¿Estás seguro de que eres de izquierdas?

Antes de terminar con el CIS, veo un apartado que ilustra perfectamente cómo la cultura política de los españoles deja mucho que desear. No tenemos formación política porque como leer duele, y más duele pensar después, lo dejamos para el año que viene, y mientras, nos creemos lo que se dice por la tele. Así, en el siguiente cuestionario se ha preguntado con qué se identifica cada palabra enunciada, si con “ser de izquierdas” o con “ser de derechas”.

Me llama la atención la claridad con que la palabra liberalismo es identificada mayoritariamente con “ser de izquierdas”. Claro, como suena a libertades…

Pues no. El liberalismo y la izquierda son irreconciliables, por una razón muy concreta y bien sencilla: el liberalismo se sustenta en tres pilares básicos, libertades individuales, derecho a la propiedad privada y separación de poderes. Los tres entran en directa contradicción con el socialismo. Liberalismo y socialismo son cada uno némesis del otro.

El Liberalismo destaca el indivíduo como unidad mínima de libertad, mientras que es el colectivo lo que destaca el socialismo como unidad mínima de libertad.

El Liberalismo, además, destaca la libertad de expresión, opinión, culto, asociación, prensa, etc…factores todos imposibles en el socialismo. En su máxima expresión, el liberalismo es el derecho a prosperar. Y el socialismo, el deber de no hacerlo. Así, una economía liberal tiene como límites únicos los que dicta la ley, mientras que una economía socialista está intervenida por definición.

Lo cual nos lleva a la madre del cordero: la propiedad privada es un derecho inalienable del liberalismo. El socialismo supone la supresión de la propiedad privada. Toda propiedad es la pública. Así, en el socialismo uno tiene lo que se le permite tener. El liberalismo reconoce el derecho a prosperar y acumular riqueza legítimamente.

Por último, el liberalismo garantiza la separación de poderes, legislativo, judicial y ejecutivo. Mientras que el socialismo los concentra, los convierte en uno: el Estado.

La izquierda retórica es tan voraz e inteligente que fagocita y asimila como suyas las palabras que definen a sus enemigos. La izquierda que defienden la mayoría de los que se definen de izquierdas no es más que un liberalismo progre. Y lo que más me llama la atención es cómo los mismos que confunden izquierda con libertades identifican con el actual gobierno la tolerancia y pluralidad que éste cacarea, siendo el de Zetapé el gobierno más rígido y menos dialogante de nuestra reciente democracia.

El término socialdemocracia es el menos utilizado en la calle a la hora de hablar de política. Muchos que teorizan socialismo de calle desconocen incluso el término. Esto es normal, porque éste término es como la capa invisible de Harry Potter, con que la izquierda real se disfraza para poder participar en las democracias liberales. Y, a base de desconocimiento popular y uso incorrecto de la terminología política, el socialismo real ha conseguido hacerse pasar por la madre de las democracias liberales. Así, si preguntamos por ahí si la democracia la trajo la izquierda o la derecha, la respuesta instintiva será la previsible, de las izquierdas, cuando la realidad es que son los pilares del liberalismo, y no los del socialismo, los que sustentan las democracias más modernas, y las menos modernas también.

Así, en su famoso desayuno de oración con The Fellowship, Zapatero elogió de la democracia americana la abolición de la esclavitud y de la discriminación, y la igualdad de voto. Todas esas virtudes son anteriores al socialismo. El socialismo fué concebido para combatir a las democracias occidentales, como reacción a ellas.

Olvidando, obviando, o más probablemente, ignorando, que la izquierda ha fracasado como modelo. Que de las repúblicas socialistas la gente termina huyendo, si la dejan.

Y que muy pocos, sólo los más consecuentes, o sea, muy muy muy pocos, emigran a dictaduras socialistas. Y que los pocos que lo han hecho han vuelto escaldados, y sólo los que han podido volver. Y que después han sido vilipendiados por sus antíguos compañeros de partido.

Una historia real. El caso más sangrante es el que escuché de Mario Noya, creo, en Sin Complejos: Un cargo intermedio de la Rusia comunista, un hombre del partido, es enviado a la España de Franco. Nada más aterrizar ve, asombrado, que en los kioscos se puede comprar prensa extranjera. Que se pueden fotocopiar textos. Que los bienes no están racionados. Que todo el mundo tiene tele, y que a través de ella se pueden ver series americanas y demás. Que la presencia policial es mínima, y que la presión política sobre el ciudadano es también sorprendentemente baja. ¿Y esto es el fascismo?, se dijo el hombre. Creo que huyó a los Estados Unidos. De seguro que no volvió a la Rusia comunista.

Dejo el link al programa en el que Metralleta Noya nos contó ésta historia. Fue el programa del domingo 8 de noviembre, conmemorando la caída del muro de Berlín, y en el cual los contertulios se despacharon a gusto con el socialismo. No se lo pierdan.

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