Yo creía…

Yo creía en la izquierda.

Yocreía que lo que se buscaba era que todos fuéramos iguales ante la ley.

Yo creía que lo que se buscaba era la tolerancia, el pluralismo y el respeto al ciudadano respetable.

Ahora me encuentro con que según la izquierda hay ciertos colectivos que no tienen derecho a denunciar las flagrantes tropelías de un juez que debería ser juzgado.

Ahora resulta que me encuentro con que la izquierda dice que Falange Española no puede denunciar. En días como hoy me acuerdo de por qué ya no soy de izquierda.

Nunca he sido franquista. ¿Cómo podría? Me he criado en democracia. Para mí es una aberración eso de no poder salir a tomar un Ruavieja después de comer y comentar en voz alta entre mis compañeros las ridiculeces en que van incurriendo los políticos. Para mí el sano ejercicio de democracia es poner la lupa en el gobierno en primer lugar, y donde a uno le salga del pie, después.

Yo creía que lo importante es la denuncia, no quién denuncia. Eso de mirar quién denuncia es de estados totalitarios como el español hasta el 75-78, o el cubano hasta esta misma tarde.

Aquí lo que importa es el quién, no el qué. ¿Con quién estás? ¿Eres amigo o enemigo? En vez de ¿qué has hecho? ¿Es democrático lo que has hecho?

Así que yo, por la pura curiosidad por saber si Garzón es un peacho de juez o un jeta del demonio, resulta que soy la extrema derecha. Y además, resulta que no tengo derecho a denunciar a nadie por actos notoriamente dudosos. Resulta que soy Franco, queriendo ganar la guerra. ¡JA, JA, JA!

Franco ya ganó la guerra. Una guerra que no propuso, por cierto. A él le ficharon en la pretemporada, con todo el pescado ya vendido. ¿Por qué esa inquina, si dan por ganada la guerra?

Porque no dan por ganada la guerra. Siguen urticados porque la Falange tiene plenos derechos como cualquier organización que condena la violencia. Para ellos, nuestra democracia es un producto del franquismo. Aún no han terminado su particular “transición”.

Dinamitaron la segunda república, como están dinamitando la monarquía constitucional. Ahora intentan borrar el rastro de la historia. Mañana, Dios dirá.

Me río yo, ahora sacan la horterada tricolor que en su momento enmierdaron, embarraron y finalmente, despreciaron ellos solitos a cambio de la rojinegra o la roja entera.

Iros a la porra, garzonitas. Ni siquiera lo hacéis por Garzón. Le utilizáis para sacar la cabeza, y para provocar a Franco, que lleva ya muchos, muchos años muerto.

Y yo era de los vuestros. ¡Qué palos nos da la experiencia! Yo creía, yo creía…¡merluzo!

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One thought on “Yo creía…

  1. Denis Roussos abril 18, 2010 / 1:12 am

    El marxismo y su versión con minifalda, el socialismo, tienen los dos ingredientes necesarios para ser una religión: una es la creencia en una vida mejor y la otra es un código de conducta que hace que esa vida mejor sea alcanzada.

    Estamos por tanto, querido monolocus, ante un grupo de individuos dispuestos a hacer cualquier cosa por su fe. Dada la superioridad moral que todo fanático religioso se atribuye, cualquier acción por bábara que sea queda justificada, ya que si lo que hace no se ajusta a los cánones, será porque los cánones están mal. La obviedad de este razonamiento lejos de extrañar a los supuestos intelectuales que profesan la religión socialista, les seduce.

    De este modo se puede entender que frases como que Garzón está por encima de las leyes puesto que lo que hacía era justicia, sean escuchadas estos días por los sumos pontífices de la fe socialista. Según estos neocuras las leyes son producto de la sociedad imperfecta en la que vivimos, en tanto que la justicia es lo que persigue el sueño socialista, luego está claro que la justicia y los justicieros están por encima de las leyes. Si éstas son un obstáculo para conseguir tan altas metas, es obligatorio acudir a la universidad (pobrecita) para que el los hermanos del mester de progresía protesten rasgándose las vestiduras. Como ves la ecuación queda perfectamente explicada.

    Con respecto a la violencia destabilizadora y letal que el PSOE ejerció sobre la república y su amor hoy por ella, no hay mucho que decir. ¿Cuántos homicios se producen por amor?

    La superioridad moral da alas pero nadie vuela tan alto como el que es bendecido con el mantra de la felicidad que dice triquitriquitríqui barrabú. (Dedicado a los lectores de este blog)

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