SHUTTER ISLAND-CINE EN ESTADO PURO

Si el lector no ha visto la película, le sugiero que corra a la sala más cercana, y luego lea, si tiene a bien, éste comentario. El texto puede revelar datos de la trama.

Martin Scorsese es un creador. Como tal, para cada una de sus películas genera su propio universo, con sus dioses, sus demonios, sus ángeles y sus monstruos, sus señores y sus súbditos. Incluso cuando aborda temas urbanos y actuales, el ojo del narrador empapa hasta el último resquicio de la pantalla, y también de la mente del espectador. Además, el nivel de elaboración visual y narrativa de Scorsese, la minuciosidad con la que cuenta sus historias, está llegando a niveles maníaco compulsivos, recordando inevitablemente al Howard Hughes que dibujó en El Aviador.

En Shutter Island, ésta característica se multiplica hasta el delirio. No por casualidad nos lleva a un escenario aislado, un entorno controlado en el que todas las reglas las pone el creador. En un manicomio de 1954, en una isla inaccesible y en mitad de una feroz tempestad, la libertad de movimientos de los personajes es casi nula. El efecto es asfixiante. Nos enfrentamos desde el minuto cero ante una de las cintas más intensas que recuerdo, el paradigma del cine de tinta cargada. La entrada a la isla es una amenaza en sí misma. Y Scorsese controla hasta el último fotón.

También Di Caprio, en una interpretación no menos minuciosa, parece controlar cada fibra de su cuerpo. Como protagonista absoluto, es también un espectáculo en sí mismo. Todo el elenco produce personajes degustables en sucesivos visionados, prestando especial atención a Mark Rufallo, Ben Kingsley y Max Von Sydow. La totalidad del desfile de personajes es excepcional, y tendría que enumerarlos a todos para no olvidar cada personaje memorable. Sí mencionaré como curiosidad que al menos tres de los personajes secundarios son interpretados por actores que han hecho de asesino en serie al menos en una ocasión. Dos de esos actores interpretan en Shutter Island a guardias de seguridad. Todo en Shutter Island es amenaza.

Scorsese invoca una verdadera legión de tópicos de diferentes géneros para hacerlos confluir en una cinta que es en sí misma toda una cosmogonía, más metalingüística que nunca. El protagonista, la mente humana. El punto de vista, el color a través del cristal a través del cual vemos la historia es el del agente federal Teddy Daniels, complejo y soberbio Di Caprio. El agente Daniels busca la verdad en un espacio ominoso, opaco, oscuro, y para ello sólo cuenta con sus sueños y una caja de cerillas cuyas llamas sólo iluminan apenas unos palmos de todo el universo, sólo los retazos que Daniels quiere descubrir.

El resultado final es una sinfonía onírica, deliberadamente desafinada de mil tonos tocando la misma nota. Como la propia banda sonora, que resucita al Hermann de Vértigo, Hitchcock está muy presente en toda la cinta en muy diversas formas, empezando por la máxima de que es más emocionante si dejas que el público sepa que hay una bomba debajo de la mesa, y pasando por el escenario final de Rebeca, por ejemplo.

El medio que ésta historia ha elegido para encontrar su forma perfecta es el cine, inevitablemente. Nadie más que Scorsese podía solidarizarse con la aventura del agente Daniels. Nadie como Scorsese podría contar de un modo tan preciso y perfecto una historia en que cuyo creador necesita que veamos sólo lo que él quiere que veamos, y que todo lo que veamos o imaginemos, además, sea en forma de tópico del cine de género. Sólo Scorsese podía contarnos éste cuento como debía ser contado. El nivel de detalle con el que nos es contada la historia, y la libertad de movimientos de Scorsese a la hora de hacer uso de los recursos del cine, convierten el visionado de Shutter Island en un privilegio. Es una de esas películas dispara-mentes. Un collage hecho con revistas de cine. Verdaderamente estimulante, agotadora, cercana a la perfección.

Shutter Island, además de una de las más finas piezas que he visto, es la más audaz y certera metáfora sobre el hecho del cine que pueda uno imaginar. Daniels, sus sueños, sus cerillas, y su búsqueda que le lleva casualmente al faro de Shutter Island (Isla Obturador, diríase), son Scorsese tratando de que veamos la realidad a través de una pantalla. El Agente Daniels y Scorsese saben lo difícil que es expulsar de cada plano el caos, la verdad desnuda, lo que no quieres que se vea, las bambalinas. Para ello, necesita rodearnos de oscuridad y mostrarnos la realidad diseccionada a cerebro descubierto (el nuestro) a través de elementos reconocibles, unidimensionales y comunes: los tópicos. En una película realista, un tópico puede estropear el conjunto. En Shutter Island, todo, absolutamente todo, es tópico. Manicomio siniestro, psiquiatra nazi, campos de concentración, lobotomía, experimentos, isla de las tormentas, genocidio que provoca traumas mostrados a través de sueños, celadores, gritos en el pasillo, notas en clave, pabellones de seguridad, apagón, cerillas, tempestad, la cueva, el cementerio, el faro. Todos ellos, casi en dosis de a uno por secuencia, logran, por yuxtaposición masiva de tópicos y recursos narrativos, dibujar la realidad fascinante y ominosa que vive el agente Daniels. Realidad a la que nos aferraremos más allá de toda razón una vez terminada la película, incluso cuando Scorsese elimina todo artificio y deja entrar la luz del día unos segundos antes del final. Sabe bien qué buscamos en el cine. Porque, como al pobre Daniels, esas llamitas en la oscuridad que son las películas nos permiten huir, aunque sea por un rato, de la triste, caótica, gris, dolorosa realidad. Era a Scorsese, a Daniels, y no a la realidad, a quienes habíamos venido a escuchar. Y eso es lo que obtenemos a cambio, ciento treinta minutos de puro Scorsese, de puro cine.

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La prueba física de que no necesito gafas en 3d para que la pantalla me rodee, me impregne, me incluya en la película a niveles infinitamente más efectivos que haciéndome bizquear durante dos horas. Lo pasamos como enanos. 24 horas después volvimos a por más. Actualmente busco cualquier excusa para volver a verla.

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2 thoughts on “SHUTTER ISLAND-CINE EN ESTADO PURO

  1. Cheni marzo 16, 2010 / 8:00 pm

    Shutter Island es magia, sensaciones, puro cine. Una de las actividades más satisfactorias que rompen con la cotidianidad es el entrar en una sala de cine y que una película te haga vibrar, sufrir, compadecerte, en definitiva, vivir una experiencia que en la mayoría de las ocasiones no podría ser vivida sin lo maravilloso del cine. Scorsese lo logra cien por cien.
    Cheni.

    • monolocus marzo 16, 2010 / 8:07 pm

      Quiero verla otra vez. Pero tenemos que ver Hurt Locker, también. Y Precious.

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