ZAPATERO, MONTILLA Y PÚBLICO, URTICADOS POR LA VICTORIA DE ESPAÑA: VIVAN LOS BOTIJOS

1. Según el diario Público, el artífice de la victoria no es tanto Del Bosque, Iker o Iniesta, sino nada menos que ¡GUARDIOLA! Y además, dice Público que la victoria ha dado rienda suelta al “nacionalismo de botijo”. Hay que ser mentecato, cenizo y mal perdedor, formato plañidera. Pero me hace gracia eso del botijo, siendo éste un artículo útil e insuperado por la tecnología para tener cerca agua fresca cuando te estás partiendo el pecho a trabajar con toda la solanera. Un artículo de gente que curra al sol. Muy bonito, muy feliz, muy socialista se ha levantado hoy el diario Público.

Puteados los del diario progre sin poder siquiera ocultarlo, probablemente no hablaron del nacionalismo de cachiporra, éste sí, más agresivo. O del nacionalismo de aire acondicionado, del que no se presentó a la ridícula manifestación porque hacía demasiado calor para los independentistas. O eso, o es que no hay independentistas, sólo cuatro mataos que se dedican a estafar a tuti cristi. En cualquier caso, Público no los mencionó como tales. Le jodemos más nosotros, nuestra bandera y nuestro triunfo. Cosa de paletos, quisieron decir. Pues si esto es el nacionalismo del botijo, bienvenido sea el título. El botijo me parece un símbolo honroso y además, cierto. Con la bota vino y el jamón, el botijo es también parte de la iconografía española. Por mucha hoz y mucho martillo que nos intenten colar como el que no quiere la cosa.

Todavía dirá que el tripartito no alienta el separatismo

2. Ni un 1% de los catalanes se dejaron caer por la manifestación del sábado contra la sentencia del estatut de los collons, y los radicales terminaron persiguiendo al cabecilla de la reunión. Aún así, la Generalidad tuvo la poca vergüenza de sacar una lectura positiva del fracaso rotundo de una manifestación fantasma. Qué justicia poética, ver a Montilla correr perseguido por sus propias mascotas. Allá va Montilla. Charnego fué lo más bonito que le llamaron. Allá va, dije al enterarme, el único cordobés que no va a saltar de alegría con el gol de Iniesta. El cordobés que se va a sentir aplastado cada vez que vea todas esas banderas coreando a voz en grito “Yo soy español, español, español”. Allá va un idiota en camisa de once varas.

¡Mi tesoooro!

Lo que me lleva al punto 3. Zapatero ha alardeado de soltar alguna lagrimita con la victoria de España. No me lo trago. Éste ni siente ni padece. Lo único que ha sacado en claro es que por la calle hay demasiadas banderas españolas. Zapatero está cagado en las patas. Se está haciendo la foto con la selección. Todo el mundo ha visto a un mindundi poniendo sus pamplinas junto a once héroes españoles. A ver si se le pega algo, pensarán los más benévolos. Los no tan benévolos probablemente pensarán cosas peores. ¿No será de pánico? ¿O será de pura rabia por tanta bandera y tanto “Yo soy español, español, español”, la lagrimita? Yo creo que ni una cosa ni la otra. Nunca me he creído a los tíos que alardean de lágrimas en público. Y de este, menos aún. Y encima, se despide animando  “a trabajar”. Hay que ser impresentable.

Valencia, Barcelona, Bilbao, Coruña, Madrid...

Yo creo que se le ha ido de las manos lo de las banderas en las calles. Esa sensación me da también Público. Carajo, había banderas hasta en ciudades vascas “comprometidas”. Cataluña entera fue un estallido de júbilo español, lo mismo que el resto de nosotros. A la bandera española ya no hay quien la erradique. Ya Carod, otro charnego calvorota, había expresado su preocupación por la presencia masiva de banderas españolas en Cataluña. No nos extraña, ni una cosa ni la otra. Y desde aquí nos alegramos profundamente por ambas.

Zapatitos, ya no rentabiliza ni una victoria en el Mundial. Ha quedado en esa foto como lo que es, un advenedizo, un convidado de piedra, un impostor. La selección nos ha dado las fuerzas necesarias para equilibrar la balanza de un modo tan natural, con una victoria limpia, honorable y coral, como a ningún estratega, salvo a Nelson Mandela, se le hubiera ocurrido. Pienso ahora en Invictus, y en el hecho de que la selección ha ganado en Johanesburgo. Incluso estaban allí Mandela y ¡Morgan Freeman, con la bufanda de España! El final fue tan redondo que hasta el héroe besó a la chica delante de todos los españoles. Grande Iker.

Sólo los cenizos y los envidiosos se sienten mal con esto. De toda ésta fiesta y esta alegría, los únicos que no han participado han sido Zapatero y sus huestes. Por motivos obvios, Zetapé, socios y sus fans se han cagado en los pantalones. Como decíamos al empezar el año, nuestras alegrías serán sus amarguras. La selección lo ha demostrado con una lección de lo que es España: un conjunto de pueblos con muchas cosas en común, unas pocas diferentes, que aceptamos y celebramos en buena hermandad, unos pueblos que son más fuertes juntos de lo que jamás  serían por separado. Zetapé, esto es España, una nación ni discutida ni discutible. Qué gran fin de semana. Viva el botijo. ¡Y viva España!

VICTORIA

El estadio, con mayoría sudafricana blanca, estaba con Holanda. El árbitro, su estúpida ceguera y su mal criterio, favorecieron a Holanda en su empeño de hacer del partido una reyerta. Como a fútbol no se veían capaces, jugaron al kárate a muerte en Johanesburgo. Pero ni así pudieron.

Lograron desbaratarnos, estuvieron fuertes y no nos dejaban jugar. Con la inestimable estupidez del árbitro, un cretino de espanto, por decirlo finamente, hicieron un partido abrupto, difícil y con sustos, y llegamos al descanso como Rocky en el primer asalto contra Clubber, casi casi salvados por la campana. Temíamos más por las espinillas y los esternones de los jugadores que por los ataques de Robben. Ese tipo tiene más peligro que Elton John en un Visionlab.

La segunda parte ya fue otra cosa. Repuestos del susto, Del Bosque no sé qué les dijo, que salieron al campo como una rosa. Esa actitud de indiferencia ante la hostilidad terminó por deshacer al contrario. Alrededor del minuto treinta, Holanda estaba embotellada, y el gol se mascaba en el aire. El partido se lo fué ganando España minuto a minuto de ganar cada metro del campo con sangre. La inclusión de Navas y Torres fueron cruciales para abrir el caño, porque estaba claro que Holanda buscaba los penaltis mientras esperaba la carrera de Robben. Cuando ésta se dió, ahí estuvo Iker, inmenso, su obra maestra. España entera contaba con Casillas cuando se hizo el silencio y el holandés se quedó solo ante los palos. San Iker Casillas. El mejor.

La prórroga ofreció el mejor juego de la selección española. Holanda obligaba a soltar el balón, o te volaban la pierna. Ellos mismos nos dieron la clave: para ganar a Holanda, había que torear.

Tomadas las medidas, con una Holanda sin plan B, frita a tarjetas y agotada (se conoce que patear al contrario desgasta mucho), España dio una lección de fútbol a la naranja mecánica. En los minutos previos al gol, España le dio un verdadero baño a Holanda. Tic, tac, toc, Torres, Xavi, Iniesta. ¡Alehop! Cuando Iniesta clavó esa pica en Flandes, España entera se vino abajo. Marcó con rabia, un tiro perfecto, imparable. El árbitro se mostraba reticente y tardó en dar el gol por bueno. Iniesta ya lo estaba celebrando, sin contar con él.

Me gustó cómo sacó España la picardía sólo al final, ganando tiempo a base de marear la perdiz aplicando el manual, Torres en el suelo, Iker tarda en sacar, un cambio por aquí…El entrenador de Holanda puso una cara que casi daba pena, el tiparraco. Parecía que se fuera a comer el banquillo de un momento a otro. Probe.

Luego, el árbitro pitó el final. No parecía real, ¿verdad?

Les ganamos a cara de perro, y con sangre. Pero lo hicimos en nuestros propios términos, sin rebajarnos, con elegancia y con honor. Muy ilustrativo fue el mal perder del entrenador holandés, que no saludó a Doña Sofía, y se quitó de malos modos la medalla. Del Bosque le había dado toda una lección. A ver si la digiere, aunque con la dieta holandesa, lo tiene bien jodido. Nos alegramos desde aquí.

Somos españoles, y por un día nos sentimos felices de serlo. Pero lo somos, eso ha quedado fuera de duda. España es una realidad mucho más fuerte que mil millones de mentiras. Qué bello ha sido ver a España entera celebrando una victoria majestuosa, con honor y con todo en contra. Qué dulce victoria. No se me hubiera ocurrido un mejor momento para que la selección española se llevara el mundial. Gracias, chicos. Os necesitábamos y ahí estuvísteis.

¡Yo soy español, español, español!