La España que necesita Zapatero

Éste es el producto lógico de la España de Zapatero. Juventud, impunidad, ignorancia. Progresismo, le llaman ahora.

Éste gobierno cutre y ramplón formado por mediocres cuyo principal mérito es no poder hacer sombra a Zetapé va a tener que refugiarse en la guerra civil para no tener que responder por su trabajo (5.000.000 de parados). Será además la única manera segura de hacer méritos, cosa que hasta ahora era imposible para los ministros de Zapatero. Con las manos atadas, y sin atribuciones, se han ido quemando uno tras otro. Los ministros de Zapatero siempre se quedan en nada, se queman. No sobreviven. Ahora sí, ahora pueden competir, a ver quién la dice más gorda. El perro viejo de la izquierda, Carrillo, está marcando la pauta con una insistencia que da miedo, con declaraciones continuadas reabriendo causas cerradas por la historia.

Desde el propio gobierno se están produciendo, con la excusa de las tres causas abiertas a Garzón, todo tipo de afirmaciones disparatadas y cargadas de rencor comprado barato, acerca de los tribunales, la transición y la guerra civil. Me quedan claras dos cosas: una, que el PSOE no distingue entre partido y gobierno. Dos, que los progres en general no conciben, ni por mera estética, la independencia de los tribunales. Y tres, que para el núcleo duro del socialismo real, la transición aún no ha terminado.

Lograron escurrir el bulto por sus crímenes en el 78 y desde entonces han estado sembrando la propaganda de un modo pertinaz. Producto de lo cual proliferan con naturalidad los Willys Toledo por el paisaje urbano.

Y ahora que han agarrado el punto de mira y lo han puesto en la vieja derechona, y que están desmantelando el pasado con su ley de desmemoria histórica, se proponen derogar la ley de amnistía y volver a abrir la caja de los truenos, sacar a un bando al paseíllo, tirar cruces abajo, los muertos afuera.

A todas luces es un insulto a la inteligencia. Zapatero no está dispuesto a abandonar la Moncloa. Se le ha acabado la agenda. Sólo le queda la anunciada Ley de Igualdad de Trato, que las promete pardas, para animar el cotarro. Pero sabe que no basta. Necesita una zapatiesta, un enfrentamiento ideológico que, a día de hoy, no conmueve a propios ni a extraños. La consecuencia lógica es que el mensaje que se lanza desde el gobierno avive posturas radicales como la mostrada en el vídeo.

5.000.000 de parados, y contando. Necesita algo que le autojustifique. ¡Ya está!: la guerra. La guerra civil. Si las diferencias ideológicas son causa de conflicto, así, por lo menos, esquiva el veredicto de sus propias filas. De tal manera, podríamos asistir a una debacle nacional por culpa de un friki de la política que quiere realizarse como presidente.

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