LA TRAGEDIA DE CASTELLDEFELS

Todos hemos escuchado ya la noticia del atropellamiento múltiple en Castelldefels. Normalmente, cuando ocurre alguno de estos atropellamientos ferroviarios, el imprudente no sobrevive. A diferencia de las imprudencias de tráfico rodado, en la que a menudo la víctima no ha hecho nada malo, y el imprudente se va de rositas, triunfal, en los cruces por la vía no hay mucho que rascar. El imprudente muere, y el tren sigue su curso.

Cruzar por la vía de un tren de alta velocidad está multado. Ésta práctica sirve para proteger de un despiste o un mal cálculo a la gente prudente.

La vía de cada tren de velocidad suele estar vallada, además, para proteger a los más imprudentes, los “valientes” y los dementes.

Pero en la vía de tren de Castelldefels no hay valla protectora, así que vivir o morir depende más bien de uno mismo. ¿Quieres vivir? No cruces por una vía por la que circula un tren a trescientos km/h.

Digo todas estas perogrulladas porque la primera reacción que escuché por radio fué la de un testigo del “accidente”, que contaba que es que el paso habilitado estaba atestado de gente, y que en fiestas, el tren tendría que pasar más despacio. Habló, sí, el gilipollas de la semana.

O sea, que un tren de alta velocidad tiene que ir más despacio si hay fiestas en alguno de los municipios que atraviesa en su trayectoria, por si la gente no tiene más remedio que cruzar la vía si quiere ponerse fina de calimocho sin demora.

¿Pero cómo que más remedio? ¿No podían esperar a que se despejara el paso de peatones? ¿Y qué pasa con el usuario del AVE? ¿No tiene derecho a la velocidad por la que está pagando un ojo de la cara?

¿Pero es que estamos todos gilipollas, ya, o qué es lo que está pasando aquí? Por cómo hablaba la gente en los totales de tv y radio, allí estaba cruzando todo cristo por la vía, y el tren se llevó a trece por delante. Pensándolo bien, la tragedia ha sido mínima en comparación con la que se podía haber organizado.

Ha vuelto a asomar la cabeza, pues, la España gilipollas, que se cree que la vía de un AVE sólo es peligrosa cuando pasa el AVE. Que merece la pena cruzar en rojo si eso te lleva de fiesta más rápido. Que no hay derecho a que el AVE pase deprisa por los municipios en fiestas, no vaya a haber algún honrado e inteligente ciudadano invirtiendo su ocio en llegar a la fiesta superpronto.

Ahora pedirán indemnizaciones, y tratarán de buscar la ruina al maquinista. Por si suena la flauta. Al fin y al cabo, si un juez te puede condenar por defenderte de un atracador con “excesiva contundencia”  (verídico) , o por exclamar “viva la Guardia Civil”, entonces, otro juez puede condenar a un maquinista de tren de alta velocidad por muermo y aguafiestas. Al fin y al cabo, para no pocos españoles, la gran conquista de la democracia es el derecho a ponerse unos tatus, o irse de chunda-chunda hasta perder el poco juicio que nos queda, si alguno.

Así nos va. España es gilipollas, ya lo sé. Pero no puedo evitar pensar que tal vez éstos tipos que han muerto por su propia estupidez, si hubieran tenido mejor suerte, hubieran vuelto a sus coches al amanecer y conducido hasta Barcelona en estado etílico masivo. Si solían conducir con el mismo cuajo que usaron para cruzar la vía, no sé, tal vez incluso se han salvado unas pocas vidas inocentes.

En éste sentido, ha habido suerte y sólo han muerto los que eligieron la imprudencia. Si les hubiera dado por cruzar una carretera, podían haber matado a alguien. Y ya digo, conduciendo, trece borrachos con semejante soltura pueden provocar (provocan, de hecho) matanzas peores. Más diluidas en el tiempo y el espacio, con muertos de a uno, de a dos y de a tres. Yo mismo he sobrevivido a varias encerronas de alguno de éstos psicópatas de la soltura al volante, y las vidas de todos nosotros se ven perjudicadas cada día por mil feos detalles provocados por las pequeñas  y grandes insolidaridades de una masa gris y turbulenta que se piensa (y se le induce a pensar) que tiene muchos derechos y ninguna obligación.

Pero matanzas peores, y más injustas, se dan cada día de manera continuada en carreteras. Lo de Casteldefels es, en cuanto a la proyección social de la noticia, un suceso, una anécdota desagradable, un síntoma, otra lección nunca aprendida por una sociedad que no sabe ni por dónde mea.

Conclusión, querido lector: si un día te encuentras al borde de un precipicio, y en el fondo está la fiesta, no saltes. Ni siquiera si falta el cartel de “prohibido saltar”.

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One thought on “LA TRAGEDIA DE CASTELLDEFELS

  1. murck junio 26, 2010 / 8:39 am

    http://www.abc.es/20100626/espana/fomento-medidas-seguridad-201006260200.html

    Mira la foto, hecha ayer, en el mismo lugar de la desgracia. Le puede esperar hasta una multa de 30.000 €.
    Nos da igual que muera gente, nos tienen que poner vigilantes para todo, somos una sociedad que no es nada cívica y creo que tenemos lo que nos merecemos.
    Mi pésame para las familias de los afectados de todo corazón, pero no busquen culpables que ya pagaron con creces su desacierto.
    Y por último mi apoyo al conductor del tren, que seguro estará destrozado, sin tener culpa alguna

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