ESPAÑA ES GILIPOLLAS

Gilipollas es un término intraducible. Ese es el motivo por el que occidente nos mira con estupor. Porque cuando leen lo que aquí está pasando, no llegan a entender realmente lo que está pasando. Cuando leen quién es Zapatero,  cuando leen la actitud de los votantes, hay algo que se pierde en la traducción. Eso provoca el estupor en occidente. No llegan a entender lo que pasa. Hay algo que se pierde en la traducción. Gilipollas es un término intraducible.

No profundizaré más en la definición exacta del rotundo término, porque no es posible delimitar verbalmente qué hace a un gilipollas. Un gilipollas es un gilipollas por derecho propio. Es un término indefinible, más sentimiento que razón. No sólo no se puede traducir, sino que tampoco se puede definir.

Cómo definir el grado de gilipollez que denota, por ejemplo, un país que permite que en el senado (y pronto en el parlamento) se hablen cinco idiomas cuando se habla uno común que conocemos todos los españoles. En términos bíblicos, es la torre de Babel. En español, el coño de la Bernarda. Somos un hatajo de gilipollas. Vean cómo nos pastorea la Pajín. Hay que ser gilipollas para permitir semejante patochada en el senado. No tengo palabras.

MARX, MAESTRO DEL SABLAZO Y TIBURÓN DE LA BOLSA

Paso directamente a colgar un revelador artículo de Fernando Díaz Villanueva, que me he encontrado en el suplemento de Libertad Digital. Se puede decir más alto, pero no más claro. Inmejorable la descripción del retrato.

Encuentro, en los titulares, una noticia firmada por el mismo autor Díaz Villanueva, que no ayuda demasiado a lavar la imagen de Carlitos Marx.

Y para terminar con algo de actualidad, Juan Ramón Rallo nos hace un balance de la situación económica, y apunta, además, a un responsable con nombres y apellidos. Un excelente artículo.