar el trabajo y recibir así un dinero que no va a ir a ninguna pesca, porque ya no queda qué pescar. En el mar, hemos cogido mucho más de lo que debíamos durante mucho más tiempo del que debíamos. Si no hay más pesca, pues a otra cosa. Lo mismo pienso de las ayudas al automóvil, o a la construcción. ¿De qué sirve ayudar a los que hacen coches, si nadie los puede comprar? ¿Qué es más importante, el negocio de unos pocos o la regeneración económica? ¿Qué es más importante, el inmenso océano o el trabajo de unos pocos? Han hecho más coches de los que necesitábamos. Han hecho más casas de las que necesitábamos. Han pescado mucho más de lo que necesitábamos. Y a través de los gobiernos les hemos pagado para que sigan haciéndolo.

Durante décadas he observado la caída de precios y calidad en las latas de conserva. Más allá del pecado original del €uro, que se cargó el concepto de lo que vale un duro en toda Europa, hemos observado cómo, a veces, de las latas de mejillones y atún en conserva han salido criaturas aún no homologadas en los tratados de biología. Siempre me pregunté: pero bueno, si cada vez es peor el producto, y cada vez lo compramos menos, ¿cómo es que cada vez traen más cantidad de género, y a menor precio? (Y de la calidad ya que se ocupe otro) Yo no veo que se vacíen los estantes, ni veo que me los pongan en los bares más de lo que antes lo hacían. ¿A dónde va todo ese producto que nadie quiere pero se sigue trayendo en cantidad?

Por lo demás, estamos hablando de las conservas de siempre, gambas congeladas, mejillones, atún…cuando en las últimas décadas, la variedad de oferta de aperitivos al alcance de cualquiera se ha disparado. Cuando yo era chico, las latas eran casi lo más normal que uno podía sacarle a unas visitas. Ahora puedo sacar nachos con jalapeños, palomitas en dos minutos, todo tipo de snacks, incluso bajos en calorías, etc etc etc, por no hablar de que en siete minutos de microondas puedo sacar una fabada de puta madre que hará las delicias de todo visitante hambriento, peregrinos incluso, en lugar de unos berberechos microscópicos o unas sardinas procedentes de Vulcano, ¿y sin embargo la producción de esas conservas se mantiene uniforme? No entiendo nada.

Y nunca lo entendí porque la demanda es una realidad de la que no podemos huir, o eso creía yo, bisoño de mí. Incluso llegué a pensar que lo que no vendían volvían a tirarlo al mar, donde revivía y se reproducía, como las gambas alien de The Faculty. De verdad, abriendo latas de mejillones Miau, y como diría Roy Batty, “he visto cosas que vosotros no creeríais”.

Hasta que no metí las ayudas económicas en la ecuación no entendí nada. Son las subvenciones, y no el simple afán de lucro, las que han ayudado más que nadie a exterminar países submarinos enteros. Las ayudas, que tentaron al pescador a seguir sacando de donde ya no había, un producto que ya nadie quería. Me gustaría saber cuánto de ese producto se ha tirado a la mismita basura en los últimos años porque nadie lo quería, ni siquiera a precios subterráneos. Las ayudas a sectores cuya demanda ha caído en picado no sirve más que a unos pocos, pero el precio es muy alto en euros, y en el caso del mar, un precio ecológico altísimo, y totalmente innecesario, además de improductivo, porque lo que se arrastra luego va a la basura caducados tras meses a medio euro en los estantes del Carrefour. Sólo últimamente, en los últimos meses, veo que sí que se consumen las conservas con verdadero brío, pero no es una cuestión de libre mercado, sino de necesidad. Ahora sí haría falta lo que hemos tirado a la basura durante años, que se habría dejado en su sitio, vivito y coleando sin las dichosas ayudas, en espera de años de mejor cosecha. Tendemos a pensar que las ayudas a la pesca son como el milagro de los panes y los peces, cuando esas ayudas sólo son la voluntad de seguir negando la constatación de un hecho concreto y probado: que no se puede mantener el volumen de negocio. No es viable económicamente. Realmente las ayudas vienen a ser trabas constantes a la realidad. Niegan la dictadura de la demanda (nadie quiere tanto molusco) y niegan la dictadura de la realidad (que no hay peces ya).

OCÉANOS

Últimamente estoy viendo y reviendo un documental que ha caído en mis manos. Se llama Océanos y es la caña.

Asumiendo como inevitable el soniquete del cambio climático como motivo último de la cinta, reconozco que es un documento imprescindible para aquellas personas que gustan de observar a los animales. La calidad técnica me deja boquiabierto en cada plano.

 

Son planos largos, enormemente expresivos. El hilo conductor es azaroso, de una especie pasamos a otra, y el resultado es impecable.

La demagogia de las locuciones, líricas e imprecisas, resulta contaminante y  resta credibilidad y belleza a la verdad rotunda y majestuosa que muestran sus imágenes.

 

El león marino corre hacia nosotros, a cámara lenta, huyendo de la orca

 


El principio, con una iguana marina observando el despegue de un cohete, resulta escalofriante. Perfecto el primer plano del animal, absolutamente cinematográfico. Luego, todo el grupo de iguanas recortado contra el atardecer, mirando la columna de fuego y humo del cohete, deja sin aliento.

La voz en off que estropea la escena denuncia las emisiones de CO2 como causantes del calentamiento, cuando el ser humano incide mucho menos en las emisiones de CO2 que los animales y las plantas y por supuesto, que el mar, que es el principal emisor de CO2 del mundo. De manera que la escena, sin palabras, estaría enseñando a dos de los principales emisores de CO2, el mar y los animales, y a otro emisor menor, el hombre y su cohete. Con la vuvuzela en off, se culpa al emisor menor de los tres que salen, y se elige una escena que enfatiza el impacto del hombre en la naturaleza. Pero incluso en esos momentos, el impacto denunciado es un impacto menor, porque las iguanas miran el cohete con tranquilidad, sin saber qué es eso que brilla y truena un rato antes de desaparecer dejando tras de sí una gruesa columna de humo. Un rato más adelante veremos una verdadera sangría de animales que se ceban con los bancos de peces desde todos los puntos: delfines, tiburones, focas, y los alcatraces en ataque aéreo coordinado, y a nadie le parece mal en el documental.

 

Un alcatraz ataca un banco de peces. En cámara lenta, repara en nosotros y bucea hasta la superficie.

Sin embargo, el ser humano es muy pernicioso por tirar un cohete al espacio, porque hace mucho humo. Hombre, poner en órbita un objeto requiere muchísimo combustible, pero tampoco es como si estuvieramos tirando cohetes todo el día en todos sitios. Para poder grabar esos planos, el equipo ha contado con muy pocos días, muy pocas horas concretas. Y sin pasar por alto que muchos de esos lanzamientos proporcionarán información vital a los científicos.

En realidad la imagen por sí sola demuestra un impacto ciertamente menor en el medio ambiente, con esa iguana observando impasible el espectáculo desde la distancia. Por eso creo que se incluye la voz en off en ese momento, para conducir ideológicamente las conclusiones que el público tendría que tomar por sí solo, si tanto confiaran estos señores en sus tesis. Otros momentos hablan por sí mismos, no necesitan apoyo verbal.

Gracias a Dios, el pesado francés se calla casi todo el tiempo, dejando lugar a una excelente banda sonora y al espectacular registro de sonido natural de toda la película. Casi da la impresión de que el soniquete del cambio climático es la imposición ideológica vital para la obtención del presupuesto y el esfuerzo humano descomunal que es necesario para la realización de semejante sinfonía mastodóntica al medio ambiente, y que, como público, lamento haberme perdido en la sala. ¿De qué otro modo se arriesgaría nadie con un producto tan caro en las salas de cine, que están repletas de zombis que identifican los documentales de animales con dormir la siesta(en España por lo menos)?

Así que, lejos de querer hacer explotar con un botón rojo a quien no piense como yo, lo que recomiendo es verla en francés sin subtítulos, para poder disfrutar de la belleza contundente de sus imágenes y de las múltiples lecturas constructivas que de ellas podemos sacar, sin ser molestados por una voz en off ideológica, torticera e impuesta. ¿O es que creíais que iba yo a citar Blade Runner en vano?

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